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Full text of "Antología escolar hispano-argentina, para enseñanza secundaria y normal"

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RMOMNER  SANS 

Aatoogía  Escoar 

Hispano  Argentina 


ñnael  Estrada  y  ^ia. 

Editora5 


PRESENTED  TO 

THE   LIBRARY 

BY 

PROFESSOR  MILTON  A.  BUCHANAN 

OF  THE 

DEPARTMENT  OF  ITALIAN  AND  SPANISH 

1906-1946 


'%\/(L/f^AytAl^Ü^1X.^^    . 


antología  E5C0LAR 

HI5PAN0-ARQENTINA 


>^ 


R.  MONNER  SANS 
Catedrático  de  Idioma  y  de  Literatura 


Antología  Escolar 

Hispano-Argentina 


PARA    ENSEÑANZA  SECUNDARIA  Y    NORMAL 


BUENOS-AIRES 
ÁNGEL  ESTRADA  Y  C'*— EDITORES 

466  -  CALLE   BOLÍVAR  -  466 

1920 


Prefación 

Al  reunir  en  esle  volumen  unos  cnunlos  ejemplos  de  la  lengua 
castellana,  manifestaciones  á  la  vez  de  la  literatura  española  ij 
argentina,  no  creemos  llenar  con  él  ningún  vacío,  frase  íioy  en 
uso,  vulgarísimo  clisé  que  se  emplea  no  pocas  veces  para  legi- 
timar at¡-evimienlos  literarios.  No  ;  nos  hemos  propuesto  ofrecer 
un  libro  de  modestas  proporciones,  agrupando  en  él  nuiestras 
de  cómo  nuestro  idioma  fué  creciendo  en  vigor  g  lozanía  desde 
el  siglo  XII  üasta  la  época  actual,  aumentando  la  extensión  de 
los  ejemplos  a  medida  que  nos  fuimos  acercando  al  siglo  en 
que  nos  hallamos. 

Faltan  en  esta  Antología  nuichos  escritores  cuales  páginas 
dechado  son  de  pureza  ¡j  elegancia  ;  nuts  se  omitieron  porque 
de  incluirlos  todos,  no  respondería  el  libro  ú  la  única  finalidad 
que  aconsejara  su  impresión,  o  sea,  la  de  que  en  él  figuren  tan 
.sí>/o  los  autores,  asi  en  prosa  como  en  verso,  citados  en  los 
programas  oficiales  de  literatura.  De  esta  suerte  el  alumno, 
después  de  haber  trabado  en  clase  relación  con  un  escritor 
sobres(diente,  podrá,  al  leer  una  de  sus ¡)á(iinas,  apreciai-  su  esti- 
lo, su  manera  de  escribir,  sin  necesidad  de  recurrir  á  obras  ó 
antologías  de  difícil  adquisición  ó  compulsa  para  él. 

Sin  vanas  pretensiones,  pues,  ofrecemos  esta  compilación 
á  nuestros  alumnos,  ;/  á  cuantos  deseen  obtener  reunidos  en 
breves  páginas,  modelos   de  bien   decir,   confesando  paladina- 


TI  ADVKIÍTENCIA. 

mente  que,  para  la  selección,  hemos  sacrificado  en  aU/unas 
ocasiones  nnestro  personal  criterio  ante  el  de  reconocidas  anto- 
ridades  criticas. 

Aun  sabiendo,  con  Cervantes,  que  es  difícil  componer  un  libro 
ú  ynsto  de  todos,  lanzamos  éste  al  mercado  escolar  confiados 
en  que,  si  no  se  aplaude  el  acierto,  se  disculpará  la  buena  inten- 
ción con  que  fueron  agrujxidas  estas  páginas  por 

El  compilador. 


illllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllilllllllllllllllllllllllllllllllliillllllllllllllllllllllllll 


POEMA  DE  Mío  CID(')   (1245-0 


(FALTA     LA     PRIVIERA     HOJA    Di=L    CUADERNO    PRIMERO) 

Délos  sos  oíos  laii  fuerte  mieiitre  loiando, 
Tornaua  la  cabeca  é  estaua  los  catando.  (") 
Vio  puertas  aliiertas  é  veos  sin  cañados,  {») 
Alcándaras  (*)  uazias  siu  pielies  é  sin  mantos 
E  sin  falcones  é  sin  adtores  C")  mudados 
Sospiro  niyo  Cid,  ca  nuiclio  auic  gra?ídes  ruydados 
F/ablo  Miyo  (^'-id  bien  é  tan  mesurado:  (") 
«Grado  ali,  señor  padre,  (|í<e  estas  en  alto! 
Ksto  me  an  biielto  (')  myos  onemi,í(os  malos» 


(^)  Para  facilitar  á  los  alumnos  la  comprensión  de 
estos  fragmentos,  se  utilizan  las  Notas  que  el  sabio 
Menéndez   Pidal  puso  á  la  edición  del   Poema. 

C)  calaiKio,  iniruiido. 

(')  oí^os  sin  cañudos,  puertas  siii  caiichuios. 

(*)  alcándaras,  perdías  para  colgar  vestidos  ó  posar  sobre  ellas  las 
avez  de  caza  —  ;  pielies  ó  pelli^oues,  túnica  de  piel  generalmente  de  arnii- 
ño,  de  conejo  <)  de  cordero. 

<*)  autores,  forma  muy  arcaicíi,  i)or  azores. 

(*)  tan  mesurado,  tan   comedidamente. 

C)  liaelto  urdido  (se  decía  « l)olver  traición»  por  urilir  traición.  VA  Cid 
alude  n  los  qtie  le  acusaron  falsamente  ante  el  rey^. 


2  AXTOLOdlA    ESCOhAU 

Autel  Campeador  doña  Ximeiia  lineo  los  yiioios  amos, 
Loraua  de  los  oíos,  quisol  besar  las  manos  : 
«  Mer^jed,  Campeador,  en  ora  buena  fuestos  nado  ! 
Por  malos  mestureros  (')  de  tierra  sodes  crhado. 
Merced,  ya  Cid,  barba  tan  coHiplida!  (=) 

Fem  (")  ante  nos  yo  é  n?íestras  ffijas,  yffantes  soné  dedias  cliicas. 
Con  aquestas  mys  dueñas,  de  (\uien  so  yo  sernida. 
Yo  lo  veo  qíte  estades  uos  en  yda 
K  nos  denos  partir  nos  hemos  en  vida. 
Dand  nos  {*)  cowseio  por  amor  de  Sania  María  !  » 
En  cuno  las  manos  en  la  su  barba  velida,  (^) 
Alas  sus  lijas  en  bra^o  las  prendía, 
Lególas  al  coraco»,  ca  mucho  las  qweria. 
Lora  de  los  oios,  tan  fuerte  mientre  sospira  : 
«Ya  doña  Ximena,  la  mi  mugier  tan  co/nplida, 
Connno  ala  mi  alma  yo  tanto  uos  quería. 
Ya  lo  vedes  que  partir  nos  emos  en  vida. 
Yo  yre  é  uos  lincaredes  remanida  (") 

Plega  a  Dios  é  a  Síínta  iMaria,  qne  aun  con  mis  mauos  case  estas 

I  mis  lijas. 

O  que  de  ventura  c  aligónos  dias  viiia, 
K  uos  mugier  ondrada,  d¡í  my  siades  s(m  iii(l;i  1  » 


(1)  mestureros'  cizañeros  malsines'  ó'  iiiezclíulores». 
(*)  Verso  (le  eiicadenaniiento. 
(")  Fe;»,  heme. 

(*)  El  imperativo  dad  unido  al  pronombre  nos  tiene  tres  formas:  (kvi' 
nos,  dandos  y  dandnos. 
(*)  barba  velida,  ó  sea  hermosa  barl>a. 
(•;  fincar  y  remanir  signilicahan  igualmente  <{uedar. 


HISPA  NO-ARGENTINA 


TEXTOS  RIMADOS 
DE  ANTIGUOS  CANTARES  DE  GESTA 


CANTAR  DE  GESTA  DE  DON  SANCHO  II  DE  CASTILLA  (i) 

KIIAGMKKTO 

Ksle  rey  don  Femando  el  Magno,  pues  (lue  el  .sanctoconfessor 
ji  fizo  cierto  dend  en  a(|uel  aparecinuento  (pie  se  le  nioslro, 
pora  enuiarla  limpia  al  su  criador 

el  guisar  por(|ue  los  regnos  el  la  tierra  <jue  Dios  (le  diera  (") 
que...  aurle  contienda...  entre  sus  lijos,  partió  (les  el  regno) 
dio  a  don  Sancho  que  era  el  mayor, 

dio  a  don  Alffonso,  que  era  el  mediano,  León  (el  Asturuts) 
el  una  partida  del  (^arnpo  de  los  god  (o)  s.. ; 
dio  a  donna  Vrraca,  (|ue  era  la  mayor  (hermana)..., 
la  cibdad  de  Camora  con  tod  (oís  (sus  términos)..., 
dio  a  donna  Kluira,  la  hermana  menor..., 
dio  á  don  Garcia,  que  era  ell  hermano  menor, 
tod  (o)  (el  regno  de  Gallizia) 
ell  inffant  don  Sancho,  que  era  el  mayor.... 


(»)  El  Cantar  de  Gesta  de  Don  Sancho  II,  supone  el  erudito  .Sr.  Puyol 
y  Alonso,  que  es  anterior  al  Poema  del  Cid:  lo  cree  escrito  :i  fines  del 
siglo  XI  ó  comienzos  del  .\1I. 

El  trozo  (|ue  se  transcribe  es  fragmento  de  una  feliz  reconstrucción 
sal)iamente  intentada  por  el  mentado  Sr.  Por  este  motivo  figura  después 
del  Cid,  al  que  se  da  la  primacía  para  ser  respetuosos  con  la  tradición 
literaria. 

(*)  Dice  por  nota  el  Sr.  Puyol:  «  Las  palabras  colocadas  entre  parénte- 
sis y  en  letra  bastardilla,  al  final  de  la  línea  indican  que  cambiando  su 
orden  gramatical,  es  muy  posible  que  se  obtuviese  el  que  guardaban  en 
el  Cantar.    (2as¡  puede  asegurarse  que  el  texto  decía : 

«  ...los  regnos  el  la  tierra  que  le  diera  Dios. 

También  hemos  colocado  al  final  de  la  linea  y  en  la  misma  forma  que 
las  anteriores,  las  letras  ó  silabas  con  cuya  supresión,  por  apócope, 
resulta  la  asonancia  de  la  palabra  á  (pie  pertenecen  como,  por  ejemplo, 
huest  fej,  fuess  (e',  pucd  (ej.v 


ANTOLOGÍA    KSCOLAR 


non  lo  louo  por  bien,  antes  le  peso. 

que  lo  non  podía  fazer,  ca  los  god  (o)  s  (anH(/unmente) 

mas  que  siempre  fuesse  todo  de  un  sennor, 

et  que... non  lo  deuie  partir,  nin  podie,  pues  que  Dios 

vos  ía/.et  lo  que  quisieredes.  mas  yo  (non  lo  otorgo). 


POEMA  DE  ALEXANDRE  {') 

DESCRIPCIÓN   DEL   MES  DE   MAYO 


ííl  mes  era  de  mayo,  un  tiempo  glorioso, 
Quando  fa/.en  las  aves  un  solaz  deleytoso, 
Son  vestidos  los  prados  de  vestido  fremoso 
Da  sospiros  la  duenna,  la  (jue  non  lia  esposo 

Tiempo  dolce  e  sabroso  |)or  bastir  casamientos 
Ca  lo  lempran  las  llores  e  los  sabrosos  vientos  ; 
Cantan  las  donzel  lelas,  son  muchas  ha  con  vientos, 
Fa/.en  unas  a  otras  buenos  pronun<,"iamientos 

Caen  en  el  serano  (O  las  bonas  rociadas, 
Kntran  en  flor  las  miesses,  ca  son  ya  espigadas, 
Fnton  casan  algunos,  que  pues  messan  las  varvas, 
Fazen  las  duennas  triscas  en  camisas  delgadas 

Andan  moc-as  e  vicias  cobicrtas  en  amores 
Van  coger  por  la  siesta  á  los  prados  las  flores, 

Dizen  unas  a  otras  :  bonos  son  los  amores, 
Y  aquellos  plus  tiernos  tienense  por  meiores 


(•)  «No  es  gallej^o  el  romance  del  Poema  de  Alexantire;  pero  está  escri- 
to en  lengua  que  podría  llamarse  maragata,  rama  vigorosa  del  tronco 
leones,  como  opina  el  P.  Fita,  y  que  con  el  bable  asturiano,  algo  tomó 
de  la  savia  del  portugués  y  del  gallego»  Man<iki.  Mautínuz  SuEino  : 
Juan  Lorenzo  Segura  (de  .\slorga)  y  El  Poema  de  Alexaiidre-IMZ 

(*)  Asi  se  lee  en  el  (Código  de  Madrid;  en  el  de  Piiris  dice:  sereno. 


lllSI'AXO-.MUiKNTINA 

Los  dias  sou  grandes,  los  campos  reverdidos, 
Son  los  passariollos  del  mal  palo  exidos, 
Los  lávanos  (pío  muerden  non  son  aun  venidos, 
Luchan  los  inonasíones  en  brabas  sen  vestidos. 

Cop.  1788  a  1792. 


LOS  REYES  MAGOS 

BIBLIOTECA  TOLETANA  —  CAP.   6.  N"  8) 


■¡-  ÍJcus  criador,  qual  maráñela,  non  se  í|ual  es  achesta  sfrela. 
Agora  primas  la  é  veida,  poco  tiempo  á  ques  nacida, 
Nacido  es  el  (Criador  (pies  de  las  gentes  Sénior. 
Non  es  vertat  nin  se  (pie  digo.    Todo  esto  non  val  un  ligo  (') 


Por   mi   lei  nos  somos  errados,  por(|ue  non  somos  acordados. 
Por  que  non  deximos  vertat,  jo  non  la  sé  por  caridal, 
l'or  (|ue  non  la  auemos  usada,  nin  en  nuestras  bocas  es  íalada  (-) 

Anónimo. 


VIDA  DE  SANTA  MARÍA  EGIPCIACA  [') 


(REPRODUCCIÓN      PALEOQRÁFICA      DEL      CÓDICE      DEL     ESCORIAL) 


Ovl  varones  liuiia  la/.oii 
Kn  (pie  non  lia  ssi  venia t  iioii 


(•)  Asi  coinieii/.a  lo  poco  (¡iie  conocemos  tle  este  poema. 

(')  Con  estos  vcr.sos  acaba  este  cantar,  qne  liene  por  asunto  el  naci- 
miento ele  .lesiis  y  la  adoración  de  los  Ueyes    Magos. 

{^)  El  (^ulice  manuscrito  es  del  siglo  XIII,  suponiéndose  tjue  fue  com- 
puesto á  principios  de  dicho  si^Io  ó  últimos  del  anterior. 


ANTOUXilA    KSC()I>AU 

Escucha t  (le  coracon 

Si  avades  de  Dios  perdón, 

Toda  es  ffecfia  de  uerdal. 

Non  ay  ren  de  falssedat. 

Todos  aquellos  que  á  Dios  amarán 

Kstas  palabras  escucliarán  ; 

Es  lo  <{ue  de  Dios  non  an  cura 

Esta  palabra  nuiclio  los  es  dura. 


De  liuna  duenya  (jue  auedes  oyda 
Quiero  uos  coniptar  toda  ssii  uida  ; 
De  Santa  Maria  Egipcia(|ua 
Que  ffue  liuna  duenya  muy  locana, 
Et  de  su  cuerpo  muy  locana,  etc. 


Anónimo. 


LIBRO  DE  LOS  REYES  DE  ORIENTE  (/; 


Pues  muchas  vezes  oyestes  contar 
De  los  tres  Keyes  que  vinieron  buscar 
A  Ihiesuchrislo,  que  era  nado, 
Vna  estrella  los  guiando; 
Et  de  la  gran  uiarauilla 
Que  les  auiíio  en  la  villa 
Do  Erodes  era  el  traydoi' 
Enemiyo  del  Criador, 


(»)  Como  el  fragnieiito  iinlL'rior,  (•sle  es  copia  del  mismo  Códice  del 
líscorial. 

Se  ignora  la  fecha  de  su  composición,  ((ue  se  .siii)oiie  de  últimos  del 
siglo  XII  ó  principios  tiel  Xlll. 


IIISI'ANO-AHGKNTINA 

entraron  los  Royes  i>or  Botloii)  la  ^ibdat 

Por  saber  Herodes  si  sabia  verdal, 

Ku  (|nal  logar  podrian  (fallar 

Aquell  Senyor  (|uo  hiiian  buscar  ; 

Que  ellos  nada  non  sabieii, 

Krodes  si  lo  querie  ma  lio  bien. 

K  quando  coiiell  estudieron 

E  el  estrella  nunqua  la  vieron. 

<Juando  Erodes  oyó  el  mandado 

Mucho  fue  alegre  e  pagado, 

E  ffi/.o  sonblanfc  qiiel  plazia, 

Mas  nunífiía  vio  huí  negro  día,  etc. 


Anónimo. 


GONZALO  DE  BERCEO  (1198-1268) 


Se  le  considera  como  el  primer 
poeta  español  de  nombre  conocido, 
-('araclerizase  por  su  sencillez  é  in- 
genuidad, siendo  el  creador  de  la 
poesía   histór ico-religiosa. 

DESCRIPCIÓN    DE  LOS  TORMENTOS   DEU  INFIERNO  (') 


Oomerios  an  serpientes  ct  los  escorpiones 
Qiio  an  amargos  dientes,  agudos  aguijones  : 
.Melerlis  an  los  rostros  fasta  los  corazones. 
Nunca  abran  remedio  en  ningunas  sazones. 

Darlis  an  malas  cenas  el  peores  yantares, 
(iraní  fumo  á  los  oios,  granl  fedor  á  las  nares. 
Vinagre  á  los  labros,  íiel  á  los  paladares, 
Fuego  á  las  gargantas,  torzón  á  los  yjares 


(•)  Pe  la  obra  litulada  :  l.os  sif/no.i  que  aparecerán  uiitex  del  Juicio  cuUfí- 
cada  por  Navarro  Lt'desma  tie  «  profecía  ó  visión  apocalíptica  ". 


antología  i;.s(:olai\ 

Colgarán  de  las  lenguas  los  escatimadores. 
Los  que  testiguan  falsso,  et  los  cscarnidores  ; 
Non  perdonarán  á  Reyes  nin  á  Emperadores, 
Avran  tales  servientes  quales  fueron  señores 

Los  ornes  cudiciosos  del  aver  moniulado, 
Hue  por  ganar  riqueza  non  dubdan  fer  peccado, 
Metranlis  por  las  bocas  el  oro  regalado: 
Dirán  que  non  oviessen  a  tal  aver  ganado. 

Los  falsos  menestrales  et  falsos  labradores 
Allí  darán  emienda  de  las  falsas  labores  ; 
Allí  prcndrán  emienda  de  los  falsos  pastores 
Que  son  de  fer  cubiertas  maestros  sabidores. 


Cop.  39  á  -13 


DON  ALFONSO  EL  SABIO  (1220-1284) 


Poeta  y  prosista,  más  grande  como 
prosista  que  como  poeta.  Lo  fué  todo 
este  gran  rey,  menos  monarca  feliz. 
1.a  amplitud  de  sus  conocimientos, 
y  el  crecido  número  de  obras  que 
escribió  ó  inspiró,  legitiman  el  titulo 
de  Sabio  con  el  cual  ha  pasado  á  la 
posteridad  . 

Del  libro  LAS  PARTIDAS 


LA  palabra  tiene  muy  grand  pro  cjuando  se  dize 
como  deve:  cá  por  ella  se  entienden  los  ornes 
los  vnos  a  los  otros,  de  manera  que  fazen  sus, 
fechos  en  viio  mas  desembargadameiite.  E  por  ende 
todo  ome,  é  mayormente  el  Rey,  se  deve  mucho  guar- 
dar en  su  palabra,  de  manera  que  sea  catada  e  pensada 
ante  que  la  diga:  cá  después  que  sale  de  la  boca,  non 


HlSPANO-AHílKNTINA 


puede  oiiie  facer  que  non  sea  dicha...  Deve  el  Rey 
guardar  que  sus  palabras  sean  eguales  é  en  buen 
son :  cá  las  palabras  que  se  dizen  sobre  razones  feas 
e  sin  pro,  e  que  non  son  fermosas  nin  apuestas  al 
que  las  fabla  nin  otro  sí  al  que  las  o^e,  nin  puede 
tomar  buen  castigo  nin  buen  consejo ;  son  ademas, 
e  llamanlas  ca9urras,  porque  son  viles,  é  desapues- 
tas, é  non  deven  ser  dichas  ante  ornes  buenos,  quanto 
mas  dezirlas  ellos  mismos,  e  mayormente  el  Rey.  R 
otro  sí  palabras  enátias  é  necias  que  non  conviene 
al  Rey  que  las  diga :  cá  estas  tienen  muy  grand 
daño  á  los  que  las  oyen,  é  muy  mayor  á  los  que 
las  dizen...  Menguadas  non  deven  ser  las  "palabras 
del  Rey.  E  serian  átales  en  dos  maneras:  la  prime- 
ra quando  se  partiese  de  la  verdad  c  dixese  mentira 
á  sabiendas,  en  daño  de  sí  mismo  ó  de  otri :  cá  la 
verdad  es  cosa  derecha  é  eg«al.  E  segund  dixo  vSalo- 
mon,  non  quiere  la  verdad  desuiamiento  nin  tor- 
turas... 

-   PiiH  ¡¡-til  ¡v- 


INFANTE   DON  JUAN  MANUEL  (1282-13491 


Sigue  las  Iniellas  literarias  de  sti 
tio  n.  Alfonso  X.  á  i|tiiefi  se  propu- 
so iinilar,  (iistitiguióiuiose  ]>or  la 
originalidad  de  la  forma  y  la  ele- 
gancia del  lenguaje. 

LA   VERGÜENZA 


PREGUNTADO  Patrouio  por  el  Conde  Lucanor,  ¿cuál 
era  la  mejor  prenda  que   el  hombre  podía  tener 
en  sí?  respondióle  con  el  siguiente  advertiniento. 
«  La  mejor  cosa  que  el  hombre  puede  aver  en  sí, 
y    que    es    madre    e    cabeza   de  todas  las  bondades, 


10  ANTOLOGÍA    KSCOLAll 

dígovos  que  esta  es  la  vergüenza  ;  ca  por  vergüen- 
za sufre  liombre  la  muerte,  que  es  la  mas  grave  cosa 
que  puede  ser,  e  por  vergüenza  dexa  hombre  de  facer 
todas  las  cosas  que  no  parecen  bien  por  gran  volun- 
tad que  haya  de  las  facer;  y  ansí  en  la  vergüenza 
hay  comienzo  e  cabo  de  todas  las  bondades;  e  la 
desvergüenza  es  comienzo  de  todos  los  malos  fechos- 
La  vergüenza  face  al  hombre  esforzado  e  franco,  e 
leal,  e  de  buenas  costumbres,  e  de  buenas  maneras, 
y  facer  todos  los  bienes  que  face;  pero  creed  bien 
que  todas  estas  cosas  face  hombre  mas  con  vergüen- 
za que  con  talante  de  lo  facer.  Y  otro  sí  por  la 
vergüenza  dexa  hombre  de  facer  todas  las  cosas 
desaguisadas  que  la  voluntad  al  hombre  viene  de 
facer.  Y  por  ende  quan  buena  cosa  es  aver  el  hom- 
bre vergüenza  de  facer  lo  que  non  deve  e  dexar  de 
facer  lo  que  deve;  tan  mala  e  tan  dañosa  e  tan  fea 
cosa  es  el  que  pierde  la  vergüenza.  Y  deves  saber 
que  yerra  mucho  fieramente  el  que  face  algún  fecho 
vergonzoso  cuidando  que,  pues  lo  face  encubierta- 
mente, que  non  deve  ende  aver  vergüenza.  E  cierto 
creed  que  non  ha  cosa  por  encubierta  que  sea,  que 
tarde  o  aína  no  sea  sabida :  e  aunque  luego  que  la 
cosa  vergonzosa  se  faga  no  ha  ya  ende  vergüenza ; 
devia  el  hombre  cuidar  ¡qué  vergüenza  sería  quando 
fuese  sabido!  Y  quando  en  todo  esto  non  cuidase,  deve 
entender  que  sin  ventura  es,  pues  sabe  que  si  un 
mozo  viere  lo  que  él  face  que  lo  dexará,  e  non  por 
aver  vergüenza  ni  miedo  de  Dios  que  lo  ve  e  lo 
sabe,  y  es  cierto  que  le  dará  la  pena  que  él  merece...  » 

De    V.L    Co.NDK    LUCANOK. 


HISPANO- AUÍiENTINA 


11 


JUAN    RUIZ-  ARCIPRESTE   DE  HITA  (12...-1350¡ 


Poeta  épico,  lírico  y  dramático  • 
se  le  considera  como  el  primero  de 
los  satíricos  castellanos.  Fustiga  los 
vicios  de  su  época  con  singular  maes- 
tría, pudiendo  admirarse  en  él  la 
facilidad  con  que  pasa  de  los  asun- 
tos religiosos  á  los  profanos  y  la 
valentía  y  desenfado  con  que  escribe. 


Del   AVE   MARÍA   DE   SANTA   MARÍA 


Ave  María  gloriosa. 
Virgen  Santa  preciosa 
Como  eres  piadosa 
Todavía. 

Gra<,"ia  plena  sin  mansillit 
Abogada 

Por  la  til  merced,  Seniiora, 
Fas  esta  maravilla 
Sennalada, 

Por  la  lii  bondad  agora 
(joárdaine  toda  hora 
De  muerte  vergonnosa, 
Por(|ue  loe  á  li,  fermosa, 
Noche  e  día 
Dominns  tecum: 
Kstrella  resplande(,MentP, 
Melesina  de  oovdados. 


("atadura  muy  bella. 

Kelusiente, 

Sin  mansiila  de  i)ecados, 

Por  los  tus  gosos  preciados 

Te  pido,  virtuosa. 

Que  me  guardes,  lim|)ia  rosa, 

De  íoylía. 

IJenedicta  tu. 

Honrada  sin  egualanza, 

Siendo  Virgen  concebiste, 

De  los  angeles  loada 

En  altesa  ; 

l'or  el  lijo  (|ue  pariste. 

í*or  la  gracia  ((uc  hobiste. 

O  bendiclia  íror  e  rosa  ! 

Tu  me  guarda,  jiiadosa. 

Kt  me  guia,  etc. 


(;.\NTICA    DE    SKIIHANA 


Siempre  se  me  verna  miente 
Desta  serrana  valiente 
(¡adea  de  Río  (río. 


12  ANTOI.OdÍA    KSCOI.Al? 

A  la  fuera  desta  aldea  la  que  aquí  he  iiombliHlo, 
Encontréme  con  (íadea,  vacas  guarda  en  el  |)rado, 
Yol  dixe  :  en  buena  hora  sea  de  vos  cuerpo  tan  guisado. 
Ella  me  re[)uso:  ca  la  carrera  has  errado  ► 

Et  andas  como  radio. 

Badío  ando,  serrana,  en  esla  grand  espesura. 
A  las  veses  ornen  gana,  ó  pierde  por  aventura; 
Mas  quanto  esta  mannana  del  camino  non  he  cura, 
Pues  vos  yo  tengo  hermana  a(|ui  en  esla  verdura. 
Hibera  de  aqueste  río. 

Rióme  como  repuso  la  serrana  tan  sannuda, 
l)es(;endió  la  cuesta  a  yuso  como  era  atrebuda; 
Uixo:  non  sabes  el  uso,  comos'  doma  la  res  muda. 
Quizá  el  pecado  puso  esa  lengua  tan  aguda, 
Si  la  cayada  te  envío. 

Envióme  la  cayada  aquí  tras  el  pestorejo, 
Fisome  ir  la  cuestalada,  derribóme  en  el  vallejo, 
Dixo  la  endiablada:  asi  apilan  el  conejo: 
Sobarte,  dis,  el  albarda.  si  non  partes  del  trebejo: 
Eiévate,  vate,  sandio. 

Ospedóme  et  dióme  vianda,  mas  escotar  me  la  liso. 
Porque  non  lis  quando  manda,  dis:  roin,  gaho,  envérniso, 
Como  lis  loca  demanda  en  dexar  por  ti  el  vaqueriso: 
Yot  mostraré,  si  non  ablandas,  como  se  pella  el  eriso, 
Sin  agua  et  sin  rosio. 

Ensikmim.o  i)k  r,\  i'iioitkoat  qlk  kl  dinkho  ha. 

Mucho  fas  el  dinero,  el  mucho  es  de  amar 
Al  torpe  fase  bueno,  et  omen  de  prestar, 
Fasse  correr  al  cojo,  et  al  mudo  labrar. 
El  (|ue  non  tiene  manos,  dineros  quiere  tomai-. 

Sea  un  ome  nescio,  et  rudo  labrador, 
I^s  dineros  le  lasen  tidalgo  e  sabidor, 
Quanto  mas  algo  tiene,  tanto  es  de  mas  valor. 
El  que  non  ha  dineros,  non  es  de  si  sennor. 


HISPA  NO-MiC.KNTINA  13 

Fl  diueio  (|iiolnaiita  las  cadeiiits  dannosas. 
Tira  (;epos  c  grillos,  el  cadenas  plagosas, 
VA  que  non  tiene  dineros,  éehanle  las  posas, 
('or  todo  el  mundo  fase  cosas  maravillosas 

Yo  vi  fer  maravillado  él  irtuclia  usaba, 
Mnclios  nieresQiau  muerte  que  la  vida  les  dal>a, 
Otros  eran  sin  culpa,  et  luego  los  mataba. 
Muchas  almas  perdía,  et  muchas  salvaba. 

Fasia  perder  al  pobre  su  casa  e  su  vinna, 
Sus  nniebles  e  raices  todo  los  desalinna; 
Por  todo  el  mundo  anda  su  sarna  e  su  linna, 
Üo  el  dinero  juega,  allí  el  ojo  gninna. 

Fl  fase  caballeros  de  necios  aldeanos. 
Condes,  e  ricos  omes  de  algunos  villanos, 
Con  el  dinero  andan  todos  los  onies  lozanos, 
Quantos  son  en  el  mundo,  le  besan  hoy  las  manos,  etc. 


EL  RABBÍ  DON  SEM  TOBO  ÜS  ••  Á  14- 


Ks  el  primer  judio  <|iie  escribe  en 
castellniío.  Su  tendencia  es  niarcn- 
danicntc  didñcüca-inoral.  piidiendo 
mostrarse  como  modelo  de  este  géne- 
ro poético. 


PROVERBIOS   MORALES 

Si  mi  razón  es  buena. 
Non  sea  despreciada 
Porque  de  hombre  suena 
Rahez;  que  mucha  espada 
De  lino  acero  sano 
Sale  de  rota  vaina. 


(')  Conocido  también  con  el  nombre  <le  D.  Santos  de  Cairión    Kn  algu- 
nos manuscritos  se  lee  Saiilob 


14  ANTOLOGÍA  ESCOLAR 

Por  iiascer  en  espino 
La  rosa,  yo  non  siento 
Que  pierde,  ni  el  buen  vino 
Por  salir  del  sarmiento. 
Nin  vale  el  azor  menos 
Porque  en  vil  nido  syga, 
Nin  los  enxemplos  buenos 
Por(}ue  judio  los  diga. 


PERO  LÓPEZ  DE  AYALA  (1332-1407) 


Poeta  y  ])rosista  á  la  par:  como- 
poeta  se  escaiuiuliza  ante  los  vicios. 
<le  su  época;  como  prosi.sta— y  éste 
es  superior  al  poeta— es,  principal- 
mente, un  historiador  sincero,  casi 
siempre  imparcial  y  de  forma  ga- 
lana. 

DE  LOS  FECHOS  DEL  PALACIO 

Fase  el  rey  sus  cortes,  vienen  sus  caballeros, 
K  vienen  de  cibdades  é  villas  mensajeros, 
Todos  dan  grandes  voses,  que  quieren  ser  justicieros,. 
iJisen:  «Sennor,  merinos  nos  dad  luego  primeros. 

Mandat  guardar  justicia,  vuestras  leyes  nos  dat, 
K  que  biuamos  todos  en  buena  egualdat; 
Firmemos  en  el  regno  todos  la  hermandat, 
F  desto  nuevas  leyes  aqui  nos  otorgat». 

Las  corti's  son  ya  feclias,  las  leyes  ordenadas, 
Los  ministros  son  puestos,  hermandades  firmadas; 
F  fasta  los  tres  meses  serán  muy  bien  guardadas, 
F  dende  adelante  robe  quien  mas  pudier  aosadas,  etc. 

IJe  Fl  Ri.mado  de  Palacio. 


IIISI'AXO-AUCKXTIXA  15 


MUERTE   DiL   MAESTRE   DON   FADRIQUE 


Eel  Maestre  llegó  á  Sevilla  el  dicho  día  martes 
por  la  mañana  a  hora  de  tercia:  e  luego  como 
llegó  el  Maestre  fué  á  facer  reverencia  al  Rey, 
e  fallóle  que  jugaba  á  las  tablas  en  el  su  Alcázar. 
E  luego  que  llegó  besóle  la  mano  él,  e  muchos  ca- 
balleros que  venían  eon  él :  e  el  Rey  le  rescivió  con 
buena  voluntad  que  le  mostró,  e  preguntóle  donde 
partie  ra   aquel  día  e  si  tenía  buenas  posadas. 

E  el  Rey  estaba  en  un  palacio  que  dicen  del 
fierro  la  puerta  cerrada.  *...E  dijo  el  Rey  á  Pero  López 
de  Padilla  su  ballestero  mayor:  Pero  López,  prended 
al  Maestre...  E  luego  Pero  López  de  Padilla  travo 
del  Maestre  D.  P'adrique,  e  díxole:  <  Sed  preso  v  Eel 
Maestre  estovo  quedo  nmy  espantado:  e  luego  dixa 
el  Rey  a  unos  ballesteros  de  maza,  que  ay  estaban: 
«Ballesteros,  matad  al  Maestre  de  Santiago.»  ...E  los 
ballesteros  llegaron  a  él  por  le  ferir  con  las  mazas 
e  non  se  les  guisaba,  ca  el  Maestre  andaba  muy 
recio  de  una  parte  a  otra,  e  non  le' podían  ferir. 
E  Ñuño  Fernandez  de  Roa,  que  le  seguía  mas  que 
otro  ninguno,  llegó  al  Maestre,  dióle  un  golpe  de 
la  maza  en  la  cabeza,  en  guisa  que  cayó  en  tierra; 
e  estonce  llegaron  los  otros  ballesteros,  e  firiéronle 
todos.  E  el  Rey  desque  vio  que  el  Maestre  yacía 
en  tierra,  salió  por  el  Alcázar  cuidando  fallar  algu- 
nos de  los  del  Maestre  para  los  matar...  tornóse  el 
Rey  dó  yacía  el  IVIaestre,  e  fallóle  que  aun  no  era 
muerto  é  sacó  el  Rey  una  broncha  que  tenía  en  la 
cinta,  e  dióla  a  un  mozo  de  su  cámara,  e  fizóle  matar. 
E  desque  esto  fue  fecho,  asentó.se  el  Rey  a  comer 
donde  el  Maestre  yacía  nmerto  en  una  quadra  que 
dicen  de  los  azulejos  que  es  en  el  Alcázar... 

De  las  Chómcas. 


16  AM(JiX)(iÍA  i;s(;()LAii 


EL   CABALLERO' CIFAR   (13.. -14. 


Primer  esl>ozo  de  novela  de  caba- 
llerías.   Su  autor  es  desconocido. 

E^  IJ.OS  aududieroii  ese  día  atanto  fasta  que  llega- 
ron a  ima  vellita  pequeña  que  estaba  a  media 
-^  legua  del  real  de  la  puente;  e  el  caballero,  ante 
que  entrasen  en  aquella  villeta,  vido  una  huerta  en 
un  valle  muy  hermo.sa;  e  ,avía  allí  un  nabar  muy 
grande,  e  dixo  á  Ribaldo: — Ay,  amigo,  que  de  buen 
grado  comería  de  aquellos  nabos,  si  o  viese  quien  me 
los  adobar  bien! — Sseñor,  dixo  el  Rribaldo,  yo  vos  los 
adobaré,  ca  lo  se  faser  muy  bien.  K  llegó  con  el  a  una 
alverguería,  e  dexolo  allí,  e  fuese  para  aquella  huerta 
con  un  saco  a  cuestas,  e  fallo  la  puerta  cerrada,  e 
subió  sobre  las  paredes,  e  saltó  dentro,  e  coniencó 
<le  arrancar  de  aquellos,  e  los  mejores  metiólos  en 
el  saco.  E  el  estando  arrancando  los  nabos,  entró  el 
señor  de  aquella  huerta,  e  quando  lo  vido,  fuese 
para  él  e  dixole.  Don  ladrón,  malo,  falso,  vos  yre- 
des  agora  conmigo  preso  delante  de  la  justicia,  e 
darvos  han  la  pena  que  merescedes,  porque  entraste 
por  las  paredes  a  furtar  los  nabos. 

—  Ay,  Sseñor,  dixo  Rribaldo,  sy  Dios  vos  de  bue- 
na ventura  que  non  lo  fagades,  ca  for9adamente 
entre  aquí. — ¿E  como  for9adamente?  dixo  el  señor  de 
la  huerta,  ca  non  veo  en  ti  cosa  porque  ninguno  te 
Reviese  faser  fuerya,  si  vuestra  maldad  non  vos  la 
fisiese  faser.  Sseñor,  dixo  el  Rribaldo,  yo-  pa.sando 
por  aquel  camino,  fizo  un  viento  á  tan  fuerte  que 
me  fizo  levantar  por  fuer9a  de  tierra,  e  lan9ome  en 
esta  huerta. —  E  pues,  ¿quien  arrancó  estos  nabos? 
<Hxo  el  señor  de  la  huerta. 


lilSPANO-ARGENTlNA  17 

— Sseñor,  dixo  el  Rribaldo,  el  viento  era  tan  rresio 
e  a  tan  fuerte  que  me  levantaba  de  tierra,  e  con 
miedo  del  viento  que  me  non  lan9ase  en  algund  mal 
logar,  traveme  a  las  fojas  de  los  nabos  e  arancabanse. 

— ¿Pues  quien  metió  eátos  nabos  en  este  saco? 
dixo  el  hortelano. 

— Sseñor,  dixo  el  Rribaldo,  deso  me  fago  yo  muy 
maravillado.  —  Pues  que  tu  te  maravillas,  dixo  el 
señor  de  la  huerta,  bien  das  a  entender  que  non  has 
culpa  en  ello,  e  perdónetelo  esa  vegada. — Ay  Sseñor, 
dixo  el  Rribaldo  ¿e  que  perdón  ha  menester  el  que 
está  sin  culpa?  Mejor  fariedes  de  me  dexar  levar  es- 
tos navos  por  el  laserio  que  llevé  en  los  arrancar,  pero 
que  lo  fise  contra  mi  voluntad,  for9andome  el  grant 
viento, — Píaseme,  dixo  el  señor  de  la  huerta,  porque 
también  te  defiendes  con  mentiras  tan  fermosas,  e 
toma  los  nabos,  vete  tu  carrera,  e  guárdate  de  aquí 
adelante,  que  non  te  contesca  otra  vegada  si  non  tu 
lo  pagarás.  E  fuese  el  Rribaldo  con  sus  nabos  muy 
alegre  porque  tan  bien  escapara;  e  adobólo  muy 
bien,  con  buena  cecina  que  falló  a  comprar,  e  dio  a 
comer  al  cavallero,  e  comió  él. 


ALFONSO  ALVARES  DE  VILLA  SANDINO 
(1350? -1428?) 


Poeta  de  honda  inspiración,  de 
innegable  maestría  métrica,  pero  des- 
igual, quizr.s  como  rellejo  de  su 
carácter. 

Generosa,  muy  ícrinosa  Tanta 

Syn  inansilla  Virgen  santa,  Fue  la  tu  grand  omildat 

Virtuosa,  poderosa,  Que  toda  la  Trenidat 

De  quien  Luciíer  se  espanta  :  Kn  ty  se  encierra,  se  canta. 


18 


ANTOLOGÍA  ESCOLAR 


Plasenteio  fué  el  primero 
<ioso,  Señora,  queoviste; 
Quando  el  vero  mensajero 
Te  saluó,  tú  respondiste 
Troxiste 

Kn  tu  seno  vyrginal 
Al  Padre  celestial, 
Al  qual  syn  dolor  pariste, 

Quien  sabrya  nin  dyria 
Quanta  fué  tu  omildan<;a, 
O  Marya,  puerta  e  vya 
De  salud  e  de  íolgan^a 


Fyanfa 

Tengo  en  ty,  muy  dulce  flor^ 
Que  por  ser  tu  servidor 
Avré  de  Dios  perdonan^a. 

Noble  rrosa.  lija  e  esposa 
De  Dios,  e  su  Madre  dyna, 
Amorosa  es  la  tu  prosa, 
Ave,  estela  matutyna. 
Enclyna 

Tus  orejas  de  dulzor 
Oyendo  a  mí,  pecador 
Ayudándome  festyna,  etc. 


Del  Cancionero  üe  Baena. 


FRANCISCO  INPERIAL  (13.. -14..) 


Imilador  de  Dante.  Fué  poeta  de 
modesta  inspiración,  pasando  á  la 
posteridad,  más  que  por  el  fondo  de 
sus  composiciones,  por  la  regulari- 
dad de  la  forma. 


Abrí  los  ojos  e  vime  en  un  prado 
De  candidas  rrossas  e  llores  olientes. 
De  verdes  laureles,  todo  circundado, 
A  guisa  de  cava,  de  dos  bivas  fuentes ; 
.Nasgia  un  arroyo  de  aguas  corrientes 
Caliente  la  una,  é  la  otra  frya, 
E  UD'  con  otra  non  se  bolvia: 
Otro  tal  nunca  vieron  los  ojos  bivieutes- 

La  calda  corría  por  partes  de  fuera; 
Segunt  mi  abisso  creo  que  s<'rÍM 
Por  guarda  del  prado  a  guis  de  lussera,^ 


HISPANO-ARGliNTINA  19 

Tan  fuertemente  tanto  fervia. 
Por  partes  de  dentro  la  fria  corría, 
De  (|ue  se  vanaban  las  rosas  e  flores: 
Cantavan  lugaros  á  los  rruyseñores, 
Como  acostumbran  al'alva  del  día. 

KI  rromper  del  a,i<ua  eran  temores 
Que  con  las  dulces  aves  concorda  van. 
En  bozes  baxas  e  de  las  mayores 
Du(;aynas  é  farpas  otro  sy  sonnavan  ; 
K  oy  personas  que  nianso  cantavan. 
Mas  por  distan(,'ia  non  las  entendía, 
E  tanto  era  su  grant  melodía 
Que  todas  las  aves  mucho  se  alegravan,  etc. 

Del  (Cancionero  de  Baena. 


RUY  PAES  DE  RRIBERA  (13..-14..) 


l'oeta  (le  rasgos  felices  cuando 
pinta  las  miserias  de  la  vida.  Es 
amargamente  realista,  y,  como  alec- 
cionado por  la  desgracia,  siente  des- 
pego por  todíls  las  grandezas. 


En  un  (íspantable,  cruel  temeroso 
Valle  oscuro,  muy  fondo,  aborrido, 
Acerca  de  un  lago  firviente  espantoso, 
Turbio,  muy  triste,  mortal,  dolondo, 
Oy  quatro  dueñas  fasiendo  rroydo. 
Estar  departiendo  á  muy  grant  porfía 
Por  qual  dcllas  ante  el  omme  podría 
Seer  en  el  mundo  jamas  deslroydo 

Oyendo  tal  coyta  é  quexar  doloroso 
I']  que  me  seria  cotitado  a  vilesa 
Sy  non  viese  fin  del  dicho  amargoso, 
PuniK!  por  saberlo  con  toda  tristeza. 


20  ANTOLOGÍA  ESCOLAR 

E  llegué  me  al  lago  syn  otra  pereza 
Por  les  preguntar  en  qué  poríiavan; 
Ellas  me  dixieron  que  asy  les  llamavan 
Dolencia  e  Vejez,  Destierro  é  Proveza. 
Miré  sus  personas  qué  gestos  avian 
E  vi  las  llorosas  e  tan  doloridas 
Que  ningunt  plazer  consygo  tenían 
Vestidas  de  duelo,  las  caras  rronpidas, 
Coronas  d'  esparto  ó  sogas  ceñidas, 
Descalcas  e  rrotas  e  descabelladas, 
E  tristes,  amargas  é  desconsoladas, 
E  huérfanas,  solas,  cuytadas,  perdidas  etc. 

Del  Cancionero  de  Baena. 


FERRANT  S ANCHES  TALAYERA  (13.. -14..) 


Poeta  de  mayor  vuelo  que  los 
anteriores,  siendo  notable  por  su 
sentimiento.  El  fragmento  que  repro- 
ducimos traerá  á  la  memoria  del 
estudiante  aprovechido  algunas  de 
las  Coplas  de  Jorge  Manrique. 

¿Qué  se  lisieion  los  Emperadores 
Papas  e  Reyes,  grandes  Perlados, 
Duques  e  Condes,  cavalleíos  famados. 
Los  rricos,  los  fuertes  é  los  Sabidores, 
E  quantos  servieron  lealmente  amores 
Fasiendo  sus  armas  en  todas  las  partes, 
E  los  que  fallaron  (^iencias  é  artes. 
Doctores,  poetas  é  los  trol)adores? 

¿Padres  é  fijos,  hermanos,  parientes. 
Amigos,  amigas  que  mucho  amamos. 
Con  quien  comimos,  bevimos,  folgantos. 
Muchas  garridas  e  formosas  gentes. 


lIISPANO-AUGKNriXA  2t 

Dueñas,  don(,*ellas,  mancebos  valieules 
Que  logran  so  tierra  las  sus  luan^ebias,  . 
E  otros  señores  que  lia  pocos  días 
Que  nosotros  vimos  aquí  estar  presentes? 

Pues  ¿  do  los  imperios,  ó  do  los  poderes, 
Rreynos,  rrentas  é  los  señoríos, 
A  do  los  orgullos,  las  fainas  e  brios, 
A  do  las  enpressas,  á  do  los  traheres  ? 
¿  A  do  las  ciencias,  á  do  los  saberes, 
A  do  los  maestros  de  la  poetria  ; 
A  do  los  rrymares  de  graiit  maestría 
A  do  los  cantares,  a  do  los  tañeres,  etc. 

Del  Cancionero  dk  Baena. 


MARQUÉS  DE  SANTILLANA  (1398-1458) 


Poeta  danlesco  tic  robusta  iiiS|)iración  y 
además  culto  prosista.  I.e  inmortalizan,  más- 
<|ue  sus  obras  serias,  sus  tlesires,  serrani- 
llas y  vaqiteiras.  Disnos  son  de  mención  y 
loa  sus  Proverbios. 

BIAS   CONTRA   FORTUNA 


ESCRivió  Bias  estas  cosas,  que  se  siguen :  — 
«  Estudiat  con  pla9er  á  los  honestos  é  á  los  vie- 
jos.— La  osada  manera  muchas  ve^es  para  em- 
pes9Íble  lesión.  —  Ser  fuerte  é  fermoso,  obra  es  de 
natura — Abundar  en  rique9as,  obra  es  de  la  for- 
tuna.— Saber  é  poder  fablar  cosas  convenibles  é 
congruas,  esto  es  propio  del  ánima  é  de  la  sabi- 
duría.—  Enfermedat  es  del  ánimo  cobdÍ9Íar  las  cosas 
impossibles. — Non  es  de  repetir  el  ageno  mal. — Mas 


22 


ANTOLOCUA    KSCOLAU 


triste  cosa  es  judgar  entre  dos  amigos,  que  entre  dos 
enemigos;  ca  judgando  entre  dos  amigos,  el  uno 
será  fecho  enemigo,  é  judgando  entre  dos  enemigos, 
el  uno  será  fecho  amigo....  Non  fables  arrebatado,  ca 
demuestra  vanidat.  —  Ama  la  prudencia,  e  fabla  de 
los  dioses  como  son. — Non  alabes  al  ome  indino,  por 
sus  rique9as.  —  Lo  que  tomares,  rescibelo  demandán- 
dolo, é  non  for9andolo. — Qualquier  cosa  buena  que 
fÍ9Íeres,  Dios  entiende  que  la  ta9e.  —  La  sabiduría 
mas  9Íerta  cosa  es  é  mas  segura  que  todas  las  otras 
posessiones,  etc. 

l'rohemio  del  Marqués  al  Conde  de  Alva. 


PROVERBIOS 


Fijo  mió  mucho  amado, 
Para  mientes, 

E  non  contrastes  las  gentes 
Mal  su  grado : 
Ama  é  serás  amado, 
E  podrás 

Facer  lo  que  non  farás 
Desamado 

O  íijo,  sey  amoroso, 

E  non  esquivo ; 

Ca  Dios  desama  al  altivo 

Desdeñoso. 


Del  iniqüo  é  malicioso 
Non  aprehendas  ; 
Ca  sus  obras  son  contiendas 
Sin  reposo 

R  sea  la  tu  respuesta 
Muy  gra(,'iosa  : 
Non  terca  nin  soberbiosa, 
Mas  honesta 

O  lijo!...  quán  poco  cuesta 
P)ieu  fablar !... 
E  sobrado  amenazar 
Poco  presta,  ete. 


SERRANILLA    lll" 


Después  que  nasci, 
Non  vi  tal  serrana 
Como  esta  mañana. 

Allá  á  la  vegüela, 
A  Mata  el  Espino, 
En  esse  camino 


Que  vá  á  Lo{;oyuela, 
De  guissa  la  vi 
Que  me  fifo  gana 
La  fructa  temprana. 

Garnacha  traía 
De  oro,  pressada 


HISI'ANO-AIUIKNTINA  23 

Con  broncha  dorada.  Si  por  mi  lo  avedcs 

<¿ue  bien  reliicia,  Decil  ¿qué  queredos?... 

A  ella  volvi  Fablat  verdadero:» 

Diciendo:  — «Lofana,  Vo  ledixeasy: 

K  soys  vos  villana?))  «  —Juro  por  Santana 

«  —  Si  soy,  cavallero;  Qiio  non  soys  villana». 


FERNÁN  PÉREZ  DE  GÜZMÁN  (1368  1460) 


Poeta  j'  prosista,  elegante  é  inspi- 
rado, es  más  famoso  como  historia- 
dor que  como  poeta.  Se  le  considera 
digno  antecesor  del  V.  Mariana. 

DON  JUAN   ALONSO  DE  GUZMAN,  CONDE   DE  NIEBLA 


FUÉ  muy  cortés  é  mesurado,  é  tanto  llano  é  igual 
á  todos,  que  amenguaba  su  estado  en  ello;  pero  en 
esta  condición  de  la  gente  común,  que  nunca  miran 
mucho  adentro,  era  mucho  amado.  Kn  Sevilla  y  en 
su  tierra,  después  del  señorío  real,  no  conoscian  á 
otro  sino  á  él.  Fué  muy  franco,  é  mucho  acogedor 
de  los  buenos,  pero  no  entremetido  en  las  cortes,  ni 
en  los  palacios  de  los  reyes:  ni  fué  hombre  que  por 
regir  é  valer  se  trabaxase  mucho,  sino  en  darse  vida 
alegre  é  deleytable.  Algunos  le  razonaron  por  de 
poco  esfuerzo.  E  ansi  con  estas  tachas  e  virtudes,  é 
principalmente  por  la  gran  dulzura  é  benignidad  de 
su  condición,  é  por  la  franqueza  é  liberalidad  que 
ovo,  fué  muy  amado ;  é  no  es  maravilla,  ca  estas 
dos  virtudes,  clemencia  é  franqueza,  son  muy  ami- 
gables á  la  natura,  é  suplen  grandes  defectos. 

I)el  libro:  (lENEnAcio.NKS  v  Skmbla.nzas. 


24  -'  ANTOLOGÍA   ESCOLAR 


DON   LORENZO  SUAREZ   DE   FIQUEflOA 


Fué  muy  callado,  de  pocas  palabras,  pero  de  buen 
seso  é  buen  entendimiento,  é  de  gran  regimiento  é 
regla  en  su  casa  é  hacienda,  é  por  eso  de  algunos 
era  ávido  por  escaso  é  cobdicioso;  pero  aquello  que 
él  daba  era  en  tal  manera,  que  la  forma  suplía  el 
defecto  de  la  materia,  porque  era  luego  dado  en 
dineros  contados  é  muy  secretamente,  que  son  autos 
que  honran  é  afeytan  mucho  los  dones  é  los  hacen  mas 
graciosos:  cá  con  tales  maneras  el  que  lo  recibe  no 
toma  trabaxo,  y  el  que  lo  dá  muestra  no  querer 
vanagloria.  De  su  esfuerzo  nunca  oí,  salvo  que  en 
las  guerras  era  diligente  é  de  buena  ordenanza,  lo 
qual  no  podía  ser  esfuerzo. 

Del  ¡d  id. 


JUAN  DE  MENA  (1411-1454) 


Imitador  de  Dante,  es,  por  su 
obscuridad,  el  precursor  de  Oóngo- 
ra,  cordobés  coh)o  éL  Enriquecióla 
lengua  castellana  con  gran  número 
de  vocablos  tomados  del  latin. 


MUERTE   DE   LORENZO   DE   AVAL08 

Aquel  que  alli  ves  el  cerco  trabado, 
que  quiere  subir,  y  se  halla  en  el  ayre 
mostrando  en  su  rostro  doblado  donaire 
por  dos  deshonestas  íeridas  llagado, 
es  el  valiente  no  bien  fortunado 
muy  virtuoso  mancebo  Lorenzo, 


HISl'ANO-AHíiKNTIXA  25 

que  hizo  011  un  dia  su  tin.  y  romion/.o, 
aquel  es  que  era  de  todos  amado. 

El  mucho  querido  del  señor  infante 
que  siempre  lo  fuera  señor  como  padre, 
el  mucho  llorado  de  la  triste  madre, 
(|uc  muerto  ver  pudo  tal  hijo  delante; 
ó  dura  fortuna,  cruel  tribuíante! 
por  ti  se  le  pierden  al  mundo  dos  cosas, 
las  vidas  y  lágrimas  tan  piadosas 
que  ponen  dolores  despada  tajante. 

Bien  se  mostraba  ser  madre  en  el  duelo 
(|ue  hizo  la  triste  después  que  ya  vido 
el  cuerpo  en  las  andas  sangriento,  tendido, 
de  aquel  que  criara  con  tanto  recelo, 
ofende  con  dichos  crueles  al  cielo 
con  nuevos  dolores  su  flaca  salud, 
y  tantas  angustias  roban  su  virtud 
que  cae  la  triste  muerta  por  el  suelo 

Rasga  con  uñas  crueles  su  cara, 
hiere  sus  pechos  con  mesura  |)oca, 
besando  á  su  hijo  la  su  fria  boca, 
maldice  las  manos  de  quien  lo  matara; 
maldice  la  guerra  do  se  comenzara, 
busca  con  ira  crueles  querellas, 
niega  a  si  misma  reparo  de  aquellas, 
y  tal  como  muerta  viviendo  se  para 

Decia  llorando  con  lengua  rabiosa. 
ó  matador  de  mi  hijo  cruel! 
mataras  á  mi.  dexaras  á  él, 
que  fuera  enemiga  no  tan  porfiosa; 
fuera  á  la  madre  muy  mas  digna  cosa, 
para  quien  mata  llevar  menos  cargo, 
y  no  le  mostraras  á  él  tan  amargo, 
ni  triste  dexáras  á  mi  querellosa. 

Si  antes  la  muerte  me  fuera  ya  dada 
cerrara  mi  hijo  con  estas  sus  manos 
mis  ojos  delante  de  los  sus  hermanos, 


26 


antología  escolar 


y  yo  no  muriera  mas  de  una  vegada; 
así  moriré  muchas,  desventurada, 
que  solo  padezco  lavar  sus  heridas 
con  lágrimas  tristes,  y  no  agradecidas, 
maguer  que  lloradas  por  madre  cuitada. 

El  LABEHLNTo-Estr.  CCl  á  CCVI. 


JORGE  MANRIQUE  (1440-1473) 


Este  poeta,  aun  cuanilo  escribió 
un  centenar  de  composiciones,  sólo 
es  inmortal  por  sus  Coplas,  que  son 
ciertamente  modelo  de  poesía  elegia- 
ca, tanto  (¡lie  han  sido  traducidas  al 
latin  y  á  varios  de  los  idiomas  mo- 
dernos. 

COPLAS    Á   LA   MUERTE   DEL   MAESTRE   DE   SANTIAGO,    SU   PADRE 


Recuerde  el  alma  dormida, 
avive  el  seso  y  despierte 
contemplando 
cómo  se  pasa  la  vida, 
cómo  se  viene  la  muerte 
tan  callando  : 

quán  presto  se  va  el  plazer, 
cómo  después  de  acordado 
da  dolor, 

cómo  a  nuestro  parecer 
cualquiera  tiempo  pasado 
fué  mejor. 

Y  pues  vemos  lo  presente 
cómo  en  un  punto  se  es  ido 
y  acabado, 
si  juzgamos  sabiamente, 


daremos  lo  no  venido 

por  pasado. 

No  se  engañe  nadie,  no 

pensando  que  lia  de  durar 

lo  que  espera 

mas  que  duró  lo  que  vio, 

porque  todo  ha  de  pasar 

por  tal  manera. 

Nuestras  vidas  son  los  ríos 
que  van  á  dar  en  la  mar 
que  es  el  morir; 
allí  van  los  seiiorios 
derechos  á  se  acabar 
y  consumir ; 
allí  los  rios  caudales, 
alli  los  otros  medianos 


IIISPANO-ARGEN  TINA 


27 


y  más  chicos ; 

ít llegados,  son  iguales 

los  que  viven  por  sus  luanos... 

V  los  ricos... 


¿Qué  se  hizo  el  Hey  Don  Juan? 
Los  Infantes  de  Aragón 
¿Qué  se  hicieron? 
¿Qué  fué  de  tanto  galán, 
qué  fué  de  tanta  invención 
romo  trujeron? 
Las  justas  e  los  torneos, 
paramentos,  bordaduras 
o  cimeras 


¿fueron  sino  devaneos? 
¿Qué  fueron  sino  verduras 
de  las  eras? 

¿Qué  se  hicieron  las  damas 
sus  tocados,  sus  vestidos, 
sus  olores? 
'  ¿Qué  se  hicieron  las  llamas 
de  los  fuegos  encendidos 
de  amadores? 
¿Qué  se  hizo  aquel  trohar. 
las  nn'isicas  acordadas 
que  tañían? 

¿Qué  se  hizo  aquel  danzar 
y  aquellas  ropas  chapadas 
que  traían?...  etc. 


ROMANCES 


DE   ALORA   LA    BIEN   CERCADA 


Alora,  la  bien  cercada, 
tú  que  estás  en  par  del  río, 
cercóte  el  Adelantado 
una  mañana  endomingo, 
de  peones  y  hombres  de  armas 
el  campo  bien  guarnecido: 
con    a  gran  artillería 
hecho  se  iiabia  un  portillo 
Viérades  moros  y  moras 
todas  huir  al  castillo  : 
las  moras  llevaban  ropa, 
los  moros,  harina  y  trigo 
y  las  moras  de  (juiucc  años 
levaban  el  oro  lino 


y  los  moncos  pequeños 

llevaban  la  pasa  y  higo 

Por  ciuia  do  la  muralla 

su  pendón  llevan  tendido. 

Entre  almena  y  almena, 

quedado  se  había  un  morico 

con  una  ballesta  armada 

y  en  ella  puesto  un  cuadrillo. 

En  altas  voces  decía, 

que  la  gente  lo  había  oído: 

—¡Treguas,  treguas,  Adelantado 

por  tuyo  so  dá  el  castillo! 

Alza  la  visera  arriba, 

por  ver  el  que  tal  lo  dijo. 


28 


antología  escolak 


Aseslárale  á  la  frente 
salido  le  al  colodrillo. 
Sacólo  Pablo  de  rienda 
y  de  mano  Jacobillo, 
estos  dos  que  habia  criado 


en  su  casa  desde  chicos. 
Lleváronle  á  los  maestros 
por  ver  si  será  guarido, 
A  las  primeras  palabras 
el  testamento  les  dijo 


Fronterizo 


II 


LA    CONFIANZA 


Mis  arreos  son  las  armas, 
mi  descanso  es  pelear 
mi  cama  las  duras  peñas 
mi  dormir  siempre  velar. 
Las  manidas  son  escuras, 
los  caminos  por  usar 
el  cielo  con  sus  mudanzas 


ha  por  bien  de  me  dañar, 
andando  de  sierra  en  sierra 
por  orillas  de  la  mar, 
por  probar  si  en  mi  ventura 
hay  lugar  donde  a  vadar. 
Pero  por  vos,  mi  señora 
todo  se  ha  de  comportar. 


Calxdlereseo. 


11 


DE    MORIANA    Y   GALVÁN 


—  ¡Arriba,  canes  arriba! 
¡  Que  mala  rabia  os  mate! 
En  jueves  matáis  el  puerco 
y  en  viernes  coméis  la  carne 
Ya  hace  hoy  los  siete  años 
que  ando  por  aqueste  valle, 
pues  traigo  los  pies  descalzos 
las  uñas  corriendo  sangre, 
pues  como  las  carnes  crudas, 
y  bebo  la  roja  sangre 


Musco  triste  á  Moriana 

la  hija  del  Emperante, 

pues  me  la  han  tomado  moros 

mañanica  de  Sant  Juane, 

cogiendo  rosas  y  flores 

en  un  vergel  de  su  padre. 

Oidolo  ha  Moriana, 

que  en  brazos  del  nioro  estae; 

las  lágrimas  de  sus  ojos 

al  moro  dan  en  la  fase. 


Morisco. 


HISPANO-ARGENTINA 


29 


IV 


DEL   CONDE   ARNALDOS 


¡Quién  luibicse  tal  ventura 
sobre  las  aguas  del  mar, 
como  hubo  el  conde  Arnaldos 
la  mañana  de  San  Juan! 
Con  un  falcón  en  la  mano 
la  caza  iba  a  cazar, 
vio  venir  una  galera 
que  a  tierra  (juiere  llegar 
Las  velas  traía  de  seda, 
la  jarcia  de  un  cendal, 
marinero  que  la  manda 
diciendo  viene  un  cantar 
que  la  mar  facía  en  calma, 


los  vientos  hace  amainar, 

Jos  peces  que  andan  nel  hondo 

arriba  los  hace  andar, 

las  aves  que  andan  volando, 

nel  mástel  las  faz  posar. 

Alli  íabló  el  conde  Arnaldos, 

bien  oiréis  lo  que  dirá: 

—  Por  Dios  te  ruego,  marinero, 
digasme  ora  ese  cantar. — 
llespondiólf  el  marinero, 

tal  respuesta  le  fué  a  dar  : 

—  Yo  no  digo  esta  canción 
sino  a  quien  conmigo  va. 

Novelesco. 


ANTONIO  DE  NEBRIJA  Ó  LEBRIJAiM  (1442-1522) 


Uno  délos  más  insignes  humanis- 
tas de  su  época,  á  quien  del)emos  la 
primera  Gramática  (Castellana,  si  bien 
su  talento  enciclopédico  le  invitó  á 
escril)¡r  sobre  varias  otras  ramas 
del  saber  humano. 


GRAMÁTICA   CASTELLANA 


— De  la  división  de  sus  partes. — La  primera  los 
griegos  llamaron  orthographia:  que  nosotros  pode- 
mos  nombrar  en  lengua  romana  sciencia  de  bien  e 


(•)  Su  Verdadero  nombre  fué:  Antonio  Marlinc/  de  Cala  y  de  .Jarava. 


30  ANTOLOGÍA  ESCOLAR 

derechamente  escrivir.  A  esta  esso  mesmo  pertenece 
conocer  el  número  e  fuerza  de  las  letras  e  por  que 
figuras  se  an  de  representar  las  palabras  e  partes 
de  la  oración.  La  segunda  los  griegos  llaman  proso- 
dia, nosotros  podemos  interpretar  acento,  o  mas 
verdaderamente  quasi  canto.  Esta  es  arte  para  alzar 
e  abaxar  cada  una  de  las  silabas  de  las  diciones  ó 
partes  de  la  oración^  A  esta  se  reduze  esso  mesmo 
el  arte  de  contar,  pesar  e  medir  los  pies  de  los  verbos 
e  coplas.  La  tercera  los  griegos  llamaron  etimología. 
Tulio  interpretóla  anotación,  nosotros  podémosla 
nombrar  verdad  de  palabras.  Esta  considera  la  sig- 
nificación e  accidentes  de  cada  una  de  las  partes  de 
la  oración:  que  como  diremos  en  el  castellano  son 
diez.  La  cuarta  los  griegos  llamaron  syntacsis;  los 
latinos  construción  :  nosotros  podémosla  llamar  orden; 
a  este  pertenece  ordenar  entre  si  las  palabras  e  partes 
de  la  oración.  Assi  que  sera  el  primero  libro  de  nues- 
tra obra  de  orthographia  e  letra.  El  segundo  de 
prosodia  e  sílaba.  El  tercero  de  etimología  e  dición. 
El  cuarto,  de  sintási  aiuntamiento  é  orden  de  las  par- 
tes de  la  oración. 


FERNANDO  DEL  PULGAR  (1436-1493) 


Prosista  clásico,  admirable  autor 
de  retratos ;  a  pesar  de  los  defectos 
señalados  por  la  critica  sesuda,  su 
prosa  será  siempre  leida  con  agrado 
y  provecho, 

DON     JUAN   PACHECO,    MARQUÉS   DE   VILLENA 

FABLABA  con  bucna  gracia  é  abundancia  en  razones, 
sin  prolixidad  de  palabras;  temblábale  un  poco  la 
voz  por  enfermedad  accidental  é  no  por  defecto 
natural.     En   la  edad  de  mozo  tuvo  seso  é  autoridad 


HISPANO-ARGENTINA  31 

de  viejo.  Era  hombre  esencial,  é  no  curaba  de  apa- 
riencias ni  de  cerimonias  infladas...  Tenía  la  agudeza 
tan  viva,  que  á  pocas  razones  conocía  las  condicio- 
nes e  los  fines  de  los  hombres:  e  dando  á  cada  una 
esperanza  de  sus  deseos  alcanzaba  muchas  veces  lo 
que  él  deseaba.  Tenía  tan  grand  sufrimiento,  que 
ni  palabra  áspera  que  le  dixesen  le  movía,  ni  nove- 
dad de  negocio  que  oyese  le  alteraba:  y  en  el  mayor 
discrimen  de  las  cosas  tenía  mejor  arbitrio  para  las 
entender  é  remediar.  Era  hombre  que  con  madura 
deliberación  determinaba  lo  que  avía  de  facer,  é  na 
forzaba  el  tiempo,  más  forzaba  á  sí  mismo  esperando 
tiempo  para  lo  facer...  Tuvo  algunos  amigos  de  los 
que  la  próspera  fortuna  suele  traer:  tuvo  asimisma 
muchos  contrarios  de  los  que  la  envidia  de  los  bie-^ 
nes  suele  criar...  No  era  varón  de  venganzas,  ni 
perdía  tiempo  ni  pensamiento  en  las  seguir.  Decía 
el  que  todo  hombre  que  piensa  en  vengarse,  antes 
atormenta  á  sí  que  daña  al  contrario.  Perdonaba 
ligeramente,  y  era  piadoso  en  la  execución  de  la 
justicia  criminal ;  porque  pensaba  ser  más  aceptable 
á  Dios  la  grand  misericordia  que  la  extrema  justicia ... 
No  quiero  negar  que  como  hombre  humano  este 
caballero  no  toviese  vicios  como  los  otros  hombres ; 
pero  puédese  bien  creer,  que  si  la  flaqueza  de  su 
humanidad  no  los  podía  resistir,  la  fuerza  de  su  pru-^ 
dencia  los  sabía  disimular. 

De  su  libro  Claros   Varones  de  Castilla. 


32  ANTOLOGÍA    KSCOI-All 


ARCIPRESTE  DE  TALAYERA'  (1398?  1470?) 


Escritor  udinirablc,  realiza  en  pro- 
sa viva  y  animada  lo  que  el  Arci- 
preste de  Hita  en  verso;  si  bien  el 
autor  de  Corvadlo  es  más  malicioso, 
abundando  en  esta  obra  los  adagios 
y  proverbios. 


MUJER   VANAGLORIOSA   Y  LOZANA 


DICE  la  fija  a  la  madre,  la  mujer  al  marido,  la 
hermana  á  su  hermano,  la  prima  á  su  primo,  la 
amiga  á  su  amigo :  ¡  Ay,  como  esto  enojada,  duélme 
la  cabeza,  siéntome  de  todo  el  cuerpo;  el  estómago 
tengo  destemprado  estando  entre  estas  paredes ;  quie- 
ro ir  á  misa  á  Santo  Domingo;  representación  facen 
de  la  Pasión  al  Carmen;  vamos  á  ver  el  inonesterio 
de  Sant  Agustín.  ¡O  qué  fermoso  monesterio!  Pues 
pasemos  por  la  Trenidad  á  ver  el  casco  de  Sant 
Blas ;  vamos  á  Santa  María ;  veamos  como  se  pasean 
aquellos  gordos,  ricos  e  bien  vestidos ;  vamos  á  San- 
ta María  de  la  Merced,  oiremos  el  sermón...  E  lo 
peor  que  algunas  non  tienen  arreos  con  que  salgan, 
nin  mujeres  nin  mozas  con  que*vayan,  e  dizen:  Mari- 
ca, veme  a  casa  de  mi  prima  que  me  preste  su  saya 
de  grana.  Juanilla,  veme  a  casa  de  mi  hermana  que 
me  preste  su  aljaba,  la  verde,  la  de  P'lorencia.  Ine- 
sica,  veme  a  casa  de  mi  comadre  que  me  preste  su 
crespina  e  aun  el  almanaca.  Catalinilla,  ve  á  casa 
de  mi  vecina  que  me  preste  su  cinta  e  sus  arraca- 
das de  oro.  F'rancisquilla,  ves  a  casa  de  mi  señora 
la    de    Fulano,    que    me    preste   sus    paternostes  de 

*  Se  llamaba  Alfonso  Martínez  de  Toledo. 


HISPANO-ARGIiMINA 


33 


oro.  Teresuela,  ve  en  un  punto  a  mi  sobrina  que 
me  preste  su  pordemas  el  de  martas  forrado.  Men- 
cigüela,  corre  en  un  salto  a  los  alatares  ó  á  los 
mercaderes,  traeme  solimán  e  dos  oncillas  cinamo- 
nio,  o  clavo  de  girofres  para  levar  en  la  boca... 

Del  Corvadlo  o  Regyrobaclon  del  Amor  Mundano. 


JUAN  DEL  ENZINA  (1469-1529) 


A  este  autor,  llamado  por  algunos 
«patriarca  del  teatro  español»,  le  cabe 
la  íí'oria  de  haber  secularizado  el 
teatro  religioso.  Su  musa  drauíntica 
incipiente  se  inspiró  en  el  pueblo. 

EQLOQA   DE   LOS   PASTORES   QUE  SE  TORNARON   ESCUDEROS 


F  HA  O  MEMO 


Mingo 
Cala,  Gil,  qtie  las  luai'ianas 
lín  el  campu  hay  gran  frescor 

Y  tiene  muy  gran  sabor 
La  sombra  de  las  cabanas 

Quien  es  dueciio  de  dormir 
Con  el  ganado  de  noche. 
No  creas  que  do  reproche 
VA  palaciego  vivir, 
i  Oh  qué  gasajo  es  oir 
VA  sonido  de  los  grillos 

Y  el  tañer  los  caramillos  ! 
No  hay  quien  lo  pueda  decir. 


Ya  sabes  qué  gozo  siente 
VA  pastor  muy  caluroso 
En  beber  con  gran  reposo 
Oe  bruzas  agua  en  la  fuente, 
O  de  la  que  va  corriente 
Por  el  cascajal  corriendo, 
Que  se  va  toda  riendo 
¡  Oh  qué  pracer  tan  valiente  ! 

Pues  no  te  digo  ¿  verás  ? 
Las  holganzas  de  las  bodas  ! 
Mas  pues  tií  las  sabes  todas, 
No  le  quiero  decir  más 
Gil 


34  ANTOLOGÍA   IvSCOLAK 

Anda,  que  acá  gozarás  Si  volvieie  á  mi  lugar. 

Otras  mayores  holganzas  :  Y  el  halo  (|u¡cro  mudar 

Otros  bailes  y  otras  danzas  Anles  (|ue  otra  cosa  venga  ; 

Del  palacio  aprenderás  V  tú,  mia  fé,  también,  Menga 

Mingo  l'jicomiénzale  á  dusnar. 
Hora  yo  quiero  probar  Menga 

Este  |)alacio  á  (¡uó  sabe,  Cala  que  yo  no  sabré 

Siquiera  ponjue  me  alabe  Ser  para  ser  del  palacio... 


BARTOLOMÉ  DE  TORRES  NAHARRO  (7-1531) 


Representa  en  el  naciente  teatro- 
la  iiifliieiicia  italiana,  y  es  más  dra- 
maturgo que  Enzina,  á  quien  en 
ocasiones  parece  imitar.  En  el  trozo- 
que  se  transcribe  formula  preceptos 
dignos  de  ser  recordados. 


...Y  digo  ansí:  que  Comedia  no  es  otra  cosa 
sino  un  artificio  ingenioso  de  notables  y  finalmente 
alegres  acontecimientos,  por  personas  disputado. 
La  división  della  en  cinco  actos,  no  solamente  me 
parece  buena,  pero  mucho  necesaria;  aunque  yo  les 
llamo  jornadas,  porque  más  me  parecen  descansa- 
deros que  otra  cosa.  De  donde  la  Comedia  queda 
mejor   entendida  y  rescitada 

Cuanto  á  los  géneros  de  Comedias,  á  mí  paresce 
que  bastarían  dos  para  en  nuestra  lengua  castella- 
na: comedia  a  fioticia^  y  comedia  a  fantasía.  A  noti- 
cia,   s'entiende   de   cosa  nota  y  vista  en  realidad  de 


HISPANO-ARGENTINA  35 

verdad,  como  son  Soldadesca  y  Tínellaria.  A  fantasía, 
de  cosa  fantástica  ó  fingida,  que  tenga  color  de 
verdad  aunque  no  lo  sea,  como  son  Serafina,  Inie- 
nea^  etc.  Partes  de  comedia,  ansí  mesmo,  bastarían 
dos,  scilicet:  introito  y  argitniento.  Si  más  os  pares- 
ciese  que  deban  ser,  ansí  de  lo  uno  como  de  lo  otro 
licencia  se  tienen  para  quitar  y  poner  los  discretos..' 

Vropalladia. 


FERNANDO  DE  ROJAS  (14.. -15..) 


Se  le  supone,  suposición  negada 
por  algunos  críticos,  autor  de  La  Ce- 
lestina, obra  que  puede  calificarse 
de  joya  de  la  literatura  castellana. 
Novela  dramatizada,  ella  bastaría  para 
dar  relieve  á  una  época 


LA   CELESTINA 


Calisto...  Sempronio,  Sempronio,  Sempronio  ¡  Donde 
esta  este  maldito? 

Se)npro)iio.  Aqui  estoy,  señor,  curando  destos  cauallos. 

Calisto.  Pues  como  sales  de  la  sala? 

Sempronio.  Abatióse  el  girifalte,  é  vinele  endere9ar 
en  el  alcándara. 

Calisto.  Assi  los  diablos  te  ganen;  assi  por  infor- 
tunio arrebatado  perezcas,  o  perpetuo  intolerable 
tormento    consigas,    el   qual  en  grado    incomparable 


'  Se    publicó    la   primera   edición    en  Burgos,  en  1499,  con  el  título  de 
Comedia  de  Calisto  é  Melibea. 


36  ANTOLOGÍA   ESCOLAR 

a  la  penosa  é  desastrada  muerte  que  espero  tras- 
passa.  Anda,  anda,  maluado,  abre  la  cámara  é  ende- 
re9a  la  cama. 

Senipronio.  Señor,  luego,  hecho  es. 

Calis io.  Cierra  la  ventana  é  dexa  la  teniebla  acom- 
pañar al  triste,  y  al  desdichado  la  ceguedad.  Mis 
pensamientos  tristes  no  son  dignos  de  luz.  O  bien- 
aventurada muerte  aquella  que  deseada  a  los  afligidos 
viene!  O  si  viniessedes  agora.  Eras  é  Crato,  médicos, 
sentiriades  mi  mal !  O  piedad  de  silencio,  inspira  en 
el  pleberico  cora9on  porque  sin  esperan9a  de  salud 
no  embie  el  espíritu  perdido  con  el  desastrado  Píra- 
mo  é  de  la  desdichada  Tisbe ! 

Senipronio.  Que  cosa  es? 

Calisto.  Vete  de  ay,  no  me  fables ;  sino  quÍ9a  ante 
del  tiempo  de  rabiosa  muerte  mis  manos  causaran 
tu  arrebatado  fin. 

Sempronio.   Iré,  pues  solo  quieres  padecer  tu  mal. 

Calisto.  Ve  con  el  diablo. 

Se^npronio.  No  creo,  según  pienso,  yr  conmigo  el 
que  contigo  queda. 

O  desauentura !  O  súbito  mal !  Qual  fue  tan  con- 
trario acontescimiento,  que  assi  tan  presto  robo  el 
alegría  deste  hombre,  é  lo  que  peor  es,  junto  con 
ella  el  seso?  Dexarle  he  solo,  o  entrare  alia?  Si  le 
dexo,  matarse  ha;  si  entro  alia,  matarme  ha.  Qué- 
dese, no  me  curo ;  mas  vale  que  nmera  aquel  a  quien 
es  enojosa  la  vida,  que  no  yo  que  huelgo  con  ella. 
Avnque  por  al  no  deseasse  vinir,  sino  por  ver  a  mi 
Elicia,  me  deuria  guardar  de  peligros.  Pero  si  se 
mata  sin  otro  testigo,  yo  quedo  obligado  a  dar  cuen- 
ta de  su  vida.  Quiero  entrar;  mas  puesto  que  entre, 
no  quiere  consolación  ni  consejo.  Asaz  es  señal  mor- 
tal no  querer  sanar.  Con  todo,  quiérele  dexar  vn 
poco  desbraue,  madure;  que  oydo  he  dezir,  que  es 
peligro  abrir  o  apremiar  las  postemas  duras,  porque 
mas    se    enconan.     Este  vn  poco;  dexemos  llorar  al 


HISI'ANO-AHGENTINA  37 

que  dolor  tiene;  que  las  lagrimas  é  sospiros  mucho 
desenconan  el  coraron  dolorido.  E  avn  si  delante  me 
tiene,  mas  conmigo  se  encenderá;  que  el  sol  mas 
arde  donde  puede  reuerberar;  la  vista  a  quien  objeto 
no  se  antepone,  cansa;  é  quando  aquel  es  cerca^ 
aguzase.  Por  esso  quierome  sofrir  vn  poco :  si  entre- 
tanto se  matare,  muera.  Ouiya  con  algo  me  quedare; 
que  otro  no  lo  sabe  cpn  que  mude  el  pelo  malo : 
avnque  malo  es  esperar  salud  en  muerte  agena,  é 
qui(;a  me  engaña  el  diablo;  é  si  muere  matarme  han, 
é  yran  alia  la  soga  é  el  calderón.  Por  otra  parte 
dizen  los  sabios,  que  es  grande  descanso  a  los  afli- 
gidos tener  con  quien  puedan  sus  cuytas  llorar,  é 
que  la  llaga  interior  mas  empece.  Pues  en  estos 
estremos  en  que  estoy  perplexo,  lo  mas  sano  es  en- 
trar é  sofrirle,  é  consolarle:  porque  si  possible  es 
sanar  sin  arte  ni  aparejo,  mas  ligero  es  guarescer 
por  arte   é  por  cura. 

Fragmento  del  Primer  acto. 


38 


ANTOLOOIA   ESCOLAU 


LOPE    DE  RUEDA  (15107-1565 


Se  le  tiene  por  el  verdadero  creador 
del  teatro  nacional,  distinguiéndose 
por  su  espontánea  gracia.  Su  veno 
dramática  siempre  retozona,  lo<>ra 
avivar  el  diálogo  y  darle  natura- 
lidad. 


COLOQUIO 


Si  el  recontento  que  travo, 
venido  tan  de  rondón, 
no  me  lo  abraca  el  curron, 
¿quales  nesgas  pondré  al  sayo 
o  que  ensanchas  el  jubón? 
Y  si  al  contarlo  estremei'io, 
con  vn  donayre  risueño 
ayer  nie  miró  Constanca. 
¿que  turba  aura  ya  o  mudanca 
que  no  le  passe  por  sueño? 
Esparzios,  las  mis  corderas, 
por  las  dcliessas  y  prados, 
inordey  sabrosos  bocados, 
no  teniays  las  venideras 
noches  de  nubros  ayrados; 
antes  os  anday  esseiitas. 
brincando  de  recontentas. 
No  os  allixa  el  ser  mordidas 


de  las  lobas  dossaud)r¡das 
tragantonas,  mal  contentas, 
y,  al  dar  de  los  bellocinos 
venid  siempres,  no  ronzeras 
rumiando  por  las  laderas 
a  jornaleros  vezinos. 
o  al  corte  de  sus  tixeras; 
que  el  sin  medida  contento, 
qual  no  abarca  el  |)onsamionto 
os  librará  de  lesión, 
si  al  dar  del  branco  bellon, 
barruntays  el  bien  (|ue  siento. 
Mas  ¿í|uion  es  este  cuytado 
que  assoma  acá  entellerido 
cabizbaxo,  atordezido, 
barba  y  cabello  erizado 
desayrado  y  mal  erguido? 


*  [clamado  (Ulu,  segiin  Schcvill  y  Honilla  y  San  Martin,  y  Prendas  de 
autor  por  Mariano  Ferrer.  listas  (iiiintillas  suben  en  mérito  si  se  recuer- 
da que  Cervantes  las  transcribió  en  la  jornada  111  de  su  «comedia  famosj 
de  Los  Baños  de  Argel.  » 


HISPANO-AUGKNTINA  39 


JUAN   BOSCÁN  a4..?-1542 


No  filé  poeta  tan  modesto  como 
opinan  algunos  críticos,  si  bien  su 
gloria  se  cimenta  en  el  hecho  <le  ser 
el  iniciador  de  aquella  fecunda  re- 
volución literaria  que  contó  como 
jefe  á  (larcilaso. 

SONETO 

Dulce  soi'iar  y  dulce  congoxarine, 
<^)uando  estal)a  soñando  (|ue  soñaba; 
Dulce  gozar  con  lo  (|ne  me  eugañal);t, 
Si  un  poco  uiás  durara  el  engañarme. 

Didce  no  estar  en  mi.  que  ligurarme 
Podia  cuanto  bien  yo  deseaba; 
Dulce  placer,  aunque  me  importunaba, 
Que  alguna  vez  llegaba  á  despertarme 

¡O  sueño!  ¡(|uánto  mas  leve  y  sabroso 
Me  fueras,  si  vinieras  tan  pesado 
Que  asentaras  en  mi  con  más  reposo  ! 

Durmiendo,  en  (in,  fui  bienaventurado  ; 
Y  es  justo  en  la  mentira  ser  dichoso 
Quien  siempre  en  la  verdad  fué  desdichado 

FRAGMENTO 

«Los  rios  (jue  en  SU  graiidc/.a  Asi  el  bien  que  natural 

Alcanzan  diversos  grados,  Ku  todo  tiene  dulzura, 

Quando  á  la  mar  son  llegados  bi  a  mí  llega  torna  tal. 

Mudan  su  naturaleza  Que  lo  vuelve  en  amargura 

Y  empiezan  á  ser  salados.  La  amargura  de  mi  mal. 

Copla  XX  VI. 


40  ANTOLOGÍA  ESCOLAR 


GARCILASO  DE  LA  VEGA  (1503-1536) 


Se  le  titula  El  Principe  de  los  liri- 
cos  españoles ;  sin  embargo  « nada 
propio  tiene  Garcilaso  más  que  el 
sentimiento,  y  por  esto  solo,  vive  y 
vivirá  cuanto  dure  la  lengua».  Su 
estilo  es  claro  y  castizo. 


SONETO 


¡  Oh  dulces  prendas,  por  mi  mal  halladas, 
Dulces  y  alegres  cuando  Dios  quería  ! 
Juntas  estáis  en  la  memoria  mia, 
Y  con  ella  en  mi  mente  conjuradas 

¿Quien  me  dijera  cuando  en  las  pasadas 
Horas  en  tanto  bien  por  vos  me  via 
Que  me  hahiais  de  ser  en  algún  dia 
Con  tan  grave  dolor  representadas? 

Pues  en  un  hora  junto  me  llevastes 
Todo  el  bien  que  por  términos  me  distes, 
Llevadme  junto  el  mal  que  me  dejastes- 

Si  no,  sospecharé  que  me  pusiste 
Kn  tantos  bienes  porque  descastes 
Verme  morir  entre  memorias  tristes. 

ÉGLOGA   PRIMERA 


Cual  suele  el  ruiseñor  con  triste  canto 
Quejarse,  entre  las  hojas  escondido, 
iJel  duro  labrador,  (jue  cautamente 
Le  despojó  su  caro  y  dulce  nido 
De  los  tiernos  hijuelos  entre  tanto 
Que  del  amado  ramo  estaba  ausente, 
Y  aquel  dolor  que  siente 


IIISI'ANO-AHGENTINA  41 


Con  diferencia  tanta 

Por  la  dulce  garyanta 

Despide,  y  á  su  canto  el  aire  suena, 

V  la  callada  noche  no  refrena 

Su  lamentable  oficio  y  sus  querellas, 
Trayendo  de  su  pena 
Al  cielo  i)or  testijío  y  las  estrellas  ; 
Desta  manera  suelto  yo  la  rienda 
A  mi  dolor,  y  asi  tne\|uejo  en  vano 
De  la  dure/a  de  la  muerte  airada. 
Klla  en  mi  corazón  metió  la  mano, 

Y  de  allí  me  llevó  mi  dulce  prenda  ; 
Que  aquel  era  su  nido  y  su  morada. 
¡  Ay,  muerte  arrebatada  ! 

Por  ti  me  estoy  quejando 

Al  ciclo  y  enojando 

Con  importuno  llanto  al  mundo  todo; 

Tan  desigual  dolor  no  sufre  modo. 

No  me  podrán  quitar  el  dolorido 

Sentir,  si  ya  del  todo 

Primero  no  me  quitan  el  sentido,.. 


CRISTÓBAL  DE  CASTILLEJO  (14907-1556) 


Aun  alejado  de  España,  este  i)oeta 
erudito  y  nioriiaz,  fustiga  sin  piedad 
la  revolución  literaria,  iniciada  por 
Hoscún  ;  de  ahi  que  algunos  críticos 
lo  proclaman  jefe  de  la  escuela  tra- 
dicional. 


VIDA   BUENA   Y   DESCANSADA 


Bienaventurada  vida.  Son,  Seiior,  por  su  medida 

Si  alguna  lo  puede  ser,  Las  que  la  pueden  hazer. 

Estas  cosas  á  mi  ver  Hazienda  no  mal  ganada 


42 


antología  escolau 


Con  sudor,  mas  lierodada  : 
Campo  bien  agradezido. 
Lugar  durable  sabido 

Y  pleito  jamás  por  nada  : 
Pocos  cargos  de  que  dar 
Cuenta,  ni  tener  cuidado, 

Y  el  ánimo  sosegado  ; 
Buenas  fuerzas  á  la  par 

Y  cuerpo  sano  templado  ; 
Prudente  simplizidad 

Y  amigos  con  igualdad 

Y  fázil  conversación  : 
La  mesa  sin  presunción 

Y  sin  pompa  y  vanidad  ; 
La  noche  no  sepultada 
En  torpe  borrachería  ; 
iMas  de  congojas  vacia  : 


Cama  no  desconsolada 
Pero  casta  todavía  : 
Sueño  quieto  y  sabroso, 
Que  haga  con  su  re|)oso 
Breves  dulces  y  seguras 
Las  tinieblas  mas  escuras, 

Y  el  tiempo  mas  trabajoso. 

Y  ten  :  que  mientras  vivieres, 
Para  ciue  vivas  de  veras, 
Tan  solamente  ser  (piieras 
Aquello  mismo  (|ue  fueres, 

Y  que  á  todo  lo  prefieras  ; 

Y  f|iie  la  muerte  que  crees, 
l'.n  tanto  que  no  la  veas, 
Porque  no  te  dé  postemas. 
Con  ningún  tiempo  la  temas. 
Ni  tampoco  la  desees. 


FRAY  LUIS  DE  LEÓN  (1527-1591 


Si  (le  la  prosa  castellana  se  le  pue- 
de llamar  maestro  excelso,  como 
poeta  es  majestuosamente  sereno  y, 
sin  quizás,  el  más  perfecto  en  los 
géneros  por  él  abordados. 


DEL   CANTAR   DE   LOS  CANTARES 


COSA  cierta  es  y  sabida  que  en  estos  cantares 
como  en  persona  del  Rey  Salomón,  y  su  Espo- 
sa la  hija  del  Rey  de  Egipto  debaxo  de  amo- 
rosos requiebros  explica  el  Señor  la  Encarnación  de 
Christo  y  el  entrañable  amor  que  siempre  tuvo  a 
su  Iglesia,  con  otros  secretos  de  gran  misterio  y  de 
gran    peso.     En    este    sentido    que    es    espiritual,  no 


HISPA  NO -AlUiKNTIXA  43 

teno^o  que  tocar;  porque  de  él  hay  escritos  grandes 
libros  por  personas  santísimas  y  muy  doctas,  que 
ricos  del  mismo  Espíritu  que  habló  en  este  Libro, 
entendieron  gran  parte  de  su  secreto,  y  como  lo 
entendieron  lo  pusieron  en  sus  escrituras,  que  esta- 
ban llenas  de  espíritu  y  regalo.  Así  que  en  esta 
parte  no  hay  ([ue  decir,  ó  porque  ya  esta  dicho,  ó 
porque  es  negocio  prolijo  y  de  grande  espacio;  sola- 
mente trabajaré  en  declarar  la  corteza  de  la  letra 
asi  llanamente,  como  si  en  este  libro  no  hubiera  otro 
mayor  secreto  del  que  nmestran  aquellas  palabras 
desnudas,  y  al  parecer  dichas  y  respondidas  entre 
Salomón  y  su  Esposa,  que  será  solamente  declarar 
el  sonido  de  ellas  y  aquello  en  que  está  la  fuerza 
de  la  comparación  y  del  requiebro;  que  aunque  es 
trabajo  de  menos  quilates  que  el  primero,  no  por  eso 
carece  de  grandes  dificultades  como  luego  veremos. 
Porque  se  ha  de  entender  que  este  Libro  en  su  pri- 
mer origen  se  escrivió  en  metro,  y  es  todo  él  una 
Égloga  Pastoril  a  donde  con  palabras  y  lenguage 
de  Pastores  hablan  Salomón  y  su  Esposa,  y  algunas 
veces  sus  compañeros,  como  si  fuesen  gentes  de 
aldea 


VKa:mos,  pues,  agora  si  Cristo  tiene  esto,  y  las 
ventajas  con  que  lo  tiene,  y  assi  veremos  cuan 
merescidamente  es  llamado  Pastor.  Bive  en  los 
campos  Cristo,  y  goza  del  cielo  libre,  y  ama  la  sole- 
dad y  el  sossiego,  y  en  el  silencio  de  todo  aquello 
que  pone  en  alboroto  la  vida,  tiene  puesto  él  su 
deleyte.  Porque,  assí  como  lo  que  se  comprehende 
en  el  campo  es  lo  más  puro  de  lo  visible,  y  es  lo 
senzillo  y  como  el  original  de  todo  lo  que  dello  se 
compone  y  se  mezcla;  assí  aquella  región  de  vida 
adonde  bive  aqueste  nuestro  glorioso  bien,  es  la  pura 


44  ANTOLOGÍA   ESCOLA» 

verdad  y  la  senzillez  de  la  luz  de  Dios  y  el  original 
expresso  de  todo  lo  que  tiene  ser,  y  las  rayzes  firmes 
de  donde  nascen  y  adonde  estriban  todas  las  cria- 
turas, Y  si  lo  avernos  de  dezir  assí,  aquellos  son  los 
elementos  puros,  y  los  campos  de  flor  eterna  vestidos, 
y  los  mineros  de  las  aguas  bivas,  y  los  montes  ver- 
daderamente preñados  de  mil  bienes  altíssimos,  y 
los  sombríos  y  repuestos  valles,  y  los  bosques  de  la 
frescura,  adonde,  esentos  de  toda  injuria,  gloriosa- 
mente florecen  la  haya  y  la  oliva  y  el  lináole,  con 
todos  los  demás  árboles  del  encienso,  en  que  reposan 
exércitos  de  aves  en  gloria  y  en  música  dulcíssima 
que  jamás  ensordece.  Con  la  cual  región  si  compara- 
mos aqueste  nuestro  miserable  destierro  es  comparar 
el  desassossiego  con  la  paz,  y  el  desconcierto  y  la 
turbación  y  el  bullicio  y  desgusto  de  la  más  inquieta 
ciudad  con  la  misma  pureza  y  quietud  y  dul9ura. 
Que  aquí  se  afana  y  allí  se  descansa;  aquí  se  ima- 
gina y  allí  se  ve;  aquí  las  sombras  de  las  cosas  nos 
atemorizan  y  assombran,  allí  la  verdad  assossiega  y 
deleyta,  esto  es  tinieblas,  bullicio,  alboroto;  aquéllo 
es  luz  puríssima  en  sosiego  eterno. 

ÜP  Los  Xonihres  de  Cristo. 


MADRUGAR 


Yassi,  con  estas  palabras  dichas  y  entendidas 
generalmente,  avisa  de  dos  cosas  el  Espíritu 
sancto,  y  añade  como  dos  nuevos  colores  de 
perfección  y  virtud  a  esta  muger  casada,  que  vá 
dibuxando.  La  una  es,  que  sea  madrugadora.  Y  la 
otra,  que  madrugando  provea  ella  luego  y  por  sí 
misma,  lo  que  la  orden  de  su  casa  pide.  Que  ambas 
á  dos  son  importantissimas  cosas.  Y  digamos  de  lo 
primero.     Mucho    se    engañan    los  que    piensan,  que 


IIISPAXO-AHC.ENTIXA  45 

mientras  ellas,  cuya  es  la  casa,  y  a  quien  propia- 
mente toca  el  bien  y  el  mal  della,  duermen  y  se 
descuidan,  cuidará  y  velará  la  criada,  que  no  le  toca, 
y  que  al  fin  lo  mira  todo  como  ageno.  Porque  si  el 
amo  duerme,  por  qué  despertará  el  criado?  Y  si  la 
señora,  que  es  y  ha  de  ser  el  exemplo  y  la  maestra 
de  su  familia,  y  de  quien  ha  de  aprender  cada  una 
de  sus  criadas  lo  que  conviene  á  su  oficio,  se  olvida 
de  todo;  por  la  misma  razón,  y  con  mayor  razón, 
los  demás  serán  olvidadizos  y  dados  al  sueño.  Bien 
dixo  Aristóteles  en  este  mismo  proposito.  Que  el 
que  no  tiene  buen  decJiado,  no  puede  ser  buen  reme- 
dador. No  podrá  el  siervo  mirar  por  la  casa,  si  vee 
que  el  dueño  se  descuida  della.  De  manera,  que  ha 
de  madrugar  la  casada,  para  que  madrugue  su  fami- 
lia. Porque  ha  de  entender,  que  su  casa  es  un  cuerpo, 
y  que  ella  es  el  alma  del,  y  que  como  los  miembros 
no  se  mueven,  si  no  son  movidos  del  alma,  assi  sus 
criadas,  si  no  las  menea  ella  y  las  levanta,  y  mueve 
á  sus  obras,  no  se  sabrán  menear.  Y  quando  las  cria- 
das madrugassen  por  sí,  durmiendo  su  ama,  y  no  la 
teniendo  por  testigo,  y  por  guarda  suya,  es  peor  que 
madruguen:  porque  entonces  la  casa,  por  aquel  espa- 
cio de  tiempo,  es  como  pueblo  sin  Rey,  y  sin  Ley, 
y  como  comunidad  sin  cabeza :  y  no  se  levantan  á 
servir,  sino  á  robar  y  destruyr:  y  es  el  propio  tiem- 
po,  para  quando  ellas  guardan  sus  hechos. 

De  ha  Perfecta  Casada. 


A    FELIPE   RUIZ 

¿  Cuándo  será  (|ue  [)iieda 
Libre  desla  prisión  volar  al  cielo, 
Felipe,  y  en  la  rueda 
Que  huye  más  del  suelo 
Contemplar  la  verdad  pura,  sin  duelo? 


46  _  ANTOLOGÍA  ESCOLAR 

Allí,  á  mi  vida  junto, 
En  luz  resplandeciente  convertido, 
Veré  distinto  y  junto 
Lo  que  es  y  lo  que  ha  sido, 
Y  su  principio  propio  y  ascondido. 

Entonces  veré  cómo 
La  soberana  mano  echó  el  cimiento 
Tan  á  nivel  y  plomo, 
Do  estable  y  lirme  asiento 
Posee  el  pesadísimo  elemento  ; 

Veré  las  inmortales 
Columnas  do  la  tierra  está  fundada, 
Las  lindes  y  señales 
Con  que  á  la  mar  hinchada 
La  Providencia  tiene  aprisionada  ; 

Por  qué  tiembla  la  tierra, 
Por  qué  las  hondas  mares  se  embravecen, 
Dó  sale  á  mover  guerra 
El  cierzo,  y  por  qué  crecen 
Las  aguas  del  Océano  y  descrecen  ; 

De  dó  manan  las  fuentes. 
Quién  ceba  y  (juién  bastece  de  los  rios 
Las  perpetuas  corrientes. 
De  los  helados  frios 
Veré  las  causas  y  de  los  estíos  ; 

Las  soberanas  aguas, 
Del  aire  en  la  región  quién  las  sostiene. 
De  los  rayos  las  fraguas  ; 
Dó  los  tesoros  tiene 
De  nieve  Dios,  y  el  trueno  dónde  viene. 

¿  No  ves  cuando  acontece 
Turbarse  el  aire  todo  en  el  verano. 
El  día  se  ennegrece. 
Sopla  el  Gallego  insano, 
Y  sube  hasta  el  cíelo  el  polvo  vano; 

Y  entre  las  nuves  mueve 
Su  carro  Dios  ligero  y  reluciente? 
Horrible  son  conmueve. 


niSPAXO-AUGKNTIXA  47 


Relumbra  fucíío  ardiente. 

Treme  la  tierra,  Iminiliase  la  gente; 

La  lluvia  baña  el  techo, 
Invian  largos  rios  los  collados. 
Su  trabajo  deshecho. 
Los  campos  anegados 
Miran  los  labradores,  espantados. 

Y  de  alli  levantado. 
Veré  los  movimientos  celestiales. 
Ansí  el  arrebatado 
Como  los  naturales, 
Las  causas  de  los  hados,  las  señales. 

Quién  rige  las  estrellas 
Veré,  y  quién  las  enciende  con  hermosas 

Y  eficaces  centellas  ; 

Por  qué  están  las  dos  osas 

De  bañarse  en  la  mar  siempre  medrosas. 

Veré  este  fuego  eterno. 
Fuente  de  vida  y  lu/,  dó  se  mantiene, 

Y  por  qué  en  el  invierno 
Tan  |)ro,suroso  viene  ; 

Quién  en  las  noches  largas  le  detiene. 

Veré  sin  movimiento 
Kn  la  más  alta  esfera  las  moradas 
Del  gozo  y  del  contento. 
De  oro  y  luz  labradas, 
De  espíritus  dichosos  habitadas. 


-48  ANTOLOGÍA  liSCOLAll 


FERNANDO  DE  HERRERA  (15347-1597 


Poeta  (ie  robusta  inspiración,  más 
aplaudido  por  sus  odas  patrióticas 
que  i)or  sus  eróticas  poesías,  que  no 
carecen  ciertamente  de  emoción.  Por 
ellas  es  inmortal  la  Condesa  de 
Gelves. 


SONETO 


Destas  doradas  liebrasfue  texida 
la  Hed  en  que  fui  preso,  y  enlazado, 
fue  blanda,  y  dulce  en  ini  primer  estado, 
luego  en  dura  y  amarga  conuertida. 

Por  la  ocasión  antigua  fue  Sufrida 
la  pena  en  que  aborresco  lastimado, 
y  en  tal  tormento  adora  mi  Cuidado 
la  causa  de  mi  muerte,  y  de  mi  Vida 

Y  destos  ojos  fue  herido  VA  pecho 
con  hierro,  y  fuego,  y  cada  dia  Crece 
con  el  golpe  mortal  el  Amor  mió. 

•Cre^e  itii  ardor  y  crece  Vuestro  frió, 
la  Hed  me  aprieta,  el  ánimo  fallece, 
y  esta  dudoso  Amor  en  mi  prouecho. 

A   LA   VICTORIA    DE   LEPANTO 


Cantemos  al  Señor,  que  en  la  llanura 
venció  del  ancho  mar  al  Trace  íiero  ; 
Tii,  Dios  de  las  batallas,  tú  eres  diestra, 
Salud  y  gloria  nuestra. 
Tu  rompiste  las  fuerzas  y  la  dura 


IM.SPAXO-AKGENTIN.V  49 

trente  de  Faraón,  feroz  guerrero; 
sus  escogidos  priuci|)cs  culirieron 
los  abismos  del  mar,  y  descendieron, 
cual  ira  en  el  profundo;  y  tu  ira  luego 
los  tragó,  como  arista  seca  el  fuego. 

Levantó  la  cabeza  el  poderoso 
(|ue  lauto  odio  te  tiene;  en  nuestro  estrado 
juntó  el  consejo,  y  contra  nos  pensaron 
los  que  en  él  se  hallaron. 
<(  Venid  »,  dijeron.  «  y  en  el  mar  ondoso 
bagamos  de  su  sangre  un  grande  lago  ; 
deshagamos  á  éstos  de  la  gente, 
y  el  nombre  de  su  Cristo  juntamente, 
y  dividiendo  de  ellos  los  despojos, 
hártense  en  muerte  suya  nuestros  ojos». 


ALONSO  DE  ERCILLA  Y  ZÜÑIGA  (1533-1594) 


Poeta  épico,  ú  quien  hay  que  ceder 
el  primer  lugar  al  tratar  de  la  epo- 
peya artística  en  España,  á  pesar  de 
algunos  prosaísmos  que  alean  La 
Araucana.  A  ratos  es  poeta-historia- 
dor; á  veces  liistoriador-poeta. 


DE  UN  MEMORIAL  AL   REY  D.  FELIPE  II 


¡  Cuántas  tierras  corrí,  cuántas  naciones, 
llácia  el  helado  norte  atravesando, 
Y  en  las  bajas  antarticas  regiones 
£1  antipoda  injusto  conquistando  1 
Climas  pasé,  mudé  constelaciones, 
-Golfos  innavegables  navegando, 


50  ANTOLOGÍA  KSCOLAK 

Kxtendieudo,  Señor,  vuestra  corona 
Hasta  la  casi  austral,  frígida  zona. 

¿Qué  jornadas  también  por  mar  y  tierra 
Habéis  hecho  que  deje  de  seguiros  ? 
A  Italia  augusta,  á  Flándes,  á  Inglaterra, 
Cuando  el  reino  por  rey  vino  á  pediros, 
De  allí  el  furioso  estruendo  de  la  guerra 
Al  Perú  me  llevó  por  jnás  serviros, 
Do  con  suelto  furor  tantas  espadas 
Estaban  contra  vos  desenvainadas. 

Dejo  por  no  cansaros  y  ser  niios 
Los  inmensos  trabajos  padecidos... 

Riesgos,  peligros,  trances  y  fortunas. 
Que  aún  son  para  contados  importunas. 

Ni  digo  cómo  al  lin,  por  accidente 
Del  mozo  capitán  acelerado. 
Fui  sacado  á  la  plaza  injustamente 
A  ser  públicamente  degollado. 
Ni  la  larga  prisión  impertinente 
Do  estuve  tan  sin  culpa  molestado, 
Ni  mil  otras  miserias  de  la  suerte, 
De  comportar  más  graves  que  la  muerte^ 

Y  aunque  la  voluntad,  nunca  cansada,, 
lístá  para  serviros  hoy  más  viva, 
Desmaya  la  esperanza  quebrantada. 
Viéndome  proliejar  siempre  agua  arriba  ;. 

Y  al  cabo  de  tan  larga  y  gran  jornada. 
Hallo  que  mi  cansado  barco  arriba. 
De  la  adversa  fortuna  contrastado. 
Lejos  del  lin  y  puerto  deseado. 

Mas,  ya  que  de  mi  estrella  la  porfía 
Me  »tenga  así  arrojado  y  abatido, 
Vieran  al  lin  que  por  derecha  via 
La  carrera  difícil  he  corrido  ; 

Y  aunque  más  inste  la  desdicha  mía, 
Ll  premio  está  en  haberlo  merecido  ; 


IIISI'ANO-ARGKNTINA  51 

Que  las  honras  consisten,  no  en  tenerlas, 
Sino  en  solo  arribar  á  merecerlas. 

Y  el  disfavor  cobarde  que  me  tiene 
Arrinconado  en  la  miseria  suma, 
Me  suspende  la  mano  y  la  detiene, 
Haciéndome  que  pare  aquí  la  pluma. 


DIEGO  DE  HOJIEDA  (1570? -1615) 


Poeta  épico,  de  hondo  sentimiento 
religioso,  conmovedor  en  ocasiones 
y  á  ratos  tlescuidado,  no  merece  el 
despego  con  que  lo  tratan  algunos 
críticos  modernos. 


LA    ORACIÓN   DE  CRISTO 


Fhagmknto 


¿Quién  es  aquesta  dama  religiosa 
Que  de  Getsemaní  volando  viene? 
Es  su  cuerpo  gentil,  su  faz  hermosa, 
Mas  el  rostro  en  sudor  bañado  tiene. 
Que  beldad  tan  suave  y  amorosa 
Con  tan  grave  pasión  se  aflija  y  pene, 
Lástima  causa.  ¿Quién  es  la  afligida 
En  igual  grado  bella  y  dolorida  ? 

Es  de  oro  su  cabeza  refulgente, 
Su  rubia  crin  los  rayos  de  la  aurora, 
De  lavado  cristal  su  limpia  frente, 
Su  vista  sol  que  alumbra  y  enamora, 
Sus  mejillas  abril  resplandeciente  ; 
En  sus  labios  la  misma  gracia  mora  : 
Callando  viene,  pero  su  garganta 
Da  muestras  que  suspende  cuando  canta. 


52  ANTOLOGÍA  ESCOLAR 

En  polvo,  eiv  sangre  y  en  sudor  teñida 
Aparece  su  grave  vestidura  : 
Como  quien  pies  lavó,  sube  ceñida, 

Y  humildad  debe  ser  quien  la  asegura. 
Vedla,  que  en  santo  amor  está  encendida, 

Y  asi  de  amor  el  fuego  la  apresura. 

¿Si  es  por  dicha  oración  de  algún  profeta? 
Si  es  oración,  es  oración  perfeta. 
Oración  es  ;  que  los  atentos  ojos, 

Y  las  tendidas  arqueadas  cejas, 

Y  lo  demás  que  lleva  por  despojos, 
Son  desta  gran  virtud  señales  viejas  : 
Sin  duda  puso  en  tierra  los  hinojos, 

Y  á  sólo  Dios  pretende  dar  sus  quejas  : 
El  barro  de  la  ropa  lo  declara, 

Y  la  congoja  de  su  pecho  rara. 
Cual  humo  de  pebete  es  delicada. 

De  amarga  mirra  y  de  suave  incienso, 

Y  de  la  especería  más  preciada 

De  que  á  Belén  pagó  la  Arabia  censo  : 
Mirra  fué  de  su  sangre  derramada 
La  primer  causa,  y  un  dolor  ¡nmenso, 

Y  de  estos  aromáticos  olores 

Ciencia,  virtudes,  gracias,  resplandores. 

Ella  dirá  quién  es,  que  ya  se  llega  ; 
Mas  la  or^ición  del  Verbo  soberano. 
Que  á  dura  muerte  su  persona  entrega, 
Debe  ser  ;  que  su  talle  es  más  que  humano. 
Si  á  mis  ojos  su  ardiente  luz  no  ciega, 
He  de  besalle  su  divina  mano  : 
Es  la  oración  de  Cristo,  éslo  sin  duda  ; 
Abrásele  la  puerta,  el  cielo  acuda. 


De  IjU  Crisiiada. 


IIISPANO-AKGEXTINA  53 


BERNARDO   DE  BALBUENA  (1568-1625? 


Poeta  épico,  imitador  de  Ariosto, 
de  fastuosa  inspiración,  brillantez  de 
colorido  y  exagerada  agilidad  métri- 
ca. Cultivó  también  el  género  bucó- 
lico. 


EL   CASTILLO   DE   LA    FAMA 


Fragmento 


Entre  la  tierra,  el  cielo,  el  mar  y  el  viento 
Un  soberbio  castillo  está  labrado, 
Que  aunque  en  los  huecos  aires  su  cimiento, 

Y  en  frágiles  palabras  amasado. 
Basa  no  tiene  de  mayor  asiento 

El  mundo,  ni  los  Cielos  se  la  han  dado, 

Pues  á  solo  él  y  su  muralla  fuerte 

No  ha  podido  escalar,  ni  entrar  la  muerte. 

En  las  nubes  esconde  sus  almenas. 
La  tierra  y  el  cielo  desde  allí  juzgando. 
De  anchos  resquizios  y  atalayas  llenas. 
De  ojos  cubiertos,  sin  dormir  velando 

Y  con  más  lenguas  que  la  mar  arenas, 
Agenas  vidas  y  obras  pregonando, 

Sin  que  palabra,  aun(|ue  pequeña,  'suene. 
Que  de  rumor  las  bóbedas  no  llene. 

Fama,  monstruo  feliz,  vario  en  colores 
Es  quien  las  torres  del  alcázar  vela, 

Y  en  plumas  de  vistosos  resplandores 
For  todo  el  orbe  sin  cansarse  vuela, 
Favores  pregonando  y  disfavores 
Que  allí  el  parlero  tiempo  le  revela. 
De  ojos  vestida,  de  alas  y  de  lenguas, 

De  unos  contando  loores,  de  otros  menguas. 


54  ANTOLOGÍA  ESCOLAH 

Vuelan  sus  claraboyas  por  la  cuniljre 
De  la  enarcada  bobada  del  cielo 
Sobre  pilares  de  oro,  cuya  lumbre 
El  aire  baña  y  da  hermosura  al  suelo. 
Vuelve  en  cuadrados  ecos  su  techumbre 
De  huecas  vozes  un  sonoro  vuelo. 
Que  en  confuso  rumor  los  patíos  llena, 
Y  un  rico  mundo  de  grandezas  suena. 

Los  iirmes  quizios  de  las  altas  puertas 
Sin  guardadoras  llaves  y  candados, 
A  todo  tiempo  y  toda  gente  abiertas 
De  cualquier  calidad,  suerte  y  estados  ; 
Las  ocultas  verdades  descubiertas, 
Los  antiguos  engaños  disfrazados, 
Los  vulgares  rumores,  cuyo  enjambre 
Al  deseo  de  saber  creze  la  haml)re. 


De  El  Bernardo. 


AMADIS  DE  GAULA' 


«  No,  señor,  dijo  el  barbero,  que 
taml)ién  he  oido  decir  que  es  el  mejor 
de  todos  los  libros  que  deste  género 
se  han  couipuesto,  y  asi  como  á 
único  en  su  arte  se  debe  perdonar.» 
Qn i/ote  P.  I.  C.  vi. 

ASÍ  como  OÍS  estaban  en  aquella  ínsula  de  la 
Torre  Bermeja  Amadis  y  Grasandor  con  gran 
placer,  y  Amadis  siempre  preguntaba  por  su 
señora  Oriana,  que  en  ella  eran  todos  sus  deseos  y 
cuidados,  que  aunque  la  tenía  en  su  poder,  no  falle- 
cía   un    solo    punto    del    amor  que  siempre  le  tuvo; 


'  Aun  está  en  litigio  si  el  autor  de  esta  obra  famosa  es   Garci   Ordoñe^ 
de  Moltalvo. 


HISPANO-ARGENTINA  OO 

antes  agora  mejor  que  nunca  le  fué  sojuzgado  su 
corazón,  y  con  mas  acatamiento  entendía  seguir  su 
voluntad,  de  lo  cual  era  causa  que  estos  grandes 
amores  que  entrambos  tuvieron  no  fueron  por  acci- 
dente, como  muchos  hacen,  que  mas  presto  que  aman 
y  desean  aborrecen,  mas  fueron  tan  entrañables  y 
sobre  pensamiento  tan  honesto  y  conforme  á  buena 
conciencia,  que  siempre  crecieron,  así  como  lo  hacen 
todas  las  cosas  amadas  y  fundadas  sobre  la  virtud, 
pero  es  al  contrario  lo  que  todos  generalmente  segui- 
mos, que  nuestros  deseos  son  mas  al  contentamiento 
y  satisfacción  de  nuestras  malas  voluntades  y  apeti- 
tos, que  á  lo  que  la  bondad  y  razón  nos  obliga;  lo 
cual  en  nuestras  memorias  y  ante  nuestros  ojos 
<.lebriamos  tener,  considerando  que  si  todas  las  cosas 
dulces  y  sabrosas  fuesen  en  nuestras  bocas  puestas, 
y  en  fin  de  la  dulzura  un  sabor  amargo  quedase,  no 
tan  solamente  lo  dulce  se  perdía  mas  la  voluntad 
sería  tan  alterada,  que  con  lo  postrimero  grande  enojo 
de  lo  primero  sentiría;  así  que  bien  podemos  decir 
que  en  la  fin  es  lo  más  de  la  gloria  y  perfición... 


Pues  así  hablaba  Amadis  con  Grasandor  en  aquellas 
cosas  que  más  les  agradaban ;  y  avínoles  que  estan- 
do sentados  ambos  en  unas  peñas  altas  sobre  la 
mar,  vieron  venir  una  fusta  pequeña  derechamente 
á  aquel  puerto,  y  no  quisieron  de  allí  partir  sin  que 
primero  supiesen  quien  en  ella  venía.  Llegada  al 
puerto,  mandaron  á  un  escudero  de  los  de  Grasan- 
dor que  supiese  que  gente  era  la  que  allí  arribara, 
el  cual  fué  luego  á  lo  saber ;  y  cuando  volvió  dijo : 
Señores,  allí  viene  un  mayordomo  de  Madasima, 
mujer  de  don  Galbanes,  que  pasa  á  la  ínsula  de 
Mongaza.  ¿Pues  de  dónde?  dijo  Amadis.  Señor,  dijo 
el  escudero,  dicen  que  á  donde  está  don  Galbanes 
y  don  Galaor,  y  no  supe  dellos  mas... 

Libro  IV— Cap.  xliv 


56  ANTOLOGÍA  ESCOLAR 


ANTONIO  DE  GUEVARA  (14807-1545 


Oonisla  oficial  de  Carlos  V.,  liizo' 
alarde  de  talento  enciclopédico.  Su 
prosa,  harto  celebrada  en  su  tiempo, 
peca  de  afectada  y  artiíiciosa. 

PLAVTO  el  filósofo  fué  en  su  mocedad  muy  humano 
y  aun  mundano ;  porque  anduvo  en  la  guerra, 
navegó  por  mar,  fué  panadero,  trató  en  merca- 
dería, vendió  azeite  y  aprendió  un  oficio  de  sastre. 
Preguntado  este  filósofo  en  qué  oficio  avía  estada 
más  contento  y  se  avía  hallado  más  assossegado,, 
respondió:  no  ay  estado  en  que  no  aya  mudan9a,  na 
ay  honrra  en  que  no  aya  peligro,  no  hay  riqueza  en 
que  no  aya  trabajo,  no  ay  prosperidad  que  no  se 
acabe,  ni  aun  plazer  que  no  amargue;  y  si  en  alga 
yo  tomé  descanso,  fué  después  que  me  di  á  los  libros 
y  me  aparté  de  los  negocios.  Como  hombre  cuerda 
y  bien  experimentado  habló  este  filósofo.  En  quanta 
en  este  mundo  bivimos  todo  lo  desseamos,  todo  la 
tentamos,  todo  lo  procuramos  y  aun  todo  lo  prova- 
mos;  y  al  fin,  después  de  todo  visto  y  gustado,  con 
todo  nos  cansamos  y  con  todo  nos  ahitamos.  Muy 
gran  parte  de  nuestro  descontento  está  en  que  la 
mucho  nuestro  nos  paresce  poco  y  lo  poco  agena 
nos  paresce  mucho.  A  la  riqueza  nuestra  llamamos 
trabajo  y  en  la  pobreza  agena  dezimos  que  está  el 
reposo.  Kl  estado  que  los  otros  tienen  aprovamos  y 
á  nuestra  manera  de  bivir  condenamos.  Velamos  por 
alcan9ar  una  cosa  y  desvel amónos  por  salir  luego 
della.  Imaginamos  que  biven  todos  contentos  y  que 
solos  nosotros  somos  los  desdichados,  y  lo  peor  de 
todo  es  que  creemos  en  lo  que  soñamos  y  no  damos 


HISPAXO-ARGKNTINA  57 

fe  á  lo  que  vemos.  Qué  camino  tomaremos  ó  qué 
estado  seguiremos  ninguno  lo  puede  saber  y  menos 
á  otro  aconsejar;  pues  vemos  que  si  el  navegar  es 
peligroso,  también  el  estar  en  calma  es  enojoso.  En 
caso  de  bivir  muchas  vezes  vemos  que  se  caen  muer- 
tos los  sanos  y  escapan  los  oleados.  En  caso  de 
caminar  vemos  que  muchas  vezes  llega  más  aína  el 
que  no  dexó  el  camino  y  se  perdió  el  que  fué  por 
el  atajo.  En  caso  del. tener  y  del  valer  vemos  mu- 
chas vezes  que  bive  más  contento  uno  con  lo  poco 
que  tiene  que  otro  con  lo  mucho  que  vale.  En  caso 
del  favor  ó  disfavor  vemos  muchas  vezes  que  la 
fortuna  favoresce  más  á  los  que  están  holgando,  que 
no  á  los  que  andan  sudando.  Puédese  de  todo  sobre- 
dicho coligir  que  no  ay  en  este  mundo  cosa  más 
cierta  que  ser  todas  las  cosas  inciertas. 

De  Menosprecio  de  Corte  ¡/  Alabanza  de  Aldea. 


FRAY  LUIS  DE  GRANADA'  (15047-1588) 


Orador  elociieiitisiiiio  y  prosista  de 
al)iindante  y  opulento  lenf;iiaje,  sus 
obras,  á  pesar  de  ciertas  repeticiones, 
son  leídas  aun  hoy  con  agrado  por 
revelar  en  ellas  profundo  conoci- 
miento del  corazón  humano. 


DE   LA   INTRODUCCIÓN  AL  SÍMBOLO   DE  LA   FE 


PUKS,  según  esto  ¿qué  es  todo  este  mundo  visible 
sino    un    grande    y    maravilloso    libro,    que  vos, 
Señor,  escribistes  y  ofrecistes  á  los  ojos  de  todas 
las    naciones    del    mundo,    así    de    griegos    como  de 

'  Su   verdadero  noml)re  era  Luis  de  Sarria. 


58  ANTOLOGÍA  ESCOLAR 

bárbaros,  así  de  sabios  como  de  ignorantes,  para  que 
en  él  estudiasen  todos,  y  conociesen  quien  vos  éra- 
des?  ¿Qué  serán  luego  todas  las  criaturas  de  este 
mundo  tan  hermosas  y  tan  acabadas,  sino  unas  como 
letras  quebradas  é  iluminadas  que  declaran  bien  el 
primor  y  sabiduría  de  su  amor?  ¿Qué  serán  todas 
estas  criaturas,  sino  predicadores  de  su  hacedor,  tes- 
tigos de  su  nobleza,  espejos  de  su  hermosura,  anun- 
ciadores de  su  gloria,  despertadores  de  nuestra  pereza, 
estímulos  de  nuestro  amor,  y  condenadores  de  nuestra 
ingratitud?  Y  porque  vuestras  perfecciones.  Señor, 
eran  infinitas,  y  no  podía  haber  una  sola  criatura 
que  las  representase  todas,  fué  necesario  criarse 
muchas,  para  que,  así  á  pedazos,  cada  una  por  su 
¡Darte  nos  declarase  algo  de  ellas.  De  esta  manera 
las  criaturas  hermosas  predican  vuestra  hermosura, 
las  fuertes  vuestra  fortaleza,  las  grandes  vuestra 
grandeza,  las  artificiosas  vuestra  sabiduría,  las  res- 
plandecientes vuestra  claridad,  las  dulces  vuestra 
suavidad,  y  las  bien  ordenadas  y  proveídas  vuestra 
maravillosa  providencia,  j  O  testificado  con  tantos  y 
tan  fáciles  testigos !  O  abonado  con  tantos  abonado- 
res! ¡O  aprobado  por  la  universidad,  no  de  París  ni 
de  Athenas,  sino  de  todas  las  criaturas!  ¿Quién, 
Señor,  no  se  fiará  de  vos  con  tantos  abonos?  ¿quién 
no  creerá  á  tantos  testigos  ?  ¿quién  no  se  deleytará 
de  la  música  tan  acordada  de  tantas  y  tan  dulces 
voces,  que  por  tantas  diferencias  de  tonos  nos  predi- 
can la  grandeza  de  vuestra  gloria? 

«  Por  cierto,  Señor,  el  que  tales  voces  no  oye,  sordo 
es;  y  el  que  con  tan  maravillosos  resplandores  no 
os  ve,  ciego  es;  y  el  que,  vistas  todas  estas  cosas, 
no  os  alaba,  mudo  es;  y  el  que  con  tantos  argumen- 
tos y  testimonios  de  todas  las  criaturas  no  conoce 
la  nobleza  de  su  Criador,  loco  es.  Paréceme,  Señor, 
que  todas  estas  faltas  caben  en  nosotros;  pues  entre 
tantos  testimonios  de  vuestra  grandeza  no  os  cono- 
cemos. ¿  Qué  hoja  de  árbol,  qué  flor  del  campo,  qué 


HISPANO- AMERICANA  59 

gusanico  hay  tan  pequeño,  que  si  bien  consideráse- 
mos la  fábrica  de  su  corpezuelo,  no  viésemos  en  él 
grandes  maravillas?  ¿Qué  criatura  hay  en  este  mun- 
do, por  muy  baxa  que  sea,  que  no  sea  una  grande 
maravilla?  Pues,  ¿cómo,  andando  por  todas  partes 
rodeados  de  tantas  maravillas,  no  os  conocemos? 
como  no  os  alabamos  y  predicamos?  cómo  no  tene- 
mos corazón  entendido  para  conocer  al  maestro  por 
sus  obras;  ni  ojos  claros  para  ver  su  perfección  en 
sus  hechuras;  ni  orejas  abiertas  para  oir  lo  que  nos 
dice  por  ellas?  Hiere  nuestros  ojos  el  resplandor  de 
vuestras  criaturas;  deleyta  nuestros  entendimientos 
el  artificio  y  hermosura  de  ellas;  y  es  tan  corto 
nuestro  entendimiento,  que  no  sube  un  grado  más 
arriba  para  ver  allí  al  hacedor  de  aquella  hermosu- 
ra, y  al  dador  de  aquel  deleyte... 


SANTA  TERESA  DE  JESÚS'  (1515-1582 


Honra  y  gala  de  las  letras  castella- 
nas, se  distingue  su  prosa  por  la 
sencillez  y  clariíiad.  Su  estilo,  aun- 
que vario  según  los  asuntos,  es  siem- 
pre revelador  de  su  carácter  férreo 
y  tena/,  tle  la  alteza  de  sus  miras  y 
del  absoluto  dominio  del  idioma. 


LAS  MORADAS 


LA  humildad  siempre  labra  como  la  abeja  en  la 
colmena  la  miel :  que  sin  esto  va  todo  perdido. 
Mas  consideremos  que  la  abeja  no  dexa  de  salir 
á  vobr  para  traer  flores:  así  el  alma  en  el  propio 
conocimiento,  créame,  y  vuele  algunas  veces  á  con- 

'  Llamóse  en  el  si^lo  Teresa  Cepeda  y  Ahumada. 


60  ANTOLOGÍA  ESCOLAR 

siderar  la  grandeza  y  magestad  de  Dios.  Aquí  verá 
su  baxeza  mejor  que  en  sí  misma,  y  mas  libre  de 
las  sabandijas  que  entran  en  las  primeras  piezas,  que 
es  el  propio  conocimiento;  que  es  harta  misericor- 
dia de  Dios  que  se  exercite  en  esto :  tanto  es  lo 
de  mas  como  lo  de  menos,  suelen  decir.  Y  créanme 
que  con  la  virtud  de  Dios,  obraremos  muy  mayor 
virtud,   que  muy  bien  atadas  á  nuestra  tierra. 

No  sé  si  queda  dado  bien  á  entender :  porque  es 
cosa  tan  importante  este  conocernos,  que  no  querría 
en  esto  hubiese  jamás  relaxacion  por  subidas  que 
estéis  en  los  cielos ;  pues  mientras  estamos  en  esta 
tierra,  no  hay  cosa  que  mas  nos  importe  que  la  hu- 
mildad. Y  así  torno  á  decir,  que  es  muy  bueno  y 
rebueno  tratar  de  entrar  primero  en  el  aposento 
adonde  se  trata  desto,  que  volar  á  los  demás,  porque 
este  es  el  camino ;  y  si  podemos  ir  por  lo  seguro  y 
llano  ¿para  qué  hemos  de  querer  alas  para  volar? 
Mas  busquemos  como  aprovechan  mas  en  esto ;  y  á 
mi  parecer,  jamás  nos  acabamos  de  conocer  si  no 
procuramos  conocer  á  Dios.  Mirando  su  grandeza, 
acudamos  á  nuestra  baxeza ;  y  mirando  su  limpieza, 
veremos  nuestra  suciedad ;  considerando  su  humil- 
dad,   veremos  quán  lexos  estamos  de  ser  humildes... 

Primeras  moradas — Cap.  n. 

CARTA    Á   su   HERMANO   LORENZO   DE   CEPEDA ' 


YA  he  escrito  á  vm  quan  á  buen  tiempo  hizo  la 
merced  á  mi  hermana :  que  yo  me  he  espantado 
de  los  trabaxos  de  necesidad  que  la  ha  dado  el 
Señor;  y  halo  llevado  tan  bien,  que  así  la  quería 
dar  ya  alivio.  Yo  no  le  tengo  de  nada,  sino  que  me 
sobra    todo :    y  así  lo  que  v.  m.  me  envía  en  limos- 


*  Uesidenle  en  el  Perú. 


HISPANO  AKOHNTINA  61 

na,  de  ello  se  gastará  con  mi  hermana,  y  lo  demás 
en  buenas  obras,  y  será  por  vm...  Y  así  me  fué  harto 
alivio  ( los  dineros  )  por  no  los  tomar  de  nadie,  que 
no  faltaría:  mas  gusto  tener  libertad  con  estos  seño- 
res, para  decirles  mi  parecer.  Y  está  el  mundo  tal 
de  intereses,  que  en  forma  tengo  aborrecido  este 
tener.  Y  así  no  tendré  yo  nada,  sino  con  dar  á  la 
misma  Orden  algo,  quedaré  con  libertad:  que  yo 
daré  con  este  intento... 

Es  tanta  la  ceguedad  que  tienen  en  tener  crédito 
de  mí,  que  yo  no  sé  como,  y  tanto  el  que  yo  tengo, 
para  fiarme  mil  y  dos  mil  ducados.  Así  que,  á  tiempo 
que  tenía  aborrecidos  dineros  y  negocios,  quiere  el 
Señor  que  no  trate  en  otra  cosa,  que  no  es  peque- 
ña cruz... 

En  forma  me  parece  he  de  tener  alivio  con  tener 
á  vm.  acá:  que  es  tan  poco  el  que  me  dan  las  cosas 
de  toda  la  tierra,  que  por  ventura  quiere  nuestro 
Señor  tenga  ese,  y  que  nos  juntemos  entrambos  para 
procurar  mas  su  honra  y  gloria,  y  algún  provecho 
de  las  almas:  que  esto  es  lo  que  mucho  me  lastima, 
ver  tantas  pérdidas,  y  esos  indios  no  me  cuestan 
poco.  Dios  les  dé  luz:  que  acá  y  allá  hay  harta 
desventura.  Como  ando  en  tantas  partes,  y  me  hablan 
muchas  personas;  no  sé  muchas  veces  que  decir, 
sino  que  somos  peores  que  bestias,  pues  no  enten- 
demos la  gran  dignidad  de  nuestra  alma,  y  como  la 
apocamos  en  cosas  tan  apocadas  como  son  las  de 
la  tierra... 

Mucho  me  alegra  decirme  que  tenía  dada  orden 
para,  si  pudiese,  venir  de  aquí  á  algunos  años,  y 
querría,  si  pudiese,  no  dexase  allá  sus  hijas;  sino 
que  nos  juntemos  acá  y  nos  ayudemos,  para  juntar- 
nos para  siempre... 


62 


ANTOLOGlA-ESCOLAR 


SAN  JUAN  DE  LA  CRUZ'  (1542-1591) 


Ks  uno  de  los  más  excelsos  repre- 
sentantes, asi  en  prosa  como  en  verso, 
del  misticismo  español.  Si  en  oca- 
siones se  muestra  claro,  en  otras  su 
obscuridad  es  manifiesta,  tal  vez  por- 
que las  palabras  son  pobres  para 
expresar  la  riqueza  de  sus  pensa- 
mientos. 


CANCIÓN 


Tras  un  amoroso  lance, 

Y  no  de  esperanza  falto, 
Subí  tan  alto,  tan  alto, 
Que  le  (U  á  la  caza  alcance. 

Para  que  yo  alcance  diese 
A  acjueste  lance  divino, 
Tanto  volar  me  convino, 
Que  de  vista  me  perdiese; 

Y  con  todo,  en  este  trance 
Kn  el  vuelo  quedé  falto; 
Mas  el  amor  fué  tan  alto, 
Que  le  di  á  la  caza  alcance. 

Cuando  más  alto  subia, 
Deslumbróseme  la  vista, 

Y  la  más  fuerte  conquista 
En  obscuro  se  hacía ; 

Mas,  por  ser  de  amor  el  lance, 
Di  un  ciego  y  obscuro  salto. 


Y  fui  tan  alto,  tan  alto, 
Que  le  di  á  la  caza  alcance. 

Por  una  extrai'ta  manera 
Mil  vuelos  pasé  de  un  vuelo, 
Porque  esperanza  del  cielo 
Tanto  alcanza  cuanto  espera; 
Esperé  solo  este  lance, 

Y  en  esperar  no  fui  falto, 
Pues  fui  tan  alto,  tan  alto, 
Que  le  di  á  la  caza  alcance. 

Cuando  más  alto  llegaba 
De  este  lance  tan  subido, 
Tanto  más  bajo  y  rendido 

Y  abatido  me  hallaba  ; 

Dije:    «No  habrá   quien   lo  al- 
[  canee  » ; 

Y  abattme  tanto,  tanto, 
Que  fui  tan  alto,  tan  alto, 
Que  le  di  á  la  caza  alcance. 


*  Su  non^bre  era  Juan  de  Yepes  y  Alvarez. 


HISPANO  AUGENTIXA 


63 


SOR  JUANA  INÉS  DE  LA  CRUZ  (16bl-1697) 


Poetisa  profana  y  niistica,  suave  y 
delicada,  acierta  siempre  á  expresar 
con  elegancia  y  galanura  sus  ideas, 
especialmente  cuando  se  olvida  de 
Góngora. 


Á   LA   ASlDNCIÓN   DE   LA   VIRGEN 


A  la  (lue  triunfante 
bella  Emperatriz, 
huella  de  los  ayres 
la  región  feliz. 

A  la  que  ilumina 
su  vago  confín, 
de  arreboles  de  oro, 
nácar  y  carmir. 

A  cuyo  pie  hermoso 
espera  servir 
el  troim  estrellado 
en  canipo  turqui. 

A  la  que  conliessa 
cien  mil  vezes  mil, 
por  vSei'iora  el  Ángel, 
Reyna  el  Serafín. 


Cuyo  pelo  ayroso 
desprende  sutil, 
en  garzotas,  de  oro, 
banderas  de  Oíir. 

Proceloso  y  crespo 
se  atreve  á  invadir, 
con  golfos  de  Ti  bar, 
remos  de  tnaríil. 

De  (|uien  aprendió 
el  sol  á  lucir, 
la  Estrella  á  brillar 
la  Aurora  á  reir. 

Cantemos  la  gala, 
diciendo  al  subir, 
pues  vivió  sin  mancha 
((ue  viva  sin  lin. 


V  pidamos  á  una  voz, 
que  ampare  al  pobre  redil; 
pues  aunque  no  hay  más  que  ver, 
siempre  queda  que  pedir. 


64  ANTOLOGÍA-ESGOLAH 


DIEGO  HURTADO  DE   MENDOZA  (1503-1575) 


Se  distingue  como  historiador  por 
su  vigor  y  energía,  y  además  como 
poeta.  Úrico,  sus  mejores  composi- 
ciones son  las  burlescas,  si  bien 
tiene  algunas  en  ([ue  lirilla  el  senti- 
miento. 


DE   LA   GUERRA   DE   GRANADA  ' 


SOSEGÓ  el  Conde  de  Tendilla  y  concertó  el  motín 
del  Albaycin;  y  tomó  á  Guexar,  parte  por  fuer- 
za, parte  rendida  sin  condición,  pasando  acuchillo 
los  moradores  y  defensores.  En  la  qual  empresa 
dicen,  que  por  no  ir  á  Sierra- Vermeja  debaxo  de 
D,  Alonso  de  Aguilar  su  hermano,  con  quien  tuvo 
emulación,  se  halló  á  servir:  y  fué  el  primero  que 
por  fuerza  entró  en  el  barrio  de  abaxo  Gonzalo 
Fernandez  de  Cordova,  que  vivía  á  la  sazón  en  Loxa 
desdeñado  de  los  Reyes  Católicos,  abriendo  ya  el 
camino  para  el  título  de  Gran  Capitán,  que  á  solas 
dos  personas  fué  concedido  en  tantos  siglos:  una 
entre  los  griegos,  caído  el  Imperio  en  tiempo  de  los 
Emperadores  Cónnenos,  como  á  restaurador  y  defen- 
sor de  él,  á  Andrónico  Contestephano,  llamándole 
Megaduco,  vocablo  bárbaramente  compuesto  de  grie- 
go y  latín,  como  acontece  con  los  Estados  perderse 
la  elegancia  de  las  lenguas:  otra  á  Gonzalo  Fernandez 
entre  los  españoles  y  latinos,  por  la  gloria  de  tantas 
victorias  suyas  como  viven  y  vivirán  en  la  memoria 


1  La  paternidad  de  esta  olira  le  es  negada  por  algunos  críticos,  si  bien 
se  vé  defendida  por  el  ilustre  hispanista  francés  Foulché-Delbosc. 


mSFANO-AUGENTINA 


65 


del  mundo.  Halláronse  allí  entre  otros  Alarcón  sin 
exercicio  de  guerra,  y  Antonio  de  Leyva,  mozo  tenien- 
te de  la  compañía  de  Juan  de  Leyva  su  padre,  y 
después  sucesor  en  Lombardía  de  muchos  capitanes 
generales  señalados,  y  á  ninguno  de  ellos  superior 
en   victorias.. 

Libro  primero. 

SERRANA' 


Vn  día  dcsta  semana, 
partiendo  de  my  os  tal, 
vy  passar  gentil  serrana, 
tjuen  niy  vida  no  vi  tal. 
Pregúntele  do  benja 
o  a  que  tierras  passaua: 


dixome  que  caminaua 
ai  prior  de  Rasca-fria, 
a  fazer  donde  solia 
penitencia  en  la  solana, 
por  dexar  vida  mundana 
I']  todo  pecado  mortal. 


De  una  carta  á  Boscán. 


A     M  ARF I R  A 

Ruégate  este  cativo  que  no  tengas 
Alma  tan  dura  en  pecho  tan  lií^rmoso, 
Ni  tu  inmortal  frescura  nos  detenga. 

Por  ti  me  place  este  lugar  saboso  : 
Por  ti  el  olvido  dulce  con  concierto, 
Por  tí  quiero  la  vida  y  el  reposo. 

Por  ti  la  ardiente  arena  en  el  desierto 
Por  tí  la  nieve  helada  en  la  montaña  : 
Por  ti  me  place  todo  desconcierto... 


»  Dada  á  conocer  por  el  eminente  Bonilla  y  San  Martin. 


66  ANTOLOGÍA  K^COLAH 


JUAN   DE  MARIANA'  (15357-1624) 


Es,  sin  duda,  el  más  castizo  histo- 
riador en  lengua  castellana,  mostrán- 
dose elegante  en  el  decir  y  elevad» 
en  el  pensar.  Su  obra  respira  sano 
patriotismo,  siendo  severo  é  impar- 
cial  á  la  vez. 

DE   LOS   REYES  CATÓLICOS   D.   FERNANDO   Y   D*.   ISABEL 


/^^  í;ñai.ábanse  entre  todos,  y  entre  si  eran  igua- 
^^les:  mirábanlos  como  si  fueran  mas  que  hombres 
*^— ^  y  como  dados  del  cielo  para  la  salud  de  España. 
A  la  verdad  ellos  fueron  los  que  pusieron  en  su 
punto  la  justicia,  antes  de  su  tiempo  estragada  y 
caída.  Publicaron  leyes  muy  buenas  para  el  gobierno- 
de  los  pueblos,  y  ])ara  sentenciar  los  pleytos.  Vol- 
vieron por  la  religión  y  por  la  fe:  fundaron  la  paz 
pública,  sosegadas  di.scordias  y  alborotos  así  de  dentro 
como  de  fuera.  Ensancharon  su  señorío  no  solamen- 
te en  España,  sino  también  en  el  mismo  tiempo  se 
estendieron   hasta  lo  postrero  del  mundo... 

En  particular  el  Rey  tenía  el  ingenio  claro,  el 
juicio  grave  y  acertado,  la  condición  suave  y  cortés,. 
y  clemente  con  los  que  ivan  á  negociar.  Fué  diestro 
para  las  cosas  de  la  guerra,  para  el  gobierno  sin  par: 
tan  amigo  de  los  negocios,  que  parecía  con  los  tra- 
baxos  descansaba.  El  cuerpo  no  con  deleyte  regalado,^ 
.sino  con  el  vestido  honesto  y  comida  templada, 
acostumbrado  á  proposito  para  sufrir  trabaxos... 

El  avaricia  de  que  le  tachan  se  puede  escusar  con 
la  falta  que  tenía  de  dineros,  y  estar  enagenadas  las 
rentas    reales.    Al    rigor  y  severidad  en  castigar,  de 


HISPANO-ARGENTINA  67 

que  asimismo  le  cargan,  dieron  ocasión  los  tiempos 
y  las  costumbres  tan  estragadas.  Los  escritores  estra- 
ños  le  achacan  de  hombre  astuto,  5'  que  á  veces 
faltaba  en  la  palabra  si  le  venía  más  á  cuenta.  No 
quiero  tratar  si  esto  fué  verdad,  si  invención  en  odio 
de  nuestra  nación:  solo  advierto  que  la  malicia  de 
los  hombres  acostumbra  á  las  virtudes  verdaderas 
poner  nombre  de  los  vicios  que  le  son  semejables; 
como  también  al  contrario,  engañan  y  son  alabados 
los  vicios  que  semejan  á  las  virtudes.  Además  que 
se  acomodaba  al  tiehipo,  al  lenguaje,  al  trato,  y 
mañas  que  entonces  se  usaban. 

El  tiempo  le  cortó  la  vida:  su  nombre  competirá 
con  lo  que  el  mundo  durare.  Príncipe  el  mas  seña- 
lado en  valor  y  justicia  y  prudencia  que  en  muchos 
siglos  España  tuvo.  Tachas  á  nadie  pueden  faltar, 
sea  por  la  fragilidad  propia,  ó  por  la  malicia  y 
invidia  agena,  que  combate  principalmente  los  altos 
lugares.  Espejo,  sin  duda,  por  sus  grandes  virtudes 
en  que  todos  los  príncipes  de  España  se  deben  mirar. 


FRANCISCO  DE  RIOJA  (15837-1659) 


Dulce  y  exquisito  poeta,  puede 
mostrarse  como  modelo  de  gracia  é 
inspiración  elevada. 


Á     LA     ROSA 


Pura,  encendida  rosa 
Kinula  de  la  llama, 
Que  sale  con  el  dia, 
¿  Cómo  naces  tan  llena  de  alegcia, 
Si  sabes  que  la  edad  que  le  da  el  cielo, 
Es  apenas  un  breve  y  veloz  vuelo? 


68  ANTOLOGÍA    ESCOLAR 

Y  no  valdrán  las  puntas  de  tu  rama, 
Ni  tu  púrpura  hermosa, 

A  detener  un  punto 

La  ejecución  del  liado  presurosa. 

El  mismo  cerco  alado, 

Que  estoy  viendo  riente, 

Ya  temo  amortiguado, 

Presto  despojo  de  la  llama  ardiente. 

Para  las  hojas  de  tu  crespo  seno 

Te  dio  Amor  de  sus  alas  blandas  plumas, 

Y  oro  de  su  cabello  dio  á  tu  frente  : 
j  O  fiel  imagen  suya  peregrina  ! 
Bañóte  en  su  color  sangre  divina 

De  la  deidad  que  dieron  las  espumas. 

¿  Y  esto,  purpúrea  flor,  esto  no  pudo 

Hacer  menos  viólenlo  el  rayo  agudo? 

Róbate  en  una  hora. 

Róbate  licencioso  su  ardimiento 

El  color  y  el  aliento. 

Tiendes  aun  no  las  alas  abrasadas, 

Y  ya  vuelan  al  suelo  desmayadas. 
Tan  cerca,  tan  unida 

Está  al  morir  tu  vida, 

l)ue  dudo  si  en  sus  lágrimas  la  Aurora 

Mustia  tu  nacimiento  ó  muerte  llora. 


lIlSI'ANO-AlUiHNTINA  69 


RODRIGO   CARO  (1573-1647) 


De  vaslo  salier  supo  hermanar  la 
ciencia  con  la  poesía;  entendimiento 
superior,  se  elevó  sobre  todos  sus 
contemporáneos  por  la  profundidad 
de  los  conceptos,  y  la  elegancia  de 
la  forma. 


Á   LAS   RUINAS   DE   ITÁLICA 


Khagmento 

Estos,  Fabio,  ¡  ay  dolor  !  que  ves  ahora 
Campos  de  soledad,  mustio  collado, 
Fueron  un  tiempo  llñlica  famosa. 
Aquí  de  (jpíon  la  vencedora, 
('olonia  fué;  por  lierra  derribado 
Yace  el  temido  honor  de  la  espantosa 
Muralla,  y  lastimosa 
Keliípiia  es  solamente 
De  su  iineucibie  j;ente. 
Solo  quedan  memorias  funerales 
Donde  erraron  ya  sombras  de  alto  ejemplo. 
Este  llano  fué  plaza,  allí  fué  templo; 
De  todo  apenas  (piedan  las  señales  ! 
Del  gimnasio  y  las  termas  regaladas 
Leves  vuelan  cenizas  desdichadas; 
Las  torres  que  desprecio  al  aire  fueron 
A  su  gran  pesadumbre  se  rindieron. 

liste  despedazado  aníiteati'o, 
Iinpio  honor  de  los  Dioses,  cuya  afrenta 
Publica  el  amarillo  jaramago, 
Ya  reducido  á  trájico  teatro 


70  ANTOLOGÍA    KSCOLAR 

¡O  fábula  del  tiempo!  representa 

Cuanta  fué  su  grandeza,  y  es  su  estrago. 

¿  Cómo  en  el  cerco  vago 

De  su  desierta  arena 

líl  gran  pueblo  no  suena  ? 

¿  Donde,  pues  fieras  tiay,  está  el  desnudo 

Luchador  ?  ¿donde  está  el  atleta  fuerte? 

Todo  despareció,  cambió  la  suerte 

Vozes  alegres  en  silencio  mudo  ; 

Mas  aun  el  tiempo  da  en  estos  despojos 

Espectáculos  fieros  á  los  ojos, 

Y  miran  tan  confusos  lo  presente. 
Que  vozes  de  dolor  el  alma  siente. 

Aquí  nació  aquel  rayo  de  la  guerra. 
Oran  padre  de  la  patria,  honor  de  Kspaña, 
Pío,  felize,  triunfador  Trajano, 
Ante  quien  muda  se  postró  la  tierra 
Que  ve  del  sol  la  cuna,  y  la  que  baña 
l']|  mar  también  vencido  gaditano. 
Aquí  de  Elío  Adriano, 
De  Teodosio  divino. 
De  Silio  peregrino 
Rodaron  de  marfil  y  oro  las  cunas. 
Aqui  ya  de  laurel,  ya  tle  jazmines 
Coronados  los  vieron  los  jardines, 
Que  ahora  son  zarzales  y  lagunas. 
La  casa  para  el  César  fabricada, 
¡  Ay  !  yace  de  lagartos  vil  morada. 
Casas,  jardines,  Césares  murieron, 

Y  aun  las  piedras  que  de  ellos  se  escribieron. 


IIISPANO-AlUiENTIN'A  71 


ANÓNIMO   SEVILLANO 

(Probablemente    FERNÁNDEZ    DE  AÑORADA) 


l'A  autor,  poeta  de  natural  graiuli- 
lociieiicia,  llega  con  esta  obra,  única 
(¡lie  (le  él  se  conoce,  á  la  cumbre  de 
la  pocsia  ditláctico-nioral. 


epístola   moral 


FliAC.MKNTO 


FABlü,  las  esperanzas  cortesanas 
Prisiones  son  do  el  ambicioso  muere 
V  donde  al  más  astuto  nacen  canas. 

Kl  que  no  las  limare  ó  las  rompiere, 
Ni  el  nombre  de  varón  lia  merecido, 
iNi  subir  al  lionor  que  pretendiere. 

Kl  ánimo  plebeyo  y  abatido 
Klija,  en  sus  intentos  temeroso, 
Priu)('io  estar  suspenso  que  caido  ; 

Que  el  cora/ón  entero  y  generoso 
Al  caso  adverso  inclinará  la  frente 
Antes  que  la  rodilla  al  poderoso. 

Más  triunfos,  más  coronas  dio  al  prudente 
Que  supo  retirarse,  la  fortuna, 
Que  al  que  esperó  obstinado  y  locamente. 

Esta  invasión  terrible  é  importuna 
L)e  contrarios  sucesos  nos  espera 
Desde  el  primer  sollozo  de  la  cuna. 

üexémosla  pasar  como  á  la  fiera 
Corriente  del  gran  Hétis,  cuando  airado 


72  ANTOLOGÍA   ESCOLA H 

Dilata  hasta  los  montes  su  ribera. 

Aquel  entre  los  héroes  es  contado 
Que  el  premio  mereció,  no  quien  le  alcanza 
Por  vanas  consecuencias  del  estado. 

Peculio  propio  es  ya  de  la  privanza 
Cuanto  de  Astrea  fué,  cuanto  regía 
Con  su  temida  espada  y  su  balanza. 

El  oro,  la  maldad,  la  tiranía 
Üel  inicuo  procede  y  pasa  al  bueno. 
¿  Que  espera  la  virtud  ó  qué  confia  ? 


GINÉS  PÉREZ  DE  HITA  (15-16) 


Verdadero  creador  de  la  novela 
bistórica,  precursor,  por  lo  tanto,  de 
Walter  Scott.  Su  estilo  es  siempre 
elegante  y  encantador,  siendo,  á  la 
par,  poeta  fácil  ya  (jiie  no  muy  ins- 
pirado. 


EL   JUEGO   DE   CAJÑlAS 


NO  tardó  mucho  espacio  de  tiempo,  cuando  se 
oyó  muy  dulce  son  de  menestriles,  que  salía 
por  la  calle  de  Zacatin.  Y  la  causa  era,  que  el 
valeroso  Abenamar,  mantenedor  de  aquella  sortija^ 
venía  á  tomar  su  puesto:  y  la  forma  de  su  entrada 
era  la  siguiente.  Primeramente  cuatro  hermosas  acé- 
milas de  recámara,  todas  cargadas  de  lanzas  para  la 
sortija,  con  sus  reposteros  de  damasco  verde,  todos 
sembrados  de  muchas  estrellas  de  oro:  llevaban  las 
acémilas  muchos  pretales  de  cascabeles  de  plata,  y 
cuerdas  de  seda  verde.  Estas  fueron  con  hombres  de 
pie  y  de  caballo,  sin  parar,  hasta  donde  estaba  la 
tienda  del  mantenedor,  y  allí  junto  fué  armada  otra 


niSI'AN()-Ali(;i;NTINA  73 

muy  rica  tienda  también  de  seda  verde,  y  por  su 
orden  fueron  puestas  todas  aquellas  lanzas,  que  era 
cosa  muy  de  ver.  Luego  fueron  de  allí  llevadas  las 
acémilas,  que  ver  el  aderezo  dellas  daba  j^randísimo 
contento,  según  las  testeras  y  plumas  que  llevaban. 
Tras  esto  venían  treinta  caballeros  muy  ricamente 
aderezados  de  libreas  verdes  y  rojas,  con  nmclios 
sobrepuestos  de  plata,  todos  con  plumas  blancas  y 
amarillas;  quince  venían  de  una  parte  y  quince  de 
otra,  y  á  la  postrera  en  medio  dellos,  el  valeroso 
Abenamar,  vestido  de  brocado  verde  de  nmcha  costa, 
marlota  y  capellar  de  gran  precio.  Traía  también 
una  muy  hermosa  yegua  rucia  rodada;  los  paramen- 
tos y  guarniciones  de  la  yegua  eran  del  mismo 
brocado  verde,  testera  y  penacho  muy  rico,  verde  y 
encarnado:  y  así  mismo  lo  llevaba  el  valeroso  Abe- 
namar. Llevaba  el  moro  gallardo  sembradas  por 
todas  sus  ropas  muchas  estrellas  de  oro,  y  en  lado 
izquierdo  sobre  el  rico  capellar  un  sol  muy  resplan- 
deciente, con  una  letra  que  decía: 

Solo  yo,  sola  mi  Dama, 
Klla  sola  en  hermosura, 
Yo  solo  en  tener  ventura, 
Mas  que  ninguno  de  fama. 

Esta  misma  letra  se  echaba  por  la  plaza.  Tras  el 
valeroso  Abenamar,  venía  un  hermoso  carro  triunfal 
de  ricas  sedas  adornado,  el  cual  traía  seis  gradas 
muy  hermosamente  ataviada.s.  Y  por  encima  de  la 
más  alta  grada,  se  hacía  un  arco  triunfal,  de  extraña 
hechura  y  riqueza,  y  debajo  del  arca  puesta  una 
rica  silla,  y  en  ella  sentado  y  metido  por  tal  sutil 
arte  y  primor  el  retrato  de  la  hermosa  Fátima,  que 
no  dijeran  sino  que  era  el  mismo  original.  Kstaba 
tan  hermosa  y  tan  ricamente  adornada,  que  no  había 
dama  que  la  mirase  que  no  quedase  muerta  de  envi- 
dia, ni  caballero  que  no  fuese  amartelado.  Su  vestido 
era   turquesco,  de  muy  extraña  y  no  vista  hechura; 


74  ANTOLOGÍA   ESCOLAU 

la  mitad  pajizo,  y  la  otra  mitad  morado,  y  todo 
sembrado  de  estrellas  de  oro.  Toda  la  ropa  era  cor- 
tada por  mucho  concierto;  el  aforro  era  de  tela  azul 
de  plata;  el  tocado  galán,  sus  cabellos  sueltos  como 
una  madeja  de  oro;  sobre  ellos  una  guirnalda  de 
rosas  blancas  y  rojas,  tan  naturales,  que  parecía  que 
en  aquel  punto  se  cortaron  del  rosal.  Sobre  su  cabeza 
se  mostraba  el  dios  de  amor,  niño  desnudo,  como 
lo  pintan  los  antiguos,  con  sus  alicas  abiertas,  las 
plumas  de  mil  colores.  Kste  niño  parecía  estar  ponien- 
do la  hermosa  guirnalda  á  la  linda  imagen,  á  los 
pies  de  la  cual  estaba  el  arco  y  aljaba  de  Cupido, 
como  por  su  despojo.  Llevaba  la  hermosa  imagen 
un  manojo  de  violetas  muy  hermosas,  que  en  aquel 
mismo  punto  parecía  haberlas  cogido  en  la  huerta 
de  Generalife.  Deste  modo  iba  esta  hermosa  imagen 
de  Fátima  haciendo  un  espectáculo  con  su  vista,  no 
visto.  El  hermoso  carro  en  que  iba,  que  habemos 
contado  ser  rico  y  hermoso,  tiraban  cuatro  hermosas 
yeguas,  blancas  como  la  nieve.  El  carrozero  iba  ves- 
tido de  la  misma  librea  de  los  caballeros.  Tras  del 
carro  iban  treinta  caballeros  de  libreas  verdes  y 
encarnadas,  con  penachos  de  los  mismos  colores. 
Desta  forma  entró  el  valeroso  Abenamar  mantenedor 
de  la  justa:  }'  al  son  de  los  menestriles  y  otras  mú- 
sicas que  llevaba,  dio  vuelta  por  toda  la  plaza  nueva, 
pasando  por  bajo  de  los  miradores  y  balcones  del 
Rey  y  de  la  Reyna,  dejando  á  todos  tan  admirados 
de  su  traza  y  buena  entrada,  que  no  pudiera  ser 
más  en  el  mundo:  porque  no  hubiera  tal  Príncipe, 
jDor  rico  que  fuera,  que  saliera  en  tal  tranze,  ni  para 
tal   efecto. 

Do  Guerras  Civiles  de  Granada. 


HISPANO-ARGENTINA  Víí 


LUPERCIO  LEONARDO  DE  ARGENSOLA  (1563-1613) 


Cronisla  de  Aragón,  y  autor  dra- 
mático, su  celebridad  descansa  en 
sus  liiinus  que  son  en  verdad  modelos 
de  delicadeza  de  espíritu. 


AL     SUEÑO 

IMÁGKX  espantosa  de  la  muerte, 
Sueño  cruel,  no  turbes  más  mi  peciio, 
Mostrándome  cortado  el  nudo  estrecho, 
Consuelo  solo  de  mi  adversa  suerte. 

Busca  de  algiín  tirano  el  muro  fuerte 
be  jaspe  las  paredes,  de  oro  el  techo, 
(»  el  rico  avaro  en  el  angosto  lecho 
Haz  (|ue  temblando  con  sudor  despierte. 

El  uno  vea  el  popular  tumulto 
Ilomper  con  furia  las  herradas  puertas, 
O  al  sobornado  siervo  el  hierro  oculto. 

El  otro  sus  riquezas,  descubiertas 
Con  llave  falsa  ó  con  violento  insulto. 
Y  dexale  al  amor  sus  glorias  ciertas. 


B'ME.  LEONARDO  DE  ARGENSOLA  (1564-1631) 

Oouista  «le  Aragón  como  su  her- 
mano, á  quien  sucedió  en  el  cargo. 
Aunque  historiador,  sobresale  más 
como  poeta  por  la  elegancia  de  la 
forma,  en  la  (jue  se  advierte  la  ín- 
lluencia  de  Horacio. 

Á    LA   PROVIDENCIA 

«  DI  ME,  Padre  comiin,  pues  eres  justo, 
¿  Por  qué  ha  de  permitir  tu  providencia 
Que,  arrastrando  prisiones  la  inocencia, 


76  ANTOLOÍiÍA    KSCOLAK 

Suba  la  fraude  á  tribunal  augusto? 
«  ¿  Quién  da  fuerza  al  brazo  (|ue  robusto 
Hace  á  tus  leyes  firme  resistencia, 
Y  que  el  celo,  que  más  la  reverencia, 
(¡ime  á  los  pies  del  vencedor  injusto? 

«  Vemos  que  vibran  vitoriosas  palmas 
Manos  inicas,  la  virtud  gimiendo 
Del  triunfo  en  el  injusto  regocijo». 

Ksto  decía  yo,  cuando  riendo 
Celestial  ninfa  apar(M-ió,  y  me  dijo: 
«  ¡  Ciego  !  ¿  es  la  tierra  el  centro  de  las  almas  ?  » 

SITIO   Y   PRODUCCIONES   DE   LA   ISLA    DE  CEYLÁN 


ES  Ceylán  una  de  las  más  ricas  islas  del  orbe  y 
la  más  fértil.  Yace  frontera  del  Cabo  Comorin, 
poblada  y  cultivada  con  magnificencia.  Nacen 
en  ella  todas  las  plantas  conocidas  en  las  otras  par- 
tes de  la  tierra,  Riéganla  diferentes  ríos  y  fuentes 
purísimas  con  excelentes  propiedades  de  aguas  deley- 
tosas  y  medicinales,  entre  las  cuales  nacen  otras  de 
betún  líquido,  y  alguna  de  puro  bálsamo.  Volcanes 
de  perpetuas  llamas,  que  arrojan  entre  las  asperezas 
de  la  montaña  losas  de  azufre,  y  allí  mismo  altas 
arboledas,  en  cuyas  ramas  se  suelen  ver  géneros  de 
aves  de  quantas  vuelan  en  las  demás  partes  del 
mundo. 

Abunda  de  elefantes  tan  nobles,  que  les  recono- 
cen superioridad  los  demás,  puestos  en  su  presencia. 
Por  su  instinto  en  los  desta  i.sla  se  puede  afirmar 
que,  ora  sea  por  conocimiento  ó  por  hábito,  tienen 
sociedad  con  el  ingenio,  sentidos,  y  aun  con  la  pru- 
dencia de  los  hombres.  Aquel  honor  de  no  quererse 
embarcar,  si  entienden  que  son  llevados  para  servir 
á  príncipes  en  tierras  peregrinas;  y  que  obedecen, 
si  les  juran  que  los  restituirán  á  su  patria.  Afligirse 
de    palabras    afrentosas:    guardar    cierta   especie  de 


HISPANÜ-AlUiKNTINA  77 

religión,  reconociendo  al  sol  y  á  la  luna.  Tienen 
memoria  de  lo  que  aprehenden:  y  según  Gillio  nos 
persuade,  podemos  creer  que  lloran  las  noches  su 
servidumbre  con  angustiosas  murmuraciones;  y  si 
en  medio  del  llanto  sobreviene  alguna  persona,  mode- 
ran los  gemidos  con  vergonzoso  movimiento :  y  en 
efecto  parece  que  sienten  el  agravio  de  su  suerte. 
En  esta  tierra  les  tocó  el  cargar  y  descargar  los 
navios,  donde  el  peso  del  comercio,  armas,  metales, 
bastimentos,  y  qualquiera  otra  materia  del  trato 
penden  de  sus  colmillos,  ó  les  oprimen  la  cerviz.  De 
mejor  gana  sustentan  armada  sobre  sus  espaldas  la 
gente  de  guerra,  y  grandes  castillos  edificados  en 
ellas.  Sirven  á  los  Chíngalas,  no  como  en  Roma  en 
los  espectáculos,  sino  en  las  batallas  como  solían  á 
los  cartagineses. 


HURTADO   DE  MENDOZA  (') 


Esta  obra,  constituye  uno  de  los 
libros  más  clásicos  de  nuestra  lite- 
ratura á  pesar  de  su  prosa  desenfada- 
da y  atrevida.  Ks  la  de  mayor  mérito 
en  el  género,  y  se  asegura  que  el  mis- 
mo  Cervantes  aprendió  en  ella. 


LAZARILLO   DE  TORMES 


PUES  estando  en  esta  afligida  y  hambrienta  per- 
secución, un  día,  no  sé  por  cual  dicha  ó  ventura, 
en  el  pobre  poder  de  mi  amo  entró  un  real,  con 
el  cual  vino  á  casa  tan  ufano  como  si  tuviera  el 
tesoro  de  Venecia,  y  con  rostro  muy  alegre  y  risueño 


O  La  crítica  moderna  se  inclina  á  creer  que  no  es  Hurtado  de  Mendoza 
el  autor  de  esta  obra,  sino  Sebastián  de  Hurozco. 


78  ANTOLOGÍA  ESCOLAR 

me  lo  dio,  diciendo :   « Toma,  Lázaro,  que  ya  Dios  va 
abriendo  su  mano ;  vé  á  la  plaza  y  merca  pan,  vino 
y  carne,  quebremos  el  ojo  al  diablo:  y  más  te  hago 
saber,  porque  te  huelgues,  que  he  alquilado  otra  casa, 
y    en  esta  desastrada  no  hemos  de  estar  más  de  en 
cumpliendo  el  mes,  maldita  sea  ella,  y  el  que  en  ella 
puso  la  primera  teja,  que  con  mal  en  ella  entré.  Por 
nuestro  Señor,  cuanto  há  que  en  ella  vivo,  gota  de 
vino  ni  bocado  de  carne  no  he  comido,  ni  he  habido 
descanso   ninguno;   mas  tal  vista  tiene  y  tal  oscuri- 
dad y  tristeza;  ve  y  ven  presto  y  comamos  hoy  como 
condes.  >  Tomo  mi  real  y  el  jarro,  y  á  los  pies  dando 
priesa,   comienzo  á  subir  mi  calle,  encaminando  mis 
pasos  para  la  plaza  muy  contento  y  alegre.  Mas  ¿qué 
me  aprovecha  si  está  constituido  en  mi  triste  fortu- 
na   que  ningún  gozo  me  venga  sin  zozobra?    Y  así 
fué    éste;   porque  yendo  la  calle,  arriba,  echando  mi 
cuenta  en  lo  que  emplearía  mi  real,  que  fuese  mejor 
y    más    provechosamente    gastado,    dando    infinitas 
gracias  á  Dios,  que  á  mi  amo  había  hecho  con  dine- 
ro, á  deshora  me  vino  al  encuentro  un   muerto,  que 
por  la  calle  abajo  muchos  clérigos  y  gente  en  unas 
andas  traían  :  arrímeme  á  la  pared  por  darles  lugar, 
y   desque   el   cuerpo  pasó  venía  luego  par  del  lecho 
una  que  debía  ser  su  mujer  del  difunto,  cargada  de 
luto,    y    con    ella  otras  muchas  mujeres,  la  cual  iba 
llorando    á   grandes    voces,    y   diciendo:    «Marido  y 
señor  mío,  ¿adonde  os  me  llevan?  ¿A  la  casa  triste 
y    desdichada?   ¿á    la    casa  lóbrega  y  oscura?  ¿á  la 
casa  donde  nunca  comen  ni  beben  ?  »  Yo  que  aquello 
oí,  juntóseme    el    cielo    con    la   tierra,   y  dije:  — Oh 
desdichado  de  mí,  para  mi  casa  llevan  este  muerto ; 
dejo    el    camino    que  llevaba,  y  hendí  por  medio  de 
la  gente,  y  vuelvo  por  la  calle  abajo  á  todo  el  más 
correr    que    pude    para  mi  casa,  y  entrando  en  ella 
cierro  á  grande  priesa,  invocando  el  auxilio  y  favor 
de  mi  amo,  abrazándome  del,  que  me  venga  á  ayu- 
dar y  á  defender  la  entrada.    El  cual  algo  alterado, 


inSPANO-AIUiENTINA  79 

pensando  que  fuese  otra  cosa,  me  dijo:  «¿Qué  es 
eso,  mozo?  ¿qué  voces  das?  ¿qué  has?  ¿porqué 
cierras  la  puerta  con  tal  furia? —  ¡  Oh  !  señor,  dije  yo, 
acuda  aquí,  que  nos  traen  un  muerto.  —  ¿Cómo  así? 
respondió  él. — Aquí  arriba  le  encontré,  y  venía  di- 
ciendo su  mujer:  marido  y  señor  mío,  ¿a  dónde  os 
llevan?  ¿A  la  casa  lóbrega  y  oscura?  ¿á  la  casa  triste 
y  desdichada?  ¿á  la  casa  donde  nunca  comen  ni 
beben  ?  Acá,  señor,  nos  le  traen.  »  Y  ciertamente 
cuando  mi  amo  esto  oyó,  aunque  no  tenía  por  qué 
estar  muy  risueño,,  rió  tanto,  que  muy  gran  rato 
estuvo  sin  poder  hablar.  En  este  tiempo  tenía  yo 
ya  echada  el  aldaba  á  la  puerta  y  puesto  el  hombro 
en  ella  por  más  defensa.  Pasó  la  gente  con  su  muerto, 
y  yo  todavía  me  recelaba  que  nos  le  habían  de  meter 
en  casa;  y  desque  fué  ya  más  harto  de  reir  que  de 
comer  el  bueno  de  mi  amo,  díjome :  «  Verdad  es, 
Lázaro,  según  la  viuda  lo  va  diciendo,  tú  tuviste 
razón  en  pensar  lo  que  pensaste;  mas,  pues  Dios  lo 
ha  hecho  mejor,  y  pasan  adelante,  abre,  abre,  y  vé 
por  de  comer. — Déjelos,  señor,  acaben  de  pasar  la 
calle,  dije  yo.  »  Al  fin  vino  mi  amo  á  la  puerta  de 
la  calle,  y  ábrela  esforzándome,  que  bien  era  menes- 
ter según  el  miedo  y  alteración,  y  tornóme  á  enca- 
minar. Mas  aunque  comimos  bien  aquel  día,  maldito 
el  gusto  yo  tomaba  en  ello,  ni  en  aquellos  tres  días 
torné  en  mi  color,  y  mi  amo  nmy  risueño  todas  las 
veces    que    se  le  acordaba  aquella  mi  consideración. 


•80  ANTOI>0(;ÍA    HSCOLAH 


MATEO  ALEMÁN  (1547-1614?) 


Es  uno  de  mieslros  más  celebrados 
novelistas.  La  fábula  que  le  ha  dado 
inmortal  renombre,  se  basa  en  el 
profundo  estudio  que  revela  de  la 
gente  apicarada. 

EL  POBRE  Y  EL  RICO.— Es  el  pobre  moneda 
que  no  corre,  concejo  de  horno,  escoria  del 
pueblo,  barreduras  de  la  plaza,  asno  del  rico; 
come  mas  tarde,  lo  peor  y  mas  caro ;  su  real  no  vale 
medio,  su  sentencia  es  necedad,  su  discreción  locura; 
su  voto  escarnio;  su  hacienda  del  común;  ultrajado 
de  muchos  y  aborrecido  de  todos.  Si  en  conversa- 
ción se  halla,  no  es  oido;  si  lo  encuentran  huyen 
del;  si  aconseja  lo  murmuran;  si  hace  milagros  que 
es  hechicero;  sí  virtuoso  que  engaña;  su  pecado 
venial  es  blasfemia;  su  pensamiento  castigan  por 
delito;  su  justicia  no  se  guarda;  de  sus  agravios 
apela  para  la  otra  vida ;  todos  lo  atropellan,  y  nin- 
guno lo  favorece.  Sus  necesidades  no  hay  quien  las 
remedie,  sus  trabajos  quien  los  consuele,  ni  su  soledad 
quien  la  acompañe.  Nadie  le  ayuda,  todos  le  impiden, 
nadie  le  da,  todos  le  quitan,  á  nadie  debe  y  á  todos 
pecha.  Desventurado,  y  pobre  del  pobre,  que  las  horas 
de  relox  le  venden,  y  compra  el  sol  de  Agosto.  Y 
de  la  manera  que  las  carnes  mortecinas  y  desapro- 
vechadas vienen  á  ser  comidas  de  perros,  tal  como 
inútil,  el  discreto  pobre  viene  á  morir  comido  de 
necios. 

¡  Cuáii  al  revés  corre  un  rico!  ¡  Qué  viento  en  popa  ! 
¡Con  qué  tranquilo  mar  navega!  ¡Qué  bonanza  de 
cuidados!    ¡Qué    descuido    de    necesidades    agenas? 


HISPANO-AKC.ENTINA  81 

Sus  alhelíes  llenos  de  trigo,  sus  cubas  de  vino,  sus 
tinajas  de  aceite,  sus  escritorios  y  cofres  de  moneda, 
¡Qué  guardado  en  el  verano  del  calor!  ¡Qué  empa- 
pelado en  el  invierno  por  el  frío !  De  todos  es  bien 
recibido;  sus  locuras  son  caballerías;  sus  necedades 
sentencias;    si    es    malicioso,    lo    llaman    astuto;    si 
pródigo,    liberal ;    si    avariento,    reglado    y    sabio ;  si 
murmurador,    gracioso;    si   atrevido,  desenvuelto;  si 
desvergonzado,    alegre ;    si  mordaz,  cortesano ;  si  in- 
corregible, burlón ;  si  hablador,  conversable ;  si  vicio- 
so, afable ;  si  tirano,  poderoso ;  si  porfiado,  constante ; 
si    blasfemo,    valiente;    y   si    perezoso,  maduro;  sus 
yerros  cubre  la  tierra;  todos  le  tiemblan,  que  ninguno 
se    le    atreve;    todos    cuelgan    el   oido  de  su  lengua 
para  satisfacer  á  su  gusto;  y  palabra  no  pronuncia, 
que  con  solemnidad  no  la  tengan  por  oráculo.    Con 
lo    que  quiere  sale;  es  parte,  juez  y  testigo;  acredi- 
tando la  mentira,  su  poder  la  hace  aparecer  verdad, 
y  cual  si  la  fuese,  pasa  por  ella.    ¡  Cómo  lo  acompa- 
ñan! ¡Cómo  se  llegan!  ¡Cómo  lo  festejan!  ¡Cómo  lo 
■engrandecen!   Últimamente,  pobreza  es  la  del  pobre, 
y  riqueza  la  del  rico;  y  así  donde  bulle  buena  san- 
gre, y  se  siente  de  la  honra,  por  mayor  daño  estiman 
la  necesidad  que  la  muerte,  porque  el  dinero  calienta 
la  sangre,  y  la  vivifica;  y  así  el  que  no  lo  tiene,  es 
un    cuerpo    muerto,  que  camina  entre  los  vivos:  no 
se  puede  hacer  sin  él  alguna  cosa  en  oportuno  tiem- 
po, ejecutar  gusto,  ni  tener  cumplido  deseo. 

De  las  aventuras  y  vida  del  picaro  Guzmán  de  Alfarache. 


82  ANTOLOGÍA   ESCOLAR 


VICENTE  ESPINEL  (1551-1624) 


Como  Cervantes,  cautivo  en   Argel, 
la  novela  picaresca  que  le  dio  faina 
está  escrita  con  claridad  y  galanura 
Fué  á  la  vez  buen  músico  y  excelen- 
te poeta. 

AVENTURA  EN  EL  COBERTIZO  DE  SAN 
GINÉS. — Teniendo  cierto  requiebro  en  el  barrio 
de  San  Ginés,  martes  de  carnestolendas  por  la 
tarde,  me  envió  á  decir  la  señora  que  la  llevase  algo 
bueno  para  despedirse  de  la  carne,  que  en  estos  días 
hay  libertad  para  pedirlo,  y  aun  para  negarlo ;  pero 
por  usar  de  fineza,  por  ser  la  primera  cosa  que  hacía 
en  su  servicio,  vendí  ciertas  cosillas  que  me  hicieron 
harta  falta,  y  en  acabándose  la  grita  de  geringas  y 
naranjazos,  y  el  martirio  perruno  causado  por  las 
mazas,  di  conmigo  en  un  tabernáculo  de  la  gula, 
donde  henchí  un  paño  de  manos  de  una  empanada, 
un  par  de  perdices,  un  conejo,  y  frutillas  de  sartén^ 
y  atándolo  muy  bien,  caminé  á  darlo  por  una  ventana 
á  más  de  las  once  de  la  noche ;  y  como  el  día 
siguiente,  por  ser  miércoles  de  ceniza,  era  día  de 
mucha  recolección,  aunque  todo  el  pasado  había  sido 
alegría  para  los  muchachos  y  trabajos  para  los  perros^ 
había  silencio  general ;  de  suerte  que  aunque  yo  iba 
bien  cargado,  no  me  podía  ver  nadie:  llegando  á  la 
plazuela  de  San  Ginés,  sentí  que  venía  la  ronda,  y 
retíreme  debajo  de  aquel  cobertizo  donde  suele  haber 
una  tumba  para  los  aniversarios  y  exequias ;  y  antes 
que  pudiesen  llegar  á  mí  los  de  la  ronda,  metí  el 
paño  de  manos,  atado  como  estaba,  por  un  agujero 
grande  que  tenía  la  tumba  por  la  parte  de  abajo,  y 
sacando    un    rosario    que    siempre    traigo    conmigo 


HISPANO-ARGENTINA  83. 

comencé  á  fingir  que  rezaba. .  En  trasponiendo  la 
ronda,  torné  por  mi  paño  y  cena  á  la  negra  tumba 
donde  lo  había  dejado;  y  aunque  con  un  poco  de 
temor  por  la  luna  y  la  soledad,  alargué  la  mano  y 
brazo  todo  lo  que  pude  alcanzar  y  no  topé  con  el 
paño,  ni  con  todo  lo  que  estaba  en  él ;  de  lo  cual 
quedé  temblando  y  helado;  y  es  de  creer  que  me 
causaría  horrible  miedo  una  cosa  tan  espantosa  en 
un  cementerio;  pues  junto  con  esto,  sentí  dentro  en 
la  tumba  un  gran  ruido  de  hierro  que  se  me  repre- 
sentaron mil  cadenas  y  otras  tantas  ánimas,  padecien- 
do su  purgatorio  en  aquel  mismo  lugar.  Fué  tanta 
mi  turbación  y  desaliento,  que  se  me  olvidó  el  amor 
á  la  cena;  y  quisiera  hallarme  mil  leguas  de  allí;  pero 
lo  mejor  que  pude,  ó  lo  menos  mal  que  acerté,  volví 
las  espaldas,  y  fuime  poco  á  poco,  arrimándome  á 
la  pared,  pareciéndome  que  iba  tras  mí  un  ejército 
de  difuntos;  pues  yendo  con  esta  turbación  me  sentí 
por  detrás  tirar  de  la  capa,  desanimándome  de  mane- 
ra que  di  un  golpazo  con  mi  persona  en  el  suelo,  y 
con  los  hocicos  en  la  guarnición  de  la  espada;  volví 
á  mirar  si  era  algún  cadáver  descarnado,  y  no  vi 
otra  cosa  sino  mi  capa  asida  al  calvario  que  está  en 
aquella  pared :  con  esto  respiré  un  poco,  y  fui  co- 
brando aliento,  y  descansando  el  temor  del  clavo  y 
de  la  capa,  pero  no  el  de  la  tumba.  Senteme  y  miré 
al  rededor...  Con  esta  resolución  fuime  animosamente 
á  la  tumba,  desenvainé  la  espada,  y  rodeando  la  capa 
al  brazo,  dije  con  muy  gentil  determinación :  yo  te 
conjuro  y  mando  de  parte  del  cura  de  esta  iglesia, 
que  si  eres  cosa  mala,  te  salgas  de  este  lugar  sagra- 
do, y  si  eres  ánima  que  andas  en  pena,  que  me  reveles 
qué  quieres  ó  que  has  menester  ( y  el  ruido  del  hierro 
con  mi  conjuro  andaba  más  agudo):  una  y  dos  y 
tres  veces  te  lo  digo  y  vuelvo  á  decir;  pero  cuanto 
más  lo  decía,  tantos  más  golpes  de  hierro  sonaban 
en  la  tumba  que  me  hacían  temblar.  Visto  que  mi 
conjuro    no    era    válido,    y    que    si  dejaba  enfriar  la 


84  ANTOLOGÍA   ESCOLA U 

determinación  que  tenía,  tornaría  de  nuevo  el  temor 
á  desanimarme,  púseme  la  espada  entre  los  dientes, 
y  con  ambas  manos  así  de  la  'tumba  por  el  ag^ujero 
de  abajo,  y  en  alzándola  salió  corriendo  por  entre 
mis  piernas  un  perrazo  negro,  con  un  cencerro  atado 
á  la  cola,  que  huyendo  de  los  muchachos,  se  había 
recogido  á  sagrado,  y  como  después  de  haber  repo- 
sado, olió  la  comida,  retiróla  para  sí,  y  sacó  el  vientre 
de  mal  año. 


GASPAR  GIL  POLO  (?-1591) 


Excelente  prosista,  se'  distingue 
como  poeta  por  su  natural  frescura, 
llegando  como  bucólico  á  competir 
con  Garcilaso. 


LA    DIANA   ENAMORADA 


LA  delicada  voz  y  gentil  gracia  de  la  hermosa 
Diana  hacia  muy  clara  ventaja  á  las  habilidades 
de  su  tiempo :  pero  mas  espanto  daba  ver  las 
agudezas  con  que  matizaba  sus  cantares,  porque  eran 
tales,  que  parescian  salidas  de  la  avisada  corte.  Mas 
esto  no  ha  de  maravillar  tanto  los  hombres,  que  lo 
tengan  por  imposible;  pues  está  claro  que  es  bastante 
el  Amor  para  hacer  hablar  á  los  mas  simples  pasto- 
res avisos  mas  encumbrados,  mayormente  si  halla 
aparejo  de  entendimiento  vivo  é  ingenio  despierto, 
que  en  las  pastoriles  cabanas  nunca  faltan.  í'ues 
estando  ya  la  enamorada  pastora  al  fin  de  su  canción, 
al  tiempo  que  el  claro  sol  ya  comenzaba  á  dorar  las 
cumbres  de  los  mas  altos  collados,  el  desamado  Mar- 
celio  de  la  pastoril  posada  despedido,  para  venir  al 
lugar  que  con  Diana  tenia  concertado,  descendía  la 
cuesta,  á  cuyo  pie  ella  sentada  estaba.  Viole  ella  de 


HISPANO-AKGKNTJNA  85 

lejos,  y  calló  su  voz,  porque  no  entendiese  la  causa 
de  su  mal.  Ouando  Marcelio  llegó  donde  Diana  le 
esperaba,  le  dixo :  hermosa  pastora,  el  claro  dia  de 
hoy,  que  con  la  luz  de  tu  gesto  amaneció  mas 
resplandeciente,  sea  tan  alegre  para  tí,  como  fuera 
triste  para  mí,  si  no  le  hubiese  de  pasar  en  tu  com- 
pañía. Corrido  estoy  en  verdad  de  ver  que  mi  tardanza 
haya  sido  causa  que  recibieses  pesadumbre  con  espe- 
rarme :  pero  no  será  este  el  primer  yerro  que  le  has 
de  perdonar  á  mi  descuido  en  tanto  que  tratarás 
conmigo.  Sobrado,  seria  el  perdón,  dixo  TJiana,  donde 
el  yerro  falta :  la  culpa  no  la  tiene  tu  descuido,  sino 
mi  cuidado,  pues  me  hizo  levantar  antes  de  hora,  y 
venir  acá,  donde  hasta  agora  he  pasado  el  tiempo, 
á  veces  cantando,  y  á  veces  imaginando,  y  en  fin 
entendiendo  en  los  tratos  que  á  un  angustiado  espí- 
ritu pertenescen.  Mas  no  hace  tiempo  de  detenernos 
aquí,  que  aunque  el  camino  hasta  el  templo  de  Diana 
es  poco,  el  deseo  que  tenemos  de  llegar  allá  es 
mucho. 

CANCIÓN 


F  l\  A  o  MENTÓ 

lOii  el  caiDpo  venlurosü, 
donde  con  clara  corriente 
(i  nada  la  vial-  híMMnoso, 
dexando  el  suelo  abundoso, 
<ia  tributo  al  mar  potente, 

(ialatea  desdeñosa 
del  dolor  qn(!  á  Lycio  daña, 
iba  aleííi'c  y  bulliciosa 
por  la  ribera  arenosa, 
(pie  el  mar  con  sus  ondas  baña. 


S6  ANTOLOGÍA   KSCOLAR 

Ninfa  hermosa,  no  te  vea 
jugar  con  el  mar  horrendo, 
y  aunque  mas  ¡¡facer  te  sea 
huye  del  mar,  Galatea, 
como  estás  de  Lycio  huyendo. 

Dexa  agora  de  jugar, 
que  me  es  dolor  importuno; 
no  me  hagas  mas  penar, 
que  en  verte  cerca  del  mar 
tengo  zelos  de  Neptuuo. 

Causa  mi  triste  cuidado, 
<|ue  á  mi  pensamiento  crea, 
porque  ya  está  averiguado, 
que  si  no  es  tu  enamorado, 
lo  será  cuando  te  vea. 

Y  está  cierto,  porque  Amor 
sabe  desde  que  me  hirió, 
que  para  pena  mayor 
me  falta  un  competidor 
mas  poderoso  ([ue  yo. 

Üexa  la  seca  ribera, 
do  está  el  agua  infructuosa, 
guarda  que  no  salga  á  fuera 
alguna  marina  liera 
enroscada  y  escamosa. 

Huye  ya,  y  mira  que  siento 
por  ti  dolores  sobrados, 
porque  con  dulce  tormento 
zelos  me  da  tu  contento, 
y  tu  peligro  cuidados. 


inSPANO-AUüIiNTINA  87 


LOPE  FÉLIX  DE  VEGA  CARPIÓ  (1562-1635) 


Por  su  asombrosa  fecundidad,  por 
su  variado  ingenio,  que  se  manifiesta 
en  todos  los  géneros  literarios,  se  le 
llamó  ya  en  vida  «monstruo  de  la 
Naturaleza»  y  «Fénix  de  los  inge- 
nios». 


LA  ESTRELLA   DE  SEVILLA 


Kl,  Hky  — BtlSTO 


Busto.  ¿  Quién  es  ? 

Rey.       Un  liontbrc 

Busto.  ¿  A  estas  lioras  hombre 

Kn  mi  casa  ?  Diga  oí  nombre. 
Rey.      Aparta. 
Busto.  No  sois  cortés  ; 

V  si  pasa,  lia  de  pasar 

Por  la  punta  desta  espada  ; 

Que  auMíjue  esta  casa  es  sagrada, 

La  tengo  de  profanar. 
Rey.      Ten  la  espada. 
Busto.  ¿.  Qué  es  tener, 

Cuando  el  cuarto  de  mi  hermana 

Desta  suerte  se  profana? 

Quién  sois  tengo  de  saber, 

O  aqui  os  tengo  de  matar. 
Rey.  Hombre  de  importancia  soy  ; 

Déjame. 
Busto.  Kn  mi  casa  estoy 

Y  en  ella  yo  he  de  mandar. 
Rey.               Déjame  pasar  :  advierte 

Que  soy  hombre  bien  nacido, 


88  ANTOLOGÍA   líSCOLAH 

Y  aun(|ue  á  tu  casa  he  venido, 
No  es  mi  intención  ofenderte, 
Sino  aumentar  más  tu  honor. 

Husto.  ¡  El  honor  asi  se  aumenta  ! 

Rey.  Corre  tu  honor  por  mi  cuenta. 

Busto.  Por  esta  espada  es  mejor. 

Y  si  mi  lionor  procuráis, 
¿Cómo  embozado  venís? 
Honrándome,  ,;  os  encubrís  ? 
Dándome  honor,  ¿os  tapáis? 
Vuestro  temor  os  convegza. 
Como  averiguado  está  ; 

Que  ninguno  que  honra  da, 

Tiene  de  dalla  vergüenza. 

Meted  mano,  ó  ¡  vive  Dios, 

Que  os  mate  ! 
liey.  i  Necio  apurar  ! 

Buslo.  Aqui  os  tengo  de  matar, 

O  me  habéis  de  matar  vos.  (Mete  mano). 
Rey.  f'-ili-  Diréle  quién  soy).  Detente; 

Que  soy  el  Rey. 
Rusto.  Es  engaño 

¡  El  Rey  procurar  mi  daño. 

Solo,  embozado  y  sin  gente  ! 

No  puede  ser  ;  y  á  su  alteza 

Aíjui,  villano,  ofendéis, 

Pues  defecto  en  él  ponéis, 

Que  es  una  extraña  bajeza. 

¡  El  Rey  liabia  de  estar 

Sus  vasallos  ofendiendo  ! 

De  nuevo  en  esto  u)e  ofendo; 

Por  esto  os  he  de  matar, 

Auníjue  más  me  porfiéis  ; 

Y  ya  (jue  á  mi  me  ofendáis. 
No  en  su  grandeza  pongáis 
Tal  defecto,  piu's  sabéis 
Que  sacras  y  humanas  leyes 
Condenan  á  culpa  estrecha 


HISPANO  AKGENTINA  89 

Al  que  imajíina  ó  sospecha 

Cosa  indii^na  de  los  reyes, 
Rey.  (Aj).  ¡  Que  iiolablo  apurar  de  hombre!) 

Hombre,  digo  que  el  Rey  soy. 
Busto.  iMénos  cn'dito  te  doy  ; 

«       I'orquo  a(|ui  no  viene  el  nombre 

iJel  rey  con  las  obras,  pues 

Es  el  Rey  el  que  da  honor ; 

Tú  buscas  mi  deshonor. 
|{ey.  ( A])-)  Kste  es  necio  y  descorles  : 

¿  Qué  hp  de  hacer  ? 
Busto.  (Ap.  El  embozado 

Ks  el  Rey,  no  hay  que  dudar. 

Qiiiérole  dejar  pasar, 

Y  saber  si  me  ha  afrentado 
Luego;  que  el  alma  me  incita 
La  cólera  y  el  furor  ; 

Que  es  como  censo  el  honor, 
Que  aquel  que  le  da,  le  quita  ). 
Pasa  cualquiera  que  seas, 
4         Y  otra  vez  al  Rey  no  infames, 
Ni  el  Rey,  villano,  te  llames. 
Cuando  haces  hazañas  feas. 
Mira  que  el  Rey,  mi  señor, 
IJel  África  horror  y  espanto, 
Ks  cristianísimo  y  santo, 

Y  ofendes  tanto  valor. 
La  llave  me  ha  confiado 
De  su  casa,  y  no  podia 
Venir  sin  llave  á  la  mia. 
Cuando  la  suya  me  ha  dado, 

Y  no  atrepelléis  la  ley  ; 
Mirad  (|ue  es  hombre  en  efeto  : 
Ksto  os  digo,  y  os  respeto 

Por  (jue  os  íiugisleis  el  Rey. 

Y  de  verme  no  os  asombre 
Fiel,  aunque  quedo  a'rentado  ; 
Que  un  vasallo  está  obligado 


90  ANTOLOGÍA  KSCOLAK 

A  tener  respeto  al  nombre. 

Y  sin  más  atropeilallos 
Contra  Dios  y  contra  ley, 
Así  aprenderá  á  ser  rey 
Del  honor  de  sus  vasallos. 

Rey.  Ya  no  lo  puedo  sufrir  ; 

Que  estoy  confuso  y  corrido, 

¡  Necio  !  Porque  me  he  fingido 

Ser  el  Rey,  ¿  me  dejas  ir  ? 

Pues  advierte  que  yo  quiero. 

Porque  dije  que  lo  era. 

Salir  de  aquesta  manera  ;  (Mete  mano). 

Que  si  libertad  adquiero 

Porque  aquí  rey  me  llamé, 

Y  en  mi  respetas  el  nombre, 
Porque  te  admire  y  asombro, 
Kn  las  obras  lo  seré. 
Muere,  villano  ;  que  a(|ui 
Aliento  el  nombre  me  da 

De  Rey,  y  él  te  matará. 
Busto.  Sólo  mi  honor  reina  en  mi.  (Riñen). 

Acto  TI.  Esc.   r 


FaAG.MtCNTO 

Fer.  —  ¡  Ay  de  mí !  Mal  me  fué  ausente,  peor  pre- 
sente: no  durará  mucho  mi  vida. 

Lud. —  ¿Y  en  qué  la  passáis  después  que  venistes? 

Fer.  —  De  noche  leo  alguna  historia  o  algún  poeta; 
acuéstome  con  miedo  de  que  no  tengo  de 
dormir,  y  sáleme  tan  cierto,  que  como  a  cual- 
quiera relox  me  pueden  preguntar  las  horas; 
y  si  de  cansado  de  la  batalla  de  mis  pensa- 
mientos ( como  el  Petrarca  dixo )  me  duermo 
vn  poco,  sueño  tan  prodigiosas  inuenciones 
de  sombras,  que  me  valiera  más  estar  des- 
pierto. 


HISPANO-ARGENTINA  91 

Lud. —  Efetos  son  de  la  melancolía. 

Fer.  —  Al  alba  salgo  al  Prado,  o  me  voy  al  rio, 
donde  sentado  en  su  orilla  estoy  mirando  el 
agua,  dándole  imaginaciones  que  lleue  para 
que   nunca  bueluan. 

Lud, —  ¡Qué  necia  jornada! 

Jul.  —  Aueis  de  entender,  Ludouico,  que  es  esto  con 
tanta  tristeza,  que  muchas  vezes  se  me  queda 
casi  muerto  de  estos  amorosos  deliquios  entre 
los  bra90s;  yo  le  digo  que,  pues  él  sustenta, 
que  son  penas  bien  empleadas,  como  lo  ha 
dicho  en  víi  romance  que  canta,  que  no  es 
justo  que  se  entristezca.  Ayer  estábamos  en 
el  Soto ;  y  a  este  propósito  le  escriui  vn  epi- 
grama en  vn  libro  de  memoria. 

Lud. —  ¿Latino  ó  castellano? 

Jul.  —  No,  sino  castellano;  que  latino  ya  no  ay  quien 
lo  agradezca,  que  es  harta  lástima. 

Lud. —  No  es,  por  cierto;  porque  el  poeta,  a  mi  juizio, 
ha  de  escriuir  en  su  lengua  natural;  que 
Homero  no  escriuió  en  latin,  ni  Virgilio  en 
griego,  y  cada  vno  está  obligado  a  honrar 
su  lengua,  y  assi  lo  hizieron  el  Camoens  en 
Portugal  y  en  Italia  el  Tasso. 

Fer.  —  Sanazaro  escriuió  en  latin  poema  y  églogas. 

Lud. —  También  escriuió  la  Arcadia  y  otras  obras, 
como  el  Bembo,  el  Ariosto  y  el  Petrarca. 

Fer. —  ¿  Kl  Ariosto  escriuió  versos  latinos? 

Lud. —  Mucio  Justinopolitano  cita  un  epitafio  suyo 
al  marqués  de  Pescara,  que  se  opone  diame- 
tralmente  a  quantos  hay  escritos. 

De  La  Dorotea. 


92  ANTOLOGÍA  ESCOLAR 


• 


TIRSO  DE  MOLINA  (^)  (1571? -1648) 


Aunque  excelente  jirosista,  su  fama 
está  cimentada  en  su  teatro.  Como 
ilramaturgo  se  codea  con  Lope  y 
(Calderón  á  quienes  en  ocasiones 
vence.  Fué  el  creador  del  tipo  de 
Don  Juan,  imitado  en  todos  los  paí- 
ses, pero  sin  el  hrio  del  original. 


EL   VERGONZOSO   EN   PALACIO 


MiKií.NO.       Aun(|iie  li;t  sido  alreviiiiieiito 
el  venir  á  la  presencia, 
soi'iora,  (le  V.  (u)  excelencia 
mi  poco  inerecirnieiilo, 
ser  agradecido  trato 
al  recebido  favor  ; 
porque  el  pecado  tnayor 
es  el  que  hace  á  un  hombre  ingrato. 

Por  haber  favorecido 
de  un  desdichado  la  vida 
—  (|ue  al  noble  es  deuda  debida  — 
me  vi  preso  y  |)erseguído  ; 
pero  en  la  misma  moneda 
me  pagó  el  cielo,  sin  duda, 
pues  libre,  con  vuestra  ayuda, 
mi  vida,  sei'iora,  (lueda. 

¿  Libre  dije  V  Mal  he  hablado  ; 
(|ue  el  noble,  cuando  recibe 
cautivo  y  esclavo  vive, 
que  es  lo  mismo  que  obligado  ; 

(i)  Pseudónimo  con  que  ocultó  su  verdadero  nombre,  (jabriel  Tellez. 


iiisi»ano-ahc.i:nti>ía 


93 


Madal.— 
Mi  reno. 

xMadal.— 


Mirono.- 
Madal. 

Mircuo. 


Madal. 
Mireno. 


Madal. 


y  i  ojalá  mi  vida  inora 
tal  (|uo,  si  esclava  riuodara, 
alguna  parto  pajeara 
desta  merced  !  Qiio  ella  hiciera 

excesos;  pero  entre  tantas 
í|ue  mi  humildad  envilecen 
y  como  esclavos  ofrecen 
sus  cuellos  á  vuestras  [)lantas, 

á  pagar  con  ella  vengo 
la  mucha  detida  en  que  estoy  ; 
pues  no  os  debo  más  sí  os  doy, 
gran  sei\ora.  cuanto  tengo. 
Levantaos  del  suelo. 

.Asi 
estoy,  gran  señora,  bien. 
Haced  lo  que  os  digo.  (Ap<irte.  ¿Quién 
me  ciega  el  alnia  ?  ¡  Ay  de  mi  ! )  — 

¿  Sois  |)ortugués  ? 
Levántase.         Imagino 
íjue  si. 

,'.  Que  lo  imagináis  ? 
üesa  suerte,  incierto  estáis 
de  (|uién  sois. 

Mi  padre  vino 

al  lugar  adonde  habita, 
y  es  de  alguna  liacienda  dueño, 
trayéndome  muy  pequeño  ; 
mas  su  trato  lo  acredita. 

Yo  creo  que  en  l'ortugal 
nacimos. 

,;  Sois  noble  ? 
Creo 
que  sí,  segiin  lo  (pie  veo 
en  mi  honrado  natural, 

que  muestra  más  que  hay  en  mi 
-  V  ¿darán  las  obras  vuestras, 
si  fuere  menester,  muestras 
que  sois  noble  V 


94 


ANTOLOGÍA    ESCOLAR 


Mireno.  Creo  que  sí. 

Nunca  de  hacellas  dejé. 
Madal.      Creo,  decís  á  cualquier  punto 

¿  Creéis,  acaso,  que  os  pregunto 
artículos  de  la  fe  ? 
Mireno.    Por  la  que  debo  guardar 
á  la  merced  recebida 
de  V  (u)  excelencia  mi  vida, 
bien  los  puede  preguntar  ; 
que  mi  fe  su  gusto  es. 
Madal.      ¡  Qué  agradecido  venís  ! 

¿  Cómo  os  llamáis  ? 
Mireno.  Don  Dionís. 

Madal.      Ya  os  tengo  por  portugués 

y  por  hombre  principal  ; 
que  en  este  reino  no  hay  hombre 
humilde  de  vuestro  nombre, 
porque  es  apellido  real ; 
y  sólo  el  imaginaros 
por  noble  y  honrado  ha  sido 
causa  que  haya  intercedido 
con  mí  padre  á  libertaros. 
Deudor  os  soy  de  la  vida. 
Pues  bien  :  ya  que  libre  estáis, 
¿qué  es  lo  que  determináis, 
hacer  de  vuestra  partida  ? 
¿  Dónde  pensáis  ir  ? 

Intento 
ir,  señora,  donde  pueda 
alcanzar  fama  que  exceda 
á  mi  altivo  pensamiento  : 

sólo  aquesto  me  destierra 
de  mi  patria. 
Madal.  ¿  lín  qué  lugar 

pensáis  que  podéis  hallar 
esa  ventura  ? 
Mireno.  En  la  guerra  ; 

que  el  esfuerzo  hace  capaz, 
para  el  valor  que  procuro. 


Mireno. 
Madal. 


Mireno. 


HISPA  NO- AKGENTIXA 


95 


Madal.      Y  ¿.  no  será  más  seísmo 

que  ie  adquiráis  en  la  pa/.  ? 
Mireoo.  ¿  iJe  qué  modo? 

Madal.  hien  podéis 

granjcalle  si  dais  Ira/a 
que  mi  padre  os  dé  la  plaza 
de  secretario,  que  veis 

que  está  vaca  agora,  á  falta 
de  quien  la  pueda  suplir. 
No  nació  para  servir 
mi  inclinación,  que  es  más  alta. 
PuQs  cuando  volar  presuma, 
las  plumas  le  han  de  ayudar, 
¿  (>ómo  he  de  poder  volar 
con  solamente  una  pluma? 
Con  las  alas  del  favor; 
(jue  el  vuelo  de  una  privanza 
mil  imposibles  alcanza. 
Del  privar  nace  el  temor, 

corno  muestra  la  experiencia; 
y  tener  temor  no  es  justo. 
Don  üionís  :  este  es  mi  gusto. 
¿  Gusto  es  de  Vuesa  líxcelencia 

que  sirva  al  Du(|ue?  Pues  alto 
cúmplase,  señora,  ausi  ; 
que  ya  de  un  vuelo  subi 
al  primer  móvil  más  alto. 

Pues  si  en  esto  gusto  os  doy, 
ya  no  hay  subir  más  arriba  : 
como  el  L)u({ue  me  reciba, 
secretario  suyo  soy. 

Vos,  señora,  lo  ordenad. 
.Madal.      Deseo  vuestro  provecho  ; 

y  ansí  lo  que  veis  he  hecho  ; 
que,  ya  que  os  di  libertad, 

pesárame  que  en  la  guerra 
la  malograrais  ;  yo  haré 
cómo  esta  plaza  se  os  dé 
porque  estéis  en  nuestra  tierra. 


Mireno. 
•Madal. 
.Mireno. 
.Madal. 

.Mireno. 


Madal. 
Mireno. 


^6 


antología  escolau 


Míreno.  Mil  años  oí  cielo  guarde 

tal  grandeza. 

Madal.      (A2).)  Honor:  liiiir; 

que  revienta  por  salir, 
por  la  boca,  amor  cobarde. 


Acto  II.  Esc.  ir 


EL   CONDENADO   POR   DESCONFIADO 


Pastorcillo  y 

Pas.     Selvas  intrincadas, 
Verdes  alamedas, 
A  quien  de  esperanzas 
Adorna  Amaltea  ; 
Fuentes  que  corréis. 
Murmurando  apriesa, 
Por  menudas  guijas. 
Por  blandas  arenas  ; 
Ya  vuelvo  otra  vez 
A  mirar  la  selva, 
Y  á  pisar  los  valles 
Que  tanto  me  cuestan. 
Yo  soy  el  pastor, 
Que  en  vuestras  riberas 
Guardé  un  tiempo  alegre 
Cándidas  ovejas. 
Sus  blancos  vellones 
Entre  verdes  felpas. 
Girones  de  plata 
A  los  ojos" eran. 
Era  yo  envidiado 
Por  ser  guarda  buena. 
De  muchos  zagales 
Que  ocupan  la  selva  ; 
Y  mi  mayoral, 
■Que  en  ajena  tierra 
Vive,  me  tenia 


Paulo 

V'oluntad  inmensa, 
Porque  le  llevaba, 
Cuando  quería  verlas 
Las  ovejas,  blancas 
Como  nieve  en  pellas. 
Pero  desde  el  día 
Que  una,  la  más  buena, 
líuyó  del  rebano, 
Lágrimas  me  anegan. 
Mis  contentos  todos 
Convertí  en  tristezas. 
Mis  placeres  vivos 
En  memorias  muertas  ; 
Cantaba  en  los  valles 
Canciones  y  letras, 
Mas  ya  en  triste  llanto 
Funestas  endechas. 
Por  tenerla  amor, 
En  esta  floresta 
Aquesta  guirnalda 
Comencé  á  tejerla. 
Mas  no  la  gozó  ; 
Que  engañada  y  necia. 
Dejó  á  quien  le  amaba 
Con  mayor  lirmeza. 
Y  pues  no  la  quiso, 
Fuerza  es  que  ya  vuelva, 


llISl'AXü-AUr.ENTIXA 


97 


Por  venganza  justa. 

Hoy  á  deshacerla. 
Pan.     Pastor,  que  otra  ver. 

Te  vi  en  esta  sierra, 

Si  no  muy  alegre 

No  con  la!  tristeza 

El  verte  me  admira. 
Pas.     ¡  Ay,  perdida  oveja  ! 

¡  De  (jué  gloria  huyes, 

Y  eí  qué  mal  te  allegas  ! 
l'au.     ¿No  es  esa  guirnalda 

La  que  en  las  florestas. 
Entonces  tejías 
Con  gran  diligencia  ? 
Pas.     Esta  misma  os  ; 

Mas  la  oveja  necia 

No  (juiere  volver 

Al  bien  que  le  espera, 

Y  ansi  la  deshago. 
Pan.    Sí  acaso  volviera, 

Zagalejo  amigo, 
¿No  la  recibieras  ? 
Pas,     Enojado  estoy, 

Mas  la  gran  clemencia 
De  mi  mayoral 
Dice,  que  aun(|ue  vuelvan 
Si  antes  fueron  blancas, 
Al  rebaño  negras. 
Que  las  dé  mis  brazos, 

Y  sin  cxtrañeza, 
Kequíebros  las  diga 

Y  palabras  tiernas. 
Pau.    Pues  es  superior. 

Fuerza  es  que  obedezcas. 
Pas.     Yo  obedeceré, 

Pero  no  quiere  ella 
Volver  á  mis  voces, 
En  sus  vicios  ciega, 


Ya  de  aíjuostos  montes 
En  las  altas  peñas, 
La  llamé  con  silbos 

Y  avisé  con  señas. 
Ya  por  los  jarales. 
Por  incultas  selvas. 
La  anduve  á  buscar, 
¡  Qué  del  lo  me  cuesta  ! 
Ya  traigo  las  |)lantas. 
De  jaras  diversas 

Y  agudos  espinos 
Rotas  y  sangrientas. 
No  puedo  hacer  más. 

Pau.     En  lágrimas  tiernas 
Daña  el  pastorcillo 
Las  mejillas  bellas. 
Pues  te  desconoce. 
Olvídate  de  ella, 

Y  no  llores  más. 
Pas.     Que  lo  haga  es  fuerza. 

Volved,  bellas  llores, 
A  cubrir  la  fierrii. 
Pues  que  no  fué  digna 
De  vuestra  belleza. 
Veamos  si  allá. 
En  la  tierra  nueva 
La  pondrán  guirnalda 
Tan  rica  y  tan  bella. 
Quedaos,  montes  míos. 
Desiertos  y  selvas. 
Adiós,  por(|ue  voy 
Con  la  triste  nueva 
A  mi  mayoral ; 

Y  cuando  lo  sepa 
(  Aunque  ya  lo  sabe  ), 
Sentirá  su  mengua. 
No  la  ofensa  suya, 
Aunque  es  tanta  ofensa. 


98 


antología-escolar 


Lleno  voy  á  verle 

De  miedo  y   vergüenza  ; 

Lo  que  ha  de  decirme 

Fuerza  es  que  lo  sienta. 

Dirame  :  «  Zagal, 

¿  Ansí  las  ovejas 


Que  yo  os  encomiendo, 
Guardáis?  »  ¡Triste  pena t 

Yo  responderé 

No  hallaré  respuesta, 
Si  no  es  que  mi  llanto 
La  respuesta  sea. 

Acto  ni.  Esc.  VIL 


JUAN  RUIZ  DE  ALARCÓN  (15807-1639) 


Nacido  en  Méjico,  fué  uno  de  nues- 
tros más  excelsos  dramaturgos, sien- 
do el  primero  por  su  manifiesta 
tendencia  didncta-moral. 


LOS    FAVORES   DEL  MUNDO 


Garci-fíiiiz  de  AJarcón, 
claras  vuestras  obras  son  : 
desde  el  oriente  al  ocaso 
da  envidia  vuestra  opinión. 

Las  más  ilustres  historias 
en  vuestras  altas  Vitorias 
el  non  plus  ultra  han  tenido  ; 
mas  la  que  hoy  ganáis,  ha  sido 
plus  ultra  de  humanas  glorias. 

Vuestra  dicha  es  tan  extraña,, 
que  quisiera  ¡  Vive  Dios  ! 
más  haber  heciio  la  hazaña 
que  hoy,  (iarcia,  iiicistes  vos, 
que  ser  principe  de  España 

Porque  Alejandro  decia 
( i, ved  cuanto  lo  encarecía  !  ), 
que  más  ufano  quedaba, 


HISPANO-ARGENTINA  99. 

si  un  rendido  perdonaba, 

que  si  un  imperio  rendía. 
Que  en  los  pedios  valerosos, 

bastantes  por  si  á  emprender 

los  casos  dilicultosos, 

el  alcanzar  y  vencer 

consiste  en  ser  venturosos  ; 

mas  en  que  un  hombre  perdone, 

viéndose  ya  vencedor, 

á  quien  le  quitó  el  honor, 

nada  la  fortuna  pone  : 

todo  se  debe  al  valor. 
Si  vos  de  matar,  (Jarcia, 

tanta  costumbre  tenéis, 
matar,  i,  qué  hazaña  sería  ? 
vuestra  mayor  valentía 
viene  á  ser  que  no  matéis. 
Kn  vencer  está  la  gloria, 
no  en  matar  :  que  es  vil  acción 
seguir  la  airada  pasión, 
y  deslustra  la  victoria 
la  villana  ejecución 

Quien  venció,  pudo  dar  muerte; 
pero  quien  mató,  no  es  cierto 
que  pudo  vencer  ;  que  es  suerte 
que  le  sucede  al  más  fuerte, 
sin  ser  vencido,  ser  muerto. 

Y  asi  no  os  puede  negar 
quien  más  pretenda  morder, 
que  niás  honra  os  vino  á  dar 
el  vencer  y  no  matar, 
que  el  matar  y  no  vencer 

Dar  la  muerte  al  enemigo, 
de  temello  os  argumento  ; 
despreciallo  es  más  castigo, 
pues  que  vive  á  ser  testigo 
contra  si  del  vencimiento. 


100  ANTOLOGÍA  ESCOLAR 

La  Vitoria  el  matador 
abrevia,  y  el  que  ha  sabido 
perdonar,  la  hace  mayor, 
pues  mientras  vive  el  vencido, 
venciendo  está  el  vencedor. 


Acto  I.  Esc.  IX 


FRANCISCO  DE  ROJAS  ZORRILLA  (1607-1648) 


Ha  legado  á  la  posteridad  una  de 
las  obras  más  perfectas,  no  sólo  por 
la  viveza  y  naturalidad  del  diálogo, 
sino  por  la  seguridad  con  que  pinta 
un  carácter,  reflejo  de  los  puntillos 
de  honra  castellana. 


garcía  del  castañar 


El  Rey     Pues  yo  sé  que  el  Uey  Alfonso 

tiene  noticias  de  vos. 
García     ¿  Kl  Key  de  un  villano  intonso? 
El  Rey     Y  tanto  el  servicio  admira 

([ue  hicisteis  á  su  corona 

ofreciendo  ir  en  persona 

á  la  guerra  deAlgecira, 

que  si  la  corte  seguís, 

os  ha  de  dar  á  su  lado 

el  lugar  más  envidiado 

de  palacio. 
García  ¿  Qué  decís  ? 

Más  precio,  entre  aquellos  cerros 

salir  á  la  primer  luz 

prevenido  el  arcabuz, 

y  que  levanten  mis  perros 


IIISPAXO-ARGENTINA  101 

lina  banda  de  perdices, 

y  codicioso  en  la  empresa 

seguirlas  por  la  dehesa 

con  esperanzas  felices 

de  verlas  caer  al  suelo, 

y  cuando  son  á  los  ojos 

pardas  nubes  con  pies  rojos, 

batir  sus  alas  al  vuelo, 

y  derribar  esparcidas 

tres  ó  cuatro,  y  anhelando 

mirar  mis  perros,  buscando 

las  que  cayeron  heridas, 

con  mi  voz  que  los  provoca  ; 

y  traer  las  que  palpitan 

á  mis  manos,  que  las  quitan 

con  su  ííusto  de  su  boca  ; 

levantarlas,  por  ver  donde 

entró  entre  la  pluma  el  plomo, 

volverme  á  mi  casa  como 

suele  de  la  .guerra  el  Conde 

de  Toledo,  vencedor  ; 

pelarlas  luego  en  mi  casa, 

perdigarlas  en  la  brasa, 

y  puestas  al  asador 

con  seis  dedos  de  un  pemil, 

que  á  cuairo  vueltas  6  tres 

pastilla  de  lumbre  es 

y  canela  del  Brasil ; 

y  entreirársela  ;i  Teresa 

que  con  vinagre  y  aceite 

y  pimienta,  sin  afeite 

las  pone  en  mi  limpia  mesa, 

donde  en  servició  de  Dios 

una  yo  y  otra  mi  esposa 

nos  comemos,  que  no  hay  cosa 

como  á  dos  perdices,  dos. 

V  arrojar  á  mis  sabuesos 
el  esqueleto  roldo,  ^ 


102  ANTOLOGÍA  ESCOLA H 

y  oir  por  tono  el  crugido 
de  los  dientes  y  los  liuesos  ; 
y  en  el  cristal  transparente 
brindar,  y  con  mano  franca 
hacer  la  razón  mi  Blanca 
con  el  cristal  de  una  fuente ; 
levantar  la  mesa  dando 
gracias  á  quien  nos  envía 
el  sustento  cada  dia, 
varias  cosas  platicando. 

Que  aquesto  es  el  Castañar 
que  en  más  estimo,  señor, 
(jue  cuanta  hacienda  y  honor 
los  reyes  me  puedan  dar. 

El  Rey     ¿  Pues  cómo  al  Rey  ofrecéis 
ir  en  persona  á  la  guerra 
si  an)áis  tanto  vuestra  tierra? 

García     Perdonad,  no  lo  entendéis. 


Acio  1 


AGUSTÍN   MORETO  (1618-1669 


Fué  el  tipo  del  drainatiirgo  moder- 
no al  llevar  á  la  escena  figuras 
arrancadas  de  la  realidad.  Supo 
aprovechar  argumentos  ajenos,  roe- 
jorándolos:  logrando  que  se  olvida- 
ran los  originales  y  se  aplaudieran 
las  imitaciones. 


EL  LINDO   DON   OIEGO 


Inés.       Y  ¿don  Diego? 

Mosq.  Ese  es  un  cuento 

Sin  lin,  pero  con  principio  ; 

Que  es  lindo  el  don  Diego,  y  tiene 


HISPANO-AUGENTINA  103 

Más  que  de  Diego,  de  lindo, 

El  es  tan  rara  persona, 

Qne  como  se  anda  vestido, 

Puede  en  una  moaiganga 

Ser  ligura  de  capricho. 

<Jue  él  es  nuiy  gran  marinero 

Se  vé  en  su  talle  y  su  brio ; 

Por(|ue  el  arte  suyo  es  arle 

De  marear  los  sentidos. 

Tan  ajustado  se  viste, 

Que  al  andar  sale  de  quicio, 

Por(|ue  anda  descoyuntado 

Del  tormento  del  vestido. 

De  curioso  y  aseado 

Tiene  bástanles  indicios  ; 

Por(|ue  aunque  de  traje  no, 

De  sangre  y  bolsa  es  muy  limpio. 

En  el  discurso  parece 

Ateísta,  y  lo  colijo 

De  (|ue,  según  él  discurre. 

No  espera  el  dia  del  juicio. 

A  dos  palabras  í(ue  hable, 

Le  entenderás  todo  el  hilo 

Del  talento  ;  que  él  es  necio, 

Pero  muy  bien  entendido. 

V  porque  mejor  te  informes 

De  quién  es  y  de  su  estilo, 

Te  pintaré  la  mañana 

Que  con  él  hoy  he  tenido. 

Yo  entré  allá  ;  y  le  vi  en  la  cama. 

De  la  frente  al  colodrillo 

Ceñido  de  un  tocador, 

Que  pensé  que  era  judio. 

Era  el  cabello,  hecho  trenzas. 

Clin  de  caballo  morcillo 

Aunque  la  conq)aracion 

De  ruin  á  rocín  ha  ido. 

Con  su  bigotera  puesta 


104  ANTOLOGÍA  ESCOLAU 

Kstaha  el  mozo  jarifo, 
Como  mulo  de  arriero, 
Con  jáquima  de  camino  ; 
Las  manos  en  unos  guantes 
De  perro,  que  por  aviso 
Del  uso  de  los  que  da. 
Las  aforró  de  su  oíicio. 
Deste  modo,  de  la  cama 
Salió  á  vestirse  á  las  cinco  ; 

Y  en  ajustarse  las  ligas 
Llegó  á  las  ocho  de  un  giro. 
Tomó  el  peine  y  el  espejo, 

Y  en  memorias  de  Narciso 
Le  dio  las  once  en  la  luna  ; 

Y  en  daga  y  espada  y  tiros, 
Capa,  vueltas  y  valona 

Dio  las  dos,  y  después  dijo  : 

((  Dios  me  vuelva  á  Burgos,  donde 

Sin  ir  á  visitas  vivo  ; 

Que  para  mí  es  una  muerte 

Cuando  de  priesa  me  visto. 

Mozo,  ¿dónde  habrá  ahora  misa?» 

Y  el  mozo  humilde  le  dijo  : 
«  A  las  dos  dadas,  Señor, 

Xo  hay  misa  sino  en  el  libro.  » 

Y  él  respondió  muy  contento: 
«No  importa,  que  yo  he  cumplido 
Con  hacer  la  diligencia. 
Vamos,  á  ver  á  mi  tio.  » 

Kste  es  el  novio.  Señora, 
Que  de  Burgos  te  ha  venido, 
Tal,  que  primero  (|ue  al  novio 
Esperara  yo  un  novillo. 


Acto  I 


IIISHANO-AHC.HNTIXA  105 


PEDRO  CALDERÓN  DE  LA  BARCA  (1600-1681) 


líl  (Irainaturgo  que  mejor  retrata 
el  alma  española,  aun  exagerando  el 
concepto  del  honor.  Puede  hombrear- 
se con  Esquilo  y  con  Shakespeare,  á 
quienes  vence  en  algunas  ocasiones. 


LA    VIDA   ES  SUEÑO 


Clotaldo. 
liiietias  albricias  tendria. 

Skgismunuo. 
No  muy  buenas  :  por  traidor, 
Co»  pecho  atrevido  y  fuerte, 
iJos  veces  te  daba  muerte. 

Clotaldo. 
¿  l'ara  mi  tanto  rigor  ? 

Skgismundo. 
De  todos  era  señor, 

Y  de  todos  me  venííaba  ; 
Sólo  á  una  mujer  amaba. . . . 
Que  fué  verdad,  creo  yo, 

Kn  (jue  todo  so  acalxi, 

Y  esto  solo  no  se  acaba.     (  Vase  el  Hey. ) 

Clotaldo. 
(  Ap.  línternecido  sr  lia  ido 
MI  Key  de  haberle  escuchado.  ) 
Como  hablamos  hablado 
De  aquella  águila,  dormido, 
Tu  sueño  itnperios  han  sido; 
Mas  en  sueños  fuera  bien 
Honrar  entonces  á  quien 
Te  crió  en  tantos  empeños, 


106  ANTOLOGÍA  ESCOLAR 

Segismundo  ;  que  aun  en  sueños 
No  se  pierde  el  iiacer  bien.     (  Vase.  ) 


Acto  11.  Esc.  XVHI. 


Segismundo. 
Es  verdad  :  pues  reprimamos 
Esta  fiera  condición, 
Esta  furia,  esta  ambición. 
Por  si  alguna  vez  soñamos  ; 

Y  sí  liaremos,  pues,  estamos 
En  mundo  tan  singular. 
Que  el  vivir  sólo  es  soñar  ; 

Y  la  experiencia  me  enseña 
Que  el  hombre  (|ue  vive,  sueña 
Lo  que  es,  hasta  dispertar. 
Sueña  el  Hey  que  es  rey,  y  vive, 
Con  este  engaño,  mandando, 
Disponiendo  y  gobernando  ; 

Y  este  aplauso,  que  recibe 
Prestado,  en  el  viento  escribe, 

Y  en  cenizas  le  convierte 

La  muerte  (  ¡  Desdicha  fuerte  !  ) : 
¿Que  hay  quien  intente  reinar. 
Viendo  (|ue  ha  de  dispertar 
En  el  sueño  de  la  muerte  ? 
Sueña  el  Rico  en  su  ri(|ucza. 
Que  más  cuidados  le  ofrece  ; 
Sueña  el  Pobre  que  padece 
Su  miseria  y  su  pobreza  ; 
Sueña  el  que  á  medrar  empieza  ; 
Sueña  el  que  afana  y  pretende  ; 
Sueña  el  que  agravia  y  ofende  ; 

Y  en  el  mundo,  en  conrlusi(m, 
Todos  sueñan  lo  que  son, 
Aunque  ninguno  lo  entiende. 
Y'^o  sueño  que  estoy  aqui 
Destas  prisiones  cargado, 


HISPANO-ARGEXTINA  107 

Y  soñé  que  en  otro  estado 
Más  lisonjero  me  vi. 

¿Qué  es  la  vida? —  Un  frenesí. 
¿  Qué  es  la  vida  ?  —  Una  ilusión, 
Una  sombra,  una  ficción, 

Y  el  mayor  bien  es  pequeño  : 
Que  toda  la  vida  es  sueño, 

Y  lus  sueños,  sueños  son. 

Id.  Esc.  XIX 


MIGUEL    DE   CERVANTES   SAAVEDRA   (1547-1616 


Con  recordar  que  al  idioma  de  Cas- 
tilla, se  le  llama  también  la  lengua 
de  Cenniiiíes,  <|iieda  hecho  del  estilo 
de  este  autor  el  elogio  más  cumpli- 
do, alabanza  que  por  igual  le  tributan 
nacionales  y  extranjeros. 

S  0  N  K  r  O 

A   LA   MUERTE   DE   LA   REINA   ISABEL   DE   VALOIS   (') 

Aquí  el  valor  de  la  española  tierra, 
aquí  la  ílor  de  la  francesa  gente, 
aquí  quien  concordó  lo  diferente, 
de  oliva  coronando  aquella  guerra. 

Aíjuí  en  pequeño  espacio  veis  se  encierra 
nuestro  claro  lucero  de  Occidente, 
aquí  yace  encerrada  la  excelente 
causa  que  nuestro  bien  todo  destierra. 

(')  Primer  escrito  que  se  conoce  de  Cervantes. 


108  AXTOLOdÍA    IvSCOLAH 

Mirad  (luien  es  el  mundo  y  su  pujanza, 
y  como  de  la  más  alegre  vida 
la  muerte  lleva  siempre  la  victoria. 

También  mirad  la  bienaventuranza 
que  goza  nuestra  Reina  esclarecida 
en  el  eterno  reino  de  la  gloria. 


viaje  del  parnaso  —  cap.  v  i  i 
Fkagme.nto 

Tú,  belígera  musa,  tú,  (|ue  tienes 
la  voz  de  bronce  y  de  metal  la  lengua, 
cuando  á  cantar  del  liero  Marte  vienes  : 

Tú,  por  ([uion  se  aniquila  siempre  y  mengua 
el  gran  género  humano  :  ti'i,  que  puedes 
sacar  mi  pluma  de  ignorancia  y  mengua  : 

Tú,  mano  rota,  y  larga  de  mercedes, 
digo  en.hacellas;  una  aqui  te  pido 
(|ue  no  hará  f|ue  menos  rica  quedes. 

La  soberbia  y  maldad,  el  atrevido 
intento  de  una  gente  mal  mirada 
ya  se  descubre  con  mortal  ruido. 

Dame  una  voz  al  caso  acomodada, 
una  sotil  y  bien  cortada  pluma, 
no  de  afición,  ni  de  pasión  llevada, 

Para  (|ue  pueda  referir  en  suma 
con  purisin)o  y  nuevo  sentimiento 
con  verdad  clara  y  entereza  suma, 

Kl  contrapuesto  y  desigual  intento 
de  uno  y  otro  escuadrón,  que  ardiendo  en  ira 
sus  banderas  descoge  ai  vago  viento. 


HISI'ANO-AIKIENTIN'A  109 


NUMANCIA  —  TRAGEDIA 


FRAfiMKNTO 

Cual  suelen  las  ovejas  descuidadas, 
siendo  del  liero  lobo  acometidas, 
andar  aquí  y  allí  descarriadas, 
con  temor  de  perder  las  simples  vidas  ; 
tal  niños  y  mujeres  delicadas, 
huyendo  las  espadas  homicidas 
andan  de  calle  en  calle,  ¡  oh,  hado  insano  ! 
su  cierta  muerte  dilatando  en  vano. 

Al  peclio  de  la  amada  nueva  esposa 
traspasa  del  esposo  el  hierro  agudo  ; 
contra  la  madre,  ¡  oh,  nunca  vista  cosa  ! 
se  muestra  el  hijo  dé  piedad  desnudo, 
y  contra  el  hijo  el  padre,  con  rabiosa 
clemencia,  levantando  el  brazo  duro, 
rompe  aquellas  entrañas  (¡ue  ha  engendrado, 
quedando  satisfecho  y  lastimado. 

No  hay  plaza,  no  hay  rincón,  no  hay  calle  ó  casa 
que  de  sangre  y  de  muertos  no  esté  llena  ; 
el  hierro  mata,  el  duro  fuego  abrasa, 
y  el  rigor  ferocísimo  condena  : 
presto  veréis,  que  por  el  suelo  rasa 
está  la  más  subida  y  alta  almena, 
y  las  casas  y  templos  más  crecidos 
en  polvo  y  en  cenizas  convertidos. 

Jornada  /  \  . 


lio  ANTOLOGÍA  ESCOLAR 


EL   RETABLO   DE   LAS   MARAVILLAS 


Entremés 
F  R  A  G  .M  E  .\  T  O 

Chaftfalla — Beso  á  vuesas  mercedes  las  manos: 
¿  quien  de  vuesas  mercedes  es  el  Gobernador  de  este 
pueblo  ? 

Gob.  —  Yo  soy  el  Gobernador;  ¿qué  es  lo  que  quie- 
res, buen  hombre? 

Chanj.  —  A  tener  hoy  dos  onzas  de  entendimiento, 
hubiera  echado  de  ver  que  esa  peripatética  y  anchu- 
rosa presencia  no  podia  ser  de  otro  que  del  digni- 
simo  Gobernador  de  este  honrado  pueblo;  que  con 
venirlo  á  ser  de  Algarrobillas,  lo  deseche  vuestra 
merced. 

Chirinos  —  En  vida  de  la  señora  y  de  los  señori- 
tos, si  es  que  el  señor  Gobernador  los  tiene. 

Capacho  —  No  es  casado  el  señor  Gobernador. 

Chir. —  Para  cuando  lo  sea;  que  no  se  perderá 
nada. 

Gob.  —  Y  bien,  ¿qué  es  lo  que  queréis,  hombre 
honrado? 

Chir.  —  Honrados  dias  viva  vuesa  merced,  que  así 
nos  honra;  en  fin,  la  encina  da  bellotas,  el  pero  peras, 
la  parra  uvas,  y  el  honrado  honra,  sin  poder  hacer 
otra  cosa. 

Benito — Sentencia  ciceronianca,  sin  quitar  ni  poner 
un  punto. 

Cap.  —  Ciceroniana  quiso  decir  el  señor  alcalde 
Benito  Repollo. 

Ben.  —  Siempre  quiero  decir  lo  que  es  mejor,  sino 
que  las  más  veces  no  acierto ;  en  fin,  buen  hombre, 
¿  qué  queréis  ? 


HISPANO-ARGENTINA  111 

Chanf. — Yo  señores  míos,  soy  ]Monfiel,  el  que  trae 
el  Retablo  de  las  Maravillas:  liánme  enviado  á  llamar 
de  la  corte  los  señores  cofrades  de  los  hospitales^ 
porque  no  hay  autor  de  comedias  en  ella,  y  perecen 
los  hospitales,  y  con  mi  ida  se  remediará  todo. 

Gob.  —  Y  ¿qué  quiere  decir  Retablo  de  las  Ma- 
ravillas? 

Chanf.  —  Por  las  maravillosas  cosas  que  en  él  se 
enseñan  y  muestran,  viene  á  ser  llamado  Retablo 
de  las  maravillas ;  el  cual  fabricó  y  compuso  el  sabio 
Tontonelo,  debajo  de  tales  paralelos,  rumbos,  astros 
y  estrellas,  con  tales  puntos,  caracteres  y  observa- 
ciones que  ninguno  puede  ver  las  cosas  que  en  él 
se  muestran,  que  tenga  alguna  raza  de  confeso,  ó  no 
sea  habido  y  procreado  de  sus  padres  de  legitimo 
matrimonio;  y  el  que  fuere  contagiado  de  estas  dos 
tan  usadas  enfermedades,  despídase  de  ver  las  cosas,, 
jamás   vistas  ni  oidas  de  mi  retablo... 


DE   COLOQUIO   DE   LOS   PERROS 


Fhacmknto 


Cipión  —  Advierte,  Berganza,  no  sea  tentación  del 
demonio  esa  gana  de  filosofar  que  dices  te  ha  venido ; 
porque  no  tiene  la  murmuración  mejor  velo  para 
paliar,  encubrir  y  su  maldad  disoluta,  que  darse  á 
entender  el  murmurador,  que  todo  cuanto  dice  son 
sentencias  de  filósofos,  y  que  el  decir  mal  es  repren- 
sión, y  el  descubrir  los  defectos  ajenos  buen  celo, 
y  no  hay  vida  de  ningún  murmurante,  que  si  la 
consideras  y  escudriñas,  no  la  halles  llena  de  vicios 
y  de  insolencias;  y  debajo  de  saber  esto,  filosofea 
ahora  cuanto  quisieres. 

Berganza  —  Seguro  puedes  estar,  Cipión,  de  que 
mas    murmure,    porque  asi  lo  tengo  propuesto.     Es,. 


112  '  ANTOLOGÍA   ESCOLAR 

pues,  el  caso,  que  como  me  estaba  todo  el  día  ocioso, 
y  la  ociosidad  sea  madre  de  los  pensamientos,  di  en 
repasar  por  la  memoria  algunos  latines  que  me  que- 
daron en  ella  de  muchos  que  oí  cuando  fui  con  mis 
amos  al  estudio,  con  que  á  mi  parecer  me  hallé  algo 
mas  mejorado  de  entendimiento,  y  determiné,  como 
si  hablar  supiera,  aprovecharme  dellos  en  las  ocasiones 
que  se  me  ofreciesen ;  pero  en  manera  diferente  de 
la  que  se  suelen  aprovechar  algunos  ignorantes.  Hay 
algunos  romancistas  que  en  las  conversaciones  dis- 
paran de  cuando  en  cuando  con  algún  latín  breve  y 
compendioso,  dando  á  entender  á  los  que  no  lo 
entienden,  que  son  grandes  latines,  y  apenas  saben 
declinar  un  nombre,  ni  conjugar  un  verbo. 

Cip. —  Por  menor  daño  tengo  ese  que  el  que  hacen 
los  que  verdaderamente  saben  latin,  de  los  cuales 
hay  algunos  tan  imprudentes,  que  hablando  con  un 
zapatero  ó  un  sastre,  arrojan  latines  como  agua. 

Berg. —  Deso  podremos  inferir  que  tanto  peca  el 
que  dice  latines  delante  de  quien  los  ignora,  como 
el   que  los  dice  ignorándolos. 

Cip. —  Pues  otra  cosa  puedes  advertir,  y  es  que  hay 
algunos  que  no  les  excusa  el  ser  latinos,  de  ser  asnos. 

Bcrg.  —  Pues  ¿  quién  lo  duda  ?  La  razón  está  clara, 
pues  cuando  en  tiempo  de  los  romanos  hablaban 
todos  latín,  como  lengua  materna  suya,  algún  maja- 
dero habría  entre  ellos,  á  quien  no  excusaría  el  hablar 
latín   dejar  de  ser  necio. 

Cip.  —  Para  saber  callar  en  romance  y  hablar  en 
latín,  discreción  es  menester,  hermano  Berganza. 

Berg.  —  Así  es,  porque  también  se  puede  decir  una 
necedad  en  latín  como  en  romance,  y  yo  he  visto 
letrados  tontos  y  gramáticos  pedantes,  y  romancistas 
vareteados  con  sus  listas  de  latín,  que  con  mucha 
facilidad  pueden  enfadar  al  mundo,  no  una,  sino 
muchas  veces. 

Cip,  —  Dejemos  esto,  y  comieza  á  decir  tus  filosofías. 

Bcrg. —  Ya  las  he  dicho:  estas  son  que  acabo  de 
decir. 


HISI'ANO-AUGKNTINA  113 

Cip.  — ¿Cuáles? 

Bcrg.  —  Estas  de  los  latines  y  romances,  que  yo 
comencé  y  tú  acabaste. 

Cip. — ¿Al  murmurar  llamas  filosofar?  así  va  ello: 
canoniza,  canoniza,  Berganza,  á  la  maldita  plaga  de 
la  murmuración,  y  dale  el  nombre  que  quisieres,  que 
ella  dará  á  nosotros  el  de  cínicos,  que  quiere  decir 
perros  murmuradores,  y  por  tu  vida  que  calles  ya, 
y  sigas  tu  historia. 


FRANCISCO  GÓMEZ  DE  QUEVEDO  (1580-1645 


(^oino  ]>rosista  uno  de  los  más  cas- 
tizos: como  poeta  uno  de  los  más 
inspirados ;  como  satírico  uno  de  los 
uuis  mordaces,  y  como  escritor  polí- 
tico uno  de  los  más  profundos. 


A   LA   CIUDAD   DE   CÓRDOBA 


Gran   plaza,  aní^ostas  calles. 
Obispo  rico,  pobres  mercaderes, 
Buenos  caballos  para  ser  mujeres, 
Buenas  mujeres  para  ser  caballos. 

Casas  sin  talle,  hombres  como  tallos, 
.Aposentos  colgados  de  allileres, 
Baco  descolorido,  (laca  Céres, 
Muchos  Ji'idas  y  Pedros,  pocos  gallos. 

Agujas  y  allileres  intinilos. 
Una  puente  í|ue  no  hay  quien  la  repare. 
Un  San  Pablo  entre  muchos  San  Benitos. 

Un  necio  vulgo,  un  G(3ngora  discreto, 
Kslo  en  Córdoba  hallé  ;  quien  más  hallare, 
Póngaselo  por  cola  á  este  soneto. 


114  ANTOLOGÍA   ESCOLAR 


LOS     SUEÑOS 


Fragmento 

F""'"  'uÍME  allá  por  ver  risa  en  el  infierno,  cosa  tan 
nueva.  «¿Qué  es  esto»  dije;  cuando  veo  dos 
hombres  dando  voces  en  un  alto,  muy  bien  ves- 
tidos, con  calzas  atacadas :  el  uno  con  capa  y  gorra, 
puños  como  cuellos,  y  cuellos  como  calzas;  el  otro 
traia  valones  y  un  pergamino  en  las  manos,  y  á  cada 
palabra  que  hablaban  se  hundían  siete  ú  ocho  mil 
diablos  de  risa,  y  ellos  se  enojaban  más.  Llegúeme 
más  cerca  por  oirlos,  y  oí  al  del  pergamino,  que  á 
la  cuenta  era  hidalgo,  que  decia :  «  Pues  si  mi  padre 
se  decia  tal  cual,  y  yo  soy  nieto  de  Esteban  tales  y 
cuales,  y  ha  habido  en  mi  linaje  trece  capitanes 
valerosísimos,  y  de  parte  de  mi  madre  doña  Rodriga 
desciendo  de  cinco  catedráticos  los  más  doctos  del 
mundo,  ¿cómo  me  j)uedo  haber  condenado?  Y  tengo 
mi  ejecutoria  y  soy  libre  de  todo,  y  no  debo  pagar 
pecho.»  «Pues  pagad  espalda»,  dijo  un  diablo,  y 
dióle  luego  cuatro  palos  en  ellas,  que  le  derribó 
de  la  cuesta ;  y  luego  le  dijo :  «  Acabaos  de  des- 
engañar que  el  que  desciende  del  Cid,  de  Bernardo 
y  de  Godofredo,  y  no  es  como  ellos,  sino  vicioso 
como  vos,  ese  tal  más  destruye  el  linaje  que  lo 
hereda.  Toda  la  sangre,  hidalguillo,  es  colorada, 
parecedlo  en  las  costumbres,  y  entonces  creeré  que 
descendéis  del  docto  cuando  lo  fuéredes  ó  procura- 
redes  serlo ;  y  si  no,  vuestra  nobleza  será  mentira 
breve  en  cuanto  durare  la  vida ;  que  en  la  chanci- 
llería  del  infierno  arrúgase  el  pergamino  y  consúmense 
las  letras;  y  el  que  en  el  mundo  es  virtuoso,  esees 
el  hidalgo,  y  la  virtud  es  la  ejecutoria  que  acá  res- 
petamos, pues  aunque  descienda  de  hombres  viles  y 


HISPA  NO- ARGENTINA  115 

bajos,  como  él  con  divinas  costumbres  se  haga  digno 
de  imitación,  se  hace  noble  á  sí  y  hace  linaje  para 
otros.  Reímonos  acá  de  ver  lo  que  ultrajáis  á  los 
villanos,  moros  y  judíos,  como  si  en  éstos  no  cupieran 
las  virtudes  que  vosotros  despreciáis.  Tres  cosas  son 
las  que  hacen  ridículos  á  los  hombres:  la  primera  la 
nobleza,  la  segunda  la  honra,  la  tercera  la  valentía, 
pues  es  cierto  que  os  contestáis  con  que  hayan  tenido 
vuestros  padres  virtud  y  nobleza  para  decir  que  la 
tenéis  vosotros,  siendo  inútil  parto  del  mundo.  Acierta 
á  tener  muchas  letras  el  hijo  del  labrador,  es  arzo- 
bispo el  villano  que  se  aplica  á  hones|;os  estudios,  y 
los  caballeros  que  descienden  de  buenos  padres,  como 
si  hubieran  ellos  de  gobernar  el  cargo  que  les  dan, 
quieren  (¡ved  qué  ciegos!)  que  les  valga  á  ellos 
viciosos  la  virtud  ajena  de  trescientos  mil  años,  ya 
casi  olvidada,  y  no  quieren  que  el  pobre  se  honre 
con  la  propia.  »  Carcomióse  el  hidalgo  de  oir  estas 
cosas,  y  el  caballero  que  estaba  á  su  lado  se  afligía, 
pegando  los  abanillos  del  cuello  y  volviendo  las 
cuchilladas  de  las  calzas. 

LETRILLA 

Después  que  de  puro  viejo 
Caduca  ya  mi  vestido, 
Corno  como  un  descocido, 
Por  estarlo  iiasta  el  pellejo: 
No  acierto  á  topar  consejo 
Que  pueda  ponerme  en  salvo, 
Contra  un  lierreruelo  calvo, 
Y  una  sotana  lampiña, 
Que  cuando  mejor  se  aliña 
Me  descubre  todo  el  lomo. 
Yo  me  soy  el  rey  Palomo, 
Yo  me  lo  guiso  yo  me  lo  como. 

Si  va  á  decir  la  verdad, 
üe  nadie  se  me  da  nada, 


116  ANTOLOGÍA   KSCOLAR 

Que  pl  ánima  apicarada, 
Me  lia  dado  esta  libertad. 
Sólo  Hamo  majestad 
Al  rey,  con  que  hago  la  suerte  : 
No  temo  en  damas  la  muerte 
Tanto  como  en  un  doctor, 
Que  las  cosas  del  amor 
Como  me  vienen  las  torno. 
Yo  me  soy  el  rey  Palomo, 
Yo  me  lo  guiso  yo  me  lo  como 
Para  mi  no  hay  demasías. 
Ni  prerogalivas  necias 
De  los  que  se  hacen  venecias  ; 
Sólo  por  ser  señorías. 
En  mi  mesa  las  harpías 
Mueren  de  hambre  contino  ; 
Pídola  para  el  camino. 
Si  me  despide  mí  dama  ; 
Mas  si  á  mí  ventura  llama, 
Después  de  comer  me  asomo. 
Yo  me  soy  el  rey  Palomo, 
Yo  me  lo  guiso  yo  me  lo  como. 
Kntre  nobles  no  me  encojo, 
Que,  según  dice  una  ley, 
Si  es  de  buena  sangre  el  rey. 
Es  de  tan  buena  su  piojo. 
Con  nada  me  crece  el  ojo. 
Si  no  es  con  una  liincha/.on. 
Mas  estimo  un  dan,  (¡ue  un  don, 
V  es  mí  fuerza  y  vigor  lanío, 
Que  un  testimonio  levanto, 
Auuíiue  pese  más  que  plomo. 
Yo  me  soy  el  rey  Palomo, 
Yo  me  lo  guiso  yo  me  lo  como. 


HISl'ANO-AHíiKNTlNA  117 


POLÍTICA   DE   DIOS 

BUEN  rey  y  malos  ministros  es  cosa  dañosa  á  la 
república;  y  hubo  árabe  que  tuvo  opinión  que 
era  mejor  mal  rey  y  buenos  ministros.  El  ángel 
venia  á  dar  virtud  á  las  aguas,  revolvía  la  piscina. 
Pero  si  siendo  un  ángel  el  que  venia  del  cielo,  el 
que  asistía  á  esta  obra,  eran  tales  los  ministros,  que 
habia  treinta  y  ocho  años  que  estaba  este  en  su 
enfermedad  por  falta  de  hombre,  ¿  qué  importa  que 
el  rey  sea  un  ángel,  si  los  ministros  son  desapia- 
dados y  entre  todos  ellos  no  halla  un  hombre  quien 
más  le  ha  menester?  ¿Qué  cosa  es  una  república 
sino  una  piscina?  ¿Qué  ha  de  ser  un  rey  sino  un 
ángel  que  la  mueva  y  la  dé  virtud  ?  ¿  Qué  cosa  son 
los  pretendientes,  y  los  beneméritos,  y  los  agraviados, 
y  los  oprimidos,  y  los  pobres  y  las  viudas,  sino  enfer- 
mos que  aguardan  salud  de  las  aguas  de  la  justicia 
y  de  la  misericordia  y  grandeza  del  rey?  Pero  si  los 
ministros  son  tales  que  prefieren  unos  á  otros  por 
su  voluntad,  y  olvidan  al  que  más  necesidad  tiene, 
obligarán  á  que  venga  Dios  á  desagraviar  los  des- 
validos. 

Pues  si  en  la  piscina  que  revolvía  un  ángel  que 
bajaba  del  cielo,  habia  esta  desorden,  ¿qué  habrá  en. 
la  del  gobierno  y  los  cargos  y  mercedes,  que  las  más 
veces  la  revuelve  Satanás,  y  las  más  veces  la  revuel- 
ven los  hombres,  ó  son  ministros  los  diablos,  que 
por  otro  nombre  se  llaman  los  ambiciosos,  los  sober- 
bios y  los  tiranos?  Señor,  bueno  es  que  el  rey  sea 
ángel ;  mas  ha  de  ser  para  los  que  supieren  ser  hom- 
bres con  los  necesitados.  Ángel  de  ser;  mas  por  su 
mano  ha  de  revolver  las  aguas  de  la  piscina.  La 
virtud  él  la  ha  de  dar,  y  no  otro;  no  lo  ha  de  remitir 
á  nadie. 


118  ANTOLOGÍA  ESCOLAR 


LUIS  DE  GÓNGORA  Y  ARGOTE  (1561-1627) 


Se  le  tiene,  quizás  sin  razón,  por 
jefe  del  culteranismo.  Enriqueció  con 
nuevos  modos  de  decir  el  idioma, 
siendo  gran  poeta  siempre,  pues,  aun 
en  sus  extravagancias  imprime  el 
sello  de  su  inconfundible  persona- 
lidad. 


A   LA   ROSA  Y  SU   BREVEDAD 


Soneto 

Púrpura  ostenta,  disimula  nieve, 
•entre  malezas  peregrina  rosa, 
que  mil  afectos  suspendió  frondosa, 
que  mil  donaires  ofendió  por  breve. 

Madre  de  olores  á  quien  ámbar  debe 
lisonjas,  no  por  prendas  de  la  diosa, 
mas  porque  á  las  aromas  deliciosa 
lo  mas  sutil  de  sus  alientos  bebe. 

I'^n  prevenir  al  sol  tomó  licencia  ; 
sintiólo  él,  que  desde  un  alto  risco 
sol  de  las  llores  halla  que  le  incita. 

Miróla,  en  fin,  ardiente  basilisco 
y,  ofendido  de  tanta  competencia, 
fulminado  veneno  la  marchita. 


HISPANO-AMEUICANA  119 


Romance 

Amarrado  al  duro  banco 
de  una  galera  turquesca, 
ambas  manos  en  el  remo 
y  ambos  ojos  en  la  tierra, 
un  forcado  de  Dragut, 
en  la  playa  de  Marbella 
se  quexaba  al  ronco  son 
del  remo' y  déla  cadena  : 
«  i  Oh  sagrado  mar  de  España, 
fiímosa  playa  y  serena, 
teatro  donde  se  han  hecho 
cien  mil  navales  tragedias  ! 
Pues  eres  tú  el  mismo  mar 
que  con  sus  crecientes  besas 
las  murallas  de  mi  patria, 
coronadas  y  soberbias, 
traeme  nuevas  de  mi  esposa, 
y  dime  si  han  visto  ciertas 
las  lágrimas  y  suspiros 
(|ue  me  dize  por  sus  letras  ; 
porque  si  es  verdad  que  llora 
mi  cautiverio  en  su  arena, 
bien  puedes  al  mar  del  Sur 
vencer  en  lucientes  perlas. 
Dame  ya,  sagrado  mar, 
á  mi  demanda  respuesta, 
que  bien  puedes,  si  es  verdad 
que  las  aguas  tienen  lenguas. 
Pero,  pues  no  me  responde, 
sin  duda  alguna  que  es  muerta  ; 
aunque  no  lo  debe  ser, 
pues  que  yo  vivo  en  su  ausencia. 


120  ANTOLOGÍA   ESCOLAR 

Pues  he  vivido  diez  años 
sin  libertad  y  sin  ella, 
siempre  al  remo  condenado, 
á  nadie  matarán  penas.  » 
Kn  esto  se  descubrieron 
de  la  Religión  seis  velas, 
y  el  cómitre  mandó  usar 
al  [oreado  de  su  fuerza. 


BALTASAR  GRACIÁN  (1601-1658 


líscritor  siempre  profundo,  logra 
condensar  muchas  ideas  en  pocas 
palaiiras.  Espíritu  filosófico,  se  le- 
considera  como  el  más  genuino  re- 
l)resenlante  del  conreplisiuo. 


EL   MUSEO   DEL     DISCRETO 


SOLICITABA  un  entendido,  por  todo  un  cuidado 
emporio  y  aun  dicen  corte,  una  casa  que  fuese 
de  personas ;  mas  en  vano.  Porque,  aunque  entró 
en  muchas  curioso,  de  todas  salió  desagradado,  por 
hallarlas,  cuanto  más  llenas  de  ricas  alhajas,  tanto 
más  vacías  de  las  preciosas  virtudes.  Guióle  ya  su 
dicha  á  entrar  en  una  y  aun  única.  Y  al  punto 
volviéndose  á  sus  discretos  les  dijo :  Ya  estamos  entre 
personas:  esta  casa  huele  á  hombre. — ¿En  qué  lo 
conoces?  le  preguntaron.  —  Y  él:  ¿no  veis  aquellos 
vestigios  de  discreción?  Y  mostróles  algunos  libros 
que  estaban  á  mano:  Estas,  ponderaba,  son  las  pre- 
ciosas alhajas  de  los  entendidos.  ¿Qué  jardín  del  Abril,, 
qué  Aranjuez  del  Mayo,  como  una  librería  selecta? 
¿Qué  convite  más  delicioso  para  el  gusto  de  un 
discreto,    como    un  culto   museo,  donde  se  recrea  el 


IHSI'ANO-AHílKNTINA  .  121 

entendimiento,  se  enriquece  la  memoria,  se  alimenta 
la  voluntad,  se  dilata  el  corazón  y  el  espíritu  se 
satisface?  No  hay  lisonja,  no  hay  fullería  para  un 
ino^enio,   como  un  libro  nuevo  cada  dia. 

Las  pirámides  de  Egipto  ya  acabaron,  las  torres 
de  Babilonia  cayeron,  el  romano  coliseo  pereció,  los 
palacios  dorados  de  Nerón  caducaron,  todos  los  mila- 
gros del  mundo  desaparecieron  y  solos  permanecen 
los  inmortales  escritos  de  los  sabios,  que  entonces 
florecieron,  y  los  insignes  varones  que  celebraron,  ¡Oh^ 
gran  gusto  el  de  leer!  Empleo  de  personas  que,  si 
no  las  halla,  las  hace.  Poco  vale  la  riqueza  sin  la 
sabiduria  y  de  ordinjirio  andan  reñidas.  Los  que  más 
tienen  menos  saben  y  los  que  más  saben  menos 
tienen.  Oue  siempre  conduce  la  ignorancia  borregos 
con  bellocino  de  oro. 

Aquí  exclamó  Critilo:  ¡Oh,  fruición  del  entendi- 
miento! ¡Oh,  tesoro  de  la  memoria,  realce  de  la  volun- 
tad, satisfacción  del  alma,  paraíso  de  la  vida  ¡  Gusten 
unos  de  jardines,  hagan  otros  banquetes,  sigan  éstos 
la  caza,  cébense  aquellos  en  el  juego,  rocen  galas, 
traten  amores,  atesoren  riquezas  con  todo  género  de 
gustos  y  de  pasatiempos;  que  para  mí  no  hay  gusto 
como  el  leer  ni  centro  como  una  selecta  librería. 

De  El  Criticón  —  (a'isi  l  v. 


122  ANTOLOGÍA  ESCOLAR 


FRAY   BENITO  J.  FEIJÓO  (1676-1764) 


Hniinente  polígrafo,  de  espirita  in- 
dependiente, si  lio  puede  mostrarse 
como  ejemplo  de  casticismo,  en  cam- 
bio hay  que  confesar  que  pocos  le 
vencen  en  valentía  y  claridad. 

EN  la  copia  de  voces  (único  capítulo  que  puede 
desigualar  substancialmente  los  idiomas)  juzgo 
que  excede  conocidamente  el  castellano  al  fran- 
cés. Son  muchas  las  voces  castellanas  que  no  tienen 
equivalente  en  la  lengua  francesa,  y  pocas  he  obser- 
vado en  esta  que  no  la  tengan  en  la  castellana. 
Especialmente  de  voces  compuestas  abunda  tanto 
nuestro  idioma,  que  dudo  que  le  iguale  aun  el  latino 
ni  otro  alguno,  exceptuando  al  griego.  El  canciller 
Bacón,  ofreciéndose  hablar  de  aquella  versatilidad 
política  que  constituye  á  los  hombres  capaces  de 
manejar  en  cualquiera  ocurrencia  su  fortuna,  confiesa, 
que  no  halla  en  alguna  de  las  cuatro  lenguas,  inglesa, 
latina,  italiana  y  francesa,  voz  que  signifique  lo  que 
la  castellana  desenvoltura.  Y  acá  estamos  tan  de  sobra, 
que  para  significar  lo  mismo  tenemos  otras  dos  voces 
equivalentes:  despejo  y  desembarazo. 

Nótese  que  en  todo  género  de  asuntos  escribieron 
bien  algunas  plumas  españolas  sin  mendigar  nada 
de  otra  lengua.  La  elegancia  y  pureza  de  don  Carlos 
Coloma  y  don  Antonio  de  Solís,  en  materia  de  his- 
toria, no  tiene  que  envidiar  á  los  mejores  historiadores 
latinos:  las  empresas  políticas  de  Saavedra  fundieron 
á  todo  Tácito  en  castellano,  sin  el  socorro  de  otro 
idioma.  Las  teologías  expositiva  y  moral  se  hallan 
vertidas  en  infinitos  sermones  de  bello  estilo.  ¿  Qué 


HISPANO-ARGEXTINA  123 

autor  latino  escribió  con  más  claridad  y  copia  la 
mística,  que  Santa  Teresa?  ¿Ni  la  escolástica  en  los 
puntos  más  sublimes  de  ella,  que  la  madre  María  de 
Agreda?  En  los  asuntos  poéticos,  ninguno  hay  que 
las  musas  no  hayan  cantado  con  alta  melodía  en  la 
lengua  castellana.  Garcilaso,  Lope  de  Vega,  Góngora, 
Que  vedo,  Mendoza,  Solís  y  otros  muchos,  fueron 
cisnes  sin  vestirse  de  plumas  extranjeras.  Singular- 
mente se  ve,  que  la  lengua  castellana  tiene  para  la 
poesía  heroica  tanta  fuerza  como  la  latina  en  la 
traducción  de  Lucano,  que  hizo  don  Juan  de  Jáure- 
gui;  donde  aquella  arrogante  valentía,  que  aún  hoy 
asusta  á  los  más  apasionados  de  Virgilio,  se  halla 
con  tanta  integridad  trasladada  á  nuestro  idioma, 
que  puede  dudarse  en  quién  brilla  más  espíritu,  si 
en  la  copia,  si  en  el  original.  Últimamente  escribió 
de  todas  las  matemáticas,  estudio  en  que  hasta  ahora 
se  habían  descuidado  los  españoles,  el  padre  Vicente 
de  Toska,  corriendo  su  dilatado  campo,  sin  salir  del 
patrio  idioma.  En  tanta  variedad  de  asuntos  se  expli- 
caron excelentemente  los  autores  referidos,  y  otros 
infinitos  que  pudiera  alegar,  sin  tomar  ni  una  voz 
de  la  lengua  francesa.  Pues  ¿á  qué  propósito  nos  la 
introducen  ahora? 

Del  Teatro  Critico. 


124  ANTOLOGÍA   i:.S(:OLAJi 


IGNACIO  DE  LUZÁN  (1702-1754) 


Crilico  literario,  ejerció  funesta  iii- 
lluencia  en  los  escritores  de  su  época^ 
y,  si  bien  á  veces  es  atinado  en  sus 
juicios,  en  otras  los  extrema  hasta  el 
punto  de  revelar  falta  ile  gusto  y 
sobrada  ligereza. 


DÉ     LA      POÉTICA 


Fragmknto 

LA  teología  le  alumbró — al  hombre —  para  las 
sobrenaturales,  la  física  para  las  sensibles,  la 
moral  para  las  humanas,  y  así  las  demás  artes 
y  ciencias  le  hicieron  luz  para  descubrir  algo  de  la 
verdad.  Pero  entre  todas,  la  que  con  luz  más  pro- 
porcionada á  nuestros  ojos,  y  más  útil,  al  paso  que 
más  brillante,  resplandece,  es  la  í'oesía :  porque  como 
los  que  salen  de  un  parage  obscuro  no  pueden  sufrir 
luego  los  rayos  del  sol,  si  primero  no  acostumbran 
poco  á  poco  la  vista  a  ellos,  así,  según  el  pensa- 
miento de  Plutarco,  los  que  de  las  tinieblas  de  la 
ignorancia  común  salen  á  la  luz  de  las  ciencias  más 
luminosas,  quedan  deslumhrados  al  golpe  repentino 
de  su  excesivo  resplandor.  Mas  como  la  luz  de  la 
Poesía,  en  quien  está  mezclado  lo  verdadero  á  lo 
aparente  ó  imaginario,  es  más  templada,  y  ofende 
menos  la  vista  que  la  de  la  moral,  en  quien  todo 
es  luz  sin  sombra  alguna,  puede  el  hombre  acercarse 
á  ella  sin  cegar,  y  fijar  los  ojos  en  sus  rayos  sin 
molestia  ni  cansancio. 

P^sta    es    la  razón,  y  éste  el  origen  de  la  utilidad 


HISPANO-AUC.ENTINA  125 

poética,  que  consiste  en  que  siendo  nuestra  vida  débil 
\-    corta,    y    no    pudiendo    por  esto  sufrir,  sin  cegar, 
todos    de    golpe    los   rayos  de  la  moral,  se  acomoda 
<:on  gusto  y  provecho  á  la  moderada  luz  de  la  Poesía, 
■que    con    sus    fábulas  y  velos  interpuestos  rompe  el 
primer    ímpetu,    y    templa  la  actividad  de  la  luz  de 
las  demás  ciencias.  Tras  esto,  como  los  hombres  ape- 
tecen más  lo  deleitable  que  lo  provechoso,  encuentran 
-desabrido  todo  lo  que  no  los  engolosina  con  el  saínete 
de  algún  deleite:  y  esto  es  lo  que  se  halla  abundan- 
temente  en  la  Poesía,  y  la  hace  útilísima;  pues  las 
•otras  '  ciencias   nos  enseñan  la  verdad  simple  y  des- 
nuda, y  el  camino  de  la  virtud  y  de  la  gloria,  arduo, 
áspero    y    lleno    de  abrojos;  mas  por  el  contrario  la 
Poesía  nos  enseña  la  verdad,  pero  adornada  de  ricas 
galas,    y,    como    dijo    el    Tasso,    sozouada    en  dulces 
versos;  y  nos  guía  á  la  virtud  y  á  la  gloria  por  un 
camino  amenísimo,  cuya  hermosura  engaña  y  embe- 
lesa de  tal  suerte  nuestro  cansancio,  que  nos  hallamos 
-en  la  cumbre  sin  sentir  que  hemos  subido  una  cuesta 
muy  áspera.  Nos  dice,  por  ejemplo,  la  filosofía,  que 
la  pobreza  puede  ser  feliz,  si  quiere  serlo:  que  vencer 
una  pasión  propia  es  mayor  hazaña  que  triunfar  de 
un  enemigo:  que  la  riqueza  y  el  poder  no  hacen  feliz 
al  hombre,  etc.  Estas,  y  otras  mil  máximas  y  verda- 
des semejantes,  que  nos  enseña  la  filosofía,  son  sim- 
ples,   desnudas,    y    cuesta    arriba  para  el  vulgo,  que 
despreciándolas  por  su  desnudez,  y  desechándolas  por 
su    novedad,    ó   no  les  dá  oído,  ó  las  juzga  extrava- 
gantes   é   impracticables.     Pero    la  poesía,  siguiendo 
otro  rumbo,  propone  estas  mismas  máximas  con  tal 
artificio,    con    tales    adornos,    y    con    colores  y  luces 
tan    proporcionadas    á   la  corta  vista  del  vulgo,  que 
no  hallando  éste  razón  para  negarse  á  ellas,  es  preciso 
que  se  dé  á  partido,  y  se  deje  vencer  de  su  persua- 
ción.     Las    severas   máximas  de  la  filosofía,  no  solo 
no    adornan    la    verdad,    ni  persuaden  la  virtud  que 
enseñan,  sino  que  antes  parece  que  ahuyentan  á  los 


126  ANTOLOGÍA  ESCOLAR 

hombres  de  ellas,  por  la  austeridad  y  entereza  que 
ostenta;  pero  la  Poesía  persuade  con  increíble  fuerza 
aquello  mismo  que  enseña.  La  filosofía,  en  fin,  habla 
al  entendimiento:  la  Poesía  al  corazón,  en  cuyo  inte- 
rior alcázar,  introduciendo  disfrazadas  las  máximas 
filosóficas,  se  enseñorea  de  el  como  por  interpresa, 
y  logra  con  estratagema  lo  que  otras  ciencias  no 
pueden  lograr  con  guerra  abierta. 

Esta  es  la  utilidad  principal  de  la  Poesía;  á  la  cual 
se  puede  añadir  la  que  resulta  de  la  misma  conside- 
rada como  recreo  y  entretenimiento  honesto,  en  cuya 
consideración,  hace  grandes  ventajas  á  todas  las  de- 
más diversiones:  pues  la  Poesía,  finalmente,  aunque 
carezca  de  toda  otra  utilidad,  tiene  por  lo  menos  la 
de  enseñar  discreción,  elocuencia  y  elegancia. 


NICOLÁS  FERNÁNDEZ  MORATÍN  (1737-1780) 


Más  notable  como  poeta  que  coni» 
dramaturgo,  pues  si  sus  obras  tea- 
trales no  alcanzaron  ruidoso  éxito, 
en  cambio  en  sus  versos  revela  ver- 
dadera inspiración  y  dominio  de  la. 
rima. 


Romance 

Madrid,  castillo  famoso 
Que  al  rey  moro  alivia  el  miedo 
Arde  en  fiestas  en  su  coso 
Por  ser  el  natal  dichoso 
De  Alimenon  de  Toledo. 

Su  bravo  alcaide  Aliatar, 
De  la  hermosa  Zaida  amante, 
Las  ordena  celebrar, 


HISPANO-AHGENTINA  127 

Por  si  la  puede  ablandar 
El  corazón  de  diamante. 

Pasó,  vencida  á  sus  ruei^os, 
Desde  Aravaca  á  Madrid  ; 
Hubo  pandorgas  y  fuegos. 
Con  otros  nocturnos  juegos 
Que  dispuso  el  adalid. 

Y  en  adargas  y  colores, 
Kn  las  cifras  y  libreas. 
Mostraron  los  amadores, 

Y  en  pendones  y  preseas, 
La  dicha  de  sus  amores. 

Vinieron  las  moras  bellas 
De  toda  la  cercanía, 

Y  de  lejos  muchas  de  ellas  : 
Las  más  apuestas  doncellas 
Que  España  entonces  tenia. 


Ninguno  al  riesgo  se  entrega 
Y  está  en  medio  el  toro  fijo  ; 
Cuando  un  portero  que  llega 
De  la  puerta  de  la  Vega 
Hincó  la  rodilla  y  dijo  : 

«  Sobre  un  caballo  alazano, 
Cubierto  de  galas  y  oro. 
Demanda  licencia  urbano 
Para  alancear  á  un  toro 
Un  caballero  cristiano.  » 

Mucho  le  pesa  á  Aliatar; 
Pero  Zaida  dio  respuesta 
Diciendo  que  puede  entrar  ; 
Porque  en  tan  solemne  fiesta 
Nada  se  debe  negar. 

Suspenso  el  concurso  entero 
Entre  dudas  se  embaraza, 
Cuando  en  un  potro  ligero 


128  ANTOUXiÍA    ESCOLA  11 

Vieron  entrar  por  la  plaza 
Un  bizarro  caballero  ; 

Sonrosado,  albo  color, 
Belfo  labio,  juveniles 
Alientos,  inquieto  ardor, 
En  el  florido  verdor 
l)e  sus  lozanos  abriles. 

Cuelga  la  rubia  guedeja 
Por  donde  el  almete  sube. 
Cual  mirarse  tal  vez  deja 
Del  sol  la  ardiente  madeja 
Kntre  cenicienta  nube. 

Gorguera  de  ancbos  follajes. 
De  una  cristiana  primores. 
En  el  yelmo  los  plumajes. 
Por  los  visos  y  celajes 
Verjel  de  diversas  flores. 

En  la  cuja  gruesa  lanza, 
Con  recamado  pendón, 
y  una  cifra  á  ver  se  alcanza 
Que  es  de  desesperación 
O  á  lo  menos  de  venganza. 

En  el  arzón  de  la  silla 
Ancho  escudo  reverbera 
Con  blasones  de  Castilla, 
Y  el  mote  dice  á  la  orilla: 
Nunca  mi  espada  venciera. 

Era  el  caballo  galán  ; 
El  bruto  más  generoso. 
De  más  gallardo  ademan  ; 
Cabos  negros,  y  brioso. 
Muy  tostado  y  alazán. 

Larga  cola  recogida 
En  las  piernas  descarnadas, 
Cabeza  pequeña,  erguida, 
Las  narices  dilatadas, 
Vista  feroz  y  encendida. 

Nunca  en  el  ancho  rodeo 


HISPANO  AliüENTINA  129 

Oue  da  Bétis  con  tal  fruto 
Pudo  ungir  el  deseo 
Mas  bella  estanipa  de  bruto, 
Ni  más  bernmso  paseo,  etc. 


GASPAR  MELCHOR  DE  JOVELLANOS  (1744-1811) 


El  hombre  más  grande  de  su  siglo, 
politice  hoiiradísiiiio  y  escritor  bri- 
llante. Aun  cuando  se  le  cita  como 
poeta  y  como  dramaturgo,  su  justa 
reputación  se  l)asa  en  la  variedad  de 
sus  conocimientos  y  en  sus  escritos 
didácticos,  políticos  y  económicos. 


ELOGIO   DE   CARLOS   I  II 


Fragmento 

EXTRE  tantos  estudios  no  tuvo  entonces  lugar 
la  economía  civil,  ciencia  que  enseña  á  gober- 
nar, cuyos  principios  no  ha  corrompido  todavía 
el  interés,  como  los  de  la  política ;  y  cuyos  progresos 
se  deben  enteramente  á  la  filosofía  de  la  presente 
edad.  Las  miserias  públicas  debían  despertar  alguna 
vez  al  patriotismo,  y  conducirle  á  la  indagación  de 
la  causa  y  al  remedio  de  tantos  males ;  pero  esta 
época  se  hallaba  todavía  muy  distante,  Entre  tanto 
que  el  abandono  de  los  campos,  la  ruina  de  las  fábri- 
cas y  el  desaliento  del  comercio  sobresaltaba  los 
corazones,  las  guerras  extranjeras,  el  fausto  de  la 
corte,  la  codicia  del  ministerio,  y  la  hidropesía  del 
erario  abortaban  enjambres  de  miserables  arbitristas, 
que  reduciendo  á  sistema  el  arte  de  estrujar  los 
pueblos,  hicieron  consumir  en  dos  reinados  la  sustan- 
cia de  muchas  generaciones. 


130  ANTOLOGÍA   ESCOLAR 

Entonces  fue  cuando  el  espectro  de  la  miseria, 
volando  sobre  los  campos  incultos,  sobre  los  talleres 
desiertos,  y  sobre  los  pueblos  desamparados  difundió 
por  todas  partes  el  horror  y  la  lástima.  Entonces  fue 
cuando  el  patriotismo  inflamó  el  celo  de  algunos 
generosos  españoles,  que  tanto  meditaron  sobre  los 
males  públicos,  y  tan  vigorosamente  clamaron  por 
su  reforma:  entonces  cuando  se  pensó  por  primera 
vez  que  habia  una  ciencia  que  enseñaba  á  gobernar 
los  hombres  y  hacerlos  felices:  entonces  finalmente 
cuando  del  seno  mismo  de  la  ignorancia  y  el  desorden 
nació  el  estudio  de  la  economía  civil. 

¿  Pero  cuál  era  la  suma  de  verdades  y  conocimientos 
que  contenia  entonces  nuestra  ciencia  económica? 
¿Por  ventura  podremos  honrarla  con  tan  apreciable 
nombre?  Vacilante  en  sus  principios,  absurda  en  sus 
consecuencias,  equivocada  en  sus  cálculos  y  tan  des- 
lumbrada en  el  conocimiento  de  los  males  como  en 
la  elección  de  los  remedios,  apenas  nos  ofrece  una 
máxima  de  buen  gobierno.  Cada  economista  formaba 
un  sistema  peculiar,  cada  uno  le  derivaba  de  dife- 
rente origen;  y  sin  convenir  jamás  en  los  elementos, 
cada   uno    caminaba  á  su  objeto  por  distinta  senda. 

Estaba  reservado  á  Carlos  III  aprovechar  los  rayos 
de  luz  que  estos  dignos  ciudadanos  hablan  depositado 
en  sus  obras.  Estábale  reservado  el  placer  de  difun- 
dirlos por  su  reino,  y  la  gloria  de  convertir  sus 
vasallos  al  estudio  de  la  economía.  Sí,  buen  rey,  ve 
aquí  la  gloria  que  mas  distinguirá  tu  nombre  en  la 
posteridad.  El  santuario  de  las  ciencias  se  abre  sola- 
mente á  una  pequeña  porción  de  ciudadanos,  dedi- 
cados á  investigar  en  silencio  los  misterios  de  la 
naturaleza  para  declararlos  á  la  nación.  Tuyo  es  el 
cargo  de  recoger  sus  oráculos:  tuyo  el  de  comunicar 
la  luz  de  sus  investigaciones:  tuyo  el  de  aplicarla  á 
beneficio  de  tus  subditos.  La  ciencia  económica  te 
pertenece  exclusivamente  á  ti  y  á  los  depositarios 
de  tu  autoridad.    Los  ministros  que  rodean  tu  trono 


HISPANO-ARGENTINA  131 

constituidos  órganos  de  tu  suprema  voluntad:  los 
altos  magistrados  que  la  deben  intimar  al  pueblo^ 
y  elevar  á  tu  oido  sus  derechos  y  necesidades :  los 
que  presiden  al  gobierno  interior  de  tu  reino :  los 
que  velan  sobre  tus  provincias :  los  que  dirigen  inme- 
diatamente tus  vasallos  deben  estudiarla,  deben  saber- 
la, ó  caer  derrocados  á  las  clases  destinadas  á  trabajar 
y  obedecer.  Tus  decretos  deben  emanar  de  sus  prin- 
cipios y  sus  ejecutores  deben  respetarlos.  Ve  aquí  la 
fuente  de  la  prosperidad  ó  la  desgracia  de  los  vastos 
imperios  que  la  Providencia  puso  en  tus  manos.  No 
hay  en  ellos  mal,  no  hay  vicio,  no  hay  abuso,  que 
no  se  derive  de  alguna  contravención  á  estos  princi- 
pios. Un  error,  uií  descuido,  un  falso  cálculo  en 
economía  llena  de  confusión  las  provincias,  de  lágri- 
mas los  pueblos,  y  aleja  de  ellos  para  siempre  la 
felicidad.  Tú,  señor,  has  promovido  tan  importante 
estudio:  haz  que  se  estremezcan  los  que  debiendo 
ilustrarse  con  él  lo  desprecien  ó  insulten. 

Apenas  sube  Carlos  al  trono,  cuando  el  espíritu 
de  examen  y  reforma  repasa  todos  los  objetos  de  la 
economía  pública.  La  acción  del  gobierno  despierta 
la  curiosidad  de  los  ciudadanos,  renace  entonces  el 
estudio  de  esta  ciencia,  que  ya  por  aquel  tiempo  se- 
llevaba  en  Europa  la  principal  atención  de  la  filosofía, 
España  lee  sus  mas  célebres  escritores,  examina  sus 
principios,  analiza  sus  obras:  se  habla,  se  disputa,  se 
escribe;  y  la  nación  empieza  á  tener  economistas. 


SÁTIRA 


Frag.mento 

Déjame,  Arnesto,  déjame  que  llore 
Los  fieros  males  de  mi  patria,  deja 


132  ANTOLOGÍA  KSCOLAR 

Que  su  ruina  y  perdición  lamente  ; 

Y  si  no  quieres  que  en  el  centro  oscuro 

De  esta  prisión  la  pena  me  consuma. 

Déjame  al  menos  que  levante  ol  garito 

Contra  el  desorden  :  deja  que  á  la  tinta 

Mezclando  liiel  y  acíbar,  siga  ind(3cil 

Mi  pluma  al  vuelo  del  bufón  de  Aquino, 

]  O  cuánto  rostro  veo  á  mi  censura 

De  palidez  y  de  rubor  cubierto  ! 

j  Animo  !  amigos  ;  nadie  tema,  nadie 

Su  punzante  aguijón,  (jue  yo  persigo 

En  mi  sátira  al  vicio,  no  al  vicioso. 

¿  Y  que  querrá  decir,  que  en  algún  verso 

Encrespada  la  bilis,  tire  un  rasgo, 

Que  el  vulgo  crea  que  señala  á  Alcinda  ? 

La  que,  olvidando  su  orgullosa  estirpe. 

Baja  vestida  al  Prado,  cual  pudiera 

Una  maja  con  trueno  y  rascamoño  : 

Alta  la  ropa,  erguida  la  caramba. 

Cubierta  de  un  cendal  mas  trasparente 

<^ue  su  intención,  á  ojeadas  y  meneos 

La  turba  de  los  tontos  concitando. 

¿  Podrá  sentir  que  un  dedo  malicioso. 

Apuntando  este  verso,  la  señale? 

Ya  la  notoriedad  es  el  mas  noble 

Atributo  del  vicio,  y  nuestras  Julias 

Mas  (|ue  ser  malas  quieren  parecerlo. 

Hubo  un  tiempo  en  que  andaba  la  modestia 

Dorando  los  delitos  :  bubo  un  tiempo 

En  que  el  recato  tímido  cubria 

La  fealdad  del  vicio,  pero  huyóse 

El  pudor  á  vivir  en  las  cabanas. 

€on  él  huyeron  los  dichosos  dias 

<}ue  ya  no  volverán  :  iiuyó  aquel  sigb» 

En  que  aun  las  necias  burlas  de  un  marido 

Las  bascuñadas  crédulas  tragaban. 

Mas  hoy  Alcinda  desayuna  al  suyo 

Con  ruedas  de  molino  :  triunfa,  gasta. 


HISPAXO-ARGKNTINA  135 

Pasa  sallando  las  eternas  noches 
Del  crudo  enero,  y  cuando  el  sol  tardío 
Rompe  el  oriento,  admírala  ¡golpeando, 
Cual  si  fuese  una  extraña,  al  propio  quicio. 


JUAN   MELÉNDEZ  VALDES  (1754-1817) 


Poeta  erótico,  ligiirantlo  en  la  lla- 
mada escuela  salmantina,  es,  á  pesar 
<ie  su  excesiva  dulzura,  uno  de  los 
maestros    de  la  poesia  anacreóntica.. 


ROSANA   EN   LOS   FUEGOS 

Del  sol  llevaba  la  lumbre 

Y  la  alegría  del  alba 
Hn  sus  celestiales  ojos 
La  liermosísima  Rosana, 
Una  noche  que  á  los  fuegos 
Salió  la  tiesta  de  Pascua, 
Y^^^á  embebecer  todo  el  valle 
Kn  sus  amorosas  ansias. 

La  primavera  florece 
De  la  huella  breve  estampa  ; 
Dó  plácida  mira,  rinde 
La  libertad  de  mil  almas. 
F.l  zéliro  la  acaricia 

Y  mansamente  la  halaga  : 
Los  Cupidos  la  rodean, 

Y  la  (iracias  la  acoutpañan. 

Y  ella,  cual  honor  del  llano 
Descuella  la  altiva  palma, 

Y  sus  flotantes  pimpollos 
Hasta  las  nubes  levanta  : 
O  cual  vid  de  fruto  llena 


134  ANTOLOC.ÍA    KSCOLAU 

Que  con  el  olmo  se  abraza, 
Sus  largos  vastagos  tiende 
Al  arbitrio  de  las  ramas  ; 
Asi  entre  sus  compañeras 
KI  nevado  cuello  alza, 
Hermosa  en  medio  brillando 
Cual  fresca  rosa  entre  zarzas. 


Todos  los  ojos  se  lleva 
Tras  si  ;  todo  lo  avasalla  ; 
De  amor  mata  á  los  pastores, 

Y  de  envidia  á  las  zagalas. 

Ni  las  músicas  se  atienden, 
Ni  se  gozan  las  lumbradas, 
Que  todos  corren  por  verla, 

Y  al  verla  todos  se  abrasan. 

j  Qué  de  suspiros  se  escuchan  ! 
¡  Qué  de  vivas  y  de  salvas  ! 
No  hay  zagal  que  no  la  admire, 

Y  no  enloquezca  en  loarla. 
Cual  absorto  la  contempla, 

Y  á  la  aurora  la  compara, 
Que  radiante  al  sol  precede, 

Y  el  cielo  en  albores  baña  : 
Quien  al  fresco  y  verde  aliso. 
Que  al  pie  de  corriente  mansa. 
Su  pompa  y  móviles  hojas 

F.n  sus  cristales    retrata  : 
Cual  á  la  luna,  si  ostenta 
iJe  luceros  coronada, 
Venciendo  las  altas  cumbres, 
Llena  su  esfera  de  plata  : 
Otros  pasmados  la  miran 

Y  mudamente  la  alaban, 

Y  mientras  mas  la  contemplan, 
Muy  mas  hermosa  la  hallan  ; 
Que  es  como  el  cielo  su  rostro, 


mSPANO-AIUlENTIX.V  135 

Cuando  en  una  noche  clara 
Con  su  ejército  de  estrellas, 
tirilla,  y  los  ojos  encanta  : 


j  Oh  !  qué  de  zelos  se  encienden  ! 

Y  ansias  y  zozobras  causa 
Kn  las  serranas  del  Tórines 
Su  perfección  sobrehumana  ! 
Todas  humilladas  pasan, 
Mas  sil)  osar  murmurarla  ; 
<^ue  como  el  oro  mas  puro, 
No  sufre  una  leve  mancha. 

i  Bien  haya  tu  gentileza. 
Una  y  mil  veces  bien  haya  ; 

Y  abrase  la  envidia  al  pueblo. 
Hermosísima  aldeana. 

Toda,  toda  eres  delicias, 
Toda  eres  donaire  y  gracia  ; 
Kl  Amor  rie  en  tus  ojos, 

Y  la  gloria  está  en  tu  cara  : 

La  libertad  me  lias  robado  ; 
Favorable  allá  la  guarda, 

Y  m\  vida  y  mi  ser  todo, 
<^)ueahincados  se  te  consagran. 

Así  un  zagal  le  decia 

Con  cláusulas  mal  formadas. 

Que  salió  libre  á  los  fuegos, 

Y  volvió  cautivo  á  casa. 

De  entonces  penado  y  triste 
El  dia  á  sus  puertas  le  halla  : 
Ayer  le  cantó  esta  letra, 
Echándole  la  alborada  : 
Linda  Zagaleja 

De  cuerpo  gentil, 

Muérome  de  amores 

Desde  que  te  vi. 


136  ANTOLOGÍA    ESCOLAR 

Tu  talle,  tu  aseo, 
Tu  gala  y  donaire 
No  tienen.  Serrana, 
Igual  en  el  valle  ; 
Del  cielo  son  ellos, 
Y  tií  un  serafín  : 

Muéronie  de  amores 
Desde  que  te  vi. 

De  amores  me  muero. 
Sin  que  nada  alcanze 
A  darme  la  vida, 
Que  allá  me  llevaste  ; 
Si  no  no  te  condueles. 
Sensible  de  mi. 

Que  muero  de  amores 
Desde  ijue  te  vi. 


LEANDRO  FERNÁNDEZ  DE  MORATÍN  (1760-1828) 


Uno  de  los  dramaturgos  más  iiota- 
Jjles  de  su  siglo,  y  á  la  vez  poeta 
delicado  y  excelente  prosista. 


LA    COMEDIA     NUEVA 


Mar.  Pues    siempre  me  está  usted  diciendo  eso. 

(Sale  Pipí  por  la  puerta  del  foro  con  platos^ 
botellas^  etc.  Lo  deja  todo  sobre  el  viostrador,  y 
vuelve  á  irse  por  la  misma  parte.)  Vaya,  que 
algunas  veces  me...  ¡Ay,  don  Hermógenes! 
No  sabe  usted  qué  ganas  tengo  de  ver  estas 
cosas  concluidas,  y  podernos  ir  á  comer  un 
pedazo  de  pan  con  quietud  á  mi  casa,  sin 
tener  que  sufrir  tales  sinrazones. 


niSPANO-AHEüNTINA  137 

Hkr.  No    el    pedazo    de    pan,    sino   ese  hermoso 

pedazo  de  cielo,  me  tiene  á  mí  impaciente 
hasta  que  se  verifique  el  suspirado  consorcio. 

Mar.  ¡Suspirado,  sí,  suspirado!  ¡Quién  le  creyera 

á  usted! 

Her.  Pues    ¿quién    ama   tan  de  veras  como  yo? 

¿cuándo  ni  Piramo,  ni  Marco  Antonio,  ni  los 
Ptolonieos  egipcios,  ni  todos  los  Seleucidas 
de  Asiria  sintieron  jamás  un  amor  compara- 
ble al  mío? 

Agu.  ¡Discreta    hipérbole!  ¡Viva,  viva!    Respón- 

dele, bruta. 

Mar.  ¿Q^ié  he  de  responder,  señora,  si  no  le  he 

entendido  una  palabra? 

Agu.  ¡Me  desespera! 

Mar.  Pues  digo  bien.  ¿Qué  sé  yo  quien  son  esas 

gentes  de  quien  está  hablando?  Mire  usted,., 
para  decirme:  Mariquita,  yo  estoy  deseando 
que  nos  casemos;  así  que  su  hermano  de 
usted  coja  esos  cuartos,  verá  usted  como  todo 
se  dispone;  porque  la  quiero  á  usted  mu}»^ 
mucho,  y  es  usted  muy  guapa  muchacha,  y 
tiene  usted  unos  ojos  muy  peregrinos,  y  ¿qué 
sé  yo?  Así,  Las  cosas  que  dicen  los  hombres.- 

Agu.  Sí,  los  hombres  ignorantes,  que  no  tienen 

crianza  ni  talento,  ni  saben  latin. 

Mar.  ¡Pues,  latin!  Maldito  sea  su  latin.  Cuando- 

le  pregunto  cualquiera  friolera,  casi  siempre 
me  responde  en  latin ;  y  para  decir  que  se 
quiere  casar  conmigo,  me  cita  tantos  autores... 
Mire  usted  que  entenderán  los  autores  de  eso, 
ni  que  les  importará  á  ellos  que  nosotros 
nos  casemos  ó  no. 

Agu.  ¡Que  ignorancia!  Vaya,  don  Hermógenes; 

lo  que  le  he  dicho  á  usted.  Es  menester  que 
usted  se  dedique  á  instruirla,  y  descortezarla;, 
porque,  la  verdad,  esa  estupidez  me  aver- 
güenza. Yo,  bien  sabe  Dios  que  no  he  podido- 


138  ANTOLOGÍA   ESCOLAR 

mas;  ya  se  ve,  ocupada  continuamente  en 
ayudar  á  mi  marido  en  sus  obras,  en  corre- 
gírselas (como  usted  habrá  visto  muchas 
veces),  en  sugerirle  ideas  á  fin  de  que  salgan 
con  la  debida  perfección,  no  he  tenido  tiempo 
para  emprender  su  enseñanza.  Por  otra  parte, 
es  increible  lo  que  aquellas  criaturas  me 
molestan.  El  uno  que  llora,  el  otro  que  quiere 
mamar,  el  otro  que  rompió  la  taza,  el  otro 
que  se  cayó  de  la  silla,  me  tienen  continua- 
mente afanada.  Vaya;  yo  lo  he  dicho  mil 
veces :  para  las  mujeres  instruidas  es  un 
tormento  la  fecundidad. 

Mar.  ¡Tormento!  ¡Vaya,  hermana,  que  usted  es 

singular  en  todas  sus  cosas !  Pues  yo,  si  me 
caso,  bien  sabe  Dios  que... 

Agu.  Calla,    majadera,    que    vas   á  decir  un  dis- 

parate. 

Her.  Yo  la  instruiré  en  las  ciencias  abstractas; 

la  enseñaré  la  prosodia;  haré  que  copie  á 
ratos  perdidos  el  Arte  Magna  de  Raimundo 
Lulio,  y  que  me  recite  de  memoria  todos  los 
martes  dos  ó  tres  hojas  del  Diccionario  de 
Rubiños.  Después  aprenderá  los  logaritmos 
y  algo  de  la  estática;  después... 

Mar.  Después  me  dará  un  tabardillo  pintado,  y 

me  llevará  Dios.  ¡  Se  habrá  visto  tal  empeño ; 
No,  señor,  si  soy  ignorante,  buen  provecho 
me  haga.  Yo  sé  escribir  y  ajustar  una  cuenta, 
sé  guisar,  sé  planchar,  sé  coser,  sé  zurcir,  sé 
bordar,  sé  cuidar  de  una  casa :  yo  cuidaré  de 
la  mía  y  de  mi  marido,  y  de  mis  hijos,  y  yo 
me  los  criaré.  Pues,  señor,  ¿no  sé  bastante? 
\  Que  por  fuerza  he  de  ser  doctora  y  mari- 
sabidilla, y  que  he  de  aprender  la  gramática, 
y  que  he  de  hacer  coplas!  ¿Para  que?  ¿para 
perder  el  juicio?  que  permita  Dios  si  no 
parece    casa   de    locos   la  nuestra,  desde  que 


HISPANO-AUGENTINA  139 

mi  hermano  ha  dado  en  esas  manías.  Siempre 
disputando  marido  y  mujer  sobre  si  la  escena 
«s  larga  ó  corta,  siempre  contando  las  letras 
por  los  dedos  para  saber  si  los  versos  están 
cabales  ó  no,  si  el  lance  á  oscuras  ha  de  ser 
antes  de  la  batalla  ó  después  del  veneno,  y 
manoseando  continuamente  Gacetas  y  Mercu- 
rios para  buscar  nombres  bien  estravagantes, 
que  casi  todos  acaban  en  of  y  en  graf^  para 
embutir  con  ellos  sus  relaciones...  y  entre 
tanto  ni  se  barre  el  cuarto,  ni  la  ropa  se  lava, 
ni  las  medias  se  cosen  ;  y  lo  que  es  peor,  ni 
se  come,  ni  ^e  cena.  ¿  Qué  le  parece  á  usted 
que  comimos  el  domingo  pasado,  donSerapio? 

Sep.  ¡Yo,  señora!  ¿Cómo  quiere  usted  que?... 

Mar.  Pues  lléveme  Dios  si  todo  el  banquete  no 

se  redujo  á  libra  y  media  de  pepinos,  bien 
amarillos  y  bien  gordos,  que  compré  á  la 
puerta,  y  un  pedazo  de  rosca  que  sobró  del 
dia  anterior.  Y  éramos  seis  bocas  á  comer, 
que  el  más  desganado  se  hubiera  engullido 
un  cabrito  y  media  hornada  sin  levantarse 
■  del  asiento. 

Agu.  Ksta  es  su  canción  ;  siempre  quejándose  de 

que  no  come  y  trabaja  mucho.  Menos  como 
yo,  y  más  trabajo  en  un  rato  que  me  ponga  á 
corregir  alguna  escena,  ó  arreglar  la  ilusión  de 
una  catástrofe,  que  tu  cosiendo  y  fregando,  ú 
ocupada  en  otros  ministerios  viles  y  mecánicos. 

Her.  Sí,    Mariquita,    sí :    en    eso   tiene  razón  mi 

señora  doña  Agustina.  Hay  gran  diferencia 
de  un  trabajo  á  otro,  y  los  experimentos 
cotidianos  nos  enseñan  que  toda  mujer  que 
es  literata  y  sabe  hacer  versos,  ipso  fado  se 
halla  exonerada  de  las  obligaciones  domés- 
ticas. Yo  lo  probé  en  una  disertación  que 
leí  á  la  academia  de  los  Cinocéfalos.  Allí 
sostuve   que   los  versos  se  confeccionan  con 


140  ANTOLOIÍÍA  ESCOLAR 

la  glándula  pineal,  y  los  canzoncillos  conr 
los  tres  dedos  llamados  pollex,  índex  é  infa- 
mis^  que  es  decir:  que  para  lo  primero  se 
necesita  toda  la  argucia  del  ingenio,  cuando 
para  lo  segundo  basta  sólo  la  costumbre  de 
la  mano.  Y  concluí,  á  satisfacción  de  toda 
mi  auditorio,  que  es  más  difícil  hacer  un 
soneto  que  pegar  un  hombrillo;  y  que  más 
elogio  merece  la  mujer  que  sepa  componer 
décimas  y  redondillas,  que  la  que  sólo  es 
buena  para  hacer  un  pisto  con  tomate,  un 
ajo  de  pollo  ó  un  carnero  verde. 
Mar.  Aun  por  eso  en  mi  casa  no  se  gastan  pistos, 

ni  carneros  verdes,  ni  pollos,  ni  ajos.    Ya  se 
ve,  en  comiendo  versos  no  se  necesita  cocina. 

Acto  II.  Esc.  I. 


RAMÓN    DE  LA  CRUZ  (1731-1794) 


Inventor  del  saínete,  género  nuis- 
artíslico  que  el  entremés,  hizo  alartle 
(le  conocer  profundamente  las  cos- 
tumbres de  su  época,  remozando  con. 
sus  obras  el  decaído  teatro   español 

EL     MUÑUELO 


Pepa.         Valor,  acuérdate  de  que  eres  mió; 
Y  de  que  como  dijo  el  otro  marras, 
En  no  sé  qué  comedia  de  treato, 
Saber  vencerse  es  la  mayor  liazai"ia 
El  rincor  en  nosotras,  ¿qué  es?  Impulso 
De  alborotar  las  callos  y  las  casas  : 
¿  Y  la  vergüenza  ?  Una  aprensión  que  suele 


hjsfaxo-aiu;i:nti\a  141 

Salir  á  los  carrillos  de  la  cara, 

Que  con  pasar  la  mano,  agur  amigo. 

Y  (|iieda  una  persona  descansada. 
Pues  fuera  de  rincor  y  de  vergüenza, 

Y  vamos  á  evitar  muchas  desgracias 
En  dos  familias  que  el  honor  han  sido 
De  todo  el  Avapiés  y  media  España. 
Curra,  Curra,   (A  su  puerta.) 

Cur.  (Sale.)   Ya  lo  oigo  :  ¿  qué  me  quieres  ? 

Pepa.        Solamente  decirte  una  palabra, 

Cur.  Dila. 

Pepa.  Y  que  me  respondas 

<2ur.  Pues  pregunta, 

Que  ya  están  las  orejas  destapadas. 
Pepa.        ¿.  Seuíos  mujeres,  dime  ó  no  lo  semos  ? 
Cur.  Sé  que  lo  soy,  y  no  me  importa  nada 

Que  tú  lo  seas ;  |)er<)  asi  parece. 
Pepa.         Di,  ¿  te  acuerdas  de  aquella  noche  infausta  ? 
Cur.  i  iMás  te  acordarás  tú  !  pero  adelante. 

Pepa,        Pues  chiton,  y  pelitos  al  mar  vayan. 
Cur.  Kstá  lejos  el  mar;  vayan  al  aire, 

Y  llegarán  primero;  á  la  sustancia. 
Pepa.         Pues  ya  sabes  ijue  hoy  llegan  de  presillo 

Nuestros  hermanos,  que  por  mote  llaman 
Al  mió  Roñas,  y  Pizpierno  al  tuyo. 
Cur.  Porque  lo  sé  me  he  puesto  medio  guapa  ; 

Y  ya  un  real  calesín  he  prevenido 
Para  irle  á  recibir  si  viene  á  pala, 

Y  que  como  quien  es  entre  en  la- corte. 
Pepa.        ¿  Y  el  barrio,  (|ué  dirá  de  esa  fanfarria 

Ku  una  lavandera  ? 
Cur.  ¿  V  tu,  (|ui(;n  eres? 

Una  triste  frutera  de  la  Plaza, 

Que  mientras  yo  me  lavo,  ella  se  ensucia 

Las  manos  con  la  fruta  remostada. 
í*epa.         Frutera  ó  no,  por  tin  he  socorrido 

A  mi  hermano,  y  le  digo  siempre  :  gasta 

Con  tu  persona  propia  y  tus  amigos, 


142  ANTOLOGÍA  ESCOLAR 

Que  aquí  está  Pepa. 
Cur.  ¿  Y  cuanto  le  enviabas  ?" 

Pepa.        Una  letra  formal  de  duro  y  medio, 

A  quince  dias  vista,  en  oro  ú  plata. 

¿  Qué  te  parece  ? 
Cur.  ¡  Como  cosa  tuya. 

Que  en  poniéndole  á  dar  eres  bizarra  ! 
Pepa.         Eso  no  viene  al  caso. 
Cur.  ¿  Pues  (|ue  viene  ? 

Pepa.        Que  sii/un  escribieron  en  su  carta 

Dende  Alucemas  á  mi  tia  .losilla. 

Cuyo  porte  pagó  con  tanta  rabia 

Que  la  mordió,  pato  solene  han  hecho 

Entramos  de  casarse  con  entramas. 
Cur.  ¿  Y  qué  mas  ?— 

Pepa.  Que  ya  sernos  todos  unos  : 

Y  que  como  de  amigas  á  cuñadas 
Hay  tanta  diferencia... 

Cur.  Eso  es  corriente. 

Pepa.        Quisiera... 

Cur,  ¿Qué  quisieras?  Pepa,  acaba 

Por  Dios,  que  tne  has  hecho  una  joroi)a 
En  la  pacencia  y  otra  en  las  espaldas, 

Pepa.        Quisiera  yo  que  nuestras  disinsiones 
A  los  oídos  en  jamas  llegaran 
L)e  nuestros  novios  á  la  trocadilla, 

Y  hermanos  :  pues  mi  Roñas  si  se  enfada 
Es  un  demonio—. 

Cur.  Y  u)i  Pizpierno  un  diablo 

Si  se  atufa  :  lo  propio  que  su  hermana. 

Supongo  que  todito  mi  linaje 

No  tiene  que  envidiar  en  mala  fama 

Y  golpes  de  fortuna  al  más  pintado: 
Ahí  están  oficiales  de  la  Sala 

Y  menistros,  que  si  se  lo  preguntan. 

Se  harán  lenguas  en  nuestras  alabancias^ 
Pepa.        Lo  mesmo  de  la  mia. 
Cur.  Y  finalmente, 


hispano-ar(íi;ntina  143. 

Si  alguna  cosa  hal)eiiios  hecho  mala, 
Lo  han  pagado  los  cuerpos  ó  el  bolsillo, 

Y  hoy  en  el  día  no  debemos  nada. 
Pepa.         Pues  para  no  deber,  capitulemos 

Paz  y  secreto. 
Cur.  Yo  le  doy  palabra, 

Y  la  mano  derecha  de  uno  y  otro. 

Pepa.         Y  yo,  como  la  más  interesada  *• 

En  (|ue  nuestros  dos  hombres  á  su  arribo 

No  me  encuentren  vencida,  y  no  vengada, 

Vn  abrazo  te  doy. 
Caiv.  ¡  Pero  cuidao, 

Que  iiay  en  el  Avapiés  lenguas  muy  largas 

Quo  lo  pueden  decir  ! 
Pepa.  Si  á  eso  se  atreven, 

J'ijeras  tengo  yo  para  cortarlas. 
Cur.  ,'.  Sabes  la  hora  que  es? 

Pepa.  Si. 

Cur.  ¿  Tienes  reloses  ? 

Pepa.         Cuatro  se  oyen  muy  bien  desde  mi  casa  ; 

Los  de  San  Juan  de  Dios,  los  Hespitales, 

VA  de  la  Tren  ida  y  el  de  la  Plaza. 
Cur.  Yo  sólo  tengo  dos  :  uno  de  arena, 

Y  otio  do  sol,  pintado  en  una  tapia. 
Pe|)a.         Kl  Mudo  viene  allí. 

(^ur.  Pues  entre  tanto 

Que  saco  la  basquina  yo  del  arca, 
Pregúntale  qué  puerta  de  la  corte 
Está  más  cerca  de  presillo  (  Vase.) 

Esc, 


144  ANTOLOGÍA.  líSCOLAH 


P.   JOSÉ  FRANCISCO  DE  ISLA  (1703-1781) 


N'ovelista  satírico,  acertó  á  ridicu- 
iizar  con  sin  igual  donaire  á  los 
malos  predicadores  de  su  época  Pue- 
de mostrarse  á  la  vez,  como  modelo 
en  el  género  epistolar. 

H  ALTEÁBASE  el  padre  predicador  mayor  en  lo  mas 
florido  de  la  edad,  esto  es,  en  los  treinta  y  tres 
años  cabales.  Su  estatura  procerosa,  robusta  y 
•corpulenta:  miembros  bien  repartidos,  y  asaz  simé- 
tricos y  proporcionados:  muy  derecho  de  andadura, 
algo  salido  de  panza,  cuellierguido,  su  cerquillo 
copetudo,  y  estudiosamente  arremolinado :  hábitos 
siempre  limpios  y  muy  prolijos  de  pliegues,  zapato 
ajustado,  y  sobre  todo  su  solideo  de  seda,  hecho  de 
aguja,  con  muchas  y  muy  graciosas  labores,  eleván- 
dose en  el  centro  una  borlita  muy  airosa :  obra  toda 
de  ciertas  beatas,  que  se  desvivían  por  su  padre 
predicador.  Hn  conclusión,  él  era  mozo  galán,  y 
juntándose  á  todo  esto  una  voz  clara  y  sonora,  algo 
de  ceceo,  gracia  especial  para  contar  un  cuentecillo, 
talento  conocido  para  remedar,  despejo  en  las  accio- 
nes, popularidad  en  los  modales,  boato  en  el  estilo, 
y  osadía  en  los  pensamientos,  sin  olvidarse  jamas  de 
sembrar  los  sermones  de  chistes,  gracias,  refranes,  y 
frases  de  chimenea  encajadas  con  grande  donosura, 
no  solo  se  arrastraba  los  concursos,  sino  que  se 
llevaba  de  calles  los  estrados. 

Era  de  aquellos  cultísimos  predicadores,  que  jamas 
citaban  á  los  santos  padres,  ni  aun  á  los  sagrados 
evangelistas  por  sus  propios  nombres,  pareciéndoles 
-que  esta  es  vulgaridad.  A  San  Mateo  le  llamaba  el 


HISFANO-ARGENTIXA.  145 

A7tgel  Historiador :  á  san  Marcos  el  evangélico  Toro: 
á    san    Lucas    el  vías    divino   Pincel:  á  san  Juan  el 
águila    de   Palmos:    á    san   Jerónimo    la   Púrpura  de 
Belén :    á    san    Ambrosio   el  Panal  de  los  doctores :  á 
san  Gregorio  la  alegórica  Tiara.  Pensar  que  al  acabar 
de   proponer    el    tema    de    un   sermón,  para  citar  el 
Evangelio   y  el  capítulo  de  donde  le  tomaba,  habia 
de  decir  sencilla  y  naturalmente:  /í?a«¿'j'  capite  décimo 
tertio :  Matthcei  capite  declino  quarto,  eso  era  cuento, 
y    le    parecía  que  bastaría  eso  para  que  le  tuviesen 
por  un  predicador  sabatino;  ya  se  sabia  que  siempre 
habia    de    decir:    Ex    evangélica  lectio7ie  Mattha:i  vei 
Joannis  capite  quarto  décimo;  y  otras  veces,  para  que 
saliese    mas    rumbosa,  la    colocación :    Quarto  décimo 
ex  capite.  ¡Pues  qué!  dejar  de  meter  los  dos  deditos 
de    la    mano    derecha   con    garbosa   pulidez  entre  el 
cuello    y  el  tapa-cuello  de  la  capilla,  en  ademán  de 
quien    desahoga    el    pescuezo,    haciendo    un    par  de 
movimientos  dengosos  con  la  cabeza,  mientras  estaba 
proponiendo  el  tema :  y  al  acabar  de  proponerle,  dar 
dos  ó  tres  brinquitos  disimulados :  y  como  para  lim- 
piar   el    pecho,   hinchar  los  carrillos,  y  mirando  con 
desden  á  una  y  otra  parte  del  auditorio,  romper  con 
cierto  ruido  gutural  entre  estornudo  y  relincho.  Esto, 
afeitarse    siempre    que  habia  de  predicar,  igualar  el 
cerquillo,    levantar    el    copete,   y  luego  que  hecha  ó 
no    hecha  una  breve  oración,  se  ponia  de  pié  en  el 
pulpito,  sacar  con  airoso  ademan  de  la  manga  izquier- 
da   un    pañuelo   de  seda  de  á  vara  y  de  color  vivo, 
tremolarle,  sonarse  las  narices  con  estrépito,  aunque 
no    saliese    de    ellas   mas  que  aire,  volverlo  á  meter 
en  la  manga  á  compás  y  con  armonía,  mirar  á  todo 
el  concurso  con  depejo,  entre  ceñudo  y  desdeñoso,  y 
dar    principio    con    aquello    de   sea   ante   todas  cosas 
bendito,    alabado,    y   glorificado;    concluyendo    con  lo 
otro  de  en  el  primitivo  instantáneo  ser  de  su  natural 
animación  ;  no  dejarla  de  hacerlo  el  padre  predicador 
mayor  en  todos  sus  sermones,  aunque  el  mismo  san 


146  ANTOLOrxÍA    KSCOLAR 

Pablo  le  predicara,  que  todos  ellos  eran,  por  lo  menos, 
otras  tantas  evidencias  de  que  allí  no  habia,  ni  migaja 
de  juicio,  ni  asomo  de  sindéresis,  ni  gota  de  ingenio, 
ni  sombra  de  meollo,  ni  pizca  de  entendimiento. 

De  Historia  del  famoso  predicador  Fray  Gerundio  de  Campazas. 


MANUEL   JOSÉ  QUINTANA  (1772-1857) 


Polígrafo  eminente,  demostró  en 
diversos  ramos  del  humano  saber, 
con  su  hombría  de  bien,  la  profun- 
didad de  su  talento.  Fué  coronad» 
en  vida. 


HEROICIDAD   DE   QUZMAN    EL    BUENO   EN  TARIFA 


ENTRE  los  personajes  malvados  que  hubo  en  aquel 
siglo,  )'  los  produjo  muy  malos,  debe  distinguirse 
el  infante  don  Juan,  de  los  hermanos  del  rey; 
inquieto,  turbulento,  sin  lealtad  y  sin  constancia^ 
habia  abandonado  á  su  padre  por  su  hermano,  y 
después  á  su  hermano  por  su  padre.  En  el  reinado 
de  Sancho,  fué  siempre  uno  de  los  atizadores  de  la 
discordia,  sin  que  el  rigor  pudiese  escarmentarle,  ni 
contenerle  el  favor.  A  cualquiera  soplo  de  esperanza, 
por  vana  y  vaga  que  fuese,  mudaba  de  senda  y  de 
partido,  no  reparando  jamas  en  los  medios  de  conse- 
guir sus  fines,  por  injustos  y  atroces  que  fuesen: 
ambicioso  sin  capacidad,  faccioso  sin  valor,  y  digno 
siempre  del  odio  y  del  desprecio  de  todos  los  partidos. 
Acababa  el  rey  su  hermano  de  darle  libertad  de  la 
prisión  á  que  le  condenó  en  Alfaro,  cuando  la  muerte 
del  señor  de  Vizcaya,  cuyo  cómplice  habia  sido.    Ni 


HISPA  NO-ARGKNTJ  NA  147 

el  juramento  que  entonces  hizo  de  mantenerse  fiel^ 
ni  la  autoridad  y  consideración  que  le  dieron  en  el 
gobierno,  pudieron  sosegarle.  Alborotóse  de  nuevo,  y 
no  pudiendo  mantenerse  en  Castilla,  se  huyó  á  Portu- 
gal, de  donde  aquel  rey  le  mandó  salir  por  respeta 
á  don  Sancho.  De  allí  se  embarcó,  y  llegó  á  Tánger, 
y  ofreció  sus  servicios  al  rey  de  Marruecos  Aben 
Jacob,  que  pensaba  entonces  hacer  guerra  al  rey  de 
Castilla.  Le  recibió  con  todo  honor  y  cortesía,  y  le 
envió  en  compañía  de  su  primo  Amir  al  frente  de 
cinco  mil  ginetes,  con  los  cuales  pasaron  el  estrecho,. 
y  se  pusieron  sobre  Tarifa. 

Tentaron  primeramente  la  lealtad  del  alcaide,  ofre- 
ciéndole un  tesoro  si  les  daba  la  villa;  y  la  vil  pro- 
puesta fué  desechada  con  indignación.  Atácanla 
después  con  todos  los  artificios  que  el  arte  y  la 
animosidad  les  sugirieron,  mas  fueron  animosamente 
rechazados.  Dejan  pasar  algunos  dias,  y  manifestanda 
á  Guzman  el  desamparo  en  que  le  dejan  los  suyos,. 
y  los  socorros  y  abundancia  que  pueden  venir  á  ellos, 
le  proponen  que,  pues  habia  hecho  desprecio  de  las 
riquezas  que  le  daban,  si  él  partía  con  ellos  su  tesoro, 
descercarían  la  villa.  <  Los  buenos  caballeros,  respon- 
dió Guzman,  ni  compran  ni  venden  la  victoria. » 
Furiosos  los  moros  se  aprestaban  nuevamente  al 
asalto,  cuando  el  inicuo  infante  acude  á  otro  medio 
mas  poderoso  para  vencer  la  constancia  del  caudillo. 

Tenia  en  su  poder  al  hijo  mayor  de  Guzman,  que 
sus  padres  le  habían  confiado  anteriormente  para  que 
le  llevase  á  la  corte  de  Portugal,  con  cuyo  rey  tenían 
deudo.  En  vez  de  dejarlo  allí,  le  llevó  al  África,  y 
le  trajo  á  España  consigo;  y  entonces  le  creyó  ins- 
trumento seguro  para  el  logro  de  sus  fines.  Sacóle 
maniatado  de  la  tienda  donde  le  tenia,  y  se  le  presentó 
al  padre,  intimándole  que  si  no  rendía  la  plaza,  le 
matarían  á  su  vista.  No  era  esta  la  primera  vez  que 
el  infame  usaba  de  este  abominable  recurso.  Ya  en 
los  tiempos  de  su  padre,  para  arrancar  de  su  obediencia 


148  ANTOLOGÍA  ESCOLAR 

á  Zamora,  habia  cogido  un  hijo  de  la  alcaldesa  del 
alcázar,  y  presentándole  con  la  misma  intimación, 
habia  logrado  que  se  le  rindiese.  Pero  en  esta  ocasión 
su  barbarie  era  sin  comparación  mas  horrible,  pues 
con  la  humanidad  y  la  justicia  violaba  á  un  tiempo 
la  amistad,  el  honor  y  la  confianza.  Al  ver  el  hijo, 
al  oir  sus  gemidos,  y  al  escuchar  las  palabras  del 
asesino,  las  lágrimas  vinieron  á  los  ojos  del  padre; 
pero  la  fé  jurada  al  rey,  la  salud  de  la  patria,  la 
indignación  producida  por  aquella  conducta  tan  exe- 
crable, luchan  con  la  naturaleza,  y  vencen,  mostrándose 
el  héroe  entero  contra  la  iniquidad  de  los  hombres 
y  el  vigor  de  la  fortuna.  «  No  engendré  yo  hijo, 
«  prorumpió,  para  que  fuese  contra  mi  tierra;  antes 

<  engendré  hijo  á  mi  patria  para  que  fuese  contra 
«  todos  los  enemigos  de  ella.  Si  don  Juan  le  diese 
«  muerte,  á  mi  dará  gloria,  á  mi  hijo  verdadera  vida, 
«  y  á  él  eterna  infamia  en  el  mundo,  y  condenación 

<  eterna  después  de  muerto.  Y  para  que  vean  cuan 
«  lejos  estoy  de  rendir  la  plaza,  y  faltar  á  mi  deber, 
«  allá  va  mi  cuchillo,  si  acaso  les  falta  arma  para 
«  completar  su  atrocidad.  >  Dicho  esto,  sacó  el  cuchillo 
que  llevaba  á  la  cintura,  le  arrojó  al  campo,  y  se 
retiró  al  castillo. 

Sentóse  á  comer  con  su  esposa,  reprimiendo  el  dolor 
en  el  pecho,  para  que  no  saliese  al  rostro.  Entretanto 
el  infante,  desesperado  y  rabioso,  hizo  degollar  la 
víctima,  á  cuyo  sacrificio  los  cristianos  que  estaban 
en  el  muro  prorumpieron  en  alaridos.  Salió  al  ruido 
Guzman,  y  cierto  de  donde  nacia,  volvió  á  la  mesa 
diciendo :  «  Cuidé  que  los  enemigos  entraban  en  Tari- 
fa. »  De  allí  á  poco  los  moros,  desconfiados  de  allanar 
su  constancia,  y  temiendo  el  socorro  que  ya  venia 
de  Sevilla  á  los  sitiados,  levantaron  el  cerco  que 
habia  durado  seis  meses,  y  se  volvieron  á  África  sin 
mas  fruto  que  la  ignorancia  y  el  horror  que  su  exe- 
crable conducta  merecía. 

lya    fama    de    aquel    hecho    llenó   al  instante  toda 


IIISPANO-ARGENTINA  149 

España,  y  llegó  á  los  oídos  del  rey,  enfermo  á  la  sazón, 
en  Alcalá  de  Henares;  desde  allí  escribió  á  Guzman 
una  carta  en  demostración  de  agradecimiento  por  la 
insigne  defensa  que  habia  hecho  de  Tarifa.  Compa- 
rale en  ella  á  Abraham,  le  confirma  el  renombre  de 
Bueno,  que  ya  el  público  le  daba  por  sus  virtudes; 
le  promete  mercedes  correspondientes  á  su  lealtad,, 
y  le  manda  que  venga  á  verle,  escusándose  de  no 
ir  él  á  buscarle  en  persona  por  su  dolencia.  Don 
Alfonso,  luego  que  se  desembarazó  del  tropel  de 
amigos  y  parientes,  que  de  todas  partes  del  reina 
acudieron  á  darle  el  parabién  y  pésame  de  su  hazaña^ 
vino  á  Castilla  con  grande  acompañamiento.  Salían 
á  verle  las  gentes  á  los  caminos:  señalábanle  con  el 
dedo  por  las  calles:  hasta  las  doncellas  recatadas 
pedían  licencia  á  sus  padres  para  ir  y  saciar  sus 
ojos,  viendo  á  aquel  varón  insigne  que  tan  grande 
ejemplo  de  entereza  habia  dado.  Al  llegar  á  Alcalá 
salió  la  corte  toda  á  su  encuentro  por  mandado  del 
rey,  y  Sancho  al  recibirlo,,  dijo  á  los  donceles  y 
caballeros  que  estaban  presentes:  Aprended,  caba- 
lleros, á  sacar  labores  de  bondad ;  cerca  tenéis  el 
dechado.  >  A  estas  palabras  de  favor  y  de  gracia 
añadió  mercedes  y  privilegios  magníficos;  y  entonces 
fué  cuando  le  hizo  donación,  para  sí  y  sus  descen- 
dientes, de  toda  la  tierra  que  costea  la  Andalucía^ 
entre  las  desembocaduras  del  Guadalquivir  y  Gua- 
delete. 

De  Vidas  de  Esj)añoles  Célebres. 


A  LA  EXPEDICIÓN   ESPAÑOLA   PARA   PROPAGAR   LA   VACUNA   EN  AMERICA 
FUAG.MENTO 

¡  Virgen  del  uiiindo,  América  inocente  ! 
Tú,  que  el  preciado  seno 
Al  cielo  ostentas  de  al>undancia  lleno 


150  antología  escolau 

Y  de  apacible  juventud  la  frente  ; 

Tú,  que  á  fuer  de  mas  tierna  y  mas  hermosa 

Entre  las  zonas  de  la  madre  tierra, 

Debiste  ser  del  hado, 

Ya  contra  tí  tan  inclemente  y  fiero, 

Delicia  dulce  y  el  amor  primero  ; 

Óyeme  :  si  hubo  vez  en  que  mis  ojos 

Los  fastos  de  tu  historia  recorriendo 

No  se  hinchasen  de  lágrimas  ;  si  pudo 

Mi  corazón  sin  compasión,  sin  ira, 

Tus  lástimas  oir  ;  ¡  ah  !  que  negado 

Eternamente  á  la  virtud  me  vea, 

Y  bárbaro  y  malvado, 

€ual  los  que  asi  le  destrozaron,  sea. 

Con  sangre  están  escritos 
En  el  eterno  libro  de  la  vida 
Esos  dolientes  gritos 
Que  tu  labio  alligido  al  ciclo  envia. 
€laman  allí  contra  la  patria  mía, 

Y  vedan  estampar  gloria  y  ventura 
En  el  campo  fatal  donde  hay  delitos. 

.¿  No  cesarán  jamas  ?  ,'.  No  son  l)a;B(antes 
Tres  siglos  infelices 
De  amarga  espiacion  ?  Va  en  estos  dias 
No  somos,  no,  los  (pie  á  la  faz  del  mundo 
Las  alas  de  la  audacia  se  vistieron 

Y  por  el  ponto  Atlántico  volaron  ; 
Aquellos  que  al  silencio  en  que  yacías 
Sangrienta,  encadenada  te  arrancaron.— 

((  Los  mismos  ya  no  sois,  pero  mi  llanto 
Por  eso  ha  de  cesar?  Yo  olvidaría 
El  rigor  de  mis  duros  vencedores  : 
Su  atroz  codicia,  su  inclemente  saña 
Crimen  fueron  del  tiempo  y  no  de  España. 
¿  Mas  cuando  ¡  ay  Dios  !  los  dolorosos  males 
Podré  olvidar  que  aun  mísera  me  ahogan? 

Y  entre  ellos...  ¡  Ah  !  venid  á  contemplarme, 


HISPANO -A.HÜKNT1N.\  151 

Si  el  horror  no  os  lo  veda,  einpon/.oñada 

Con  la  peste  fatal  que  á  desolarme 

De  sus  funestas  naves  fué  lanzada. 

Como  en  árida  mies  liierro  enemigo, 

Como  sierpe  que  infesta  y  que  devora, 

Tal  su  ala  abrasadora 

üesde  aquel  tiempo  se  ensañó  conmigo. 

Miradla  embravecerse,  y  cual  sepulta 

Allá  en  la  estancia  oculta 

De  la  muerte  mis  hijos,  mis  amores. 

Tened  ¡  ay  !  compasión  de  mi  agonía 

Los  que  os  llamáis  de  América  señores  : 

Ved  que  no  basta  á  sjii  furor  insano 

Una  generación,  ciento  se  traga  ; 

Y  yo  espirante,  yerma,  á  tanta  plaga 

Demando  auxilio,  v  le  demando  en  vano.»  — 


ESTÉBANEZ  CALDERÓN,  (El  Solitario)  (1799-1867) 


Uno  de  los  i)r¡meros  escritores  de 
costiiiiibres, deestilo  pulcro  y  castizo, 
afeado  en  ocasiones  por  su  exagerado 
purismo. 

VIDAS   PARALELAS 


ES  cierto  que  Plutarco  tuvo  á  mano,  para  trazar 
aquellos  grandes  cuadros  y  retratos,  cuantos 
datos  había  amontonado  la  docta  antigüedad 
sobre  la  vida,  hazañas  y  rasgos  heroicos  de  aquellos 
grandes  hombres;  y  que,  por  el  contrario  en  nuestra 
España,  y  para  nosotros,  sus  sabios  y  escritores,  no 
se  hallan  más  que  dos  solos  archivos  que  consultar 
para  acometer  con  fruto  semejante  empresa,  la  Guía 


152  ANTOLOGÍA  ESCOLAR 

de  forasteros  y  los  romances  de  los  romanceros  de 
esquina.  Aunque  á  vista  primera  puedan  parecer 
discordantes,  y  aun  opuestos  estos  dos  depósitos,  si 
no  tesoros  de  curiosidades  y  arcanos  históricos,  nadie 
en  verdad,  podrá  negarles  expresa  autoridad  y  uti- 
lidad de  tomo  y  lomo. 

Aquélla,  con  un  solo  dictado,  con  un  nombre  o 
pronombre  ensanchado  y  guarnecido  con  las  costras, 
superfetaciones  y  excrescencias  y  titulones,  titulillos 
y  retintines,  epílogo  compendio,  pero  solemnemente, 
siempre  pregona  cien  hazañas,  diez  provincias  res- 
tauradas, otras  tantas  plazas  tomadas  de  asalto,  cuatro 
jornadas  navales,  y  en  otro  orden  de  cosas,  cien 
problemas  magistralmente  resueltos,  así  en  las  cien- 
cias exactas  como  en  la  política  y  en  la  filosofía,  y 
no  hablemos  de  lo  que  se  llamó  moral  y  aritmética 
digital  (que  todo  es  uno),  porque  eso  es    la    mapa. 

Pero  en  cuanto  á  los  romances  nada  hay  que  decir, 
porque  ello  mismo  se  canta,  sintiéndose  y  perci- 
biéndose y  casi  palpándose  el  hilo  invisible  y  mag- 
nífico que  une  y  muda  con  los  susodichos  romances 
la  Guía  de  forasteros.  El  de  Galalón,  el  de  Vellida 
Belfos^  y  el  de  Valdobinos  y  Carloto  fueran  parte 
bastante  por  tal  demostración,  si  el  romance  del  que 
llevó  el  diablo  á  cuestas  no  nos  enseñara,  y  aquí  muy 
cómicamente  por  cierto,  que  el  Artero  vence  siempre 
al  caballero,  y  que  no  hay  más  sabio  saber  que  ha- 
cer del  contrario  dominguillo  y   escabel. 

Pero  de  estas  dos  fuentes  y  orígenes  de  nuestra 
historia  nacional,  la  Guia  de  forasteros  y  los  roman- 
ces, fiamos  el  cuidado  de  enriquecer  y  dar  caudal 
á  la  primera  al  curso  progresivo  de  los  años,  ence- 
rrándose por  ahora  nuestro  empeño  y  laborioso  afán 
en  dar  alimento  y  creces  á  los  segundos,  formando 
una  biografía  de  varones  célebres  y  de  hombres 
famosos  y  afamados,  que,  sin  embargo,  salieron  del 
pueblo,  y  de  tener  ó  que  tuvieron  vecindad  y  feli- 
gresía en  la  sola  demarcación,  entre  los  términos,  y 


lIISPANü-AIiGENTlNA  15^ 

sin  salir  de  los  ruedos  del  mismo  pueblo,  todo  el 
mundo  los  olvida,  porque  la  antigua  aristocracia,  si 
los  alimentaba,  los  descuidaba,  y  la  flamante  no- 
bleza los  mata  de  hambre  por  no  tener  que  cuidarse 
de  ellos. 

Bien  quisiéramos  nosotros  encomendar  á  la  me- 
moria estas  crónicas  y  hazañas  por  el  registro,  y 
son  con  que  se  cantaba  la  historia  de  D.  Birlos  y 
del  ^Marqués  de  IMantua  y  otras  ciento,  pero  ainda 
que  somos  de  piedra  berroqueña,  para  esto  de  hacer 
versos,  las  circunstancias  del  siglo,  que  no  es  un 
hombre  grande  como  se  diría  antaño,  sino  un  hom- 
bre serio,  como  se  dice  en.  las  cortes  y  en  Francia, 
reciben  con  desabrimiento  y  aun  con  enfado  todo 
lo  que  no  venga  lozaneándose  á  los  oídos  ó  á  la 
inteligencia  en  los  menos  compases  y  cláusulas  de 
la  majestuosa  prosa  que  todos  solfeamos  en    el    día. 

Por  ello  nuestros  dos  candidatos  de  ahora,  pero 
con  seguridad  futuros  héroes  de  nuestra  historia, 
Cobaleda  y  D.  Manuel  del  Bosque,  habrán  de  con- 
tentarse, si  en  vez  de  ditirambos  y  versos  pindáricos^ 
medida  todavía  corta  para  lo  que  requieren  sus  he- 
chos estupendos,  encuentran  solo  en  su  alabanza 
una  charla  prosaica,  relación  de  ciego  sin  la  osten- 
tación y  arrogancia  y  sin  el  chicucbiii^  redoblante  y 
platillos  de  la  poesía  al  uso.  Pero  no  frunzáis  el 
ceño,  ni  os  afuféis  por  eso,  ¡  oh  antorchas,  oh  lu- 
minares de  nuestros  fastos  marítimos  y  terrestres  !!I 
Pwl  solícito  celo  suplirá  la  cortedad  de  los  medios 
de  nuestra  elocuencia,  y  lo  ancho  de  la  voluntad 
corregirá  lo  angosto  y  encanutado  de  las  facultades 
de  nuestra  locuela.  A  buen  seguro  que  el  encomio 
y  la  alabanza  quedan  de  talle  bajo  y  chiquititos  de 
cuerpo.  Tenemos  á  la  vista  cien  modelos  del  género 
oficial  y  literatesco  ( todo  conterhporáneo ),  á  cuyo 
son  y  compás  os  cantaremos,  os  alabaremos  y  os 
trompetearemos  de  modo  tal,  que  vuestros  mismos 
rivales  se  sequen  y  requemen  de  pura  envidia. 


154  ANTOLOr.ÍA  ESCOLAR 

Pero  alto  y  parar,  tate  y  tente  en  el  aire,  y  el 
abogado  de  los  imposibles  nos  asista  y  coadyuve, 
j  Qué  crisis,  qué  problema,  qué  dificultad !!!  ¿  Cual  de 
los  dos  paladines,  el  aguado  o  el  terráqueo,  alcan- 
zará el  honor,  el  privilegio  de  encabezar  la  letanía, 
de  ser  el  primer  retrato  de  nuestra  galería  de  hom- 
bres célebres?  El  poner  en  aspas  dos  nombres  cru- 
zados y  á  modo  de  rosa  náutica  como  se  acostumbra 
con  los  pronombres  y  cognombres  de  las  domias 
di  primo  cartcUo,  fuera  medio  excelente  y  zancadilla 
ingeniosa  para  hurtar  el  cuerpo  al  conflicto,  y  sin 
dar  prioridad  á  ninguno  dejar  á  los  dos  héroes,  á 
las  dos  temidas  divinidades,  á  Marte  y  Neptuno,  á 
Neptuno  y  Marte,  en  una  palabra,  á  Cobalcda  yD.  Ma- 
nuel del  Bosque,  á  cada  cual  en  su  olímpica  esfera 
girando  libremente  sui  juris,  con  independencia  ab- 
soluta y  acabada,  sin  encontrarse  ni  tropezarse  y 
sin  reconcomios    de    envidia  del  uno  para  el  otro. 

Mas  esta  traza  diplomática,  medio  manual  y  ha- 
cedero, tratándose  de  solos  dos  nombres,  de  dos  ó 
más  frasecillas  ó  aforismos,  nos  fuera  de  imposible 
ejecución  tratándose  de  obra  mayúscula,  como  halo 
de  ser  ésta,  manojo  de  historias  ejemplares,  de  vidas 
paralelas,  en  que  las  razones  han  de  venir  por  ris- 
tras, las  palabras  por  herpiles  y  las  páginas  por 
millaradas.  Enmarañaríase  tal  madeja  de  renglones 
y  de  frases,  que  para  la  vista  todo  fuera  una  cifra 
arabesca  y  enrevesada,  y  para  la  inteligencia  un  logo- 
grifo  sin  clave  ni  explicación.  Para  tales  preciosi- 
dades suficit  y  basta  á  veces  la  perla  del  gobierno, 
y  sobre  todo  y  siempre  el  comento,  las  ilustraciones, 
los  reglamentos  y  las  instrucciones  deliciosas  con 
que  las  ornamentan  y  explanan  y  amplifican  la  agra- 
dable variedad  de  direcciones,  juntas  y  congregacio- 
nes que  han  traído  y  traen  abobado,  embobado  y 
jorobado  al  público  español  alias  Bartolo.  Ellas  son 
sirenas  de  la  misma  especie,  cuya  blandura  y  buen 
atildamiento  de  palabras  y  razones  se  ajustan,  como 


IIISPANÜ-ARGENTINA  155 

anillo  al  dedo,  con  la  llaneza,  equidad  y  buena  fe 
•de  sus  disposiciones,  interpretaciones,  capítulos,  ad- 
minículos y  articulados.  Pero  la  mar  nos  llama,  las 
escuadras  nos  hacen  seña, 

V  nos  anuncia  la  partida 
(^on  estrépito  el  cañón, 

como  cantó  Arriza,  sino  la  voz  tonante  del  Almirante 
de  los  Almirantes,  del  Neptuno  verdaderamente  en- 
cuirino,  de  Conil,  Málaga  y  la  Carrara,  de  Cobaleda, 
€n  fin,  pez  marino,  Nicolás  moderno,  cañón  de  co- 
lisa de  á  treinta  y  seis,  y  Pichincha  de  la  mar,  pero 
€on  forma  humana  é  inteligencia  náutica  y  fuerza  y 
potencia  suficiente  para  echar  a  pique  con  el  dedo 
meñique  un  navio  de  tres  puentes,  y  de  abrasar  con 
su  vista  encendida  todas  las  armadas  del  mundo, 
sin  excluir  las  combinadas  de  Sebastopol,  si  nuestro 
héroe  viviera... 


RAMÓN  DE  MESONERO  ROMANOS.  (1903-1882^ 


líscritor  (le  costiiinl)res,  se  distin- 
gue por  su  naturalidad  y  sencillez. 
Su  estilo,  siempre  movido,  es  sim- 
pático y  castizo. 


LOS  ARTISTAS 


LA  palabra  Artista  es  el  tirano  del  siglo  actual. 
En  lo  antiguo  había  pintores,  escultores,  arqui- 
tectos, comediantes  y  aficionados.  Hoy  sólo  hay 
Artistas;  y  en  esta  clasificación  entran  indiferente- 
mente desde  el  pincel  de  Apeles  hasta  el  puchero 
■en  cinto;  desde  el  cincel  de    Fidias,  hasta    las    alca- 


156  ANTOLOGÍA   ESCOLAR 

rrazas  de  Andujar;  desde  el  compás  de  Vitruvio, 
hasta  el  cuezo  del  albañil. 

El  que  enciende  las  candilejas  en  el  teatro,  Ar- 
tista; el  motilón  que  echa  tinta  en  los  moldes^ 
Artista  también;  el  que  inventó  las  cerillas  fosfóricas 
distinguido  Artista;  el  que  toca  la  gaita  ó  el  que 
vende  aleluyas,  Artistas  populares ;  el  herrador  de 
mi  calle,  Artista  veterinario;  el  barbero  de  la  esquina,^ 
Artista  didascálico ;  el  que  saluda  á  Esquivel  ó  quita 
el  tiempo  á  Villaamil,  Artista  de  entusiasmo ;  el  que 
lee  el  Laberinto  ó  el  Semanario,  los  socios  del  Liceo- 
ó  del  Instituto,  los  que  asisten  á  los  toros  ó  al  teatro,» 
los  que  forman  corro  al  rededor  de  la  murga,  Artis- 
tas de  afición;  el  perro  que  baila,  el  caballo  que  ca- 
racolea, el  asno  que  entona  su  romanza...  Artistas, 
Artistas  de  escuela. 

Entre  tanto,  como  todo  el  mundo  es  artista,  los 
artistas  no  tienen  que  comer,  ó  se  comen  unos  á 
otros,  —  El  clero  y  la  nobleza  que  antes  les  soste- 
nían, están  ahora  muy  ocupados  en  buscar  donde 
sostenerse. — La  grandeza  metálica  de  los  Fúcares 
modernos  está  por  las  artes  de  movimiento;  prote- 
gen la  polka  y  la  tauromaquia,  las  diligencias  y  los 
barcos  de  vapor.  En  sus  flamantes  salones  no  quiere 
estatuas,  sino  buenas  mozas,  sus  libros  son  el  Libro 
mayor  y  el  Libro  diario;  sus  conciertos  el  ruido  del 
aurífero  metal.  Cuando  más,  y  para  satisfacer  su 
amor  propio,  se  hacen  retratar  por  el  pintor,  coma 
se  hacen  vestir  por  el  sastre,  de  cuerpo  entero,  y 
todo  lo  más  elegante  posible,  cuidando  de  que  el 
marco  sea  magnífico  y  de  relumbrón  —  Para  ameni- 
zar los  salones,  basta  con  las  estampas  del  Telémaca 
ó  las  vistas  de  la  Suiza. 

El  artista  entre  tanto,  desdeñado  por  la  fortuna, 
camina  á  la  inmortalidad  por  la  vía  del  hospital ; 
y  se  sube  á  una  buhardilla  con  pretesto  de  buscar 
luces;  allí  se  encierra  mano  á  mano  con  su  inde- 
pendencia,  y    se    declara    hombre    superior    y    genio 


HISP  ANO-A  UÜENTIXA.  157 

elevado :  descuida  los  atavíos  de  su  persona  por  ha- 
cer frente  á  las  preocupaciones  vulgares;  y  osten- 
tando su  escentricidad  y  porte  exótico  é  inverosímil, 
se  deja  crecer  barbas  y  melenas,  únicos  bienes  raí- 
ces de  que  puede  disponer.  Desdeña  la  crítica  pe- 
riodística por  incompetente;  la  autoridad  del  maes- 
tro por  añeja;  los  consejos  de  los  inteligentes  por 
parciales  y  enemigos;  y  con  una  filosofía  estoica, 
responde  á  la  adversidad  con  el  sarcasmo,  á  la  for- 
tuna con  el  más  altivo  desden.  Por  último,  cuando 
se  permite  una  invasión  en  el  campo  de  la  política, 
adopta  las  ideas  más  exageradas,  y  es  partidario  de 
las  instituciones  democráticas,  que  han  acabado  con 
las  clases  que  antes  le  sostenían,  y  sustituido  las 
artes  liberales  por  otras,  también  artes;  y  liberales 
también. 


JOSÉ  M.A  DE  LARRA  Ü809-1837) 


Novelista,  y  critico  de  amarga  iro- 
nía e  incisivo  lenguaje,  dejó  en  la 
literatura  española,  huella  luminosa, 
que  lejos  de  obscurecerse  brilla  cada 
dia  con  mayor  intensidad. 


EL  CASTELLANO   VIEJO 


FRAGMENTO 


USTEDES  harán  penitencia,  señores,  exclamó  el 
Anfitrión  una  vez  sentado ;  pero  hay  que  ha- 
cerse cargo  de  que  no  estamos  en  Genieys; 
frase  que  creyó  preciso  decir.  Necia  afectación  es 
ésta,  si  es  mentira,  dije  yo  para  mí;  y  si  es  verdad, 
^ran  torpeza  convidar  á   los    amigos    á    hacer    peni- 


158  ANTOLOGÍA   ESCOLAR 

tencia.  Desgraciadamente  no  tardé  mucho  en  cono- 
cer que  había  en  aquella  expresión  más  de  la  que 
mi  buen  Braulio  se  figuraba.  Interminables  y  de  mal 
gusto  fueron  los  cumplimientos  con  que  para  dar  y 
recibir  cada  plato  nos  aburrimos  unos  a  otros.  — 
Sírvase  usted  —  Hágfame  usted  el  favor.  —  De  nin- 
guna manera  —  No  lo  recibiré  —  Páselo  usted  á  la 
señora.  — Está  bien  ahí.  —  Perdone  usted.  — Gracias. — 
Sin  etiqueta,  señores,  exclamó  Braulio,  y  se  echó  el 
primero  con  su  propia  cuchara.  Sucedió  á  la  sopa 
un  cocido  surtido  de  todas  las  sabrosas  impertinen- 
cias de  este  engorrosísimo,  aunque  buen  plato ;  cruza 
por  aquí  la  carne;  por  allá  la  verdura;  acá  los  gar- 
banzos; allá  el  jamón;  la  gallina  por  derecha;  por 
medio  el  tocino;  por  izquierda  los  embuchados  de 
Extremadura.  Siguióle  un  plato  de  ternera  mechada^ 
que  Dios  maldiga,  y  á  éste  otro,  y  otros,  y  otros; 
mitad  traídos  de  la  fonda,  que  esto  basta  para  que 
excusemos  hacer  su  elogio,  mitad  hechos  en  casa 
por  la  criada  de  todos  los  días,  por  una  vizcaína 
auxiliar  tomada  al  intento  para  aquella  festividad^ 
y  por  el  ama  de  la  casa,  que  en  semejantes  ocasio- 
nes debe  estar  en  todo,  y  por  consiguiente  suele  na 
estar  en  nada. 

— Este  plato  hay  que  disimularle,  decía  ésta  de 
unos  pichones;  están  un  poco  quemados.  —  Pero, 
mujer...  —  Hombre,  me  aparté  un  momento,  y  ya 
sabes  lo  que  son  las  criadas.  —  Qué  lástima  que  este 
pavo  no  haya  estado  media  hora  más  al  fuego !  se 
puso  algo  tarde.  — ¿  No  les  parece  á  ustedes  que  está 
algo  ahumado  este  estofado?  —  ¿Qué  quieres?  Una 
no  puede  estar  en  todo.  —  i  Oh,  está  excelente,  ex- 
clamábamos todos  dejándonoslo  en  el  plato;  exce- 
lente !  —  Este  pescado  está  pasado.  —  Pues  en  el 
despacho  de  la  diligencia  del  fresco  dijeron  que  aca- 
baba de  llegar;  ¡el  criado  es  tan  bruto!- — ¿De  dón- 
de se  ha  traído  este  vino?  —  En  eso  no  tienes  razón, 
porque    es...  —  es    malísimo.  —  Estos    diálogos    cortos 


HISPANO-ARGKNTINA  ISD' 

iban  exornados  con  una  infinidad  de  miradas  furti- 
vas del  marido  para  advertirle  continuamente  á  su 
mujer  alguna  negligencia,  queriendo  darnos  á  en- 
tender entrambos  á  dos  que  estaban  muy  al  co- 
rriente de  todas  las  fórnmlas  que  en  semejantes 
casos  se  reputan  en  finura,  y  que  todas  las  torpezas 
eran  hijas  de  las  criadas,  que  nunca  han  de  apren- 
der á  servir.  Pero  estas  negligencias  se  repetían, 
servían  tan  poco  ya  las  miradas,  que  le  fué  preciso 
al  marido  recujrir  á  los  pellizcos  y  á  los  pisotones ; 
y  ya  la  señora,  que  á  duras  penas  había  podido 
hacerse  superior  hasta  entonces  á  las  persecuciones 
de  su  esposo,  tenía  la  faz  encendida  y  los  ojos  llo- 
rosos. —  Señora,  no  se  incomode  usted  por  eso,  le 
dijo  el  que  á  su  lado  tenía. —  ¡Ah!  les  aseguro  á 
ustedes  que  no  vuelvo  á  hacer  estas  cosas  en  casa  ; 
ustedes  no  saben  lo  que  es  esto ;  Otra  vez,  Braulio, 
iremos  á  la  fonda,  y  no  tendrás...  —  Usted,  señora 
mía,  hará  lo  que...  —  ¡  Braulio  !  ¡  Braulio !  Una  tor- 
menta espantosa  estaba  á  punto  de  estallar;  empero 
todos  los  convidados  á  porfía  probamos  á  aplacar 
aquellas  disputas,  hijas  del  deseo  de  dar  á  entender 
la  mayor  delicadeza,  para  lo  cual  no  fué  poca  parte 
la  manía  de  Braulio  y  la  expresión  concluyente  que 
dirigió  de  nuevo  á  la  concurrencia  acerca  de  la  inu- 
tilidad de  los  cumplimientos,  que  así  llama  él  al 
estar  bien  servido  y  al  saber  comer.  ¿  Hay  nada  más 
ridículo  que  estas  gentes  que  quieren  pasar  por  finas 
en  medio  de  la  más  crasa  ignorancia  de  los  usos 
sociales,  que  para  obsequiarle  le  obliguen  á  usted  á 
comer  y  beber  por  fuerza,  y  no  le  dejan  medio  de 
hacer  su  gusto?  ¿Por  qué  habrá  gentes  que  sólo 
quieren  comer  con  alguna  más  limpieza  los  dias 
de  dias? 

A  todo  esto,  el  niño  que  a  mi  izquierda  tenía  ha- 
cia saltar  las  aceitunas  á  un  plato  de  magras  con 
tomate,  y  una  vino  á  parar  á  uno  de  mis  ojos,  que 
no  volvió  á  ver  claro    en    todo    el    dia ;    y    el    señor 


160  ANTOLOGÍA   liSCOLAH 

gordo  de  mi  derecha  había  tenido  la  precaución  de 
ir  dejando  en  el  mantel,  al  lado  de  mi  pan,  los 
huesos  de  las  suyas,  y  los  de  las  aves  que  habia 
roido;  el  convidado  de  enfrente,  que  se  preciaba  de 
trinchador,  se  habia  encargado  de  hacer  la  autopsia 
de  un  capón,  ó  sea  gallo,  que  esto  nunca  se  supo, 
fuese  por  la  edad  avanzada  de  la  víctima,  fuese  por 
los  ningunos  conocimientos  anatómicos  del  victi- 
mario, jamas  parecieron  las  coyunturas.  —  Este  capón 
no  tiene  coyunturas,  exclamaba  el  infeliz  sudando  y 
forcejeando,  más  como  quien  cava  que  como  quien 
trincha.  ¡  Cosa  más  rara !  En  una  de  las  embestidas 
resbaló  el  tenedor  sobre  el  animal,  como  si  tuviera 
escamas,  y  el  capón  violentamente  despedido,  pare- 
ció querer  tomar  su  vuelo  como  en  sus  tiempos 
más  felices,  y  se  posó  en  el  mantel  tranquilamente 
<:omo  pudiera  en  un  palo  de  un  gallinero. 


FRANCISCO  MARTÍNEZ  DE  LA  ROSA-  (1787  7-1862) 


A  este  poeta,  novelista,  «Iramatur- 
go  y  orador,  le  cabe  la  gloria  de  ser 
uno  de  los  mas  fervientes  partidarios 
del  romanticismo  Su  estilo,  ampu- 
loso en  ocasiones,  muéstrase  en  otras 
sencillo  V  natural. 


LA   ALHAMBRA 


Venid  á  mis  voces,  doncellas  herniosas 
Que  holláis  la  ribera  del  Dauro  y  Genil, 
Venid  coronadas  de  sándalo  y  rosas, 
Mas  puras,  mas  frescas  que  el  aura  de  Abril. 

Flotando  en  la  espalda  los  negros  cabellos, 
-Los  ojos  de  fuego,  los  labios  de  miel, 


HI.SPANO-AHGEMINA  .  KU 

La  tiiuica  siiella,  desnudos  los  cuellos, 
Cantando  de  amores  seguidme  al  vergel... 

Amor  resonaron  las  grutas  del  rio  ; 
Amor  en  las  selvas  cantó  el  ruiseñor  : 
Amor  las  montañas,  el  bosque  sombrío, 
La  tierra,  los  cielos  repiten  amor. 

Y  allá  en  el  Alcázar,  orgullo  del  moro, 
Uue  ya  de  tres  siglos  la  mano  arruinó, 
Hodando  en  los  muros  de  mármoles  y  oro. 
Un  sordo  murmullo  de  amor  resonó... 

¿  Qué  se  hi/.o  su  gloria,  su  pompa,  su  encanto. 
Los  triunfos  y  empresas  de  tanto  galán? 
¿  Las  cañas  y  tiestas,  la  música  y  canto, 
Jardines  y  baños  y  fuentes  dé  están? 

El  jaspe  ya  cubren  abrojos  y  espinas  ; 
Do  rosas  crecieron,  la  zarza  se  vé; 
A  llanto  provocan  las  míseras  ruinas; 
Los  rotos  escombros  detienen  el  pie... 

¡  Ayl  Ninfas  del  Dauro,  venid  á  mis  voces  ; 
Mirad  cual  fenecen  la  gloria  y  beldad  : 
Y  en  tanto  (|ue  vuelan  las  horas  veloces. 
fie  amor  las  dulzuras,  la  dicha  gozad  ! 


DISCURSO 


KllAGME.NTO 

¡  Cuan  grande,  Aurelio,  se  presenta  el  hombre, 
i\o  de  indignas  pasiones  vil  esclavo, 
Como  el  cautivo  en  la  africana  costa 
Al  suelo  con  cien  grillos  amarrado. 
Sino  libre  y  audaz,  con  noble  orgullo 
Las  alas  de  su  mente  desplegando. 
De  recorrer  ansioso  en  raudo  vuelo 
La  tierra,  el  cielo,  el  tiempo  y  el  espacio!... 


162  ANTOLOGÍA   KSCOLAU 

Al  par  abaica  la  creación  inmensa  : 
Sigue  veloz  el  curso  de  los  astros  ; 
Puebla  el  ruar,  surca  el  aire,  el  globo  mide  ; 
Nueva  senda  al  oriente  busca  osado; 

Y  apenas  la  descubre,  otra  ambiciona, 

Y  encuentra  un  mundo  en  el  opuesto  ocaso. 
Aun  aquellos  esludios,  caro  amigo, 

Que  el  ignorante  vulgo  juzga  vanos, 
Quizá  en  su  seno  la  semilla  encierran 
De  los  frutos  mas  ricos  y  preciados  ; 
Cual  nacer  suele  corpulenta  encina 
üe  ruin  bellota  que  arrojó  el  acaso. 
El  (|ue  observó  la  fuerza  y  el  impulso 
De  impalpable  vapor  encarcelado, 
Las  alas  de  los  vientos  dio  á  la  industria, 
Movió  sin  ellos  las  pesadas  naos  ; 

Y  otro  débil  mortal,  en  pobre  albergue 
De  la  ciega  fortuna  desdeñado, 

Al  sacar  de  un  cristal  leve  destello, 
Desarmó  ai  cielo  y  le  arrancó  su  rayo. 

En  nuestra  propia  edad,  con  nuestros  ojos 
Tales  pórtenles  vemos  :  asombrados 
El  campo  contemplamos  recorrido 
Desde  la  infancia  del  linage  humano  : 

Y  otro  mayor,  sin  limites,  inmenso. 
Mas  allá  de  los  siglos  columbramos  ! 


HISI'ANO-AHGKXUXA  jg^ 


DUQUE  DE  RIVAS  (1791-1865) 


Inspirado  poeta  épico,  fué  el  dra- 
niaU.rgo  romántico  por  excelencia 
abriendo  al  teatro  español  nuevos  v 
dilatados  horizontes.  Sus  romances 
son  de  factura  impecable. 


UN   CASTELLANO   LEAL 


I 


"  Hola,  liidai^os  y  escuderos 
l^e  mi  alcurnia  y  mi  blasón, 
Mirad  como  bien  nacidos 
I>e  mi  sangre  y  casa  en  pro, 

«  Esas  puertas  se  defiendan, 
Que  no  ha  de  enlrar,  vive  Dios, 
Por  ellas  (juien  no  estuviese 
Más  limpio  que  lo  está  el  sol. 

«No  profane  mi  palacio 
Un  fementido  traidor. 
Que  contra  su  rey  combate 
V  que  á  su  patria  vendió. 

«  Pues  si  él  es  de  reyes  primo, 
Primo  de  reyes  soy  yo  ; 
y  Conde  de  Bena vente, 
'Si  él  es  Duque  de  Horboii  ; 
«  Llevándole  de  ventaja,' 
QtK'  nunca  jamas  manchó 
La  traición  mi  noble  sangre, 
V  haber  nacido  espai'iol.  » 

Asi  atronaba  la  calle 
Una  ya  cascada  voz, 


164  ANTOLOGÍA    ESCOLAR 

Qiie  de  un  palacio  salia, 
Cuya  puerta  se  cerró  ; 

Y  á  la  que  estaba  á  caballo 
Sobre  un  negro  pisador, 
Siendo  en  su  escudo  las  lises, 
Más  bien  que  timbre,  baldón  ; 

Y  de  pajes  y  escuderos 
Llevando  un  tropel  en  pos, 
Cubiertos  de  ricas  galas, 
El  gran  Duque  de  Borbon  ; 

El  que  lidiando  en  Pavía. 
Más  que  valiente,  feroz, 
Gozóse  en  ver  prisionero 
A  su  natural  señor, 

Y  que  á  Toledo  ha  venido, 
üíano  de  su  traición. 

Para  recibir  mercedes 
Y  ver  al  Emperador. 


En  una  anchurosa  cuadra 
Del  alcázar  de  Toledo, 
Cuyas  paredes  adornan 
Ricos  tapices  ílamencos, 

Al  lado  de  una  grau  mesa 
Ouo  cubre  de  terciopelo 
Napolitano  tapete 
Con  borlones  de  oro  y  llecos  ; 

Ante  un  sillón  de  respaldo. 
Que  entre  bordado  arabesco 
Los  tind)res  de  España  ostenta 
Y  el  águila  del  imperio. 

De  pié  estaba  Carlos  (|uinlo, 
Que  de  tspaña  era  primero. 
Con  gallardo  y  noble  talle, 
Con  noble  y  tran(|uilo  aspecto. 


IIISl'ANO-AHdKNTINA 

l>e  br()cado  de  oro  y  blanco 
Viste  tabardo  tudesco; 
De  rubias  martas  orlado. 

Y  desabrochado  y  suelto; 
Dejando  ver  un  justillo 

De  raso  jalde  cubierto. 
Con  primorosos  bordados 

Y  costosos  sobrepuestos  ; 

Y  la  excelsa  y  noble  inslirnia 
Del  Toisón  de  Oro  pendiendo 
De  una  preciosa  cadena 

Kn  la  mitad  de  su  pecho. 

Un  birrete  de  velludo 
Con  un  blanco  airón,  suJQto 
Por  un  joyel  de  diamantes 

Y  un  antiguo  cauíafeo. 
Descubre  por  aud)os  lados. 

Tanta  majestad  cubriendo. 
Uubio  cual  barba  y  bi,í,'ole. 
Bien  atusado  el  cabello. 
Apoyado  en  la  cadena 
La  potente  diestra  ha  puesto, 
(Mío  aprieta  dos  guantes  de  ámbar 

Y  un  primoroso  mosipiero  ; 

V  con  la  siniestra  halaga 

De  un  mastin  muy  corpulento. 
Blanco,  y  las  orejas  rubias, 
Kl  ancho  y  carnoso  cuello. 

(>on  el  condestable  insigne. 
.Apaciguador  del  reino. 
De  los  pasados  disturbios 
Acaso  está  discurriendo; 

O  del  trato  (jue  dispone 
Con  el  rey  de  Francia  preso, 
O  de  asuntos  de  Alemania. 
.Agitada  por  Lulero  ; 

(Cuando  un  tropel  de  cíiballos 
Oye  venir  á  lo  lejos, 


165 


166  ANTüI.OCiÍA  JiSCOLAK 

Y  ante  el  alct'izai-  pararse, 
Oiiedando  todo  en  silencio. 

Kn  la  antecámara  suena 
Humor  impensado  liiéí^o  ; 
Alzase  al  lin  la  mampara 

Y  entra  el  de  Borbon  soberbio. 
Con  el  semblante  de  azufre 

Y  con  los  ojos  de  íue<¿o. 
Bramando  do  ira- y  de  rabia 
Que  enfrena  mal  el  respeto. 

Y'  con  balbuciente  lengua 
Y'  con  mal  borrado  ceño, 
Acusa  al  de  Beuavente 
Un  desagravio  pidiendo. 

Del  español  Condestable 
Latió  con  orgullo  el  pecho. 
Ufano  de  la  entereza 
üe  su  esclarecido  deudo. 

Y  aunque  advertido  procura 
Disimular  cual  discreto, 
A  su  noble  rostro  asoman 
La  aprobación  y  el  contento. 

líl  Lmperador  un  punto 
Quedó  indeciso  y  suspenso. 
Sin  saber  qué  responderle 
Al  francés  de  enojo  ciego. 

Y'  aunque  en  su  interior  se  goza 
Con  el  proceder  violento 
Del  Conde  de  Benavoiitc, 
De  altas  esperanzas  lleno 

Por  tener  tales  vasallos. 
De  noble  lealtad  modelos, 
Y'  con  los  que  el  ancho  muudo 
(ioza  á  sus  glorias  estrecho  ; 

Mucho  al  de  Horbou  le  debe, 
Y'  es  fuerza  satisfacerlo, 
Le  ofrece  para  calmarlo 
Un  desagravio  completo  ; 


HISHANO-AHíiKNTINA  167 

Y  llamaiulo  ;i  un  j^íintil  —  lioiiiltre. 
Con  el  senibhinle  sevoro 
Manda  qiio  ol  do  Benavente 
Venira  á  su  presencia  preslo. 


I  II 

Sostenido  por  sus  pajes 
Desciende  de  la  litera 
El  Conde  de  Benavente 
Del  alcá/ar  á  la  puerta. 

Era  un  viejo  respetable, 
Cuerpo  enjuto,  cara  seca,< 
Con  dos  ojos  como  chispas. 
Cargados  de  largas  cojas  ; 

Y  con  semblante  muy  noliie. 
Mas  do  gravedad  tan  seria, 
Que  veneración  de  lejos 

Y  miedo  causa  de  cerca. 
Eran  su  traje  unas  calzas 

De  púrpura  de  Valencia, 

Y  do  recamado  ante 
Un  coleto  á  la  leonesa. 

De  lino  lienzo  gallego 
Los  fíuños  y  '«  gorguera. 
Unos  y  otros  guarnecidos 
(^.on  randas  barcelonesas. 

Un  birrete  de  velludo 
Con  su  cintillo  de- perlas, 

Y  el  gabán  de  paño  verde 
Con  alamares  de  seda. 

Tan  sólo  de  Calatrava 
La  insignia  española  lleva, 
Que  ei  Toisón  lia  despreciado 
Por  sor  orden  extranjera. 

Con  paso  tardo,  aun(|ue  (irme 
Sube  por  las  escaleras. 


168  ANTOI>OGÍA  ESCOLAU 

Y  al  verle,  las  alabardas 
Un  golpe  dan  en  la  tierra  : 

Golpe  de  honor  y  de  aviso 
De  (|ue  en  el  alcázar  entra 
Un  grande,  á  quien  se  le  debe 
Todo  honor  y  reverencia. 

Al  llegar  á  la  antesala. 
Los  pajes  que  están  en  ella 
Con  respeto  le  saludan 
Abriendo  las  anchas  puertas. 

Con  grave  paso  entra  el  Conde, 
Sin  que  otro  aviso  preceda. 
Salones  atravesando, 
Hasta  la  cámara  regia. 

Pensativo  está  el  monarca 
Discurriendo  cómo  pueda 
Componer  aquel  disturbio 
Sin  hacer  á  nadie  ofensa. 

Mucho  al  de  Boibon  le  debe. 
Aun  mucho  más  de  él  espera, 

Y  al  de  Benavente  mucho 
Considerar  le  interesa. 

Dilación  no  admite  el  caso, 
No  hay  quien  dar  consejo  pueda, 

Y  Villalar  y  Pavia 

A  un  tiempo  se  le  recuerdan. 

En  el  sillón  asentado, 
\  el  codo  sobre  la  mesa, 
Al  personaje  recibe. 
Que  comedido  se  acerca. 

Grave  el  Conde  lo  saluda 
<;on  una  rodilla  en  tierra, 
Mas,  como  grande  del  reino, 
Sin  descubrir  la  cabe/.a. 

Kl  Kn)perador,  benigno. 
Que  alce  del  suelo  le  ordena, 

Y  la  plática  difícil 

Con  sagacidad  empieza. 


HISPA  \()-AK(ii:\Ti\A  1(59 

Y  onlrc  sereno  y  afable 
Al  rabo  le  iiianiliesla, 

Que  es  el  que  ;i  Borhou  aloje 
Voluntad  suya  resuella. 

Con  res|)elo  uuiy  profimdo. 
Pero  con  la  voz  en  lera, 
Hcspóndele  nenaventc 
Dcstoeando  la  cabeza  : 

«Soy,  señor,  vuestro  vasallo, 
Vos  sois  mi  rey  en  la  tierra  : 
A  vos  ordenar  os  cumple 
I»e  mi  vida  y  de  mi  hacienda. 

«  Vuestro  soy,  vuestra  mi  casa. 
De  mi  disponed  y  de  ella', 
Pero  no  loquéis  n)i  honra 

Y  respetad  mi  conciencia. 
«Mi  casa  IJurbju  ocu|)e 

Puesto  (^ue  es  voluntad  vuestra, 
Contamine  sus  paredes. 
Sus  blasones  envilezca  ; 

«  One  á  mi  ukí  sobra  en  Toledo, 
Donde  vivir,  sin  que  lenga 
Que  rozarme  con   traidores 
Cuyo  sólo  aliento  infesta. 

«  Y  en  cuanto  i'l  deje  tui  casa. 
Antes  de  tornar  yo  á  ella. 
Purificaré  con  fuego 
F.as  paredes  y  las  puertas.» 

Dijo  el  Conde,  la  real  mano 
liesó,  cubrió  su  cabeza, 

V  retiróse  bajando 

A  do  estaba  su  litera. 

Y  á  casa  de  un  su  pariente 
.Mandó  que  le  eondujeran, 
AI>andonando  la  suya 

(-on  cuanto  dentro  se  encierra. 
Quedó  absorto  Carlos  ((uinlo 
De  ver  tan  noble  firmeza, 


170  ANTOI.OdÍA    KSCOLAU 

Estimando  la  de  Kspaña 
Más  (|iio  la  imperial  diadoiDa. 

IV 

Muy  pocos  dias  el  Duque 
Hizo  mansión  en  Toledo. 
Del  nobl<»  Conde  ocupando 
Los  honrados  aposentos. 

Y  la  noche  en  que  el  fialacio 
Dejó  vacío,  partiendo 
Con  su  séquito  y  sus  pajes 
Orgulloso  y  satisfecho, 

Turbó  la  apacible  luna 
ün  vapor  blanco  y  espeso, 
Que  de  las  altas  techumbres 
Se  iba  elevando  y  creciendo. 

.A  poco  rato  tortióse 
Kii  humo  confuso  y  denso. 
Que  en  nubarrones  oscuros 
Ofuscaba  el  claro  cielo  ; 

Dosi)ues  en  ardientes  chispas, 
'  Y  en  un  res|)landor  horrendo 

Que  iluminaba  las  calles 
dando  en  el  Tajo  retlejos, 

Y  al  lin  su  furor  mostrando 
En  embravecido  incendio 
Que  devoraba  altas  torres 
Y  derrumbaba  altos  techos. 
Resonaron  las  campanas. 
Conmovióse  todo  el  pueblo, 
De  Benavente  el  palacio 
Presa  de  las  llamas  viendo. 

El  Emperador,  confuso. 
Corre  a  procurar  remedio, 
En  atajar  tanto  daño 
Mostrando  tena/  empeño. 


HISl'ANO-AlUiKNTINA  171 

En  vano  todo  ;  trabóse 
Tantas  riquezas  el  fuego, 
A  la  lealtad  castellana 
Levantando  un  uionunuMilo. 

Aun  hoy  unos  viejos  muros 
Del  luimo  y  las  llanias  negros, 
Recuerdan  acción  tan  grande 
Kn  la  famosa  'i'oledo. 


ANTONIO    GARCÍA  GUTIÉRREZ  (1813-1884 


Autor  dramático  de  rohiisla  inspi- 
ración, gran  cotiocedor  de  los  recur- 
sos teatrales,  y  poeta  de  suave  y 
encantadora  dicción. 

EL   TROVADOR 


Ks'cena  TV 
Leonor,  ¡Vlaiiricjue  (Rebozado) 
Leonor.  ¡  Manrique  !  ¿eres  tii  ? 

Manrique.  Yo.  si... 

no  tembléis. 
Leonor. 

No  tiend)lo  yo  ; 
mas  si  alguno  entrar  te  vio... 

Nadie. 

Leonor 
¿  Qué  buscas  aqui  ? 
¿í|ué  buscas  V...  ¡  ali  !  j  por  piedad  !... 

.Manri(jue 
¿  Os  pesa  de  mi  venida  '.' 


.Manrif|ue. 


172  -  ANTOLOGÍA  ESCOLA H 

Leonor 

No,  Manriquo,  por  mi  vida  ; 
¿me  buscáis  a  mi,  es  verdad  ? 
Si,  si...  yo  apenas  pudiera 
tanta  ventura  creer ; 
¿  lo  ves  ?  lloro  de  placer. 

Manrique 
¡  Ouién,  perjura,  te  creyera  ! 
Leonor 

¿  Perjura? 

Mijiirique 

Mil  veces,  si... 
mas  no  pienses  que,  insensato, 
a  obliiSíar  a  un  pecho  ingrato, 
a  implorarte  vine  aqui. 
No  vengo  lleno  de  amor, 
cual  un  tiempo... 
Leonor 


Vlauriiiiie 


Desdichada  ! 

;.  Tentbiais  ? 


Leonor 
No.  no  tengo  nada... 
mas  temo  vuestro  furor. 
¡Quién  dijo,  Manrique,  quién, 
(jue  yo  olvidarle  pudiera 
infiel,  y  tu  amor  vendiera, 
tu  amor,  que  es  sólo  mi  bien  ! 
¿Mis  lágrimas  no  bastaron 
a  arrancar  de  tu  razón 
esa  funesta  ilusión  ? 
Manrique 
Harto  tiempo  me  engañaron. 
Demasiado  te  crei 


HISPANO-AUGENTINA  173 

mientras  tierna  me  halagabas 
y.  pérfida,  me  eiigafial)as. 
i  Qué  necio,  que  necio  fui  ! 
Pero  no,  no  impunemente 
gozarás  de  tu  traición... 
yo  partiré  el  corazón 
de  ese  rival  insolente. 
¡  Tus  lágrimas  !  ¿  yo  creer 
pudiera,  Leonor,  en  ellas, 
cuando  con  tiernas  (|neri-llas 
a  otro  halagabas  ayer? 
j  No  te  vi  yo  mismo,  di  ! 

Leonor 

Si,  pero  juzgué  engañada 

que  eras  ti'i  :  con  voz  pausada 

cantar  una  trova  oi. 

Era  tu  voz,  tu  laúd, 

era  el  canto  seductor 

de  un  amante  trovador, 

lleno  de  tierna  inquietud. 

Turbada  perdí  mi  calma, 

se  estremeció  el  corazón, 

y  una  celeste  ilusión 

me  abrasó  de  amor  el  alma. 

Me  pareció  que  te  via 

en  la  oscuridad  proiunda  ; 

que  a  la  luna  moribunda 

tu  pena"  ho  dtscubria. 

Me  figuré  verte  allí 

con  melancólica  frente. 

suspirando  tristemente, 

tal  vez,  Manrique,  por  mi. 

No  me  en.s;añaba...  un  temblor 

me  sobrecogió  un  instante... 

era  sin  duda  mi  amante, 

era  ¡  ay  Dios  !  mi  trovador. 


174  ANTOLOGÍA  liSCOLAH 


Manrique 

Si  fuera  verdad,  mi  vida, 
y  mil  vidas  que  viviera, 
ángel  hermoso,  te  diera. 

Leonor 

¿  No  te  soy  aborrecida  ? 

Manrique 

¿.  Tú,  Leonor  ?  ¿  pues  por  (juién 
asi  en  Zaragoza  entrara, 
por  quién  la  muerte  arrostrara 
sino  por  ti,  por  mi  bien? 
¡  Aborrecerte  !  ¿quién  pudo 
aborrecerte  Leonor  ? 

Leonor 

¿No  dudas  ya  do  mi  auior, 

Manrique  ? 
Manrique 

No.  ya  no  dudo. 
Ni  asi  i)udiera  vivir  : 
¿  me  amas,  es  verdad  ?  lo  creo, 
porque  creerte  deseo 
para  amarte  y  existir, 
porque  la  muerte  me  fuera 
más  grata  que  tu  desden. 

Leonor 


Trovador ! 


Manrique 

No  más  ;  ya  es  bien 
(|ue  parta. 

Leonor 

.Manrique 
Hoy  no,  muy  tarde  será. 


¿  No  vuelvo  a  verte  ? 


Fiisi>A\()-AU(ii-:Nri\A  175 

I.eoiior 
,".  Tan  |»ronlo  te  marchas? 
Manri(|iie 

Hoy  : 
ya  se  sabe  que  aqiii  estoy  ; 
tuiscándome  están  (|ii¡z!i. 
Looiior 


Sí,  vete. 


Manri(|iie 
Muy  pronto  liel 
me  verás,  Leonor,  mi  gloria, 
cuando  el  cielo  dé  victoria 
a  las  armas  del  de  Ürgel. 
Hctirafe...  viene  alguno. 

Leonor 


Mcinriíiue 
LeoiKjr 


¡  Ks  el  conde  ! 

Vete 

;  Cielos  ! 


Müiir¡(|ue 
Mal  os  curasteis,  miís  celos... 
¿  qué  busca  a(|ui  este  importuno  ? 


JUAN   EUGENIO  HARTZENBUSCH  (1806 -1880) 


(>oiiio  ()ranuitiirgo  dejó  una  obra 
inmortal;  como  escrilor  y  crítico» 
páginas  ({iieson  verdaderos  modelos 
de  lenguaje. 

Mahsii.la         Mi  nombre  es  Diego  Marsilla, 
Y  cuna  Tei  iiel  n)e  dio. 


17(}  ANTOI.OGÍA-HSCOI.AK 

Pueblo  (|iic  ayer  se  (undó 

Y  es  hoy  poderosa  villa, 
(aiyos  muros,  enire  horrores 
De  lid  atroz  levantados, 
Fueron  con  sangre  amasados 
De  sus  fuertes  pobladores. 
Yo  creo  que  al  darme  ser 
Quiso  formar  el  Señor, 
Modelos  de  puro  amor, 

Un  hombre  y  una  mujer  ; 

Y  para  hacer  la  igualdad 
De  sus  afectos  cumplida. 

Les  dio  un  alma  en  dos  partida 

Y  dijo  :  vivid  y  amad. 

Al  son  de  la  voz  creadora 
Isabel  y  yo  existimos, 

Y  ambos  los  ojos  abrimos 
Kn  un  dia  y  una  hora. 
Desde  los  años  más  tiernos 
Fuimos  ya  tiernos  amantes  ; 
Desde  que  nos  vimos...  antes 
Nos  amábamos  de  vernos  ; 
Por(|ue  el  amor  principió 

A  enardecer  nuestras  almas 
Al  contacto  de  las  palmas 
De  Dios  cuando  nos  crió  ; 

Y  asi  fué  nuestro  querer. 
Prodigioso  en  niña  y  niño, 
Encarnación  del  cariño, 
Anticipado  al  nacer. 
Seguir  Isabel  y  yo 

Al  triste  mundo  arribando, 
Seguir  con  el  cuer[)o  amando 
Como  el  espíritu  amó. 

7ulima  Inclinación  tan  igual 

Sólo  dichas  pronostica. 

Mars.  Soy  pobre,  Isabel  es  rica 

Zu\.  (Ap. )  Resi)iro. 


MISI'ANO-AHCKNTINA  177 


Mars.  Tuve  un  rival. 

Zul.  ¿Si? 

Mars.  Y  opulento. 

Zul.  V  bien...  ? 

Mars.  Hizo 

Alarde  do  su  rique/a. 

Zul.  ¿Y  que,  rindió  la  fiíme/a 

De  Isabel  ? 

Mars.  Es  poco  hechi/o 

El  oro  para  quien  ama. 
Su  padre,  si,  deslumhrado... 

Zul.  ¿  Tu  amor  dejó  desairado, 

Privándote  de  tu  dama  ? 

Mars.  Le  vi,  mi  pasión  habló  . 

Su  fuerza  exhalando  toda, 
Y,  suspendida  la  boda. 
Un  plazo  se  me  otorgó. 
Para  qííe  mi  esfuerzo  activo 
Juntara  un  caudal  honrado. 

Zul.  ¿  Es  ya  el  término  pasado '? 

Mars.  Señora,  ya  ves...  aun  vivo. 

Seis  años  y  una  semana 
Me  dieron  :  los  años  ya 
Se  cumplen  hoy  ;  cumplirá 
El  primer  dia  ujañana. 

Zul.  Sigue. 

Mars.  Un  adiós  á  la  hermosa 

Üí,  que  es  de  mis  ojos  luz, 
Y  combatí  por  la  cruz 
En  las  Navas  de  Tolosa. 
Gané  con  brioso  porte 
Crédito  allí  de  guerrero; 
Luego  en  Francia,  prisionero 
Caí  del  Conde  Monforte. 
Huí,  y  en  Siria  un  Francés 
Albigense,  refugiado, 
A  quien  había  salvado 
La  vida  junto  á  Hesíés, 


178  ANTOLOGÍA   KSCOLAH 

Me  dejó,  al  morir,  su  herencia  ; 
Volviendo  con  fama  y  oro 
A  Kspaña,  pirata  moro 
Me  apresó  y  trajo  á  Valencia 

Y  en  pena  de  (|ue  rompió 
De  mis  cadenas  el  hierro 
Mi  mano,  profundo  encierro 
En  vida  me  sepultó, 
Donde  mi  extraño  custodio 
Sin  dejarse  ver  ni  oir  ; 

Me  prolongaba  el  vivir, 
O  por  piedad  ó  por  odio. 
Do  aquel  horrendo  lugar 
Me  sacáis,  bella  mujer  : 
Sentir  sé  y  agradecer  : 
Di  como  podré  pagar. 
Zul.  No  borres  de  tu  memoria 

Tan  debido  ofrecimiento, 

Y  haz  por  escuchar  atento 
Cierta  peregrina  historia. 
Un  joven  aragonés 

Vino  cautivo  al  serrallo  : 
Sus  prendas  y  nombre  callo  : 
Tú  conocerás  (|uien  es. 
Toda  mujer  se  lastiina 
De  ver  padecer  sonrojos 
A  un  noble  :  puso  los  ojos 
En  el  esclavo  Zulima, 

Y  férvido  amor  en  breve 
Nació  de  la  compasión  : 
Aqui  es  brasa  el  corazón  ; 
Allá  entre  vosotros  nieve. 
Quiso  aquel  joven  huir  ; 

Fué  desgraciado  en  su  empeño 
Le  prenden,  y  por  su  dueño 
Es  condenado  á  morir. 
Pero  en  favor  del  cristiano 
Vela  Zulima  :  ciega, 


HISPANO-AKGENTINA 


119 


Mars. 


Loca,  le  salva  ;  más  llega 
A  brindarle  con  su  mano. 
Respuesta  es  bien  se  le  dé 
Kn  trance  tan  decisivo  : 
Habla  tú  por  el  cautivo: 
Yo  por  la  reina  hablaré. 

Ni  en  desgracia  ni  en  ventura 
Cupo  en  mí  lenguaje  dolo. 
Este  corazón  es  sólo 
Para  Isabel  de  Segura. 


MANUEL  BRETÓN  DE  LOS  HERREROS, (1796-1872) 


Aulor  de  comedias  de  costumbreí» 
y  caracleres,  fué  un  fecundo  poeta 
conuco  y  satírico,  siempre  con  ten- 
dencia visiblemente   moral. 


ME  VOY   DE   MADRID 


Manuela.  Yo  no  soy 

Para  una  vida  tan  sosa, 
tan  monótona... 

Tomasa.  ¿  Qué  dices  ? 

¿  Pues  (lué  hemos  de  hacer  nosotras 
si  no  arreglar  nuestras  casas? 
Si  las  mujeres  no  toman 
á  su  cargo  esos  cuidados 
que  á  ti  tanto  te  incomodan, 
¿  en  qué  quieres  lii  ocuparlas  ? 
¿  ün  la  milicia,  en  la  toga? 
En  cazar  por  esos  montes, 
y  en  remar  por  esas  olas  ? 

Manuela.      ¿  Y  por  qué  no  ?  Si  leyeras 
en  las  antiguas  historias. 


180 


ANTOLOGÍA   ESCOLAR 


D.  Joaquín 
Tomasa. 


Manuela. 


Tomasa. 
Manuela. 

Tomasa. 


Manuela. 


D. Joaquín. 


Manuela. 

Tomasa. 

Manuela. 


las  proezas  te  asombraran 
de  las  fuertes  amazonas 
de  aquella  Pentesilea, 
que  allá  en  el  sitio  de  Troya... 
¿Verdad,  D.  Joaquín? 

Si,  es  cierto. 
(  Entre  dos  fuegos  ahora.  ) 
Sin  duda  la  educación 
de  esas  mujeres  heroicas, 
seria  muy  diferente 
de  la  que  hoy  rige  en  Kuropa. 
Pero  tú...  ¿  De  cuándo  acá  ? 
Manolita...  Kras  muy  otra 
dos  meses  hace.  En  mi  ausencia 
te  has  trasformado. 

¡  Oh  !   la  aurora 
de  un  nuevo  ser  ha  brillado 
para  mi.  La  piedra  tosca 
de  mi  antiguo  natural, 
tomó  la  sublime  forma... 
Expli(|ue  usted,  D.  Joaquín, 
los  grandes  prodigios  que  obra 
la  emancipación  mental. 
¡Qué  lenguaje!  Estoy  absorta... 
En  una  palabra,  soy 
romántica. 

Deja  bromas. 
¿Qué  romántica,  ni  qué?... 
¡Si  tú  no  has  nacido  en  Roma  ! 
No,  mujer.  Tú  no  comprendes... 
Pero  abra  usted  esa  boca, 
D.  Joaquín  :  explique  usted... 
Es  inútil.  La  señora 
gusta  del  statii  quo 
y  hacerla  en'rar  on  la  norma.. 
¡Norma!    ¡  Sublime  mujer  ! 
Mucho  me  gusta  esa  ópera. 
¡  Con  qué  placer  fuera  yo 


msi'ANü   AlUiKNTINA  181 

f^ran  sactM-dotisa 
Tomasa.  (  l)ül)a  ) 

Manuela.      Si  el  cielo  me  ha  condenado 

á  existencia  tan  penosa, 

tan  oscura,  tan  servil, 

¿  por  qué  en  mí  pecho.no  ahoga 

la  susceptibilidad  ? 

,•.  [.0  he  dicho  bien  ? 
Ü.  .Ioa(|iiiii.  Si,  señora. 

Manuela.      ¿.  La  palpilante  energía 

(|ue  me  consume  ? 
Tomasa.  ¿  Eslás  loca  ? 

Vo  creo  (jue  estas  ¡deas 

sublimadas  no  son  propias 

de  un  sexo  débil,  amante, 

apacible.  Con  las  tocas 

mal  se  avienen  varoniles 

arranques.  iNo  es  tan  odiosa 

la  suerte  de  la  mujer 

en  un  pais  donde  go/a 

de  racional  libertad, 

l»orque  los  hombres  blasonan 

de  muy  galantes...  ¡  l'arece 

(|ue  estás  en  Consta)itinopla  ! 

Y  tú  que  no  eres  Du(|uesa... 

\o  no  sé  adular.  Perdona. 

¿  Por  qué  temes  degradarte 

haciendo  lo  (|ue  hacen  otras 

no  de  peor  condición 

que  lú  ?  Para  mi  la  joya 

(|ue,  después  de  la  virtud, 

n)ás  á  la  mujer  adorna, 

es  ser  mujer  de  su  casa. 

Tengo  rentas  que  me  sobran 

para  dejarme  servir, 

y    sólo  pensar  en  modas 

y  en  placeres  ;  pero  soy 

por  afición  hacendosa. 


182  ANTOLOGÍA    ESCOLAR 

y  por  placer...  y  |)or  cálculo  : 
porque  de  esas  que  ahandonar» 
los  domésticos  deberes, 
dice  el  vulgo  tales  cosas... 
Y  no  basta  ser  honradas 
Cuando  el  vulgo  no  nos  honra. 

D.  Joaquín.  (En  voz  baja.)   ¡  Bien  !  ¡  Divina  ! 

Manuela.  ¿  Con(|ue  quieres 

reducirme  á  ser  fregona  ? 

Tomasa.       No,  amiga  mia.  No  es  esa 
tu  condición  ;  pero  á  todas 
nos  está  bien  el  mirar 
por  la  hacienda  mucha  ó  poca  ; 
nunca  estoy  yo  más  ufana 
que  repasando  la  ropa, 
ordenando  la  despensa, 
cuidando  de  que  la  alcoba 
se  ventile,  reprendiendo 
á  criadas  remolonas  ; 
tomando  la  cuenta  al  mozo  ; 
Despidiéndole,  si  roba... 


JOSÉ  DE  ESPRONCEDA  (1808-1842) 


Poeta  de  robusta  inspiración,  de 
l)rillaMtc  niuuen,  y  de  ampulosa  y 
aiTel)ata(lora  frase,  es,  sin  quizás 
quien  mejor  representa  en  la  lírica, 
la  época  de  delirios  y  titubeos  en 
que  vivió. 


CANCIÓN   DEL   PIRATA 


Con  diez  cañones  por  banda, 
Viento  en  popa  á  toda  vela, 
No  corta  el  mar,  sino  vuela 


iiispan()-au(;enti\a  183 

Uu  velero  bergantín  : 

Bajel  pirata  (jue  llaman, 
Por  su  bravura  el  Temido, 
Kn  todo  mar  conocido 
Del  uno  al  otro  confin. 

La  luna  en  el  mar  riela, 
Fn  la  lona  gime  el  viento, 

Y  alza  en  blando  movimiento 
Olas  de  plata  y  azul ; 

Y  ve  el  capitán  pirata, 
Cantando  alegre  en  la  |)opa, 
Asia  á  un  lado,  al  otro  luiropa, 

Y  allá  á  su  frente  Stambul 
«  Navega  velero  ralo,       ' 

Sin  temor, 

Que  ni  enemigo  navio, 
Ni  tormenta,  ni  bonanza 
Tu  rumbo  á  torcer  alcanza, 
Ni  á  sujetar  tu  valor. 

«  Veinte  presas 

Hemos   heclio 

A  despecho 

Del  inglés, 

Y  lian  rendido  sus  pendones 
Cien  naciones 

A  mis  pies.  « 

Que  es  mi  barco  mi  tesoro, 
Que  es  mi  Dios  la  libertad, 
Mi  ley  la  fuerza  y  el  viento, 
Mi  única  patria  la  mar. 
ff  Allá  muevan  feroz  guerra 

Ciegos  reyes 
Por  un  palmo  más  de  tierra  : 
Que  yo  tengo  a(|ui  por  mió 
Cuanto  abarca  el  mar  bravio, 
A  (juien  nadie  impuso  leyes. 

«  Y  no  hay  playa. 

Sea  cualquiera, 


184  ANTOLOGÍA    KSCOLAH 

Ni  bandera 

De  esplendor, 

Que  no  sienta 

Mi  derecho, 

Y  dé  pecho 

A  mi  valor.  « 
Que  es  mi  barco  nú  tesoi'o... 
«  A  la  voz  de  «  ¡  barco  viene!  » 

lis  de  ver 
Cómo  vira  y  se  previene 
A  todo  trapo  escapar  ; 
Que  yo  soy  el  rey  del  mar, 

Y  mi  furia  es  de  temer. 

«■  Kn  las  presas 

Yo  divido 

Lo  cogido 

Por  igual: 

Sólo  quiero 

Por  ri(jue/,a 

La  belleza 

Sin  rival» 
(¿He  es  mi  bureo  ni¡  tesoro... 
«¡Sentenciado  estoy  á  muerte! 
Yo  me  rio: 
Ao  me  abandone  la  suerte 

Y  al  mismo  que  nie  condena. 
Colgare  de  alguna  entena, 
Quizá  en  su  propio  navio. 

«Y  si  caigo, 
¿Qué  es  la  vida? 
Por  perdida 
Ya  la  di, 
Cuando  el  yugo 
Del  esclavo 
Como  un  biavo, 
Sacudí.» 
Que  es  mi  barco  mi  tcHoro,.. 
«  Son  mi  música  mejor 


IIISPANO-AHCENTINA  .  185 

Aquilones  : 
El  estrépito  y  temblor 
De  los  cables  sacudido*, 
Del  negro  mar  los  bramidos 
Y  el  rugir  de  mis  cañones. 

Y  del  trueno 
Al  son  violento 

Y  del  viento 
Al  rebramar, 
Yo  me  duermo 
Sosegado 
Arrullado 

Por  el  mar.  •» 
(¿lie  es  mi  barco  mi  tesoro. 
Que  es  mi  Dios  la  libertad. 
Mi  ley  la  fuerza  y  el  viento. 
Mi  única  patria  la  mar. 


CANTO   A  TERESA 


KltAO.MKNrO 

<;  Por  qué  volvéis  á  la  memoria  n)ia, 
Tristes  recuerdos  de  placer  |)erdidos, 
A  aumentar  la  ansiedad  y  la  agonía 
De  este  desierto  corazón  herido  ? 
j  Ay  !  que  de  aquellas  horas  de  alegría 
Le  quedó  al  cora/on  sólo  un  gemido, 
Y  el  llanto  que  al  dolor  los  ojos  niegan 
Lágrimas  son  de  hiél  ((iie  r\  alma  anegan. 

¿  Dónde  volaron  ¡  ay  !  aquellas  horas 
De  juventud,  de  amor  y  de  ventura, 
Megaladas  de  músicas  sonoras. 
Adornadas  de  luz  y  de  iiermosura  "? 
Imágenes  de  oro  bullidoras 
Sus  alas  de  carmiu  y  nieve  pura. 


186  ANTOLOGÍA    KSCOLAU 

Al  sol  de  mi  esperanza  desplegando, 
Pasaban  ¡  ay  !  á  nn  redor  cantando. 

Gorjeaban  los  dulces  ruiseñores, 
El  sol  iluminaba  rni  alegría. 
El  aura  susurraba  entre  las  llores, 
El  bosque  mansamente  respondía, 
Las  fuentes  murmuraban  sus  amores... 
¡  Ilusiones  que  llora  el  alma  mía 
¡  Oh  !  ¡  cuan  suave  resonó  en  mi  oído 
El  bullicio  del  mundo  y  su  ruido! 

Mi  vida  entonces,  cual  guerrera  nave 
Que  el  puerto  deja  por  la  vez  primera, 

Y  al  soplo  de  los  céíiros  suave 
Orgullosa  desplega  su  bandera, 

Y  al  mar  dejando  que  sus  pies  alabe 
Su  triunfo  en  roncos  cantos  va  velera 
Una  ola  tras  otra  bramadora 
Hollando  y  dividiendo  vencedora  ; 

¡  Ay  !  en  el  mar  del,  mundo,  en  ansia  ardiente 
De  amor  volaba  ;  el  sol  de  la  mañana 
Llevaba  yo  sobre  mi  tersa  frente, 

Y  el  alma  pura  de  su  dicha  ufana  : 
Dentro  de  ella  el  amor,  cual  rica  fuente 
Que  entre  frescuras  y  arboledas  mana, 
Brotaba  entonces  abundante  rio 

De  ilusiones  y  dulce  desvario. 

Yo  amaba  todo  :  un  noble  sentimiento 
Exaltaba  mi  ánimo,  y  sentía 
En  mi  pecho  un  secreto  movimiento. 
De  grandes  hechos  generoso  guia  : 
La  libertad  con  su  inmortal  aliento, 
Santa  diosa,  mi  espíritu  encendía, 
Continuo  imaginando  en  mi  fe  pura 
Sueños  de  gloría  al  mundo  y  de  ventura. 


iiispano-au(;kntina  187 


VENTURA    DE  LA  VEGA  (1807-1865 


\olal)le  autor  drainático  é  inspira- 
tio  poeta,  dejó,  en  cuanto  escribiera, 
liiiellas  de  su  fina  ironía  y  de  su 
delicado  talento. 


A     CERVANTES 

Si  de  Norle  á  Medioiiía, 
En  uno  y  otro  hemisferio, 
No  abarca  ya  nuestro  imperio 
Los  pueblos  (|ue  abarcó  un  dia. 
Por  un  nombre  todavia 
Somos  lo  que  fuimos  antes  : 
Pues  los  que  más  arrogantes 
Las  glorias  de  Kspai"ia  ultrajan, 
Callan  y  la  frente  bajan 
Cuando  decimos  :  ¡  Cehvantes  !  ! 

Roma  y  Grecia,  que  al  acero 
Del  bárbaro  el  cuello  dan, 
Hoy  viven  y  vivirán 
En   Virgilio  y  en  Homero. 
Contra  el  destino  severo, 
Que  asi  en  los  pueblos  se  ensaña, 
Un  libro  nos  acompai'ia 
Al  eterno  porvenir. 
¿  Puede  el  Quijote  morir  ?  — 
Pues  morir  no  puede  España. 

Vosotros,  que  al  grito  santo 
Hespondéis  de  patria  y  gloria, 
Venid,  honrad  la  memoria 
Del  Soldado  de  Lcpanto.  — 
¡  Gloria  al  que  es  del  orbe  encanto 


188  ANTOLOGÍA   ESCOLAR 

¡  Gloria  al  ingenio  fecundo, 
Festivo  á  un  tiempo  y  profundo! 
¡  Gloria  al  Cautivo  de  Argel !  — 
i  Aun  nos  llamamos  por  él 
La  primer  nación  del  mundo. 


EN   EL   ÁLBUM   DE   MATILDE   LAMARCA 


¡  Matilde  ¡  ¿Quién  no  diría 
Que,  para  quedar  vengada 
De  la  conquista  pasada. 
La  América  aqui  te  envia  ? 
Pague  Kspaña  su  osadía 
Y  sus  marciales  arrojos. 
Pues  nunca  tantos  despojos 
Vieron  Pizarro  y  Cortés 
Como  aqui  rendido  ves 
A  los  rayos  de  tus  ojos. 

Yo,  que  en  su  lu/  soberana 
El  Sol  de  mi  patria  vi, 
Orgulloso  me  sen  ti 
De  mi  sangre  americana. 
Toda  competencia  es  vana  : 
No  os  pongáis  en  su  camino, 
Flores  ;  que  el  pincel  divino 
Que  os  matizó  de  colores, 
Pintó  más  bellas  las  flores 
Que  brota  el  suelo  Argentino. 


Madrid  1860. 


HISI'ANO-ARGENTINA  189 


JOSÉ  ZORRILLA  (1817-1893) 


El  poeta  iHíis  nacional  y  más  po- 
pular de  su  siglo,  y  uno  de  los  más 
grat)(les  dramaturgos,  especialmente 
en  el  género  histórico. 


A   BUEN  JUEZ,    MEJOR   TESTIGO 


Fragmento 

Era  entonces  de  Toledo 
Por  el  rey  g^obernador 
El  justiciero  y  valiente 
Don  Pedro  Riiiz  de  Alarcon. 
Muchos  años  por  su  patria 
El  buen  viejo  peleó ; 
Cercenado  tiene  un  brazo, 
Mas  entero  el  corazón. 
I^  mesa  tiene  delante. 
Los  jueces  en  derredor, 
Los  corchetes  á  la  puerta 
Y  en  la  derecha  el  bastón. 
Está,  como  presidente 
Del  tribuna!  superior, 
Entre  un  dosel  y  una  alfombra 
Reclinado  en  un  sillón 
Escuchando  con  paciencia 
La  casi  asmática  voz 
Con  que  un  tétrico  escribano 
Solfea  una  apelación, 
Los  asistentes  bostezan 
Al  murmullo  arrullador. 
Los  jueces  medio  dormidos 


190  ANTOLOGÍA   KSCOLAR 

Hacen  pliegues  al  ropón, 
Los  escribanos  repasan 
Sus  pergaminos  al  sol, 
Los  corchetes  á  una  moza 
Guiñan  en  un  corredor, 

Y  abajo  en  Zocodover 
Gritan  en  discorde  son 

Los  que  en  el  mercado  venden 
Lo  vendido  y  el  valor. 

Una  mujer  en  tal  punto, 
En  faz  de  grande  aflicción, 
Rojos  de  llorar  los  ojos. 
Ronca  de  gemir  la  voz, 
Suelto  el  cabello  y  el  manto, 
Tomó  plaza  en  el  salón 
Diciendo  á  gritos:  «.Justicia, 
Jueces,  justicia,  sefior  !  » 

Y  á  los  |)iés  se  arroja  humilde 
De  Don  Pedro  de  Alarcon, 

En  tanto  que  los  curiosos 
Se  agitan  al  rededor. 
Alzóla  cortés  Don  Pedro 
Calmando  la  confusión 

Y  el  tumultuoso  murmullo 
Que  esta  escena  ocasionó. 
Diciendo : 

—  Mujer,  ¿  qué  quieres  ? 

—  Quiero  justicia,  señor. 

—  ¿De  qué  ? 

-  -  De  una  prenda  hurtada. 

—  ¿  Q'^i  prenda  ? 

—  Mi  corazón. 

—  ¿  Tú  le  diste  ? 

—  Le  presté. 

—  ¿  Y  no  te  le  han  vuelto? 

-  No. 

—  ¿  Tienes  testigos  ? 

—  Ninguna. 


HISPANO-AMKIUCANA  191 

—  ¿  Y  promesa  ? 

—  ¡  Si.  por  Dios  ! 
Que  al  partirse  de  Toledo 
Un  juramento  empeñó. 

—  ¿  Quién  es  él  ? 

—  Diego  Martínez. 

—  ¿  Noble  •? 

—  Y  capitán  señor, 

—  Presentadme  al  capitán, 
Que  cumplirá  si  juró.  — 
Quedó  en  silencio  la  sala, 

Y  á  poco  en  el  corredor 
Se  oyó  de  botas  y  espuelas 
El  acompasado  son. 

Un  portero,  levantando 

El  tapiz,  en  alta  voz 

Dijo:  —  El  capitán  :  Don  Diego. — 

Y  entró  luego  en  el  salón 
Diego  iMartinez,  los  ojos 
Llenos  de  or.JíuUo  y  furor. 

— ¿  ^ois  el  capitán  Don  Diego, 
Dijole  Don  Pedro,  vos  ?  — 
Contestó  altivo  y  sereno 
Diego  Martínez 

-  Yo  Soy. 

—  ¿  Conocéis  á  esta  muchacha  ? 

—  Há  tres  años,  salvo  error. 

—  ¿  Hicisteisla  juramento 
De  ser  su  marido  ?  — 

—  No. 

—  ¿Juráis  no  haberlo  jurado? 

—  Si  juro. 

—  Pues  id  con  Dios. 

—  ¡  .Miente  !  —  clamó  Inés  llorando 
De  despecho  y  de  rubor. 

—  Mujer,  ¡  Piensa  lo  que  dices! ... 

—  Digo  que  miente,  juró. 


192  ANTOLÜ(iÍA    ESCOLAH 

—  ¿Tienes   lestiíJOS?  — 

—  Ninguno. 

—  Capitán,  idos  con  Dios, 

Y  dispensad  que  acusado 
Dudara  de  vuestro  lionor.    - 

Tornó  Martinez  la  espalda 
^'.on  brusca  satisfacción, 
É  Inés,  que  le  vio  partirse, 
Resuelta  y  íirme  gritó  : 

—  Llamadle,  tengo  un  testigo. 
Llamadle  otra  vez,  señor.  — 
Volvió  el  capitán  Don  Diego, 
Sentóse  Ruiz  de  Alarcon, 

La  multitud  aquietóse 

Y  la  de  Varg'S  siguió  : 

— ¡  Tengo  un  testigo  á  quien  nunca 
Faltó  verdad  ni  razón  ! 

—  ¿  Quién  ? 

—  Un  hombre  que  de  lejos 
Nuestras  palabras  oyó. 
Mirándonos  desde  arriba. 

—  ¿  Kslaba  en  algún  balcón? 

—  No,  que  estaba  en  un  suplicio 
Donde  ha  tiempo  que  espiró.  — 

—  ¿Luego  es  muerto? 

— No,  que  vive. 

—  Kstais  loca,  i  Vive  Dios  ! 
¿  Quién  fué? 

Kl  C KISTO  de  la  Vega, 
A  cuya  faz  perjuró. 
Pusiéronse  en  pié  los  jueces 
Al  nombre  del  Kedentor, 
KscuchaiKlo  con  asombro 
Tan  excelsa  apelación 

Ueinó  un  profundo  silencio 
De  sorpres  1  y  de  pavor, 

Y  Diego  bajó  los  ojos 

De  vergüenza  y  confusión. 


HISPANO-AHGKNTINA  193 

Un  instante  con  los  jueces 

Don  Pedro  en  secreto  habló. 

Y  levantóse  diciendo 

<;on  respetuosa  voz  : 

«  La  ley  es  ley  para  lodos, 

Tu  testigo  es  el  mejor, 

Mas  para  tales  testigos 

No  hay  más  tribunal  (|ue  Dios. 

Haremos...  lo  que  sepamos  ; 

líscribano,  al  caer  el  sol 

Al  Cristo  que  está  en  la  vega 

Tomareis  declaración.  » 


GUSTAVO  ADOLFO  BÉCQUER  (1836-1870) 


Correcto  prosista  \'  notuble  poetti, 
por  la  sencillez  ai)areiite  de  sus  ri- 
mas y  i)or  la  (iiilziirn  ({iie  sus  cantos 
respiran,  logró  ser  jefe  de  una  escue- 
la, <|uc  durante  un  tiempo  tuvo  sus 
devotos. 


Üel  salón  en  el  ángulo  oscuro, 
de  su  dueño  tal  vez  olvidada, 
silenciosa  y  cubierta  de  polvo 

veíase  el  arpa 
¡Cuánta  nota  dormía  en  sus  cuerdas, 
■como  el  pájaro  duerme  en  las  ramas, 
esperando  la  mano  de  nieve 

(|ue  debe  arrancarlas  ! 
¡Ay!   pensé;    ¡Cuántas  veces  el  genio 
asi  duerme  en  el  fondo  del  alma, 
y  una  voz,  como  Lázaro,  espera 
/jue  le  diga  :  «  Levántate  y  anda  !  » 


194 


ANTOLOdlA  HSCOLAU 


LETRILLA  ELEGÍACA 


Cerraron  sus  ojos 
que  aun  tenia  abiertos  ; 
taparon  su  cara 
con  un  blanco  lienzo  ; 
y  unos  sollozando, 
otros  en  silencio, 
de  la  triste  alcoba 
todos  se  salieron 

La  luz  que  en  un  vaso 
ardia  en  el  suelo, 
al  muro  arrojaba 
la  sombra  del  lecho  ; 
y  entre  aquella  sombra 
veíase  a  intervalos 
dibujarse  rigida 
la  forma  del  cuerpo. 

Despertaba  el  dia, 
y  a  su  albor  primero 
con  sus  mil  ruidos 
despertaba  ol  pueblo. 
Ante  aquel  contraste 
de  vida  y  misterios, 
de  luz  y  tinieblas, 
medité  un  momento: 
Ki  ¡  Dios  mió,  qué  solos 
se  quedan  los  muertos  !  )> 

De  la  casa  en  hombros 
lleváronla  al  templo, 
y  en  una  capilla 
dejaron  el  féretro. 
Allí  rodearon 
sus  pálidos  restos 
de  amarillas  velas 


y  de  paños  negros. 

Al  dar  de  las  ánimas^ 
el  toque  postrero, 
acabó  una  vii'ja 
sus  últimos  rezos  ; 
cruzó  la  ancha  nave, 
las  puertas  gimieron, 
y  el  santo  recinto 
quedóse  desierto. 

De  un  reloj  se  ola 
couqiasado  el  péndulo 
y  de  algunos  cirios 
el  chisporroteo. 
Tan  medroso  y  triste, 
tan  oscuro  y  yerto 
todo  se  encontraba.  . 
que  pensé  un  momento  ; 
/  '  Dios  mió  qué  solos 
se  quedan  los  muertos  1... 

De  la  alta  campana 
la  lengua  de  hierro, 
le  dio,  volteando, 
su  adiós  lastimero. 
líl  lulo  en  las  ropas, 
amigos  y  deudos 
cruzaron  en  lila 
formando  el  cortejo. 

Del  último  asiló, 
oscuro  y  estrecho 
abrió  la  ¡¡ifiueta 
el  nicho  á  un  extremo. 
Allí  la  acostaron, 
tapiáronlo  luego. 


HISPANO-ARGENTINA 


195 


y  con  un  saludo 
despidióse  ol  duelo. 

La  pi(|ueta  al  hombro, 
el  sepulturero 
cantando  (Mitre  dientes 
se  perdió  á  lo  lejos. 
La  noche  se  entraba, 
reinaba  el  silencio  ; 
perdido  en  las  sombras, 
medité  un  momento  : 
■i  i  Dios  )iiio,  qué  solos 
SI-  quedan  los  muertos  ! 

Kn  las  largas  noches 
del  helado  invierno, 
cuando  las  maderas 
crujir  hace  el  viento 
y  azota  los  vidrios 
el  fuerte  aguacero, 
de  la  pobre  niña 
;'i  solas  me  acuerdo. 


Alli  cae  la  lluvia 
con  un  son  eterno  ; 
allí  la  combate 
el  soplo  del  cierzo. 
Del  húmedo  muro 
tendida  en  cl  hueco, 
¡  acaso  de  frió 
se  hielan  sus  huesos  ! 

,;  Vuelve  cl  polvo  al  polvo? 
,;  Vuela  el  alma  al  cielo  ? 
¿  Todo  es  vil  materia 
podedumbre  y  cieno? 
¡  No  sé  ;   pero  hay  algo 
que  explicar  no  puedo, 
que  al  par  nos  infundo 
repugnancia  y  duelo, 
al  dejar  tan  tristes, 
tan  solos  los  muertos. 


ANTONIO  TRUEBA  (1821-1889 


Lo  irisino  como  luieta  <|iie  como 
cuentista,  este  autor  sobresale  por 
su  sencillez  y  naturalidad,  cualida- 
des que  lograron  hacerle  i)Oi)ular. 


LA   PEREJILERA 


Al  salir  el  sol  dorado 
esla  niaiiana  te  vi 
cogiendo,  niña,  en  iu  huerto 
matitas  de  perejil. 

Para  verte  más  de  cerca 
en  el  huerto  me  metí 


196  ANTOLOGÍA    líSCOLAH 

y  sabrás  quo  eché  de  menos 
mi  corazón  al  salir. 

Tú  debiste  encontrarle, 
que  en  huerto  lo  perdí, 
«  Dámele,  perejilera, 
«  que  te  le  vengo  á  pedir.  >> 

LA   VIDA  Y  LA    MUERTE 
II 

Hay  un  Dios  que  tiene  un  cielo 
y  un  iníierno  reservados, 
para  los  buenos  el  uno, 
y  el  otro  para  los  malos. 
Mortal,  en  vano  te  ocultas 
al  cometer  el  pecado, 
que  para  Dios  no  hay  secretos, 
que  para  Dios  no  hay  arcanos. 
Avaro  (|ue  oro  más  oro 
vas  con  ansia  amontonando, 
que  adoración  le  t  ibutas. 
que  á  Dios  tienes  olvidado, 
que  con  el  sudor  del  pobre 
haces  vergonzoso  irálico, 
deja  de  engañar  al  mundo 
cubriéndote  con  el  manto 
de  lii  caridad,  y  deja 
de  irritar  á  Dios,  avaro. 
Mira  que  la  vida  es  corta, 
mira  que  el  iníierno  es  largo, 
«  mira  que  te  mira  Dios, 
«  Mira  que  te  está  mirando!  » 

11 

Rico  que  pasas  la  vida 
á  estéril  ocio  entregado, 
que  trajes  costosos  vistes, 


HISI'ANO-AlUiKNTlXA  19'i 

que  habitas  regios  palacios, 

que  en  lechos  de  plumas  duermes 

que  tienes  siervos  y  esclavos, 

que  fu  paladar  halagas 

con  manjares  delicados, 

que  en  refulgente  carro/.a 

vas  á  fiestas  y  saraos, 

que  á  meretrices  infames 

compras  placeres  mundanos, 

asómate  á  los  balcones 

de  tu  soberbio  palacio 

y  contempla  en  la  miseria 

sumidos  á  tus  hermanos. 

Verás  al  huérfano  débil, 
verás  al  caduco  anciano, 
verás  á  la  triste  viuda, 
verás  al  artista  inválido, 
famélicos  y  ateridos, 
cubiertos   ¡  ay  Dios  !   de  harapos, 
con  lágrimas  en  los  ojos 
tu  compasión  implorando. 
Llora  con  ellos  y  cubre 
su  desnudez  con  el  manto 
de  la  caridad  ¡  oh   rico 
á  la  molicie  entregado! 
Mira  que  Dios  premia  al  bueno, 
Mira  que  castiga  al  malo, 
('  mira  que  te  has  de  morir. 
«  mira  que  no  sabes  cuáuífo  !  » 


198  ANTOr.OC.ÍA    KSCOI.AH 


PEDRO   A.   DE  ALARCON  (1833-1891 


Afortunado,  si  no  muy  fecundo 
novelista,  dejó  obl-as  que  siempre 
se  leerán  con  agrado,  por  la  gracia 
que  respiran  varias  y  la  corrección 
de  la  forma  (¡ue  en  todas  campea. 

EL  P.   MANRIQUE 


LA  estancia  que  apareció  á  la  vista  del  joven 
era  tan  modesta  como  agradable.  Hallábase 
esterada  de  esparto  de  su  color  natural.  Cuatro 
sillas,  un  brasero,  un  sillón  y  un  bufete  componían 
su  mueblaje.  Cerca  del  bufete  había  una  ventana,  á 
través  de  cuyos  cristales  verdegueaban  algunas  ma- 
cetas y  entraban  los  rayos  horizontales  del  sol  ponien- 
te. Dos  cortinas  de  percal  rameado  cubrían  la 
puertecilla  de  la  alcoba.  Encima  del  bufete  había  un 
crucifijo  de  ébano  y  marfil,  muchos  libros,  varios 
objetos  de  escritorio,  un  vaso  con  flores  de  inver- 
nadero y  un  rosario. 

Sentado  en  el  sillón,  con  los  brazos  apoyados  en 
la  mesa,  y  extendidas  las  manos  sobre  un  infolio 
abierto,  encuadernado  en  pergamino,  cuya  lectura 
acababa  de  interrumpir,  estaba  un  clérigo  de  muy 
avanzada  edad,  vestido  con  balandrán  y  sotana  de 
paño  negro  y  alzacuello  enteramente  blanco.  No 
menos  blancas  eran  su  cara  y  su  cabeza:  ni  el  más 
ligero  asomo  de  color  ó  de  sombra  daba  matices  á 
su  cutis  ni  á  los  cortos  y  escasos  cabellos  que  cir- 
cuían su  calva.  Dijérase  que  la  sangre  no  fluía  ya 
bajo  aquella  piel ;  que  los  nervios  no  titilaban  bajo 
aquella    carne;    que    aquella    carne    era    la    de    una 


iiisi>an'c)-aui:gxtin.\  199 

momia.  Tomárase  aquella  cabeza  fría  y  blanca  por 
una  calavera  colocada  sobre  endeble  túmulo  revestido 
de  paños  negros. 

Hasta  los  ojos  del  sacerdote,  que  eran  grandes  y 
oscuros,  carecían  de  toda  expresión,  de  todo  brillo, 
•de  toda  señal  de  pasión  ó  sentimiento:  su  negrura 
se  parecía  á  la  del  olvido.  Sin  embargo,  aquella 
cabeza  no  era  antipática  ni  medrosa;  por  el  contrario, 
la  noble  hechura  del  cráneo,  la  delicadeza  de  las 
facciones,  lo  apacible  y  aristocrático  de  su  conjunto, 
y  no  sé  qué  vago  reflejo  del  alma  (ya  que  no  de  la 
vida),  que  se  filtraba  por  todos  sus  poros,  hacía  que 
infundiesen  veneración,  afecto  y  filial  confianza,  como 
las  efigies  de  los  santos. —  Fabián  creyó  estar  en 
presencia  del  propio  San  Ignacio  de  Loyola. 

El  clérigo  se  incorporó  un  poco,  sin  dejar  su  sitio, 
ni  casi  su  postura,  al  ver  aparecer  al  joven. 

—  ¿Es  al  ilustre  P.  Manrique  á  quien  tengo  el 
honor  de  hablar? —  preguntó  reverentemente  el  Con- 
de, deteniéndose  á  la  puerta. 

'—Yo  soy  el  indigno  siervo  de  Dios -que  lleva  ese 
nombre  —  contestó  con  gravedad  el  anciano. 

Y,  designándole  una  silla  que  había  al  otro  lado 
del  bufete,  añadió  con  exquisita  cortesía : 

—  Hágame  la  merced  de  tomar  asiento  y  de  expli- 
carme en  qué  puedo  servirle. 

Hablando  así,  tornó  á  sentarse  por  su  parte,  y 
cerró  el  libro,  después  de  registrarlo. 

Fabián  no  se  había  movido  de  la  puerta.  Sus 
ardientes  ojos  recorrían  punto  por  punto  toda  la 
habitación  y  se  posaban  luego  en  el  sacerdote  con 
una  mezcla  de  angustia,  agradecimiento,  temor  retros- 
pectivo y  recobrada  tranquilidad,  que  no  le  permitía 
andar,  ni  hablar,  ni  respirar  siquiera...  Había  algo 
de  infantil  y  de  imbécil  en  su  actitud,  hija  de  muchas 
emociones,  hasta  entonces  refrenadas,  que  estaban 
para  estallar  en  lágrimas  y  gemidos... 

Sin    duda   lo  conoció  así  el  jesuíta.     Ello  fué  que 


200  ANTOLOÍiÍA  KSCOI.AH 

dejó  su  asiento,  acercóse  á  Fabián,  y  lo  estrechó  entre 
los  brazos,  diciéndole: 

—  Cálmese  V.,  hijo  mío... 

—  ¡  Padre !  ¡  Padre  !  ( exclamó  por  su  parte  P'abián  ) 
¡Soy  muy  desgraciado!  ¡Yo  quiero  morir!  ¡Tenga 
usted  piedad  de  mi  alma ! 

Y,  apoyando  su  juvenil  cabeza  en  la  encanecida 
del  P.   Manrique,  prorrumpió  en  amarguísimo  llanto. 

—  ¡Llore  V.,  hijo!  ¡Llore  V.!  (decía  el  anciano 
sacerdote  con  la  dulce  tranquilidad  del  médico  que 
está  seguro  de  curar  una  dolencia).  ¡Probablemente 
todo  eso  no  será  nada!...  i  Vamos  á  ver!...  Siéntese 
aquí,  con  los  pies  junto  al  brasero...  —  Viene  V.  helado^ 
y  además  tiene  algo  de  calentura. 

Y,  acompañando  la  acción  á  las  palabras,  colocó 
a  P'abián  cerca  de  la  lumbre,  que  removió  luego  un 
poco  con  lá  paleta. 

En  seguida  penetró  en  la  alcoba,  de  donde  no  tardó 
en  volver  trayendo  un  vaso  de  agua. 

—  Tome  V.  para  el  cuerpo...  le  dijo  afablemente ). 
Después...,  cuando  V.  se  calme,  trataremos  del  espí- 
ritu, para  el  cual  hay  también  un  agua  purísima^ 
que  nunca  niega  Dios  á  los  verdaderos  .sedientos. 

De  El  Escándalo  ~{Áhv o  I— Cap.  III. 


HISPANO  AR(;KN'n\A  201 


JOSÉ  M.  DE  PEREDA  (1833-1906) 


Novelista  de  anligiio  cuño,  acertó 
á  piíitnr,  como  nadie,  la  vida  mon- 
tañesa con  simpático  realismo.  Su 
estilo  es  siempre  correcto,  apesar 
de  sus  arcaísmos. 


DE  TAL  PALO,   TAL   ASTILLA 


FUAGMKNTO 


APKNAS  el  doctor  se  perdió  de  vista,  después  de 
doblar  el  ángulo  de  una  calleja  entoldada  de 
Cardales,  apareció  en  ella  un  niuchachón  alto 
y  desgarbado,  con  los  labios  muy  gruesos,  las  cejas 
espesas  y  corridas,  la  tez  morena,  los  pies  anchos, 
planos  y  en  escuadra,  las  piernas  largas  y  desma- 
dejadas, y  cargado  de  hombros.  Vestía  traje  de  buen 
género,  no  mal  hecho,  pero  muy  mal  colocado.  Por 
el  garrote  que  llevaba  en  la  mano,  lo  sucio  de  sus 
zapatos,  lo  reluciente  del  rostro  y  el  andar  inseguro 
y  despeado,  se  conocía  (¡ue  traía  hecha  larga  jornada. 

Reparó  en  él  Macabeo,  y  exclamó  dando  un  ga- 
rrotazo en  los  morrillos  de  la  calleja:: 

— Esto  .sólo  me  faltaba  hoy  ¡  caráspitis! ...  ¡Si  lo 
digo  yo!...  cuando  el  año  está  de  piojos  no  hay  que 
mudar  la  camisa. 

— i  Hola,  Macabeo  ¡  -  gritó  al  mismo  tiempo  el 
caminante,  blandiendo  el  palo  sobre  la  cabeza  —  Acá 
estamos  todos  y,  ¡  Viva  Valdecines !  ¡  Dios ! 

— ¡  Mal  rayo  te  parta,  animal  de  bellota !  — mur- 
muró Macabeo;  y  luego  dijo  en  alta  voz: 


I 


202  ANTOLOGÍA   ESCOLAR 

— Kl  demonio  me  lleve  si  me  acordaba  más  de  tí 
que  de  la  hora  en  que  me  han  de   enterrar. 

— Se  estima  el  aprecio,  hombre,  —  respondió  el 
otro,  ya  junto  á    Macabeo,    con   su    voz    cencerruna. 

—  Pues  mira,  Bastián:  nadie  te  espera  en  el  pueblo. 
— Lo  sé;  pero  yo  he  venido  porque   quería    venir 

jDios!;  y  el   que    no    me    vea    de    buen    ojo    que    le 
cierre. 

—  ¿Dónde  has  pasado  la  noche? 

—  En  Perojales,  tan  guapamente.  Caía  la  tarde 
cuando  llegué;  amenazaba  el  trueno,  y  díjeme  «no 
paso  la  Hoz.»  Narices  tuve,  porque  aquello  fué  de 
lo  poco  que  se  ha  visto. 

—  ¡  Qué  lástima,  hombre ! 

—  ¿De  qué,  Macabeo ? 

—  De  que  te  hubiera  cogido  la  tormenta  en  aque- 
lla santimperie. 

— Eso  digo  yo.  Una  desgracia  sucede  en  un  credo; 
y  luego...  ¡  Dios ! ...  esta  mañana  madrugué,  y  aquí  me 
tienes. 
.  ..-^¿A.  pié  has  venido?  . 

—  Desde  el  tren,  tan  guapamente.  El  ahorro  me 
sirvió  para  el  pienso  de  anoche,  y  aún  me  queda 
grano...  para  lo  que  yo  me  sé. 

—  ¡Y  también  yo,  caráspitis !...  ¿  Por  qué  no  pasaste 
la  Hoz? 

—  ¡Otra  te  pego!...  ¿No  te  lo  he  dicho?...  Porque 
olí  la  quema. 

—  ¡Por  vida  de  la  nariz!...  Pues  mira,  Bastián:  tu 
padre  no  te  espera. 

—  De  voto  de  mi  tío,  no  saldría  yo  de  Santander 
hasta  que  pudiera  entrar  en  Valdecines  hecho  un 
caballero.  ¡Mira  tú  si  es  fantasía  de  hombre!...  Con- 
que, ya  hablaremos,  que  me  voy  á  verle. 

--¿A  quién? 

—  A  mi  tio. 

—  No  está  en  casa. 

—  ¿Pues  en  donde  está? 


HISPANO  AlUi^NTINA  203 

—  Aquí. 

—  Pintonees,  subiré... 

—  No  se  le  puede  ver  ahora. 

—  ¿  Porqué? 

—  Porque...  Pero,  alma  de  cántaro  ¿  tú  no  sabes  lo 
que  pasa? 

—  Ni  pizca,   Macabeo. 

—  No  has  oído  las  campanas? 

—  Si  que  las  he  oído;  pero,  la  verdá,  no  se  me 
ha  ocurrido  preguntar  por  quien  era  el  toque. 
¿  Quién  se  murió,  Macabeo  ? 

—  Doña  Marta. 

—  ¡Dios!  ¿Cuándo? 

—  Anoche. 

—  ¡Dios!  ¿Y  de  qué,  hombre? 

—  ¿Y  á  tí  que  te  importa? 

—  Es  de  razón,  Macabeo:  Maldito  lo  qué... 

—  ¡  Conque  figúrate  la  falta  que  haces  acá.  Bastián. 

—  Más  de  lo  que  tú  piensas,  Macabeo, 

—  La  de  los  perros  en  misa...  Vuélvete,  Bastían, 
por  donde  has  venido...  ¡cundo  yo  te  lo   aconsejo!... 

—  ¡Hombre,  y  á  tí  ¿qué  te  va  ni  qué  te  viene 
con  que  yo  me  vaya  ó  me  quede  ?  ¡  Pues  me  he  dado 
flojo  trote  desde  ayer  para  qué,  sin  más  ni  más, 
tome  el  consejo  tuyo...  ¡  Dios!  ¡Vaya  con  el  con- 
sejero de  chanfaina! 

—  Miro  por  tí,  Ba.stián...  Y'  por  último  —  añadió 
Macabeo  con  un  cambio  súbito  de  humor  —  ¡  que  te 
quedes  ó  te  marches,  ó  te  parta  un  rayo  por  el 
medio,  no  se  me  importa  una  alubia. 

Cap.  Uí 


204  ANTOLOGÍA   K.SCOLAU 


JUAN  VALERA  (1824-1905) 


Sesudo  critico,  con  sus  dejos  de 
mordacidad,  brilla  más  en  la  litera- 
lura  como  novelista.  Su  atrayeiite 
corrección  diplomática  se  revela  en 
su  estilo  siempre  pulcro  y  castizo. 


PEPITA  JIMÉNEZ 


Fkagmento 

—  Al  fin  se  dignó  V.  venir  á  despedirse  de  mí 
antes  de  su  partida  —  dijo  Pepita.  —  Yo  había  perdido 
ya  la  esperanza. 

El  papel  que  hacía  D,  I^uis  era  de  mucho  empeño, 
y  por  otra  parte,  los  hombres,  no  ya  los  novicios, 
sino  hasta  experimentados  y  curtidos  en  estos  diá- 
logos, suelen  incurrir  en  tonterías  al  empezar.  No  se 
condene,  pues,  á  D.  Luis  porque  empezase  contestando 
tonterías. 

—  Su  queja  de  V.  es  injusta  —  dijo. —  He  estado 
aquí  á  despedirme  de  V,  con  mi  padre,  y  como  no 
tuvimos  el  gusto  de  que  V.  nos  recibiese,  dejamos 
tarjetas.  Nos  dijeron  que  estaba  V.  algo  delicada  de 
salud,  y  todos  los  dias  hemos  enviado  recado  para 
saber  de  V.  Grande  ha  sido  nuestra  satisfacción  al 
saber  que  estaba  aliviada.  Y  ahora  ¿se  encuentra 
V.  mejor? 

—  Casi  estoy  por  decir  á  \'.  que  no  me  encuentro 
mejor  —  replicó  Pepita  — ;  pero  como  veo  que  viene 
V.  de  embajador  de  su  padre,  y  no  quiero  afligir  á 
un  amigo  tan  excelente,  justo  será  que  diga  á  V.  y 
y  que  V.  repita  á  su  padre,  que  siento  bastante  ali- 


IIISPANO-ARGENTINA  205 

vio.  vSin guiar  es  que  haya  venido  V.  solo.  Muf^ho 
tendrá  cjue  hacer  O.  Pedro  cuando  no  le  ha  acom- 
j)añado. 

—  Mi  padre  no  me  ha  acompañado,  señora,  porque 
no  sabe  que  he  venido  á  ver  á  V.  Yo  he  venido 
solo,  porque  mi  despedida  ha  de  ser  solemne,  grave, 
para  siempre  quizás,  y  la  suya  es  de  índole  harto 
diversa.  Mi  padre  volverá  por  aquí  dentro  de  unas 
semanas;  yo  es  posible  que  no  vuelva  nunca,  y  si 
vuelvo,  volveré  muy  otro  del  que  soy  ahora. 

Pepita  no  pudo  contenerse.  El  porvenir  de  felicidad 
con  que  había  soñado  se  desvanecía  como  una  sombra. 

Su  resolución  inquebrantable  de  vencer  á  toda 
costa  á  aquel  hombre,  único  que  había  amado  en 
la  vida,  único  que  se  sentía  capaz  de  amar,  era  una 
resolución  inútil.  D.  Luis  se  iba.  La  juventud,  la 
gracia,  la  belleza,  el  amor  de  Pepita  no  valían  para 
nada.  Estaba  condenada,  con  veinte  años  de  edad  y 
tan  hermosa,  á  la  viudez  perpetua,  á  la  soledad,  á 
amar  a  quien  no  la  amaba.  Todo  otro  amor  era 
imposible  para  ella,  El  carácter  de  Pepita,  en  quien 
los  obstáculos  recrudecían  y  avivaban  más  los  anhe- 
los; en  quien  una  determinación,  una  vez  tomada, 
lo  arrollaba  todo  hasta  verse  cumplida,  se  mostró 
entonces  con  notable  violencia  y  rompiendo  todo 
freno.  Era  menester  morir  ó  vencer  en  la  demanda. 
Los  respetos  sociales,  la  inveterada  costumbre  de 
disimular  y  de  velar  los  sentimientos,  que  se  ad- 
quiere en  el  gran  mundo,  y  que  pone  dique  á  los 
arrebatos  de  la  pasión  y  envuelve  en  gasas  y  cen- 
dales, y  disuelve  en  perífrasis  y  frases  ambiguas  la 
más  enérgica  explosión  de  los  más  reprimidos  afec- 
tos, nada  podían  con  Pepita  que  tenía  poco  trato  de 
gentes,  y  que  no  conocía  término  medio;  que  no 
había  sabido  sino  obedecer  á  ciegas  á  su  madre  y  á 
su  primer  marido  y  mandar  después  despóticamente 
á  todos  los  demás  seres  humanos.  Asi  es  que  Pepita 
habló  en  aquella  ocasión  y  se  mostró  tal  como   era. 


206  ANTOLOGÍA   ESCOLAR 

Su  alma,  con  cuanto  había  en  ella  de  apasionado, 
tomó  forma  sensible,  y  sus  palabras  no  sirvieron 
para  envolver  su  pensar,  y  su  sentir,  sino  para  dar- 
le cuerpo.  No  habló  como  hubiera  hablado  una  dama 
de  nuestros  salones,  con  ciertas  plegarias  y  atenua- 
ciones en  la  expresión,  sino  con  la  despechez  idílica 
con  que  Cloe  hablaba  á  Dáfnis  y  la  humildad  y  el 
abandono  completo  con  que  ofreció  á  Booz  la  nuera 
de  Noemi. 


ARMANDO  PALACIO  VALDÉS  (1853 


Sobresaliente  novelista,  de  variadas 
tendencias,  es  un  profundo  conoce- 
dor del  corazón  Iiuniano;  un  verda- 
dero lilósofo  de  estilo  encantador  v 
ameno. 


(  De  los  Papeles  del  Doctor  Atujélieo ) 


UN  TESTIGO   DE   CARGO 


HAY  personas  que  no  pasean  jamas  sino  por 
calles  céntricas.  Hay  otras  que  gustan  de  las 
excéntricas  y  solitarias  en  los  barrios  extremos 
de  Madrid,  lindantes  con  la  campiña.  Las  hay,  por  fin, 
que  no  pasean  ni  por  unas  ni  por  otras,  y  sólo 
encuentran  alegría  midiendo  el  pasillo  de  su  casa  á 
trancos,  y  acercándose  de  vez  en  cuando  d  la  estufa 
para  calentarse  las  manos. 

Pues  bien ;  declaro  que  yo  pertenezco  á  la  segunda 
categoría,  aunque  también  me  agrada  recorrer  una 
y  otra  vez  mi  pasillo  con  las  manos  en  los  bolsillos, 
particularmente    cuando    llueve,  y  dar  unas  cuantas 


HISPANO-AROENTINA  207 

vueltas  por  las  calles  de  Alcalá  y  Sevilla  á  las  horas 
de  más  tránsito.  Cuando  esto  último  acaece,  procuro 
que  mi  rostro  vaya  fruncido  y  aborrascado  para 
adaptarse  al  medio  ambiente;  pero  es  contra  mi 
gusto,  bien  lo  sabe  Dios,  porqué  mi  fisonomía,  ])or 
naturaleza,  es  placida  y  sentimental. 

Así,  que  experimento  más  placer  en  pasearme  por 
las  afueras,  donde  encuentro  rostros  alegres  que  me 
miran  sin  hostilidad.  Sólo  allí  me  desarrugo  y  soy 
exteriormente  lo  que  Dios  quiso  hacerme.  Y  he 
pensado  algunas  veces  que  si  trasladásemos  las  caras 
de  las  afueras  al  centro,  y  las  del  centro  las  enviáse- 
mos á  paseo,  Madrid  ofrecería  á  los  ojos  de  los 
extranjeros  un  aspecto  más  hospitalario,  más  risueño, 
y,  sobre  todo,  más  humano  que  el  que  ahora  tiene. 

No  sucede  lo  mismo  con  los  perros.  Encuentro, 
generalmente,  los  del  centro  apacibles  y  corteses,  los 
de  los  barrios  extremos,  agresivos,  quimeristas  y 
mucho  más  descuidados  en  el  aseo  de  su  individuo. 
Sin  duda,  la  cultura,  que  ejerce  una  influencia  tan 
triste  en  la  raza  humana,  suaviza  y  mejora  la  canina. 

Ignoro  si  el  perro  con  quien  tropecé  cierto  dia  en 
una  de  las  calles  más  extraviadas  del  barrio  de 
Chamberí  era  quimerista  y  agresivo  como  sus  conve- 
cinos; pero  sí  puedo  dar  fe  de  su  escandalosa  suciedad. 

Flaco,  lanudo,  como  esos  bohemios  que  no  se 
recortan  jamás  la  barba  y  la  dejan  crecer  por  donde 
salga,  cubierto  de  polvo  y  con  un  pegote  de  barro 
en  cada  pelo,  se  acercó  á  mí  este  repugnante  animal 
moviendo    el    rabo  y  mirándome  con  ojos  humildes. 

Yo  di  un  salto  atrás,  porque  la  experiencia  me  ha 
enseñado  que  se  puede  mover  el  rabo  humildemente 
y  ser  en  el  fondo  malísimo  sujeto.  Pronto  me  convencí 
de  que  no  había  nada  que  temer.  Aquel  pobre  perro 
habia  venido  tan  á  menos,  se  hallaba  tan  desampara- 
do y  abatido,  que  los  últimos  rescoldos  de  su  carácter 
agrio,  si  alguna  vez  lo  habia  tenido,  se  habían  apagada 
por  completo. 


208  ANTOLOGÍA  KSCOLAR 

Hice  sonar  con  los  dedos  una  leve  castañeta, 
correspondiendo  al  meneo  vertiginoso  de  su  rabo, 
y  me  dispuse  á  proseguir  mi  camino.  Pero  él  agradeció 
aquella  fria  castañeta  como  nadie  me  agradeció  en 
la  vida  el  saludo  más  cordial  y  cariñoso.  Comenzó 
á  brincar  delante  de  mí,  y  á  retorcerse  y  á  lanzar 
suaves  é  insinuantes  aullidos,  expresando  tanto  gozo 
como  gratitud. 

No  se  agradecen  así  los  saludos  en  este  bajo  mun- 
do— ^  me  dijo  nuevamente  la  experiencia  —  si  no  se 
teme  ó  espera  algo.  Este  perro  no  tiene  amo,  ó  ha 
sido  arrojado  por  él  de  su  casa.  ¡  Pobre  animal !  Me 
interesó  su  desgracia,  y  de  nuevo  hice  sonar  la  cas- 
tañeta con  alguna  mayor  efusión,  y  él  con  esto  renovó 
las    señales   de  gratitud  hasta  querer  descoyuntarse. 

Inmediatamente  tomó  la  resolución  de  seguirme 
hasta  el  fin  del  mundo. 

Yo  le  veía  detrás  varias  veces,  dándome  escolta; 
otras,  delante,  sirviéndome  de  heraldo.  Por  momentos 
se  detenía,  levantaba  hacia  mí  su  hocico  peludo,  y 
me  miraba  con  afectuosa  sumisión,  cual  si  me  qui- 
siera decir  que  estaba  dispuesto  á  obedecerme  como 
amo  y  señor.  La  desgracia  de  aquel  animal  me  con- 
movió. Era  tan  feo,  que  no  habia  motivo  para  admi- 
rarse de  que  su  dueño  le  hubiese  abandonado. 

Y,  sin  embargo,  yo  he  visto  algunas  señoras  ricas 
que  acariciaban  y  mimaban  con  apasionados  transpor- 
tes de  amor  á  otros  perros  más  feos  que  éste,  y  he 
visto  también  á  algunos  jóvenes  elegantes  acariciar 
y  mimar  á  estas  mismas  señoras,  más  feas  aun  que 
sus  perros. 

Me  representaba  á  aquel  pobre  animal,  arrojado 
ignominiosamente  de  su  casa,  volviendo  á  ella  á 
demandar  gracia,  aullando  tristemente  á  la  puerta; 
le  veía  marchar  errante  y  hambriento  por  aquellas 
calles  solitarias,  introducirse  en  alguna  tienda  en 
busca  de  una  piltrafa,  salir  de  ella  molido  á  palos, 
seguir  á  los  transeúntes  hasta  que  éstos  le  despedían 
•á  puntapiés  ó  pedradas. 


iiisi»ano-aiu;i:ntixa  209 

La  compasión  se  filtraba  en  mi  pecho,  y  cuando 
el  animal  se  paraba  á  mirarme,  le  hacía  una  señal 
de  afectuosa  consideración.  Entonces  se  acercaba  á 
mí  rebosando  de  agradecimiento,  y  yo,  sin  temor  á 
mancharme  las  manos,  como  los  santos  caritativos 
de  la  leyenda,  le  acariciaba  la  cabeza. 

Pero  á  medida  que  trascurría  el  tiempo,  se  apo- 
deraba de  mí  un  vago  malestar.  ¿  Qué  iba  á  hacer 
de  aquel  desdichado  ?  A  un  perro  no  se  le  puede  dar 
una  limosna,  ni  recomendarle  á  un  concejal  amigo 
para  que  le  coloque  de  peón  en  los  trabajos  de  la 
villa.  Necesitaba  llevármelo  á  casa.  Esto  era  grave. 
.¿Qué  diría  el  portero,  que  dirían  los  vecinos,  qué 
diría,  sobre  todo,  mi  familia  al  ver  entrar  aquel  bicho 
feo  y  asqueroso  ?  ¡  Vaya  unas  protestas,  vaya  una 
zambra,  vaya  una  risa  que  se  armaría  en  mi  casa ! 
Se  me  puso  la  sangre  de  gallina. 

Comprendí  inmediatamente  todo  lo  falso  de  mi 
situación. 

Entonces  hice  con  el  perro  lo  que  conmigo  hacen 
los  amigos  cuando  mi  presencia  les  molesta,  me  hice 
■el  distraído.  Cuando  me  miraba  con  sus  ojos  afec- 
tuosos, volvía  la  cara  hacia  otro  sitio;  si  se  acercaba 
á  mí,  fruncía  el  entrecejo  como  si  no  le  viese,  y 
seguía  mi  camino.  En  fin,  adopté  un  continente  tan 
glacial  como  significativo.  Pero  él  no  vio  la  signifi- 
cación, ó  no  quiso  verla.  Sin  darse  por  enterado, 
persistía  en  sus  muestras  de  adhesión  incondicional, 
teniéndose   siempre   por  mi  protegido. 

Una  de  las  veces  que  mi  mirada  se  cruzó  con  la 
suya,  vi  en  sus  ojos  una  expresión  de  sorpresa  y  de 
súplica  tal,  que  el  corazón  se  me  apretó.  Sin  embargo, 
lo  que  pedía  no  era  posible. 

Mi  inquietud  iba  en  aumento,  y  ya  pensaba  en  la 
barbarie  de  arrojarlo  de  mi  lado  violentamente,  cuan- 
do observo  que  viene  hacia  nosotros  un  tranvía. 
Pintonees,  cautelosamente,  me  agarro  á  él  y  monto. 
Desde    la    plataforma    veo    á    mi    perro    que  camina 


210  ANTOLOGÍA   ESCOLAlí 

tranquilo  y  confiado,  vuelve  de  pronto  la  cabeza,, 
queda  sorprendido,  olfatea  el  aire  con  desesperación, 
y,  por  fin,  baja  de  nuevo  su  cabeza  hacia  la  tierra^ 
resignado,  como  los  seres  que  han  conocido  todo  el 
dolor  de  este  mundo  y  saben  lo  que  se  puede  espe- 
rar de  la  existencia.  ^ 

Jamás  pude  olvidarlo.  Y  al  acordarme  de  él,  no 
puedo  menos  de  pensar  que  cuando  algún  dia  me 
vea  ante  el  tribunal  de  Dios,  y  se  juzguen  todos  los 
actos  de  mi  vida,  y  se  cuenten  mis  faltas  y  desacier- 
tos, he  de  verle  aparecer,  con  su  hocico  peludo  y  su 
aspecto  dolorido  á  dar  fe  de  mi  cruel  egoísmo. 


BENITO  PÉREZ  GALDÓS  (1845-1920) 


Novelista  y  dramaturgo,  piás  lo- 
primero  que  lo  segundo,  trazó  hondo 
surco  en  la  literatura  castelliuia.  á 
pesar  de  rendir  excesivo  culto  á  de- 
terminadas ideas. 


RETRATO   DE   CHURRUCA 


AL  dia  siguiente  de  nuestra  llegada  recibió  mi 
amo  la  visita  de  un  brigadier  de  marina,  amiga 
antiguo,  cuya  fisonomía  no  olvidaré  jamás  á  pesar 
de  no  haberle  visto  más  que  en  aquella  ocasión. 
Era  un  hombre  como  de  cuarenta  y  cinco  años,  de 
semblante  hermoso  y  afable,  con  tal  expresión  de 
tristeza,  que  era  imposible  verle  sin  sentir  irresistible 
inclinación  á  amarle.  No  usaba  peluca  y  sus  abun- 
dantes cabellos  rubios,  no  martirizados  por  las  tena- 
zas del  peluquero  para  tomar  la  forma  de  alas  de 
pichón,  se  recogían  con  cierto  abandono  en  una 
gran  coleta,  y  estaban  inundados  de  polvos  con  me- 


HISPANO-ARÜENTINA  211 

nos  arte  del  que  la  presunción  propia  de  la  época 
exigía.  Eran  grandes  y  azules  sus  ojos;  su  nariz 
muy  fina,  de  perfecta  forma  y  un  poco  larga,  sin 
"que  esto  le  afeara,  antes  bien  parecía  ennoblecer  su 
expresivo  semblante.  Su  barba,  afeitada  con  esmero, 
era  algo  puntiaguda,  aumentando  así  el  conjunto 
melancólico  de  su  rostro  oval,  que  indicaba  más 
bien  delicadeza  que  energía.  Este  noble  continente 
era  realzado  por  una  urbanidad  en  los  modales,  por 
una  grave  cortesanía  de  que  ustedes  no  pueden  for- 
mar idea  por  la  estirada  fatuidad  de  los  señores  del 
dia,  ni  por  la  movible  elegancia  de  nuestra  dorada 
juventud.  Tenía  el  cuerpo  pequeño,  delgado  y  como 
enfermizo.  Más  que  guerrero,  aparentaba  ser  hombre 
de  estudio,  y  su  frente,  que  sin  duda  encerraba  altos 
y  delicados  pensamientos,  no  parecía  las  más  propia 
para  arrostrar  los  horrores  de  una  batalla.  Su  ende- 
ble constitución,  que  sin  duda  contenía  un  espíritu 
privilegiado,  parecía  destinada  á  sucumbir  al  primer 
choque.  Y,  sin  embargo,  según  después  supe,  aquel 
hombre  tenía  tanto  corazón  como  inteligencia.  Era 
Churruca. 

El  uniforme  del  héroe  demostraba,  sin  ser  viejo 
ni  raído,  algunos  años  de  honroso  servicio.  Después, 
cuando  le  oí  decir,  por  cierto  sin  tono  de  queja,  que 
el  Gobierno  le  debía  nueve  pagas,  me  expliqué 
aquel  deterioro.  Mi  amo  le  preguntó  por  su  mujer, 
y  de  su  contestación  deduje  que  se  había  casado 
poco  antes,  por  cuya  razón  le  compadecí,  parecién- 
dome  muy  atroz  que  se  le  mandara  al  combate  en 
tan  felices  días.  Habló  luego  de  su  barco,  el  San 
Juan  Neponmceno,  al  que  mostró  igual  cariño  que  á 
su  joven  esposa,  pues  según  dijo,  él  lo  había  com- 
puesto y  arreglado  á  su  gusto,  por  privilegio  espe- 
cial, haciendo  de  él  uno  de  los  primeros  barcos  de 
la  armada   española. 

De  Trafalgar. 


212  ANTOLOGÍA  ESCOLAR 


MANUEL  TAMAYO  Y  BAUS  (1829-1898) 


Sin  rival  en  el  dominio  del  arte 
dramático,  enjoyó  la  literatura  espa- 
ñola con  ot)ras  teatrales  de  imi)ere- 
cedera  fama. 


UN     DRAMA     NUEVO 


Yorick    y  Edmundo 


K.  —  ¿  Qué  ? 

Y.  —  Que  en  esta  obra  que  estás  viendo,  tengo  un 
excelente  papel. 

E.  —  Con  el  alma  lo  celebro,  señor. 

Y.  —  Tiempo  ha  que  en  vez  de  padre  me  llamas 
señor,  y  en  vano  ha  sido  reprendértelo. 
¿Acaso  te  di  impensadamente  motivo  para 
que  tan  dulce  nombre  me  niegues? 

E.  —  Yo  soy  el  indigno  de  pronunciarlo 

Y. — ¿A  qué  viene  ahora  eso?  ¡Ay!  Edmundo; 
me  vas  perdiendo  el  cariño. 

E. — ¿Qué  os  induce   á  creerlo? 

Y.  —  Fueras  menos  reservado  conmigo,  si  cual  an- 
tes me  amaras. 

E.  —  Y  ¿en  qué  soy  yo  reservado  con  vos? 

Y.  —  En  no  decirme  la  causa  de  tu  tristeza. 

E.  —  ¿Yo  triste? 

Y.  —  Triste  y  lleno  de  inquietud  ¿Qué  vá  á  que 
estás  enamorado? 

E. — ¿Enamorado?  ¡Yo!...  ¿Supones? 

Y.  —  Dijérase  que  te  he  imputado  un  crimen  (son- 
riendo) ¡Ah!  { co>i  repentina  seriedad)  Cri- 
men puede  ser  el  amor  ¿Amas  á  una  mujer 
casada?   (asiéndole  de  una  mano ). 


IIISPANO-AHC.KNTINA  213 

E.  —  ¡  Oh !  ( iniiuitdndosr  ). 

Y.  —  Te  has  puesto  pálido...  Tu   mano   tiembla.,. 

E.  —  Sí,  con  efecto.,.  Y  es  que  me  estáis  mirando 
de  un  modo... 

Y.  —  Enfermilla  debe  de  andar  nuestra  concien- 
cia, cuando  una  mirada  nos  asusta.  Piénsalo 
bien:  no  causa  á  un  hombre  tanto  daño 
quien  le  roba  la  hacienda  como  quien  le 
roba  el  honor:  quien  le  hiere  en  el  cuerpo 
como  quien  le  hiere  en  el  alma.  Edmundo, 
no  hagas  eso...  ¡Ay,  hijo  mío,  no  lo  hagas 
por  Dios! 

E.  —  Vuestro  recelo  no  tiene  fundamento  ninguno. 
Os  lo  afirmo. 

Y.  —  Te  creo:  no  puedes  tú  engañarme.  En  esta 
comedia,  sin  ir  más  lejoá,  píntanse  los  gran- 
des infortunios  á  que  da  origen  la  falta 
de  una  esposa.  Y  mira :  ni  aun  siendo  de 
mentirijillas  me  gusta  que  Alicia  tenga  que 
hacer  de  esposa  culpada,  y  tú  de  aleve  se- 
ductor. 

E. — ¿Si?   ( procnraiich  disiiniilar ). 

Y.  —  Yo  seré  el  esposo  ultrajado  (con  énfasis  ciUnico ). 

E.  —  ¡Vos!  (dejándose  llevar  de  sn  emoción). 

Y.  —  Yo,  sí...  ¿Qué  te  sorprende?  ¿Eres  también  tú 
de  los  qiie  me  juzgan  incapaz  de  repre- 
sentar papeles  serios? 

E.  —  No,  señor,  no...  sino  que... 

Y.  —  Cierto  que  habré  de  pelear  con  no  pequeñas 
dificultades.  Y  ahora  que  en  ello  caigo, 
ningún  otro  papel  menos  que  el  de  marido 
celoso  me  cuadraría;  porque  á  estas  fechas 
aun  no  sé  yo  que  especie  de  animalitos  son 
los  celos.  Obligado  á  trabajar  continua- 
mente desde  la  infancia  y  enamorado  des- 
pués de  la  gloria,  tan  sólo  en  ella  tuvo 
señora  mi  albedrio,  hasta  que  por  caso  pe- 
regrino y  feliz,   cuando    blanqueaba    ya   mi 


214  ANTOLOGÍA    ESCOLAR 

cabeza,  mostró  que  aun  era  joven  mf  pecho, 
rindiendo  á  la  mujer  culto  de  abrasadoras 
llamas.  Y  Alicia  —  bien  lo  sabes  tú — ni  me 
causó  celos  hasta  ahora,  ni  me  los  ha  de 
causar  en  toda  la  vida.  No  es  posible  des- 
confiar de  tan  hidalga  criatura.  ¿Verdad 
que  no? 

K.  —  No  señor;  no  es  posible. 

Y.  —  Friamente  lo  has  dicho.  Oye,  Eduardo.  Ha- 
ces mal  en  callarte  lo  que  ha  tiempo   noté 

E.  —  ¿Algo  habéis  notado!  ¿Qué  ha  sido? 

Y.  —  Que  Alicia  no  te  debe  el  menor  afecto :  que 
tal  vez  la  miras  con  aversión. 

E.  —  Eso  habéis  notado...  ¡  Qué  idea !...  ( JMuy  turbado). 

Y.  —  Y  el  motivo  no  se  oculta  á  mis  ojos.  Reina- 
bas solo  en  mi  corazón  antes  de  que  Alicia 
fuera  mi  esposa,  y  te  enoja  ahora  hallarte 
en  él  acompañado  ¡  Egoista !  Prométeme 
hacer  hoy  mismo  las  paces  con  ella.  Y  de 
aquí  en  adelante,  Alicia  á  secas  la  has  de 
llamar.  Y  aun  sería  mejor  que  la  llamases 
madre;  y  si  madre  no,  porque  su  edad  no 
lo  consiente,  llámala  hermana,  porque  her- 
manos debéis  ser,  teniendo  los  dos  un  mis- 
mo padre.  (Abrazándole ) 

E.  —  (¡Qué  suplicio!). 

Y.  —  ¿Lloras?  Ea,  ea,  no  llores...  no  llores,  si  no 
quieres  que  también  yo...  ( Liinpidndose  las 
Idgriuias  con  las  ¡natíos)  ¿Y  sabes  lo  que 
pienso?  Que  si  los  celos  de  hijo  son  tan 
vivos  en  tí,  los  de  amante  deben  ser  cosa 
muy  terrible.  Diz  que  no  hay  pasión  más 
poderosa  que  ésta  de  los  celos;  que  jior 
entero  domina  el  alma;  que  hace  olvidarlo 
todo. 

E.  —  ¡Todo!  Sí,  señor,  todo! 

Y.  — ¿Con  que  tú  has  estado  celoso  de  una  mujer? 
¡  Qué  gusto !  Así  podrás  estudiarme   el    pa- 


ANTOLOGÍA    ESCOLAR  215 

peí  de  marido  celoso,  explicándome  como 
en  el  pecho  nace  y  se  desarrolla  ese  afecto 
desconocido  para  mí,  qué  linaje  de  tormen- 
tos produce,  por  qué  signos  exteriores  se 
deja  ver,  todo  aquello,  en  fin,  que  le  co- 
rresponde y  atañe.  Empieza  ahora  por 
leerme  esta  escena  (Dándole  el  maiiiLscrito 
abierto ).  Desde  aquí.  (Señalándole  un  higar 
en  el  manuscrito).  Anda. 

E.  —  ¿Coilque  eres  tú  el  villano... 

Y.  —  Eso  te  lo  digo  yo  á  tí,  (Eduardo  se  inmuta, 
y  sigue  leyendo  torpe  y  desmayadai/ientej. 

E.  —  Tú  el  pérfido  y  aleve?... 

Y.  —  Chico,  chico,  mira  que  no  se  puede  hacer 
peor  ¡  Más  brío !  ¡  Más  vehemencia ! 

E. — ¿Tú  el  seductor  infame  que  se  atreve... 

Y.  —  ¡  Alma !  ¡  Alma ! 

K.  —  A  desgarrar  el  pecho  de  un  anciano? 

Y, — No  estás  hoy  para  ello.  Dame,  (quitándale 
el  vianuscrito).  Escucha. 

¿  Con  (¡lie  eres  tii  el  villano, 
tú  el  péríiido  y  aleve, 
til  el  seductor  infame...     • 

Acto  J—  E^c.  III. 


216  ANTOLOGÍA   ESCOLAR 


ABELARDO  LÓPEZ  DE  A  YA  LA  (1829-1879) 


Uno  de  los  primeros  dramaUírgos 
(le  su  siglo,  por  su  gran  dominio  del 
teatro,  su  tendencia  moralizadora,  y 
su   estilo  siempre  correcto  y  pulido. 


EL  TANTO   POR   CIENTO 


Condesa.  ¡Dios  niio! 

¿Por  qué  rne  matan,  por  qué? 
Tú  de  esta  inicua  sentencia 
el  mismo  agravio  rec¡i)es... 
¡  Y  él  aqui  (Por  Pablo)  ¿Por  qué  no  escribes 
en  el  rostro  la  inocencia?  (Pansa) 
Y  ¿Pensáis  que  estos  agravios 
me  envilecen?  ¡Qué  sandez! 
I  Qué!...  La  virtud,  la  honradez 
¿dependen  de  infames  labios? 
¡Soy  honrada,  y  aunque  vea 
el  orbe  lo  que  sucede, 
el  orbe  entero  no  puede 
hacer  que  yo  no  lo  sea! 
Si  yo  me  debo  quejar 
á  mí  misma,  á  mí,  que  vengo 
á  pedirles  lo  que  tengo, 
lo  que  ellos  no  pueden  dar. 
¡.Mi  honra!  ¿Quién  os  la  pide, 
si  siempre  me  ha  acompañado? 
¡La  debo  á  Dios,  que  me  ha  dado 
el  alma  donde  reside! 
¡Callad!  Destrozadmc  así... 
¡Ya  todo  me  importa  nada; 


IIISI'AN'O-AlUiKNTINA  217 


que  me  l)asta  ser  honrada 
para  Dios  y  para  mi ! 
i  Y  lo  soy  !  V  ese  desdén 
no  me  aflije...  no  me  altera... 

¡.\y  i^ihlo!  ¡Si  yo  pudiera... 

s(>rlo  para  ti  también !!... 
Pal. lo.  (;(:alliin!...) 

Condesa.  Míralos  atento 

¿Ves  qué  aspecto  tan  sombrío? 

¿Por  qué,  si  el  delito  es  mió, 

es  vuestro  el  remordimiento? 
Pablo.  (¿Y  callan!) 

Condesa.  ¿  Por  (|ué  tembláis  ? 

¿Lo  ves?  Temblando  se  hallan. 

¡Todos  tiemblan!...  ¡Pero  callan!. 
Pablo.  ¡Infames!   ¡  Por  ípié  calláis! 

¡  Yo  solo  tengo  derecho 

á  juzgar  sus  extravíos! 

Pero  á  vosotros  ¡impíos! 

esta  infeliz  ¿(jue  os  ha  hecho... 

¿Por  (|ué  no  sale  una  voz 

de  esas  entrañas  de  roble? 

cualíjuier  mentira  es  más  noble 

(|ue  ese  silencio  feroz 

¡Si,  ya  juzgo  (¡ue  la  mengua 

es  vuestra  y  ella  inocente!... 

¡y  si  alguno  me  desmiente 

le  voy  á  arrancar  la  lengua! 


Acto  II—  Esc.  XXL 


218  ANTOLOGÍA   ESCOLAR 


JOSÉ  ECHEGARAY  (1832-1916) 


Matemático,  fisico,  orador,  poeta, 
prosista,  todo  lo  fué  este  autor,  haslu 
jiolilico.  Gozó  de  bien  ciinentadu 
faina  como  hombre  de  ciencia. 


PORQUE   EL   DIABLO    ES    ZURDO 


QUE   el    diablo    es    zurdo,    es    cosa    averiguada. 
Su  mano  ó  su  zarpa  derecha,  es  mucho  más 
f^^^^  torpe   para    el    mal    que    su  mano    ó    su    zarpa 
izquierda. 

Por  cada  maldad  que  realiza  con  la  derecha,  rea- 
liza diez  con  la  izquierda;  que  en  esto  consiste  el 
ser  zurdo  el  dueño  y  señor  de  las  tinieblas. 

Pero  la  razón  del  hecho,  pocos  sabios  la  conocen. 

Y  la  explicación  es  la  siguiente,  y  es  todo  una 
historia  ó,  si  se  quiere,  todo  un  cuento.  ¡  Qué  cuen- 
tos é  historias,  allá  se  van ! 

Hubo  un  invierno  muy  frío,  que  hasta  en  el  antro 
de  las  penas  eternas  se  hizo  sentir.  Así  es  que  el 
invierno,  que  en  las  entrañas  del  diablo  mora  eter- 
namente, se  recrudeció.  Y  llenóse  el  corazón  de  ca- 
rámbanos, los  pulmones  de  escarcha,  y  por  dentro 
del  cráneo  llevaba  toda  una  nevera. 

Por  las  salas  infernales  se  paseaba  apresurada- 
mente, acercándose  á  todos  los  focos  inflamados, 
zambulléndose  en  todas  las  calderas  de  aceite  hir- 
viendo, acurrucándose  en  todos  los  hornos,  arropán- 
dose con  las  llamas  de  todos  los  condenados. 

Y  todo  iniitil ;  no  entraba  en  calor. 

Y  es  que  los  fuegos  del  infierno  abrasan,  queman, 
tuestan,  torturan,  pero   no   calientan. 


HISPANO-ARGENTINA  219 

Al  fin  y  al  cabo,  aburrióse  el  diablo  del  sistema 
de  calefacción  infernal,  y  salióse  por  los  mundos  en 
busca  de  calor. 

¡  Empeño  inútil !  Cada  vez  se  le  helaban  más  las 
entrañas. 

Se  bañó  en  los  volcanes  y  salió  chamuscado,  pero 
yerto. 

Se  echó  boca  abajo  á  las  12  del  día  en  las  arenas 
del  desierto,  y  sudó  pez  y  alquitrán,  pero  las  neveras 
interiores  de  su  ser  no  recibieron  ni  un  vaho  de 
calor. 

Se  metió  entre  los  humanos  y  refregó  su  cuerpo 
velloso  contra  todas  las  pasiones,  y  tampoco  consi- 
guió nada;  escozores  dolorosos  en  el  epidermis,  pero 
en  las  entrañas  frío. 

Bajó  á  un  abismo,  y  contra  Ids  picachos  inmensos 
de  las  motañas,  que  le  servían  á  modo  de  frontones, 
estuvo  jugando  á  la  pelota  con  los  siete  pecados 
capitales.  Y  se  agitó,  se  fatigó  mucho,  pero  no  entró 
en  calor  tampoco. 

Con  lo  cual,  el  eterno  vencido  se  dio  por  vencido 
otra  vez  más,  y  empezó  á  dar  vueltas  por  todas 
partes:  por  sierras  y  por  valles,  por  ciudades  y  por 
aldeas. 

Por  una  llanura  helada  iba,  á  punto  de  anochecer, 
soplándose  los  dedos  y  azotándose  el  espinazo  con  la 
cola,  cuando  vio,  medio  enterrado  en  la  nieve,  á  una 
mujer  con  un  niño  contra  su   pecho. 

La  mujer  agonizaba  de  frío,  y  el  diablo,  por  hacer 
algo  y  por  ver  si  podía  llevarse  un  alma  más  á  sus 
cavernas,  se  acercó  á  la  mujer  que  moría,  y  sobre 
ella  se  inclinó  como  la  fiera  sobre  su   presa. 

¡Qué  cosa  tan  extraña!  ¡En  aquella  soledad,  de 
entre  aquella  capa  de  nieve  salía  un  vaho  dulce, 
tibio,  consolador:  del  pecho  de  la  mujer  salía  la  tibia 
bocanada!  Mejor  dicho  de  su  propio   corazón. 

Por  vez  primera  sintió  el  diablo  en  sus  entrañas 
altjo  así  como  un  cálido  efluvio. 


220  ANTOLOGÍA  ESCOLAR 

Y  aunque  su  cerebro  estaba  helado,  pudo  com- 
prender que  el  corazón  de  una  madre  siempre  tiene 
calor  que  dar  al  hijo  de  sus  entrañas,  aun  en  la  hora 
de  la  muerte. 

De  modo  que  el  diablo,  que  había  tendido  las 
zarpas  para  coger  una  alma,  siguió  con  ellas  contra 
el  pecho  de  la  mujer,  como  el  que  las  tiende  para 
recoger  el  calor  de  una  hoguera. 

El  diablo  entró  en  calor. 

Pero  en  esto  llegó  la  Muerte;  le  miró  con  des- 
precio; le  echó  á  un  lado,  como  se  echa  el  gato  de 
la  chimenea  en  que  se  calienta;  cogió  á  la  mujer 
y  se  la  llevó  sobre  la  llanura   nevada. 

El  diablo  se  quedó  con  el  niño.  Y  como  el  niño  con- 
servaba todavía  el  calor  de  su  madre,  el  diablo  lo  cogió 
en  sus  brazos  y  también  se  lo  llevó  á  la  llanura. 

—  ¿Qué  hago  yo  con  esto?  pensaba. 

Puedo  darle  muerte,  pero  sería  una  torpeza;  sería 
enviar  un  alma  al  cielo,  faltando  indignamente  á 
mis  deberes  infernales. 

Pudiera  llevármelo  al  infierno,  pero  es  todavía  un 
ser  puro,  con  él  no  podría   entrar. 

Puedo  abandonarlo  sobre  la  nieve,  y  que  sea  de 
él  lo  que  Dios  quiera;  pero  Dios  querría  lo  mejor^ 
esto  no  entra  en  mis  cálculos. 

Además,  el  niño  todavía  estaba  tibio  por  aquel 
último  rescoldo  del  amor  materno.  Y  el  diablo  ex- 
perimentaba cierta  sensación  dulce  apretándolo  con- 
tra sus  negruzcas  costillas. 

En  suma:  que  decidió  quedarse  con  el  niño,  criarlo 
hasta  que  fuese  mayorcito,  torcer  sus  inclinaciones, 
ennegrecer  su  alma,  educarlo  para  el  mal,  y  en  su 
día  llevárselo  al  infierno. 

El  resultado  fué  que  el  diablo  se  disfrazó  de  viejo, 
construyó  una  cabana,  y  en  ella  vivió  con  el  niño 
algunos  años. 

El  pequeñuelo  le  fué  tomando  cariño,  porque  con 
el  mal  nos  encariñamos  pronto. 


HISPAXO-AUOEXTINA  221 

El  papá  diabólico  lo  cuidaba  paternalmente,  por- 
que si  el  niño  se  moría  antes  de  estar  maduro  para 
la  eterna  condenación,  lo  había  perdido  para  siempre. 

Mas  sucedió  que  un  día  tuvo  que  ausentarse  el 
diablo  para  fomentar  no  sé  que  tentaciones  de  un 
viejo  avariento,  y  en  el  entretanto  el  chicuelo,  que 
era  de  la  piel  del  diablo,  se  escapó ;  saltó  por  los 
riscos,  despeñóse  por  ellos  y  al  volver  el  diablo  se 
encontró  al  niño  muerto,  y  á  su  alma,  pequeñita  y 
blanca  y  con  forma  infantil  todavía,  que  lo  cogió 
por  la  mano  y  se  lo  llevó  tras  sí,  diciéndole :  «¡Ven 
papá!  » 

El  diablo,  sin  saber  cómo,  ni  por  qué,  se  dejó  llevar. 

Y  camniaron,  caminaron;  el  niño  delante,  con  dos 
alas  blancas  que  de  pronto  le '  habían  brotado ;  el 
diablo  detrás,  con   dos   alas  negras;   las  de    siempre. 

Y  los  dedos  ganchudos  del  ángel  malo,  en  la  ma- 
nita  blanca  del   pequeño   ángel. 

Y  de  él  tiraba,  caminando  sin  esfuerzo  el  de  las 
alas  blancas;  caminando  á  tropezones,  torpemente, 
desesperadamente,  el  de  las  alas  negras. 

Así  llegaron  á  las  puertas  del  cielo. 

La  puerta  se  entreabrió. 

Entró  el  niño,  siempre  tirando  de  la  mano  del 
diablo  y  diciéndole :   «  Entra  papá. » 

Pero  cuanto  entró  el  niño,  la  puerta  del  cielo  se 
cerro  de  golpe  y  le  cogió  los  dedos  al  diablo,  estro- 
peándoselos para  siempre. 

El  diablo  lanzó  un  aullido  y  clavó  la  zarpa  iz- 
quierda en  la  puerta. 

Desde  entonces  quedó  el  diablo  zurdo,  y  será 
zurdo  por  los  siglos  de  los  siglos. 


222  ANTOLOGÍA  ESCOLAR 


RAMÓN  DE  CAMPOAMOR  (1817-1901) 


Uno  de  los  pocos  poetas  cumbres 
del  siglo  XIX.  Satírico,  mordaz,  mués- 
trase ora  creyente  ora  escéptico,  pero 
siempre  humano:  deleita  y  obliga  á 
pensar  por  sus  pespuntes  de  amarga 
filosofía. 


PROXIMIDAD   DEL   BIEN 


En  el  tiempo  en  que  el  mundo  informe  estaba, 
Creó  el  Señor,  cuando  por  dicha  estrema 
El  paraíso  terrenal  formaba. 
Un  fruto  que  del  mal  era  el  emblema, 

Y  otro  fruto  que  el  bien  simbolizaba. 

Del  miserable  Adán  al  mismo  lado 
El  Señor  colocó  del  bien  el  fruto  ; 
Pero  Adán  nunca  el  bien  halló  ofuscado, 
Porque  es  del  hombre  mísero  atributo 
Huir  del  bien,  del  mal  siempre  arrastrado. 

El  fruto  que  del  mal  símbolo  era 
Puso  Dios  escondido  y  muy  lejano; 
Pero  Adán  lo  encontraba  donde  quiera 
Abandonando,  en  su  falaz  (|uimera. 
Por  el  lejano  mal,  el  bien  cercano. 

¡Ah!  siempre  el  hombre  en  su  ilusión  maldita 
Su  misma  dicha  en  despreciar  se  empeña, 

Y  al  seguirla  tenaz,  tenaz  la  evita, 

Y  aunque  en  su  mismo  corazón  palpita, 
¡Lejos,  muy  lejos,  con  afán  la  sueña!... 


HISPANO-AHEGNTINA  22S 


CATÓN   DE   UTICA 

Rasga  su  pedio  el  último  romano 

Y  esclama,  deshonrando  su  memoria  : 
<(  Sueño  es  la  libertad,  humo  la  gloria, 

Y  la  austera  virtud  un  nombre  vano.  » 
Deten,  Catón,  la  temeraria  mano. 

Que  en  huir  del  dolor  nunca  hay  victoria  ; 
Fiel  á  ese  pueblo,  mártir  de  la  historia, 
Muere,  si  hay  que  morir  cara  al  tirano. 

Torna  á  ganar  la  libertad  perdida; 
Vuelve  hacia  Homa,  y  cuando  hieran,  hiere; 
Si  cae  la  virtud,  caiga  vencida. 

¿Quién  su  deshonra  á  su  dolor  prefiere? 
En  las  batallas  de  la  humana  vida 
Solo  se  mata  ei  vil  ;  el  noble  muere. 


GASPAR  NUÑEZ  DE  ARCE  (1834-1903) 


Drainatiirf<o  y  poeta;  y  si,  como- 
poeta  es  vibrante,  y  casi  siempre 
perfecto,  como  dramaturgo  enrique- 
ció el  género  con  el  mejor  drama 
histórico  escrito  en  Kspaña  durante- 
el  siíílo  XIX. 


SURSUM     CORDA? 


Fragmento 


.'  Sursuní  corda !  ¡  F.levad  los  corazones, 
hijos  nacidos  de  mujer  !  La  senda 
es  escabrosa,  pero  no  iníinita. 


224  ANTOLOGÍA    KSCOLAR 

Cuando  os  deslumbre  el  sol,  cuando  os  ofenda 

el  furor  de  los  recios  a(|uilones, 

cuando  sintáis  la  voluntad  niarchila, 

alzad  el  alma  á  Dios.  Su  seno  abierto 

para  todos  está  como  la  tienda^ 

que  el  árabe  levanta  en  el  desierto. 

¡  Alzad  el  alma  á  Dios  tres  veces  santo, 

que  sin  lijarse  en  condición  ni  en  raza, 

con  su  cerúleo  y  estrellado  manto 

á  todos  nos  cobija  y  nos  abraza. 

El  los  humanos  derroteros  traza. 

y  cuando  con  la  vida  transitoria 

nuestra  angustiosa  incertidumbre  cesa, 

para  ascendernos  á  mejor  estado 

y  ceñirnos  el  lauro  de  su  gloria, 

en  su  justa  balanza  sólo  pesa 

lo  que  hemos  padecido  y  trabajado. 

¡  Nadie  en  estéril  ocio  se  consuma  ! 

Para  que  fructili(|uc  la  simiente, 

abramos  con  la  reja  y  con  la  pluma 

Jos  surcos  de  la  tierra  y  de  la  mente, 

pues  cuando  á  la  labor  que  nos  señala 

hora  por  hora  el  cielo,  damos  cima, 

subimos  un  peldaño  de  la  escala 

que  á  la  ciudad  de  Dios  nos  aproxima. 

Y  si  del  pedernal  que  es  infecundo 

saca  el  golpe  la  luz,  ¿no  alcanzaremos 

con  esfuerzos  constantes  y  supremos 

la  prometida  redención  del  mundo  ? 

Todo  trabajo  es  oración.  Oremos. 


EL   HAZ   DE  LENA 


Catalina  —        Pero  /  qué  os  pasa  ?  .Agitado 

estáis... 
•Carlos—  No,  desesperado. 


lUSPANO-AKOENTlNA 


225 


Tú  no  sabes,  Catalina 
el  odio  reconcentrado 
que  en  mi  corazón  germina. 
Por  mis  venas  se  derrama  ; 
como  el  fuego  comprimido 
ocultamente  me  inflama. 
¡  Ay,  cuando  rompa  esa  llama 
y  surja  !... 

<"alalina —  ¡Estaréis  perdido! 

Carlos —  ¿No  es  verdad  (|ue  te  amedrenta? 

¡  Oh  !  yo  quisiera  callar, 
pero  no  puedo.  Revienta 
mi  furor  ,".  Quién  puede  ahogar 
las  iras  de  la  tormenta  ? 
Explayóse  el  alma  mia 
lejos  de  esa  turba  impia' 
que  me  sigue  y  acompaña, 
(|ue  me  adula  y  que  me  espia, 
que  se  postra  y  (|ue  me  engaña 
Kn  este  oculto  rincón 
salgan  la  voz  de  mi  pecho, 
la  hiél  de  mi  corazón, 
los  ayes  de  mi  despocho, 
las  ansias  de  mi  ambición 
Aqui  sólo  puedo  ser 
dueño  de  mi  mismo.  Aqui 
no  necesito  esconder 
este  ardiente  frenesí... 

<2atalina  —         Principe,  ¿qué  vais  á  hacer? 
Templad  ese  vivo  encono. 
Ved  quien  sois... 

Carlos  —  ¡  Ay,  Catalina  ! 

Nada  soy  en  mi  abandono 

Catalina  —        Sois  heredero  de  un  trono 
que  sobre  el  mundo  domina 

Carlos  —  Más  esto  me  desespera. 

Catalina  —        ¿  Por  qué,  señor  ? 

Carlos  —  Si  yo  hubiera 


226  ANTOl.OGÍA   KSCOLAU 

en  pobre  cuna  nacido, 

con  resignación  sufriera 

la  oscuridad  y  el  olvido 

Pero  cuando  altiva  toca 

en  la  elevación  mi  frente 

y  la  ambición  me  provoca, 

i  vivir  atado  á  la  roca 

de  una  grandeza  impotente  ! 

i  Solo,  triste,  sin  empleo, 

en  mi  lastimoso  estado, 

sentir,  nuevo  Prometeo, 

mi  pecho  despedazado 

por  las  garras  del  deseo  ! 

¡  Ser  tan  grande  y  ser  tan  poco ! 

Morir  de  sed  á  la  orilla 

del  agua  que  miro  y  toco!... 

¡Esto  me  mata,  me  humilla, 

y  temo  volverme  loco! 

Catnlina—        Pero  mirad... 

Carlos  —  En  la  oscura 

soledad  de  mi  recinto, 
á  veces  se  me  figura 
que  ante  mis  ojos  fulgura 
la  imagen  de  Carlos  Quinto. 
A  su  vista  me  confundo 
temeroso,  y  quiero  en  vano, 
en  mi  respeto  profundo, 
besar  la  potente  mano 
que  llegó  á  abarcar  el  mundo. 
Mi  espíritu  desfallece, 
y,  como  á  través  de  un  sueño 
la  imagen  se  eleva  y  crece, 
y  á  medida  que  engrandece 
me  siento  yo  más  pequeño. 
Y  la  bélica  armonía 
de  la  militar  porfía 
en  mi  corazón  resuena, 
y  mi  cerebro  se  llena 


HISPANO-ARÜENTINA  227 


con  las  glorias  de  Pavía. 
Y  mudo,  asombrado,  yerto 
al  mirar  su  rostro  altivo, 
juzgo,  de  rubor  cubierto, 
que  viene  á  quejarse  muerto 
del  ocio  infame  en  que  vivo. 
Estos  recuerdos  se  imprimen 
tenazmente  en  mi  memoria, 
y  me  conturban  y  oprimen... 
Catalina —        Cuidad  que  ese  afán  de  gloria 
no  os  precipito  en  el  crimen,  etc. 


Acto  JI.  Esc.  V. 


EMILIO  CASTELAR  (1832-1899) 


Orador  galano  y  abundoso,  excesi- 
vamente abundoso,  fué  el  verdadero 
artista  de  la  palabra.  Sus  discur.sos 
trasladados  á  la  página  escrita  pier- 
den la  mitad  de  su  encanto. 


Fragmento 

YO  quiero  ser  español  y  solo  español ;  yo  quiero 
hablar  el  idioma  de  Cervantes;  quiero  recitar 
los  versos  de  Calderón  ;  quiero  teñir  mi  fantasía 
en  los  matices  que  llevaban  disueltos  en  sus  paletas 
Muriilo  y  Velazquez;  quiero  considerar  como  mis 
pergaminos  de  nobleza  nacional  la  historia  de  Viriato 
y  el  Cid ;  quiero  llevar  en  el  escudo  de  mi  í'atria 
las  naves  de  los  catalanes  que  conquistaron  á  Oriente, 
y  las  naves  de  los  andaluces  que  descubrieron  el 
Occidente;  quiero  ser  de  toda  esta  tierra  tendida 
entre    los    riscos    de    los  montes  Pirineos  y  las  olas 


228  ANTOLOGÍA   ESCOLA U 

del  gaditano  mar;  de  toda  esta  tierra  redimida,  res- 
catada del  extranjero  y  de  sus  codicias  por  el  heroísmo 
y  el  martirio  de  nuestros  inmortales  abuelos.  Y 
tenedlo  entendido  de  ahora  para  siempre;  yo  amo 
con  exaltación  á  mi  Patria,  y  antes  que  la  libertad, 
antes  que  la  República,  antes  que  á  la  federación, 
antes  que  á  la  democracia,  pertenezco  á  mi  idolatrada 
España. 

Y  me  opondré  siempre  con  todas  mis  fuerzas  á  la 
tnás  pequeña,  á  la  más  mínima  desmembración  de 
este  suelo,  que  íntegro  recibimos  de  las  generaciones 
pasadas,  que  íntegro  debemos  legar  á  las  generaciones 
venideras,  y  que  íntegro  debemos  organizar  dentro 
de  una  verdadera  federación. 

Y  el  movimiento  cantonal  es  una  amenaza  insen- 
sata á  la  integridad  de  la  Patria,  al  porvenir  de  la 
libertad. 

Mientras  unos  de  esos  cantones  toman  las  naves; 
mientras  otros  piratean ;  mientras  aquellos  dividen  y 
fraccionan  la  unidad  nacional ;  mientras  los  de  más 
allá  indisciplinan  el  ejército;  mientras  todos  cometen 
tropelías  sin  número,  los  carlistas  avanzan  hacia 
Bilbao,  el  baluarte  de  la  libertad;  avanzan  hacia 
Logroño,  el  asilo  del  héroe  de  toda  nuestra  epopeya 
de  la  guerra  civil;  perturban  á  Cataluña,  tierra  de 
la  República;  y  nosotros,  generación  infortunada,  que 
hemos  tenido  nuestra  cuna  mecida  en  el  oleaje  san- 
griento de  una  guerra  civil,  vamos  á  tener  por  otra 
guerra  civil  deshonrado  nuestro  sepulcro. 

¡  Ah !  yo  no  veo  el  patriota  en  el  Diputado  que  se 
va  de  aquí  á  sublevar  las  provincias,  que  rompe  la 
Patria,  que  pone  una  bandera  odiosa  y  odiada  sobre 
€l  tope  de  las  naves  de  D.  Juan  de  Austria  y  del 
Marqués  de  Santa  Cruz;  yo  no  veo  ahí  á  España. 
Yo  la  veo  en  el  voluntario  de  Estella  que  con  su 
mujer  al  lado,  sobre  cien  quintales  de  pólvora,  con 
la  mecha  encendida  aguarda  á  que  llegue  el  facineroso 
carlista,  para  morir  como  bueno.  Sí ;  allí  está  la  Patria 


IIISPANO-ARGKXTINA  22& 

de  Viriato,  allí  está  la  Patria  de  Pelayo,  allí  está  la 
patria  del  Cid,  allí  está  la  Patria  de  Daoiz  y  Velarde^ 
allí  está  la  patria  de  la  mártir  Gerona  y  de  la  santa 
Zaragoza. 

Discurso  —  30  de  julio  de  187!}. 


MARCELINO    MENENDEZ   Y   PELAYO   (1856-1912) 


Polígrafo  eniineiile,  sin  rival  en  su 
siglo,  fué  el  iniciador  de  uiin  nueva 
era  critifa.  Por  su  vasta  erudición, 
es,  en  su  época,  el  más  alto  exponen- 
te de  la  mentalidad  española. 


DE  LA  POESÍA   MÍSTICA 


Frag.mento 


ENSALCEN  otros  la  Edad  Media:  cada  cuál  tiene 
sus  devociones.  Para  Kíspaña,  la  edad  dichosa  y 
el  siglo  feliz  fué  aquel  en  que  el  entusiasmo 
religioso  y  la  inspiración  casi  divina  de  los  cantores 
se  aunó  con  la  exquisita  pureza  de  la  forma,  traída 
en  sus  alas  por  los  vientos  de  Italia  y  de  Grecia. 
Siglo  en  que  la  mística  castellana,  silenciosa  ó  bal- 
buciente hasta  aquella  hora,  rotas  las  prisiones  en 
que  la  encerraba  la  asidua  lectura  de  los  Tauleros 
y  Ruysbroeck  de  Alemania,  y  ahogando  con  poderosos 
brazos  la  mal  nacida  planta  de  los  alumbrados,  dio 
írallarda  muestra  de  sí,  libre  é  innmne  de  todo  resabio 
de  qnictini  y  de  panteísmo,  y  corrió  como  generosa 
vena  por  los  campos  de  la  lengua  y  del  arte,  fecun- 
dando la  abrasadora  elocuencia  del  Apóstol  de  la 
Andalucía,    el  severo  y  ascético  decir  de  San   Pedro 


230  ANTOLOGÍA  ESCOLAR 

de  Alcántara,  la  regalada  filosofía  de  amor  de  Fr.  Juan 
de  los  Angeles,  la  robusta  elocuencia  del  venerable 
Granada,  toda  calor  y  afectos  que  arrancan  lumbre 
del  alma  más  dura  y  empedernida,  el  pródigo  y  mal 
represado  lujo  de  estilo  de  Malón  de  Chaide,  la  serena 
luz  platónica  que  se  difunde  por  los  Noinbres  de  Cristo 
de  Fr.  Luis  de  León,  y  la  alta  doctrina  del  conoci- 
miento propio  y  de  la  unión  de  Dios  con  el  centro 
del  alma,  expuesta  en  las  Moradas  teresianas  como 
en  plática  familiar  de  vieja  castellana  junto  al  fuego. 
,¿  Quién  ha  declarado  la  unión  extática  con  tan  gracio- 
sas comparaciones  como  Santa  Teresa :  ya  de  las  dos 
velas  que  juntan  su  luz,  ya  del  agua  del  cielo  que 
viene  á  henchir  el  cauce  de  un  arroyo?  ¿Y  qué  diremos 
de  aquella  portentosa  representación  suya  de  la 
esencia  divina,  «  como  un  claro  diamante  muy  mejor 
que  todo  el  mundo,  »  ó  como  un  espejo  en  que  por 
subida  manera,  y  «  con  espantosa  claridad,  »  se  ven 
juntas  todas  las  cosas,  sin  que  haya  ninguna  que 
salga  fuera  de  su  grandeza?  Ni  Malebranche  ni  Leib- 
nitz  imaginaron  nunca  más  soberana  ontología.  No 
hubo  abstracción  tan  sutil  ni  concepto  tan  encum- 
brado que  se  resistiese  al  romance  de  nuestro  vulgo  : 
sépanlo  los  que  hoy,  á  título  de  filosofía,  le  destrozan 
y  maltratan.  Esa  lengua  bastó  para  contener  y  difun- 
dir el  pensamiento  de  Platón  y  del  Areopagita,  en 
cauce  no  menos  amplio  que  el  de  la  lengua  griega, 
y  ciertamente  que  no  halló  pobre  ni  estrecha  la  nuestra 
(y  valga  un  ejemplo  por  todos)  el  fraile  que  supo 
decir  ( en  el  libro  I  de  los  Nombres)  que  <  las  cosas, 
demás  del  ser  real  que  tienen  en  sí,  tienen  otro  aun 
más  delicado,  y  que  en  cierta  manera  nace  de  él, 
consistiendo  la  perfección  en  que  cada  uno  de  nosotros 
sea  un  mundo  perfecto,  para  que  de  esta  manera, 
estando  todos  en  mí  y  yo  en  todos  los  otros,  y 
teniendo  yo  su  ser  de  todos  ellos,  y  todos  y  cada 
uno  dellos  teniendo  el  ser  mió,  se  abrace  y  eslabone 
toda    aquesta   máquina  del  universo,  y  se  reduzca  á 


HISPA  NO- AlU'iENTINA  231 

unidad  la  muchedumbre  de  sus  diferencias,  y  que- 
dando no  mezcladas  se  mezclen,  y  permaneciendo 
muchas  no  lo  sean,  y  extendiéndose,  y  como  desple- 
gándose delante  los  ojos  la  variedad  y  diversidad, 
venza  y  reine  y  ponga  su  silla  la  unidad  sobre  todo.  » 
El  filósofo  que  en  nuestros  dias  tuviera  que  explicar 
esta  gallarda  concepción  armónica,  diría  probablemen- 
te que  lo  objetivo  y  lo  subjetivo  se  daban  congrua, 
y  homogéneamente,  dentro  y  debajo  de  la  unidad,  y 
en  virtud  de  ella,  en  íntima  unión  de  Todeidad ;  ^  y 
se  quedaría  tan  satisfecho  con  esta  bárbara  algarabía, 
só  pretexto  de  que  los  viejos  moldes  de  la  lengua  no 
bastaban    para    su  altivo  y  alemanisco  pensamiento. 


IIISPANO-AKGENTINA  233 


MANUEL  JOSÉ  DE  LABARDÉN   (1754-1813) 


El  mejor  poeta  ait(entino  de  la 
época  colonial,  más  trágico  que  lírico 
á  ju/gar  por  lo  poco  que  de  él  se 
conoce. 


ESCENA  XIV 

Siríjjo  —  (  furioso  ). 

¿  El  vil  engai-iador  dónde  se  esconde? 
¿  Esta  es  la  fe  de  los  cristianos  ? 
Y  tii,  si  eres  mujer,  que  mas  bien  creo 
Que  serás  un  espíritu  que  vago 
Viniste  á  atormentarme,  ol  merecido 
Galardón  hallarás  de  tus  engaños. 

Lamharé 
El  español  huyó.  Tus  centinelas 
que  saliesen  del  campo  le  dejaron, 
Finjiendo  que  con  nuevas  de  las  |)aces 
Volvia  presuroso  á  sus  paisanos. 

Siripo 

Pues,  Lambaré,  tu  criminal  descuido 
Ha  sido  causa  de  trastorno  tanto, 
Quedarás  con  la  nota  de  cobarde 
Si  tu  mesmo  no  atiendes  al  reparo. 
Hedlmc,  (|ue  aun  es  tiempo  tu  delito, 
O  teme  mi  furor.  Me  has  engañado. 
Elije  los  timbues  mas  corredores. 
Alcanza  al  fugitivo. 

Lamharé 

Vov  volando. 


234  ANTOLOGÍA  ESCOLAU 


ESCENA   XV 


Siripa  —  Lucia  —  Miranda. 
Lucía 
Tirano,  si  pretendes  encontrarle 
No  sufran  tus  rencores  más  atraso 
Yo  te  enseño  el  camino.  En  este  peciio 
Hallarás  á  mi  esposo  aposentado. 
Traspásale  inhumano.  No  presumas 
Que  su  lugar  ocupes  entre  tanto 
Que  su  imájen  la  tuya  hace  horrorosa. 
Es  más  breve  la  senda  que  te  allano. 
Ve  (jue  es  llegado  un  día  menos  triste 
En  que  me  sean  tus  obsequios  gratos, 

Y  me  harás  el  mayor  si  me  libertas 

Del  enojo  de  haberle  á  ti  nurado.  (Vase) 

Miranda 
¡  Yo  no  cnjendré  tal  hija!  Vos  la  hicisteis, 
Pues  cuidad  también  de  ella,  cielo  santo! 

Siripo 
Ensálzate  arrogante.  En  breve  tiempo 
Ese  orgullo  feroz  verás  postrado. 
Yo  sabré  hacer  de  modo  que  la  imájen 
Que  dá  á  tu  corazón  valor  tamaño. 
Con  horrible  semblante  se  te  objete 

Y  sea  sombra  vaga  y  aire  vano 
Que  ande  con  tristes  ayes  y  jemidos 
Tu  sueño  y  tu  memoria  perturl)ando. 


INVOCANDO   AL    PARANÁ 


Augusto  Paraná,  sagrado  rio, 
Primojénito  ilustre  del  Océano. 


HISPANO  AKÜKNTINA  235 

Que  en  el  carro  do  nácar  refuljente 
Tirado  de  caimanes  recamados 
De  verde  y  oro,  vas  de  clima  en  clima, 
De  rejion  en  rejion,  vertiendo  franco 
Suave  frescor  y  pródiija  abundancia, 
Tan  grato  al  Portugués,  como  al  Hispano. 
Si  el  aspecto  sañudo  de  Mavorte, 
Si  de  Albion  los  insultos  temerarios 
Asombrando  tu  candido  carácter. 
Retroceder  te  hicieron  asustado 
A  la  gruta  distante  (|ue  decoran 
Perlas  nevadas,  Ígneos  topacios, 
Donde  tienes  volcada  la  urna  de  oro 
De  ondas  de  plata  siempre  rebosando  : 
Si  las  sencillas  ninfas  arjen|,inas 
Contigo  temerosas  profligaron, 

Y  el  peine  de  carey  alli  escondieron, 
Con  que  pulsan  y  sacan  sones  blandos 
De  liras  de  cristal,  las  cuerdas  de  oro. 
Que  envidiaran  las  Deas  del  Parnaso; 
Desciende  ya  dejando  la  corona 

De  juncos  retorcidos,  y  dejando 
La  banda  de  silvestre  camalote, 
Poríjue  ya  el  ardimiento  provocado 
Del  heroico  Español,  cand)iando  el  oro 
Por  el  bronce  marcial  te  allana  el  paso, 

Y  para  la  ardua  intrépida  campaña 
Carlos  presta  el  valor,  .lóve  los  rayos. 
Cerquen  tu  augusta  frente  alegres  lirios, 

Y  coronen  la  popa  de  tu  carro: 

Las  ninfas  te  acompañen  adornadas 
De  guirnaldas  floridas,  entonando 
Altos,  alegres  cánticos,  que  avisen 
Tu  venida  á  los  Dioses  tributarios. 
El  Paraguay,  el  Uruguay  lo  sepan, 

Y  se  apresuren  próvidos  y  urbanos 
A  sallrte  al  camino  y  á  porfia 

Te  a|)resten  á  distancia  los  caballos 


236  ANTOLOGÍA    ESCOLAR 

Que  del  mar  patagónico  trajeron; 
Los  (jue,  ya  zambullendo,  ya  nadando 
Ostenten  su  vigor,  que  mientras  vienes 
Lindos  céfiros  tengan  enfrenados. 


VICENTE  LÓPEZ  Y  PLANES  (1784-1856) 


Si  como  poeta  no  se  distingue  por 
sii  inspiración,  jjor  su  patriotismo 
ocupa  el  primer  lufar  entre  los  poe- 
tas que  cantan  la  independencia  ar- 
"entina. 


EN   LA  VICTORIA   DE   MAYO 


l'^HAGMKNTO 

De  Euridice  el  esposo 
La  deliciosa  voz  demandaría, 
1^1  mismo  Apolo  su  eco  victorioso 
Me  daría  con  gusto, 
Que  siempre  ha  sido  con  los  iiéroes  justo. 

Después  al  rutilanle 
Carro  del  sol  en  majestad  subiendo. 
De  la  cordura  y  rectitud  amante, — 
Cual  Faetón  no  fuera,  — 
Principiaría  la  inmortal  carrera. 

Por  delante  la  Aurora, 

Más  graciosa^  más  candida,  más  bella 

Que  en  el  cielo  jamás  se  vio  hasta  ahora, 

Las  puertas  me  abriría 

Y  el  camino  de  rosas  sembraría. 


niSPANO-ARüENTIXA  237 

Los  pueblos  del  Oriente, 
Admirados  quedando  al  presentarse 
Fenómeno  tan  raro  y  es|)lendente, 
Corriendo  á  las  alturas, 
Dejarían  talleres  y  culturas. 

Y  entre  tanto  ocupando 
Del  grande  Tauro  el  liiperhóreo  alcázar, 

Y  el  humilde  horizonte  atrás  dejando, 
Con  ráfagas  de  lumhre 

-Más  vistosas  brillara  que  es  costumbre. 

iMi  manto  al  desplegarse 
Deliciosos  poemas  sembrarla, 
<^)ue  al  leerse  por  el  mundo  y  meditarse, 
De  Maipo  la  Victoria 
Perpetuasen  del  umudo  en  la  memoria. 

Al  cénit  más  cercano, 

Y  ya  á  la  vista  general  del  orbe, 
Kntonara  mi  canto  sobrehumano: 
Melodiosos  torrentes 
Moverían  las  piedras  y  las  gentes. 

¡  Oh  Patria  !  tú  serias 
De  mis  loores  el  sublime  objeto  : 
Tu  pasmosa  constancia  en  tantos  dias 
De  apremio  y  de  fatiga 
Con  que  incansable  el  Kspañol  te  hostiga. 


238  ANTOLOGÍA  ESCOLAR 


JUAN  CRUZ  VÁRELA  (1794-1839) 


Lírico  y  trágico  á  la  vez,  es  uno  de 
los  poetas  más  clásicos  de  su  época, 
distinguiéndose  por  su  noble  inspi- 
ración   V  la  corrección  de  la  forma. 


A   LA   VICTORIA   DE   ITUZAINQÓ 


Fragmento 

Como  cuando  retiembla  el  pavimento, 
Del  fuego  subleri-áneo  conmovido, 

Y  el  río,  en  encontrado  movimiento, 
Ó  retorna  al  lugar  donde  ha  nacido, 
Ó,  en  su  curso  desusado, 

Baila  los  campos  que  no  había  bai'iado  ; 
Asi  retiembla  la  campaña  en  torno 
Bajo  el  pie  del  alípedo  caballo, 

Y  asi  en  varias  y  opuestas  direcciones, 
Corren  los  formidables  escuadrones, 

Y  ya  la  falda  de  la  sierra  tocan, 
Que  inexpuíjnable  al  enemigo  abriga, 

Y  ya  vuelven  al  llano  y  le  provocan 
Sin  perdonar  trabajo  ni  fatiga. 

¡  Campos  do  Ituzaingó!  ¡  Los  que  valientes 
(>s  cubrirán  de  gloria, 

Y  harán  que  se  conserve  entre  las  gentes 
Con  respeto  y  honor  vuestra  memoria, 

Hoy  se  ven  precisados 
A  simular  pavor  y  retirarse, 
Por  probar  si  se  atreven  á  lanzarse 
De  la  .<ierra  esos  tímidos  soldados: 


HISPANÜ-AHUENTINA  239 

Mas  del  castigo  lieinblen  espantoso. 
Con  que  habrán  de  pai;ar  en  al¡snin  día 

La  torpe  villanía 
De  oblijíar  ai  ardid  á  un  valeroso. 
Asi  dijo  Alvear,  y  á  las  legiones 
Que  ansiaban  el  momento  de  venganza, 
Ordenó  que  siguieran  sus  pendones 
Hasta  el  campo  de  |)ró\¡ma  matanza. 

El  enemigo  entonces,  que  cobarde 
Ocultó  en  las  montañas  su  pavura, 
Üe  tardío  valor  liaciendo  alarde, 
Inunda  con  sus  haces  la  llanura. 

Pero  el  bronce  tronó;  la  Muerte  liera 
Subió  en  su  carro  á  la  señal  de  Marte, 

Y  se  lanzó  en  el  campo  carnicera. 
El  belicoso  bruto  al  punto  parte, 

Que  ya  el  audaz  jinete 
Alzó  el  acero  y  le  soltó  la  brida, 
y  al  ímpetu  feroz  con  que  arremete 
Heticmbla  la  caujpaña  combatida. 
De  temor  (¡ue  el  estrago  á  la  distancia 

iNo  tan  sangriento  sea, 

Y  de  que  silbe  el  plomo  en  la  pelea 
Sin  herir,  sin  matar  ;  los  escuadrones 
Acometen,  se  encuentran,  se  rechazan, 

Y  se  estrellan  legiones  con  legiones 

Y  con  mutuo  furor  se  despedazan  ; 
Queda  encerrado  en  el  fusil  entonces 
El  plomo  matador,  callan  los  bronces  ; 

Y  el  puñal  lioro  y  el  recorvo  sable. 
La  bayoneta  y  la  tremenda  lanza, 
Siiven  más  al  furor  de  la  venganza, 

Y  en  silencio  horroroso  y  espantable 
Se  ejecuta  la  bárbara  matanza. 

Sin  elección  la  Muerte 
Ciega  revuelve  su  fatal  guadaña. 


240  ANTOI-OGÍA-ESCOLAR 

Y  ciegamente  hiere  ;  rinde  al  fuerte, 
Ceba  en  el  débil  su  sangrienta  saña, 

Y  ningún  bando  es  suyo.  En  la  campaña 
La  sangre  amiga  y  la  enemiga  sangre, 

Con  furia  igual  vertidas, 
En  un  mismo  raudal  corren  unidas  ; 
Brazo  á  brazo  pelea  el  combatiente, 
No  hay  punta  aguda  ni  tajante  acero 
Que  no  penetre  el  pecho  de  un  valiente, 
Que  no  corte  la  vida  de  un  guerrero. 


ESTEBAN  ECHEVERRÍA  (1805-1851) 


Poeta  (le  indiscutible  mérito,  pero 
desigual,  tal  vez  por  que,  según  un 
sesudo  crítico  argentino,  «pensando 
en  francés,  escribió  en  castellano.  » 

LA   AUSENCIA 


Fuese  el  hecliizo  De  mi  destino 

Del  alma  mía,  En  su  camino 

Y  mi  alegría  Se  obscureció. 
Se  fué  también  :  — 

En  un  instante  Perdió  su  hechizo 

Todo  he  perdido  :  La  melodía 

¿  Dónde  te  has  ido,  Que  apetecía 

Mi  amado  bien  ?  Mi  corazón, 

—  Fiinebre  canto 

Cubrióse  todo  Sólo  serena 

Oe  obscuro  velo  La  esquiva  vena 

El  bello  cielo  De  mi  pasión. 
•Que  uie  ahunbró,  — 

Y  el  astro  hermoso  Do  quiera  llevo 


HISPANO-AUGENTINA  241 

Mis  tristes  ojos,  Vuelve  á  mis  brazos, 

Hallo  despojos  Querido  dueño  ; 

Del  dulee  amor  ;  Sol  lialayüeno 

Doquier  vestigios  Me  alumbrará  : 

De  fugaz  gloria,  Vuelve  tu  vista, 

Cuya  memoria  Que  todo  alegra  ; 

iMe  da  dolor.  Mi  noche  negra 

—  Disipará. 

LA      CAUTIVA 
FUAGMENTO 

¡  Oid  !    Va  se  acerca  el  bando 
De  salvajes,  atronando   ' 
Todo  el  campo  convecino. 
¡  Mirad  !  Como  torbellino 
Hiende  el  espacio  veloz. 
El  tiero  Ímpetu  no  enfrena 
Del  bruto  que  arroja  espuma  : 
Vaga  al  viento  su  melena, 
Y  con  ligereza  suma 
Pasa  en  ademán  atroz. 

¿  Dónde  va  ?  ¿  De  dónde  viene  ? 
¿  De  (|ué  su  gozo  proviene  ? 
¿  Por  qué  grita,  corre,  vuela, 
Clavando  al  bruto  la  espuela, 
Sin  mirar  al  rededor  ? 
¡  Ved  !  Que  las  puntas  ufanas 
De  sus  lanzas,  por  despojos 
Llevan  cabezas  humanas. 
Cuyos  inílamados  ojos 
Respiran  ai'in  furor. 

Asi  el  bárbaro  hace  ultraje 
Al  indomable  coraje 


242  ANTOLOGÍA  ESCÜLAH 

Que  abatió  su  alevosía  ; 

Y  su  rencor  todavía 
Mira  con  torpe  i)lacer 
Las  cabezas  que  cortaron 
Sus  inhumanos  cucliillos, 
Exclamando  :  —  Ya  pajearon 
Del  cristiano  los  caudillos 
Kl  feudo  á  nuestro  poder. 

Ya  los  ranchos  do  vivieron 
Presa  de  las  llamas  fueron, 

Y  muerde  el  polvo  abatida 
Su  pujanza  tan  erguida. 

¿  Dónde  sus  bravos  están  ? 
Vengan  hoy  del  vituperio, 
Sus  mujeres,  sus  infantes, 
Que  gimen  en  cautiverio, 
A  libertar,  y  como  antes 
Nuestras  lanzas  probarán.  — 

Tal  decía;  y  bajo  el  callo 
Del  indómito  caballo, 
Crujiendo  el  suelo  temblaba  ; 
Hueco  y  sordo  retumbaba 
Su  grito  en  la  soledad. 
Mientras  la  noche,  cubierto 
VA  rostro  en  manto  nubloso, 
Kchó  en  el  vasto  desierto 
Su  silencio  pavoroso. 
Su  sombría  majestad. 


IFISPANO-AHCiENTINA  243 


JOSÉ  MÁRMOL  (1818-1881) 


Poeta,  novelista  y  draiiiaturgo  á  la 
vez.  Uoiiiáiitico,  eniinenteiiiente  des- 
criptivo y  exaltado  patriota,  en  él  el 
poeta  es  superior  al  novelista  y  dra- 
maturgo. 


LOS    TRÓPICOS 


i  Qué  bello  es  al  que  sabe  sentir  con  la  natura 
Pasar  al  iMediodia  del  circo  tropicaT, 

Y  comparar  el  cielo  de  la  caliente  zona 
(Ion  el  (|ue  tibio  pinta  la  lii/,  meridional  ! 

¡  Los  trópicos!  ¡  Radiante  palacio  del  crucero 
Foco  de  luz  que  vierte  torrentes  por  doquier  ! 
Kntre  vosotros  toda  la  creación  rebosa 
De  gracia  y  opulencia,  vigor  y  robustez. 

Cuando  miró  imperfecta  la  creación  tercera 

Y  le  arrojó  el  diluvio  la  mano  de  Dios, 
Naturaleza  llena  de  timidez  y  frío 
Huyendo  de  los  polos  al  trópico  subió. 

,  Y  cuando  dijo  :  «  ¡  Basta  !  »  volviéndola  sus  ojos, 

Y  decretando  al  mundo  su  nuevo  porvenir, 
VA  aire  de  su  boca  los  trópicos  sintieron. 

Y  reflejarse  el  rayo  de  su  mirada  allí. 

Knlonces  como  premio  del  hospedaje  santo 
Naturaleza  en  ellos  su  trono  levantó. 
Dorado  con  las  luces  de  la  primer  mirada, 
Hai'iado  con  el  ámbar  del  hálito  de  Dios. 


244  ANTOLOGÍA   ESCOLAU 

Y  derramó  las  rosas  ;  las  cristalinas  fuentes, 
Los  bosques  de  azucenas,  de  mirtos  y  arrayán  ; 
Las  aves  que  la  arrullan  en  melodía  eterna, 

Y  por  su  linde  ríos  más  anchos  que  la  mav. 

Las  sierras  y  los  montes  en  colosales  formas 
Se  visten,  con  las  nubes,  de  la  cintura  al  pié  : 
Las  tempestades  ruedan,  y  cuando  al  sol  ocultan 
Se  mira  de  los  montes  la  esmeraltada  sien. 

Su  seno  engalanado  de  primavera  eterna 
No  habita  ese  bandido  del  Andes  morador, 
■Que  de  las  duras  placas  de  sempiterna  nieve 
Se  escapa  entre  las  nubes  á  desafiar  el  sol. 

Habitan  confundidos  la  tigre  y  el  jilguero. 
Tócanos,  guacamayos,  el  león  y  la  torcaz, 

Y  todos,  cuando  tiende  su  obscuridad  la  noche, 
Se  duermen  bajo  el  dátil  en  lechos  de  azahar. 

La  tierra  de  sus  poros  vegetación  exhala 
Formando  pabellones  para  burlar  el  sol, 
Ya  que  su  luz  desdeña,  pues  tiene  del  diamante, 
Del  oro  y  del  topacio  magnifico  esplendor. 


¡  Ah  Rosas  !  No  se  puede  reverenciar  á  Mayo 
Sin  arrojarte  eterna,  terrible  maldición  ; 
Sin  demandar  de  hinojos  un  justiciero  rayo 
Qué  súbito  y  ardiente  te  parta  el  corazón. 

Levanta  tu  cabeza  del  lodazal  sangriento 
Que  has  hecho  de  la  patria  que  te  guardaba  en  si 
Contempla  lo  que  viene  cruzando  el  firmamento, 
Y  dinos  de  sus  glorias  lo  que  te  debe  á  ti. 


HISPA  NO-A  küi:nti  NA  245 

La  mancha  que  en  el  suelo  no  borrarán  los  años, 
Porcjue  la  tierra  en  sangre  la  convertiste  ya, 
Contempla,  y  un  instante  responde  sin  engaños  : 
i  j  Quién  la  arrojó,  y  gozando  de  contemplarla  está  ! ! ! 

¡  Ah  !  Nada  te  debemos  los  argenlinos,  nada  ; 
Sino  miseria,  sangre,  desolación  sin  lin  ; 
Jamás  en  las  batallas  se  divisó  tu  espada  ; 
Pero  mostrasle  pronto  la  daga  de  Caín. 

Cuando  á  tu  patria  viste  debilitado  el  brazo. 
Dejaste  satisfecho  la  sombra  del  ombi'i, 

Y  al  viento  la  n)elena,  jugando  con  tu  la/.o 
Las  hordas  sublevaste,  salvajes  como  tii. 

Y  tu  primer  proeza,  tu  primitivo  fallo, 
Fué  abrir  con  tu  cuchillo  su  virgen  corazón, 

Y  atar  ante  tus  hordas  al  pie  de  tu  caballo 
Sus  códigos,  sus  palmas  y  el  rico  pabellón. 


OLEGARIO  V.  ANDRADE  (1841-1882) 


Poeta  (le  fustiiosu  iin:)<>¡iiuci()ii,  sus 
incorrecciones  de  forma  no  son  par- 
te ¡1  anien^nar  las  altas  dotes  de  su 
talento  poético. 


F  l\  A  G  M  K  .N  T  O 

Desde  entonces,  jinete  del  vacío. 
Cabalgando  en  nublados  y  huracanes, 
Kn  la  cutnbre,  en  el  páramo  sombrío. 
Tras  hielos  y  volcanes, 
Fue  siguiendo  los  vividos  fulgores 
De  la  bandera  azul  de  sus  amores. 


246  ANTOI.OdÍA    KSCOLA» 

La  vio  al  borde  del  mar,  que  se  empinaba 
Para  verla  pasar,  y  que  en  la  lira 
De  bronce  de  sus  olas  entonaba. 
Como  un  grito  de  ira. 
El  himno  con  que  rompe  las  cadenas 
De  su  cárcel  de  rocas  y  de  arenas. 

La  vio  en  Maipii,  en  Junín  y  basta  en  aquella 
Noche  de  maldición,  noche  de  duelo, 
En  que  despareció  como  una  estrella 
Tras  las  nubes  del  cielo  ; 

Y  al  compás  de  sus  lúgubres  graznidos 
Fué  sembrando  el  espanto  en  los  dormidos. 

¡  Siempre  tras  ella,  siempre  !  Hasta  que  un  día 
La  luz  de  un  nuevo  sol  alumbró  al  mundo  ; 
El  sol  de  liberlad  que  aparecía 
Tras  nublado  profundo, 

Y  envuelto  en  su  magnílica  vislumbre 
Tornó  soberbio  á  la  nativa  cumbre. 

¡  Cuántos  recuerdos  despertó  el  viajero. 
En  el  calvo  señor  de  la  montaña  ! 
Por  eso  se  agitaba  entre  su  nido 
Con  inquietud  extraña  ; 

Y  al  beso  de  la  luz  del  sol  naciente 
Volvió  otra  vez  á  sacudir  las  alas 

Y  á  perderse  en  las  nubes  del  Oiieiile. 

¿  Adonde  va  ".'  ¿  (^)ué  vértigo  lo  lleva  ? 
¿Qué  engañosa  ilusión  nubla  sus  ojos? 
Va  á  esperar  del  Atlántico  en  la  orilla 
Los  sagrados  despojos. 
De  aquel  gran  vencedor  de  vencedores, 
A  cuyo  solo  nombre  se  postraban 
Tiranos  y  opresores. 

Va  á  posarse  en  la  cresta  de  una  roca 
Batida  por  las  ondas  y  los  vientos, 


mSPANO-AHGKNTINA  247 


Allá,  donde  se  queja  In  rU>era 

Con  amargo  lamento, 

Porque  sintió  pasar  planta  extranjera 

Y  no  sintió  tronar  el  escartniento. 

¡  V  allá  estará  !  Cuando  la  nave  asome 
Portadora  del  héroe  y  de  la  gloria  ; 
Cuando  el  mar  patagón  alce  á  su  paso 
Los  himnos  de  victoria. 
Volverá  á  saludarlo  como  un  día 
Kn  la  cumbre  del  Ande, 
l'ara  decir  al  mundo  :  ¡  Kste  es  (sl  grande 


El  nido  de  Cóndores. 


EL     ARPA   PERDIDA 


En  medio  del  estrago. 

Taciturno  y  sombrío, 
Yace  el  bardo  gentil  del  arpa  de  oro. 

El  bardo  (¡ue  cantó  del  |)atrio  río 

La  cólera  y  la  calma, 

Y  que  al  tin  va  á  conliarle 

Los  liltimos  delirios  de  su  alma  ! 

Desciende  de  la  nave 
Con  paso  lirme  y  ánimo  sereno  : 
¿A  dónde  va?  ¡Quién  sabe! 
En  el  roto  mástil  posa  la  planta, 

Y  con  la  fé  del  bueno 

Y  el  arpa  de  oro  al  lado, 
Se  lan/.a  á  la  ventura 

A  las  ondas  del  piélago  irritado  ! 

Los  náufragos  oyeron 
Largo  ralo  en  la  sombra  que  crecía, 
Sobre  la  voz  del  huracán  v  el  trueno. 


248  IIISFANÜ-AIIOEXTINA 

Murmullos  de  celesto  melodía, 
Notas  truncas  de  música  divina, 
Como  si  alguien  cantara  en  lontananza 
Kl  himno  de  las  santas  alegrías, 
Kl  poema  inmortal  de  la  esperanza  ! 

Desde  entonces,  el  viajero 
Oye  en  la  noche  plácida  y  serena, 
O  entre  el  rumor  de  la  tormenta  brava, 
Como  el  eco  de  dulce  cantilena 
Que  de  lejos  lo  llama  ; 
Es  el  arpa  perdida, 
\í\  arpa  del  poeta  peregrino 
Casi  olvidado  de  la  patria  ingrata. 
Que  duerme  entre  los  juncos  de  la  orilla 
Del  turbulento  v  caudaloso  Plata! 


RICARDO  GUTIÉRREZ  (1836-1896) 


lis  el  más  genuino  representante 
(le  los  i)oelas  liemos  y  delicados.  Su 
hondo  sentimiento  y  su  apacible  do- 
lor, entristecen  y  consuelan  á  la  par. 


TROVAS 

((  El  hondo  pesar  que  siento 
y  ya  el  alma  me  desgarra, 
solloza  en  esta  guitarra 
y  está  llorando  en  mi  acento  : 
como  es  mi  propio  tormento 
fuente  de  mi  inspiración, 
cada  pie  de  la  canción 
lleva  del  alma  un  pedazo, 


IIISPANO-AIUIKNTIXA  249 

y  en  cada  nota  <|iio  enlazo 
se  tne  arranca  o  I  corazón. 

«  Té  vi,  y  aiin(|iio  no  senlislo, 
en  mi  soledad  te  amé 
con  esa  profunda  fe 
(jiie  hay  solo  en  un  alma  triste  : 
lii  en  un  palacio  naciste, 
yo  en  un  desierto  uaci. 
y  aunque  en  el  alma  senti 
fuerzas  para  alzarme  al  cielo, 
el  hombre  cortó  mi  vuelo 
y  hasta  el  infierno  cai. 

«  La  estrella  de  mi  destino 
—  no  importa  -   un  rayo  lanzaba 
que  a  disipar  alranzai)a 
las  brumas  de  mi  camino  : 
ya  ese  rayo  mortecino 
para  siempre  se   ap-'íjó 
y  sólo  a  alumbrar  sirvió 
esta  eterna  noche  im|)ia 
cuando,  en  tu  alma,  la  mía 
también  el  despreció  halh). 

«  Como  fiera  |)ersegu¡da 
piso  una  senda  de  abrojos, 
sin  sueño  para  mis  ojos 
ni  venda  para  mi  herida, 
sin  descanso  ni  í>uaridH 
ni  esperanza  ni  piedad, 
y  en  fúnebre  soledad 
a  mi  dolor  amarrado 
voy  a  la  muerte  arrastrado 
por  mi  propia  tempestad. 

«  lil  cielo  me  ha  maldecido, 
el  mundo  me  ha  despreciado  ; 
¿  dónde,  sin  verme  acosado, 


250  ANTOLOGÍA    ESCOLAH 

sentaré  el  pie  dolorido?... 
no  hay  recuerdo,  no  hay  olviilo 
para  engañar  mi  a  dicción, 
sólo  hay  desesperación 
para  mi  en  el  mundo  ajeno... 
yo  mismo  huyo  de  horror  lleno, 
de  mi  propio  corazón  ». 


LA   ORACIÓN 


Oye  la  voz  con  (|uc  a  los  cielos  llama 
el  universo  que  en  la  tarde  gime, 

y  alza  al  Creador  sublimo 
la  oración  ([ue  en  tu  labio  se  derrama  : 
Siente  la  estrofa  (|uc  en  la  mar  murmura, 
contempla  el  sol  que  su  corona  liumilla, 

¡  oh,  mortal  criatura. 
y  dobla  sobre  el  polvo  la  rodilla  ! 

Madre  Naturaleza, 
¡  cómo  se  templa  enternecida  el  alma 

en  tu  hora  de  calma 
al  eco  universal  de  fu  frisleza  ! 

¡Cómo  en  el  hondo  anhelo 
que  el  inmortal  espirilu  remueve 
en  tu  misterio  la  esperanza  bebe 
la  majestad  que  le  sublima  al  cielo! 
Todo  en  la  tarde  a  la  oración  levanta, 
todo  en  el  alma  universal  se  anida, 
y  la  creación  en  éxtasis  caída 
como  arpa  cólica  su  pl(>garia  canta. 

Rueda  la  mar  sus  gigantescas  "olas 
con   manso  y  perezoso  movimiento 
hasta  el  desierto  de  las  playas  solas 
donde  dormita  el  viento: 


HISI'ANO-AlUiENTlNA  251 

el  último  crepúsculo  que  baña 
con  el  color  de  fúnebre  desmayo 
la  inmensidad  del  iulinito  ambiente, 
apaga  el  tornasol  de  la  montaña 

que  levanta  la  frente 
para  mirar  el  rayo,  último  rayo 
del  sol  que  se  derrumba  al  occidente. 

¡  Oh,  mortal  criatura  ! 
¿  \o  siente  a  Dios  la  esencia  de  tu  vida? 
Ks  que  en  el  alma  universal  fundida 
aspira  a  Kl  tu  alma  con  tristeza  ; 
es  que  la  majestad  de  la  grandeza 
el  corazón  inunda  de  ternura. 

¡Oh,  tarde,  tarde  bella, 
(|ue  vuelcas  sobre  el  munífo  el  firmamento 
en  el  fulgor  de  tu  primer  estrella, 
tú  me  templas  el  alma  solitaria  : 
siento  en  tu  seno  una  armonía,  siento 

como  un  ángel  que  llora... 

¡  Oh,  Dios,  es  la  plegaria 
con  que  en  la  tarde  la  Creación  te  adora ! 


252  ANTOLOGÍA  ESCOLAR 


ESTANISLAO  DEL  CAMPO  (1834-1880) 


(Ailtivó  especialmente  la  poesía 
gauchesca,  un  tanto  ciudadana,  lo- 
grando imperecedera  fama  con  sn 
poema  Hl  Fuiíslo.  modelo  de  natu- 
ralidad y  sencillez  y  rico  en  des- 
cripciones. 


FAUSTO 

—  Vea  los  pingos... 

-    ¡  Ali,  liijitos! 
Son  dos  fletes  soberanos. 

—  ¡  Como  si  jueran  hermanos 
IJebiendo  la  agua  jiintilos  ! 

—  ¿  Sabe  que  es  linda  la  mar? 
La  viera  de  mañanita 
Cuando  atraías  la  puntita 
Del  sol  comienza  a  asoniar  ! 

Usté  ve  venir  a  esa  hora 
Roncando  la  marejada, 

Y  ve  en  la   espuma  encrespada 
Los  colores  de  la  aurora. 

A  veces,  con  viento  en  la  anca 

Y  con  la  vela  al  solsito, 
Se  ve  cruzar  un  barquito 
Como  una  palojna  blanca. 

Otras,  usté  ve,  patente, 
Venir  boyando  un  islote, 

Y  es  que  trae  un  cauíalote 
Cabestriando  la  corriente. 


HISPANO-Al'.GENTINA  253 

Y  con  un  campo  quebrao, 
Bien  se  puede  comparar, 
Cuando  el  lomo  empieza* a  hinchar 
Kl  rio  medio  alterao 

Las  olas  chicas,  cansadas, 
A  la  playa  ágatas   vienen, 
Y  alli  en  lamber  se  entretienen 
Las  arenitas  labradas. 

Es  lindo  ver  en  los  ratos 
En  que  la  mar  ha  bajao, 
Cair  volando  al  desplayao 
Gabiofas,  garzas  y  patos. 

Y  en  las  toscas,  es  divino. 
Mirar  las  olas  (¡uebrarse. 
Como  al  íin  viene  a  estrellarse 
El  hombre  con  su  destino. 

Y  no  sé  qué  da  el  mirar 
Cuando  barrosa  y  bramando 
Sierras  de  agua  viene  al/audo 
Embravecida  la  mar. 

Parece  que  el  Dios  del  cielo 
Se  mostrase  rebotao, 
Al  mirar  tanto  pecao 
Como  se  ve  en  este  suelo. 

Y  es  cosa  de  bendecir 
Cuando  el  Señor  la  serena, 
Sobre  ancha  cama  de  arena 
Obligándola  a  dormir. 

Y  es  muy  lindo  ver  nadando 
A  llor  de  agua  algim  pescao  : 
Van  como  plata,  cuñao, 

Las  escamas  relumbrando. 


254  ANTOLOGÍA  KSCOLAR 


JOSÉ  HERNÁNDEZ  (1834-1886) 


Poeta  !i  quien  abrió  el  tem|ilo  de 
la  inmortalidad  Martin  ¡•ierro,  el 
poema  más  argentino  qué  se  ha  es- 
escrito. 


MARTIN   FIERRO 

A  otros  les  brotan  las  coplas 
Como  agua  de  manantial  ; 
Pues  a  mí  me  pasa  igual 
Aunque  las  mías  nada  valen. 
De  la  boca  se  me  salen 
Como  ovejas  del  corral. 

Que  en  puertiando  la  primera 
Ya  la  siguen  las  demás, 

Y  en  montones  las  de  atrás, 
Contra  los  palos  se  estrellan, 

Y  saltan  y  se  atropellan 
Sin  que  se  corlen  jamás. 

\'  aun(|ue  yo  por  mi  inorancia 
Con  gran  trabajo  me  esplico, 
Cuando  llego  a  abrir  el  pico, 
Téngalo  por  cosa  cierta, 
Sale  un  verso  y  en  la  puerta 
Va  asoma  el  otro  el  hocico. 

Y  emprésteme  su  atención 
Me  oirá  relatar  las  penas, 
Üe  que  traigo  el  alma  llena. 


IIISI'ANO-AIUIKNTIXA  255 

Porque  en  toda  circuiistaucia 
Faga  el  gaucho  su  inorancia 
Con  la  sangre  de  sus  venas. 

Dios  forillo  lindas  las  (loros. 
Delicadas  como  son, 
Les  dio  toda  perfección 

V  cuanto  él  era  capaz, 
Pero  al  hombre  le  dio  más 
Cuando  le  dio  el  corazón. 

Le  dio  claridá  a  la  luz. 
.Tuerza  en  su  carrera  al  viento, 
Le  dio  vida  y  movimiento 
Dende  el  águila  al  gusano, 
Pero  más  le  dio  al  cristiano 
Al  darle  el  eiitendiiniento. 

V  aunque  a  las  aves  les  dio 
Con  otras  cosas  que  inoro, 
lisos  piquitos  como  oro 

Y  un  plumaje  como  labia, 
Le  dio  al  hombre  más  tesoro 

Al  darle  una  lengua  que  habla. 

Y  dende  (|ue  dio  a  las  lleras 
Ksta  juria  tan  inmensa. 

Que  uo  hay  poder  que  las  venza 
Ni  nada  que  las  asombre, 
¿Qué  menos  le  daria  al  hombre 
Que  el  valor  pa  su  defensa  ? 

Pero  tantos  bienes  juntos 
Al  darle,  malicio  yo, 
Que  en  sus  adentros  pensó 
Que  el  hombre  los  precisaba  : 
Que  los  bienes  igualaba 
Con  las  penas  que  le  dio. 


256  ANTOLOGÍA    liSCOLAK 

Y  yo  eiiipujao  por  las  mías 
Quiero  salir  de  este  iriíieruo  : 
Ya  no  soy  piclión  muy  tierno 

Y  sé  manejar  la  lanza, 

Y  hasta  los  indios  no  alcanza 
La  faculta  del  gobierno. 

Yo  sé  que  allá  los  caciques 
Amparan  a  los  cristianos, 

Y  que  los  tratan  de  «  Hermanos  » 
Cuando  se  van  por  su  gusto, 

¡  A  qué  andar  pasando  sustos  !.  . 
Alcemos  el  poncho,  y  vamos. 

En  la  cruzada  hay  peligros, 
Fero  ni  aun  esto  me  aterra, 
Yo  ruedo  sobre  la  tierra 
Arrastrao  por  mi  destino, 

Y  si  erramos  el  camino... 
No  es  el  primero  (|ue  lo  erra. 


JUAN   MARÍA  GUTIÉRREZ  (1809-1878 


Aun  cuando  rindió  culto  á  las 
musas,  su  fama  descansa  en  sus  obras 
en  prosa.  .Su  extensa  cultura  litera- 
ria se  |)one  de  maniliesto  en  ios  tra- 
bajos de  critica. 

CONVIENEN  los  mejores  críticos  en  que  los  poemas 
sobresalientes  del  Parnaso  de  nuestros  padres 
son  tres:  la  AraiLcaiia,  el  Bernardo  y  La  Cris- 
Hada.  Pues  bien,  los  tres  fueron  escritos  en  América. 
El  primero,  por  el  noble  batallador  Ercilla,  el  segundo 
por  un  obispo,  maestro  tanto  ó  más  que  Ovidio  y 
Petrarca  en  achaques  de  corazón,  apellidado  Balbuena; 


lIlSPANO-AlUiKNTIXA  257 

el  tercero,  por  un  santo  varón  que  parece  embriagado 
en  el  amor  del  Crucificado,  cual  si  hubiera  bebido 
del  vino  hecho  sangre  de  la  última  cena.  En  estas 
tres  producciones  resalta  sin  esfuerzo  el  sello  impreso 
por  el  lugar  en  que  fueron  concebidas.  Las  octavas 
de  Ercilla  resuenan  como  clarines  de  guerra,  y  pintan 
•caracteres  inquebrantables  y  hechos  de  bravura  y  de 
patriotismo  dignos  de  los  hijos  jamás  domados  de 
las  selvas  y  breñas  de  Arauco.  La  impetuosa  fantasía 
de  Balbuena  corre  con  extremada  libertad  en  sus 
cantos  y  complicados  episodios,  á  remedo  del  magnífi- 
co desorden  con  que  la  naturaleza  sembró  los  bosques 
■de  ceibos  y  desató  los  tortuosos  torrentes  sobre  el 
suelo  de  las  Antillas.  Y  bajo  la  apacible  atmósfera 
de  la  ciudad  de  los  Reyes,  ¿qué  otras  inspiraciones 
que  las  del  amor  y  de  la  caridad  pudieran  despertarse 
■en  las  sensibles  entrañas  del  Padre  Ojeda? 

Antes  que  la  civilización  cristiana  penetrase  en 
América,  era  ya  muy  estimado  en  ella  el  talento 
poético. 

Algunos  príncipes  mejicanos  difundieron  las  máxi- 
mas de  la  moral,  lloraron  su  esplendor  decaído  y 
celebraron  los  primores  de  la  naturaleza,  bajo  las 
formas  de  la  poesía.  Kl  nombre  Jiarabicns  con  que 
se  distinguían  los  vates  durante  el  reinado  de  los 
Incas  peruanos,  significaba  en  la  lengua  de  los  mis- 
mos, invefifor,  probando  así  que  exigían  de  sus  canto- 
res el  ejercicio  de  la  más  alta  facultad  del  espíritu 
humano.  La  voz  de  los  Jiarabicus,  según  el  testimonio 
de  Garcilaso,  se  alzaba  en  los  triunfos,  en  las  grandes 
solemnidades  del  imperio,  y  sus  poesías,  como  la 
•historia,  estaban  destinadas  á  perpetuar  el  recuerdo 
de  las  hazañas  y  de  los  acontecimientos  nacionales. 

Mas  no  por  esto  estaba  encerrada  exclusivamente 
la  poesía  en  aquellos  emporios  de  civilización  antigua. 
Las  tribus  indómitas  que  inspiraron  los  cantos  de 
Ercilla,  tenían  sus  JcmpC)i,  nombre  expresivo  que 
significa    «  dueño  del  decir »  y  que  conviene  perfec- 


258  ANTOLOGÍA   KSCOLAR 

tamente  á  los  poetas  de  Arauco,  estando  á  la  opinión 
de  uno  de  sus  más  afamados  cronistas. 

Quienes  adoraron  al  astro  del  dia  como  una  de  sus 
primeras  divinidades,  debieron  experimentar  el  entu- 
siasmo que  distingue  al  poeta,  ayudándose  para 
expresarlo  de  las  imágenes  pintorescas  propias  de 
los  idiomas  primitivos.  Por  esta  razón,  según  los 
viajeros  en  América  y  sus  numerosos  historiadores^ 
casi  no  hay  una  tribu,  ya  more  en  las  llanuras  ó  en 
las  montañas,  que  no  posea  sus  varones  inspirados 
y  su  poesía  más  ó  menos  rústica. 


DOMINGO  F.  SARMIENTO  (1811-1888) 


Fué  un  profundo  ¡lensador  y  e^ 
escritor  más  original  de  su  época,  si 
bien  su  estilo  no  jjuede  retóricamen- 
te recomendarse  por  su  corrección. 


EL     HOQAR     PATERNO 


FltAGME.NTO 


LA  casa  de  mi  madre,  la  obra  de  su  industria,, 
cuyos  adobes  y  tapias  pudieran  computarse  en 
varas  de  lienzo  tejidos  por  sus  manos  para  pagar 
su  construcción,  ha  recibido  en  el  transcurso  de  estos 
últimos  años,  algunas  adiciones  que-  la  confunden 
hoy  con  las  demás  casas  de  cierta  medianía.  Su 
forma  original,  empero,  es  aquella  a  que  se  apega  la 
poesía  del  corazón,  la  imagen  indeleble  que  se  pre- 
senta porfiadamente  a  mi  espíritu,  cuando  recuerdo 
los  placeres  y  pasatiempos  infantiles,  las  horas  de 
recreo  después  de  vuelto  de  la  escuela,  los  lugares 
apartados  donde  he  pasado  horas  enteras  y  semanas. 


HISPANO-AROKNTINA  259 

sucesivas  en  inefable  beatitud,  haciendo  santos  de 
barro  para  rendirles  culto  en  seguida,  o  ejércitos  de 
soldados  de  la  misma  pasta  para  engreírme  de  ejercer 
tanto  poder. 

Hacia  la  parte  del  sur  del  sitio  de  treinta  varas 
de  frente  por  cuarenta  de  fondo,  estaba  la  habitación 
única  de  la  casa,  dividida  en  dos  departamentos; 
uno  sirviendo  de  dormitorio  a  nuestros  padres,  y  el 
mayor,  de  sala  de  recibo  con  su  estrado  alto  y  cojines, 
resto  de  las  tradiciones  del  diván  árabe  que  han 
conservado  los  pueblos  españoles.  Dos  mesas  de 
algarrobo  indestructibles,  que  vienen  pasando  de 
mano  en  mano  desde  los  tiempos  en  que  no  había 
otra  madera  en  San  Juan  que  los  algarrobos  de  los 
campos,  y  algunas  sillas  de  estructura  desigual, 
flanqueaban  la  sala,  adornando  las  lisas  murallas  dos 
grandes  cuadros  al  óleo  de  Santo  Domingo  y  San 
Vicente  Ferrer,  de  malísimo  pincel,  pero  devotísimos, 
y  heredados  a  causa  del  hábito  dominico.  A  poca 
distancia  de  la  puerta  de  entrada,  elevaba  su  copa 
verdinegra  la  patriarcal  higuera  que  sombreaba  aun 
en  mi  infancia  aquel  telar  de  mi  madre,  cuyos  golpes 
y  traqueteo  de  husos,  pedales  y  lanzadera,  nos  des- 
pertaba antes  de  salir  el  sol  para  anunciarnos  que 
un  nuevo  día  llegaba,  y  con  él  la  necesidad  de  hacer 
por  el  trabajo  frente  a  sus  necesidades.  Algunas 
ramas  de  la  higuera  iban  a  frotarse  contra  las  murallas 
de  la  casa,  y  calentadas  allí  por  la  reverberación  del 
sol,  sus  frutos  se  anticipaban  a  la  estación,  ofreciendo 
para  el  23  de  noviembre,  cumpleaños  de  mi  padre, 
su  contribución  de  sazonadas  brevas  para  aumentar 
el  regocijo  de  la  familia. 


260  ANTOI>ÜGÍA    íiSCOLAK 


JUAN  BAUTISTA  ALBERDI  (1810-1884 


Escritor  político,  sus  obras  consti- 
tuyen un  verdadero  inoniiniento  le- 
vantado en  pro  de  la  paz  interior  de 
los  pueblos  americanos,  recomen- 
dándose su  estilo  por  su  elegancia  y 
corrección. 


SITUACIÓN    CONSTITUCIONAL 


LA  victoria  del  Monte  de  Caceros,  no  coloca  por 
sí  sola  á  la  República  xA.rgentina,  en  posesión 
de  cuanto  necesita.  Ella  viene  a  colocarla  en  el 
camino  de  su  organización  y  progreso,  bajo  cuyo 
aspecto  considerada,  es  un  evento  tan  grande  como 
la  revolución  de  mayo,  que  destruyó  el  gobierno 
colonial  español. 

Sin  que  se  pueda  decir  que  hemos  vuelto  al  punto 
de  partida  (  pues  los  estados  no  andan  sin  provecho 
aun  el  camino  de  los  padecimientos ),  nos  hallamos 
como  en  1810  en  la  necesidad  de  crear  un  gobierno 
jeneral  arjentino  y  una  constitución  que  sirva  de 
regla  de  conducta  a  ese  gobierno. ^Toda  la  gravedad 
de  la  situación  reside  en  esta  exijencia.  Un  cambio 
obrado  en  el  personal  del  gobierno  presenta  menos 
inconvenientes  cuando  existe  una  constitución  que 
deba  rejir  la  conducta  del  gobierno  creado  por  la 
revolución.  Pero  la  Repiiblica  Arjentina  carece  hoi 
de  gobierno,  de  constitución  y  de  leyes  jenerales  que 
hagan  sus  veces.  Este  es  el  punto  de  diferencia  de 
las  revoluciones  recientes  de  Montevideo  y  Buenos 
Aires:  existiendo  allí  una  constitución,  todo  el  mal 
ha  desaparecido  desde  que  se  ha  nombrado  el  nuevo 
gobierno. 


HISPA  NO-AlUiKNTINA  261 

La  República  Arjeiitina,  simple  asociación  tácita 
e  implícita  por  lioi,  tiene  que  empezar  por  crear  un 
gobierno  nacional  y  una  constitución  jeneral,  que  le 
sirva  de  regla. 

Pero  ¿cuales  serán  las  tendencias,  propósitos  o 
miras,  en  vista  de  los  cuales  deba  concebirse  la 
venidera  constitución  ?  ¿  Cuales  las  bases  y  puntos  de 
partida  del  nuevo  orden  constitucional  y  del  nueva 
gobierno,  próximos  a  instalarse? —  Hé  aquí  la  materia 
de  este  libro,  fruto  del  pensamiento  de  muchos  años,, 
aunque  redactado  con  la  urjencia  de  la  situación 
arjentina. 

En  él  me  propongo  ayudar  a  los  diputados,  y  a 
la  prensa  constituyentes  a  fijar  las  bases  de  criterio- 
para  marchar  en  la  cuestión  constitucional. 

Ocupándome  de  la  cuestión  arjentina,  tengo  necesi- 
dad de  tocar  la  cuestión  de  la  América  del  Sud,  para 
esplicar  con  más  claridad  de  dónde  viene,  dónde  está 
y  a  dónde  va  la  República  Arjentina,  en  cuanto  a 
sus  destinos  políticos  y  sociales. 


EOUCAOON    DE    LA   VOLUNTAD 


Formad  el  hombre  de  paz,  si  queréis  ver  reinar  la 
paz  entre  los  hombres. 

La  paz,  como  la  libertad,  como  la  autoridad,  como 
la  ley  y  toda. institución  humana,  vive  en  el  hombre 
y   no  en  los  textos  escritos. 

Los  textos  son  a  la  ley  viva,  lo  que  los  retratos 
a  las  personas:  a  menudo  la  imagen  de  lo  que  ha 
muerto. 

La  ley  escrita  es  el  retrato,  la  fotografía  de  la  ley 
verdadera,  que  no  vive  en  parte  alguna  cuando  no 
vive  en  el  hombre,  es  decir,  en  las  costumbres  y 
hábitos  cuotidianos  del  hombre;  pero  no  vive  en  las 


262  ANTOLOGÍA   IvSCOLAJl 

costumbres  del  hombre  lo  que  no  vive  en  su  voluntad, 
•que  es  la  fuerza  impulsiva  de  los  actos  humanos. 

Es  preciso  educar  las  voluntades  si  se  quiere 
arraigar  la  paz  de  las  naciones. 

La  voluntad,  doble  fenómeno  moral  y  físico,  se 
educa  por  la  moral  religiosa  o  racional,  y  por  afectos 
físicos  que  obran  sobre  la  moral.  Y  como  no  hay 
moral  que  haya  subordinado  la  paz  a  la  buena  volun- 
tad tanto  como  la  moral  cristiana,  se  puede  decir 
que  la  voluntad  del  hombre  de  paz  es  la  voluntad 
<3el  cristiano,  es  decir,  la  buena  voluntad.  La  prueba 
de  esta  verdad  nos  rodea.  Llamamos  bueno,  no  al 
hombre  meramente  justo,  sino  al  hombre  honesto,  es 
decir,  más  que  justo.  Todo  el  cristianismo  consiste, 
como  moral,  en  la  sustitución  de  la  honestidad  a  la 
justicia. 

La  justicia  está  armada  de  una  espada;  el  derecho 
es  duro,  como  el  acero ;  la  honestidad  está  desarmada, 
y  con  eso  solo,  su  poder  no  reconoce  resistencia :  es 
suave  y  dócil  como  el  vapor,  y  por  eso  es  omnipotente 
como  el  vapor  mismo,  que  debe  todo  su  poder  a  su 
aptitud  de  contraerse.  No  sabe  ser  fuerte  lo  que  no 
es  capaz  de  compresión :  ley  de  los  dos  mundos  físico 
y  moral. 

La  bíiena  volu}itad,  que  es  la  única  predestinada 
a  la  paz,  es  la  voluntad  que  cede,  que  perdona,  que 
abdica  su  derecho,  cuando  su  derecho  lastima  el 
bienestar  de  su  prójimo.  En  moral  como  en  economía, 
hacer  el  bien  del  prójimo,  es  hacer  el  propio  bien. 


HISPANü-AlUiliNTINA  2<)3 


NICOLÁS  AVELLANEDA  (1837-1885) 


Tuvo  todas  las  oiialidadcs  del  ora- 
dor: elocuente  correcrióii,  voz  dulce 
é  insinuante  y  ademanes  sobrios  y 
elegantes.  (>omo  escritor  sus  páginas 
demuestran  cuanto  pulia  su  estilo. 

CUANDO  oigo  decir  que  un  hombre  tiene  el  hábito 
de  la  lectura,  estoy  predipuesto  a  pensar  bien 
de  él.  Leer  es  mantener  siempre  vivas  y  des- 
piertas las  nobles  facultades  del  espíritu  dándoles 
por  alimento  nuevas  emociones,  lluevas  ideas  y  nuevos 
conocimiento.s.  Leer  es  multiplicar  y  enriquecer  la 
vida  interior. 

Leer  es  sobre  todo  asociarse  a  la  existencia  de  sus 
semejantes,  hacer  acto  de  unión  y  de  fraternidad  con 
los  hombres.  El  que  lee,  aunque  se  halle  confinado 
€11  una  aldea,  vive  del  movimiento  universal  y  puede 
decir  como  el  hombre  de  Terencio:  que  nada  humano 
le   es  indiferente. 

La  lectura  fecunda  el  corazón,  dando  intensidad, 
calor   y  expansión  a  los  sentimientos. 

Los  egoístas  no  practican  por  lo  general  la  lectura, 
porque  pasan  absortos  en  la  árida  contemplación 
de  sus  intereses  personales.  No  sienten  la  necesidad 
de  salir  de  sí  mismos  y  estrecharse  con  los  demás. 

Las  personas  indolentes  no  leen ;  pero  ¿  qué  son 
el  ocio  y  la  indolencia  sino  las  formas  plásticas  del 
egoísmo  ? 

La  naturaleza  es  pródiga  en  sorprendentes  escenas, 
en  maravillosos  espectáculos,  que  el  hombre  sedentario 
apenas  conoce,  y  que  los  viajeros  contemplan  con 
extática  admiración.    Los  placeres  sociales  encantan 


264  ANTOLOGÍA  ESCOLAR 

al  hombre;  pero  no  siempre  vienen  a  su  encuentro' 
ni  dependen  de  su  voluntad.  Entretanto,  los  placeres 
que  proporciona  la  lectura  son  de  todo  tiempo  y  de 
cualquier  lugar,  y  son  los  únicos  que  puede  renovar 
a  su  albedrío. 

El  libro  es  enseñanza  y  ejemplo.  Es  luz  y  revela- 
ción. Fortalece  las  esperanzas  que  ya  se  disipaban;, 
sostiene  y  dirige  las  vocaciones  nacientes  que  buscan 
su  camino  al  través  de  las  sombras  del  espíritu  o  de 
las  dificultades  de  la  vida.  El  joven  obscuro  puede 
ascender  hasta  el  renombre  imperecedero,  conducido- 
como   Franklin  por  la  lectura  solitaria. 

El  libro  da  a  cada  uno  testimonio  de  su  vida 
íntima.  Es  el  confidente  de  las  emociones  inefables^ 
de  aquellas  que  el  hombre  ha  acariciado  en  la  sole- 
dad del  pensamiento  y  más  cerca  de  su  corazón.  Así 
la  lectura  del  libro  que  nos  ayudó  a  pensar,  a  querer,, 
a  soñar  en  los  días  felices,  es  el  conjuro  de  sus  bellas 
visiones  desvanecidas  por  siempre  en  el  pasado. 

Cuando  puedo  sustraerme  a  lo  que  me  rodea,  y 
releo  mis  antiguos  libros,  parece  que  se  renueva  mi 
ser.  Vuelvo  a  ser  joven.  Lo  que  pasó  está  presente; 
y  creo  por  un  momento  que  puedo  envolverme  de 
nuevo  en  la  suave  corriente  de  los  sueños  desvane- 
cidos, cuando  repitiendo  con  acento  enternecido  el 
verso  de  Lamartine  o  de  Virgilio,  los  llamo  y  los 
nombro  con  las  voces  de  mi  antiguo  cariño. 

Enseñemos  a  leer  y  leamos.  El  alfabeto  que  deletrea 
el  niño  es  el  vínculo  viviente  en  la  tradición  del 
espíritu  humano,  puesto  que  le  da  la  clave  del  libro 
que  le  asocia  a  la  vida  universal.  Leamos  para  ser 
mejores,  cultivando  los  nobles  sentimientos,  ilustrando 
la  ignorancia  y  corrigiendo  nuestros  errores,  antes 
que  vayan  con  perjuicio  nuestro  y  de  los  otros,  a 
convertirse  en  nuevos  actos. 


IllSHANO-AHC.RNTIXA  265 


Fr.   mamerto  ESQUIÜ  a826-1877) 


\'A  más  elocuente  orador  sagrad» 
con  ((lie  se  envanece  la  tribuna  re- 
ligiosa argentina.  Sus  sermones,  y 
aun  sus  Cartas  Pastorales,  se  pueden 
ofrecer  como  modelo  en  su  gónero. 

LA  vida,  ese  hecho  múltiple  y  variadísimo  que 
nos  rodea  por  todas  partes  y  que  se  siente  en 
cada  uno  de  nosotros  como  si  cada  uno  fuera 
el  centro  á  que  converge  todo,  lo  que  vive  sobre  la 
tierra;  ese  hecho  se  ve,  se  .toca,  se  siente,  y,  sin  em- 
bargo, es  inaccesible  a  la  inteligencia  y  a  las  fuerzas 
humanas.  La  vida  es  un  misterio  que  nos  lleva  como 
por  la  mano  al  reconocimiento  y  adoración  del  gran 
misterio,  del  Ser  por  excelencia,  de  Aquél  que  dijo 
en  sus  inefables  comunicaciones  con  el  hombre :  )  '<? 
soy  qnicti  soy;  de  Aquél  que  es  la  misma  eternidad 
y  toda  perfección  infinita,  y  causa,  y  razón  de  todo 
cuanto  existe  fuera  de  Él.  vSegún  el  Apóstol,  la  tierra 
ha  sido  dada  en  habitación  á  los  hombres  para  que 
busquen  á  Dios  y  puedan  llegar  como  á  tocarlo ;  y 
en  efecto,  Linneo,  aplicándose  á  la  consideración  de 
una  hoja  de  hierba,  exclama  atónito:  «He  quedado 
mudo,  herido  de  espanto :  he  visto  á  Dios,  como  otro 
Moisés,  por  las  espaldas.  » 

Sí,  el  misterio  de  la  vida  desafía  á  todo  el  orgullo 
humano.  En  nuestro  siglo  se  ha  dicho  que  «  por  la 
ciencia  llegará  el  hombre  á  la  omnipotencia,  y  que 
así  vendrá  á  ser  Dios  » ;  exactamente  como  en  el  prin- 
cipio de  la  historia  humana  había  dicho  el  padre  de 
la  mentira  critis  sicíif  Diis,  scioitcs  bouiiin  el  maliivi. 
Yo  no  conozco,  señores,  los  dominios  de, ese  imperio 


260  ANTOLOGÍA    KSCOLAU 

de  sabiduría  que  se  dice  haber  conquistado  nuestro 
siglo;  no  sabré  deciros  lo  que  hay  de  positivamente 
ganado  en  el  terreno  de  verdades  filosóficas  y  sociales; 
pero  sí  quiero  tributar  el  homenaje  de  mi  asombro 
á  la  poderosísima  actividad  que  despliega  su  ingenio, 
suscribo  la  valiente  frase  de  que  « el  hombre  del 
siglo  XIX  ha  arrebatado  de  las  manos  de  Júpiter 
sus  temibles  rayos  » ;  reconozco  lleno  de  admiración, 
qvie  ante  él  desaparecen  las  distancias ;  que  su  palabra 
recorre  la  tierra  con  la  prontitud  que  se  recibe  una 
orden  del  amo  de  la  casa ;  que  él  dispone  y  se  sirve 
de  mares,  de  fluidos  impalpables  é  invisibles  con  la 
precisión  que  yo  muevo  mi  mano;  que  ha  hallado 
ser  el  globo  de  la  tierra  un  libro  de  inefables  carac- 
teres; que  va  ya  deletreando,  que,  en  fin,  se  ha 
aproximado  á  los  planetas,  los  ha  medido  y  pesado, 
y  descubre  que  no  sólo  el  planeta  que  habitamos 
tiene  condiciones  para  la  vida ;  y  aun  más  que  todo 
eso,  ha  llegado  a  sorprender  la  formación  de  estrellas 
todavía  en  embrión.  ¡  Ah !  el  hombre  sabe  y  puede 
mucho,  y  con  todo  que  nos  olvidábamos  de  esos 
pinceles  de  pura  luz  que  manejan  sus  diestras  manos, 
y  de  tantas  obras  maravillosas  cuya  fama  llena  la 
tierra.  Esta  gloria  no  puede  ser  materia  de  envidia 
para  nosotros,  sencillos  hombres  de  la  fe  antigua,  sino 
de  viva  y  sincera  felicitación  al  hallar  en  el  hombre 
del  siglo  XIX  el  perpetuo  cumplimiento  de  aquella 
palabra  del  Señor  en  el  principio  de  los  tiempos : 
Jlagamos  al  hombre  á  miestra  imagen  y  semejanza  ; 
y  tenga  dominio  sobre  los  peces  del  mar  y  sobre  las 
aves  del  cielo  y  sobre  las  bestias  y  sobre  toda  la  tierra. 
\  Oh  hombre !  Aunque  te  hayas  declarado  enemigo 
de  aquel  Dios  que  adora  mi  fe,  aun  te  saludo,  imagen 
de  la  eterna  sabiduría,  rey  del  mundo,  y  el  más  noble 
y  digno  adelantado  de  toda  la  creación  en  presencia 
de  su  Autor. 


IIISI'ANO-AHC.KNTIXA  267 


JOSÉ  MANUEL  ESTRADA  (1842-1892 


Elocueiile  orador,  fogoso  á  veces, 
en  otras  suave  y  delicado,  y  escrUor 
infatigal>le,  su  fama  se  eiigraiulece 
al  correr  de  los  años.  Fué  el  tipo  del 
tiiaestro,  en  el  más  noble  sentido  de 
la  palabra. 

DESPEDIDA   Á   SUS   DISCÍPULOS 


Khac.mknto 

RiíCiHÍ  misión  de  enseñaros  esa  justicia  vilipen- 
diada, y  la  libertad  que  nace  de  la  justicia; 
justicia  y  libertad,  nociones  y  fuerzas  que  pro- 
ceden del  Soberano  Autor  de  toda  vida  y  de  todas 
las  leyes,  para  nutrir  las  sociedades  con  su  savia 
vigorosa,  han  de  estar  encarnadas  en  cada  ciudadano, 
y,  sobre  todo,  en  cada  Maestro  guía  de  la  juventud 
en  las  sendas  del  deber...  Yo  he  amado,  señores,  la 
justicia  y  la  libertad...  Cuando,  dejando  muy  lejos 
entre  los  vagos  recuerdos  de  esta  fugitiva  edad  de 
ilusiones  y  esperanzas,  nuestros  truncados  trabajos 
y  nuestro  cordial  adiós,  hayáis  olvidado  todo,  hasta 
mi  nombre,  os  quedará  una  conciencia  limpia  de  los 
vicios  que  hoy  pervierten  las  costumbres  políticas 
de  la  Repúl)lica.  Ni  una  palabra  mía,  ni  un  acto 
mío  habrán  arrojado  en  ella  un  germen  de  corrup- 
ción. Esa  es  mi  cororia,  señores.  No  la  cambiaré  por 
ninguna.  Ni  cambiéis  vo.sotros  la  aureola  de  la  vir- 
tud por  ningún  brillo  ni  seducción  si  queréis  ser  lo 
que  en  el  lenguaje  cristiano  se  llama  hombres  libres. 
Si  observáis  lo  que  en  la  República    pasa    en    los 


268  ANTOLOGÍA  ESCOLA lí 

vergonzosos  dias  que  nos  alcanzan,  veréis  el  desen- 
volvimiento de  un  despotismo  que  amenaza  destruir 
la  libertad  de  la  conciencia  con  la  libertad  del  epis- 
cado,  la  libertad  de  enseñanza  con  la  dignidad  de 
las  Universidades,  la  libertad  de  palabra  y  acción 
de  los  ciudadanos  persiguiendo  á  sus  adversarios,  y 
la  libertad  provincial  y  todas  las  libertades,  porque 
todas  son  abominables  para  quien  detesta  la  justicia 
y  la  verdad.  No  os  maravilléis  ver  pulular  advene- 
dizos y  ambiciosos,  mientras  entran  en  la  sombra 
los  caracteres  más  puros.  Y  recordad  un  episodio. 
Refieren  los  libros  Santos  que  la  paloma  enviada 
del  arca  volvió  sin  hallar  donde  poner  su  pie,  mien- 
tras que  el  cuervo  no  regresó  al  refugio  de  donde 
partiera.  El  cuervo  se  acomoda  á  vivir  entre  el  lodo 
y  la  podredumbre.  La  paloma  necesita  yerbas  puras, 
aguas  trasparentes  y  ambiente  luminoso.  Escoged 
vuestro  símbolo.  Yo  sé  cual  es.  La  vida  que  co- 
mienza en  el  escepticismo  acaba  en  la  ignominia. 
Vosotros  creéis  en  la  justicia.  No  esterilicéis  esa  fe, 
sagrada  y  noble  de  la  primera  edad.  Servidla,  mis 
jóvenes  amigos,  con  abnegación,  con  sacrificio,  con 
virilidad. 

Sea  este  mi  último  consejo  y  mi  última  lección. 
Os  la  doy  con  mi  palabra,  os  la  doy  con  mi  persona. 
Y  contad  conmigo  en  todos  los  terrenos,  y  en  todos 
los  teatros  de  donde  no  hay  fuerza  humana  capaz 
de  arrojarme,  porque  tengo  una  voluntad  de  hombre 
libre  y  una  bandera  sacrosanta !  De  las  astillas  de 
las  cátedras  destrozadas  por  el  despotismo,  haremos 
tribunas  para  enseñar  la  justicia  y  predicar  la  liber- 
tad. Dejad  que  aplaudan  los  que  en  otro  dia  canta- 
ban himnos  lisonjeros  entre  tiranos  sangrientos.  De- 
jad que  se  confabulen  los  que  cuatro  años  atrás,  en 
el  mismo  dia  en  que  nos  despedimos,  se  depedaza- 
ban  furiosos,  y  que  ultrajen  las  víctimas  inmoladas, 
compartiendo  las  sensualidades  del  poder  con  sus 
enemigos  de  entonces.  Todo  pasa,  menos   Dios    que 


ANTOLOGÍA   ESCOLAR  269 

salva  los  pueblos,  y  la  justicia  que  los  regenera.  Kl 
amor  de  la  verdad  me  llevó  á  vosotros.  El  amor  de 
la  verdad  nos  separa.  El  nos  reunirá,  donde  los  ciu- 
dadanos de  un  pueblo  libre  luchan  y  triunfan  contra 
los  traficantes  y  los  ambiciosos.  Entre  tanto,  señores, 
os  deseo  Maestros  que  os  amen  como  os  he  amado, 
y  os  sirvan  con  la  misma  sinceridad. 


PEDRO  GOYENA  (1843-1892) 


Aiuique  sesudo  critico,  su  lofíitinia 
fama  (tescansa  en  la  oratoria.  Su  en- 
tendimiento claro,  su  verl)a  fácil,  la 
pastosidad  de  su  voz,  todo  contribuyó 
á  que  se  le  llamara  el  piro  de  oro  de 
la  tribuna  aríjenlina. 


DE   LA   VIDA   jurídica 


FttAGMENTO 


VOSOTROS  habéis  cultivado  el  derecho;  ¿daría  de 
él  una  definición?  Sería  pedantesco  y  en  cierta 
manera  injurioso.  Todos  los  presentes  tienen 
una  noción  del  derecho  que  la  ciencia  determina  y 
fija,  pero  no  crea:  el  hombre,  señores,  es  im  ser  ju- 
rídico. Vivir  en  sociedad  es  vivir  en  la  atmósfera  y 
en  el  campo  del  derecho.  Cada  uno  de  nosotros  es, 
por  modesta  que  sea  su  condición,  un  centro  de  re- 
laciones jurídicas.  Vivimos  sometidos  en  los  prime- 
ros años  á  la  patria  potestad  ó  a  la  tutela;  subsis- 
timos mediante  los  contratos;  nos  casamos  religiosa- 
mente, á  Dios  gracias,  pero  el  código  determina  los 
efectos  civiles  del  matrimonio;  llega  la  muerte,  esa 
terrible  cazadora  que   no    pierde  jamás  el    ave    per- 


270  ANTOLOGÍA   ESCOI>AR 

seguida,  y  la  sucesión  continúa  en  la  familia  el  im- 
perio del  derecho. 

Se  ha  dicho  que  el  derecho  es  la  vida;  la  frase 
es  exagerada,  pero  contiene,  como  acabamos  de  verlo, 
un  innegable  fondo  de  verdad.  Si ;  no  hay  vida  ci- 
vilizada, aunque  solo  rudimentariamente  lo  sea,  que 
no  tenga  el  carácter  de  vida  jurídica;  pero  el  dere- 
cho no  abarca  y  domina  toda  la  existencia  del  hom- 
bre. De  los  tres  preceptos  que  veis  escritos  en  la 
techumbre  de  esta  sala :  atribuir  á  cada  uno  lo  suyo, 
lio  dañar  a  otro  y  vivir  Jionestamcntc,  el  último  es 
una  máxima  moral  cuyas  aplicaciones  van  más  allá 
del  radio  puramente  jurídico.  Los  que  pertenecen  ca- 
racterísticamente al  derecho  son  los  primeros.  Ellos 
suponen  una  situación  pasiva :  son  más  que  la  ley 
del  bien,  la  ley  que  impide  el  mal:  no  tomar  lo 
ajeno,  no  dañar  á  otro.  Si  cumpliendo  estos  dos  pre- 
ceptos, si  permaneciendo  en  nuestra  esfera  de  acción 
sin  invadir  la  de  nuestros  semejantes,  consultamos 
además  las  exigencias  del  decoro  3^  nuestra  vida  es 
moderada  y  ejemplar,  el  derecho,  nos  lo  tiene  en 
cuenta  y  confirma  con  sus  sanciones  las  ventajas 
que  la  sociedad  y  el  sentimiento  común  nos  han 
reconocido  ya.  Pero  no  lo  olvidemos,  caeríamos  en  un 
gran  error  si  nos  hiciéramos  la  ilusión  de  que  los 
estudios  que  cultivamos  en  esta  casa  nos  han  cons- 
tituido poseedores  de  una  panacea  social  y  que  en 
el  solo  saber  de  las  leyes  se  contiene  el  modo  de 
mantener  la  sociedad  en  el  orden  y  de  impulsarla 
eficazmente  en  las  vias  del  progreso.  Lo  esencial 
son  las  costumbres:  donde  ellas  son  puras,  las  insti- 
tuciones jurídicas  y  la  magistratura  se  hacen  casi 
inútiles.  Boullenois  lo  ha  dicho,  y  he  tenido  ocasión 
de  repetirlo  hace  poco  tiempo :  dadme  buenos  ciu- 
dadanos y  las  leyes  serán  innecesarias. 


HISPAXO-AUGENTINA  271 


BARTOLOMÉ  MITRE  (1821-1906 


Militar  y  polilico  fué  á  la  vez  emi- 
nente y  fecundo  polígrafo,  desco- 
llando especialmente  en  el  género 
histórico.  Es  una  de  las  glorias  más 
legitimas    de  la  literatura  argentina 

E*  L  repaso  del  ejército  de  los  Andes  en  1819  es 
un  hecho  complejo,  que  nunca  ha  sido  bien 
'  explicado  en  sus  causas  y  efectos,  ligándolo  a 
los  grandes  movimientos  de  la  historia  en  la  cual 
determinó  nuevos  rumbos.  Lo  poco  que  de  él  hemos 
hecho  conocer  en  nuestra,  Historia  de  Belgraiio 
(cap.  XXXVI  y  XXXVII),  teniendo  a  la  vista  docu- 
mentos no  explotados,  sólo  tuvo  por  objeto  ilustrar 
incidentalmente  un  punto  oscuro  trazando  a  grandes 
rasgos  su  bosquejo. 

Esta  terrible  invención  que  provocó  una  crisis, 
cuyas  acciones  y  reacciones  quedaron  envueltas  en 
la  sombra,  conociéndose  únicamente  sus  movimientos 
ostensibles,  confundió  a  los  contemporáneos  y  ha 
engañado  a  los  historiadores :  los  primeros  no  se 
dieron  cuenta  exacta  del  papel  que  desempeñaban 
en  él,  y  los  segundos  han  carecido  de  elementos, 
sea  para  exponerlo  con  corrección,  sea  para  expli- 
carlo ampliamente  en  todas  sus  partes.  Así,  por  ejem- 
plo, el  señor  López  lo  atribuye  equivocadamente  a  las 
exigencias  del  director  Pueyrredón,  y  el  señor  Barros 
Arana  a  combinaciones  con  el  director  O'Higgins, 
cuando  en  realidad  la  iniciativa  fué  exclusivamente 
de  San  Martín,  teniendo  en  vista  ejercer  presión 
sobre  el  gobierno  chileno  sirviéndose  al  efecto  del 
gobierno  argentino,  que  obedecía  a  su  impulsión 
como    se  ha  visto  ya,  y  se  verá  más  claro  después. 


272  ANTOLOGÍA   ESCOLAR 

Considerado  por  su  faz  externa  y  en  sus  relacio- 
nes íntimas  con  los  hombres  y  las  cosas  de  su  tiempo, 
este  interesante  episodio  es  un  drama  complicado 
con  accidentes  de  sublime  comedia,  que  por  momentos 
reviste  un  carácter  trágico.  Isleño  de  peripecias  y 
alternativas,  con  coincidencias  sorprendentes  y  situa- 
ciones equívocas,  rodeado  de  misterios  pavorosos  y 
explicándose  de  distinto  modo  cada  uno  el  papel 
que  desempeña  en  él,  los  actores  son  dos  naciones, 
-dos  gobiernos,  dos  asociaciones  secretas  que  gobiernan 
a  los  gobiernos  y  a  los  ejércitos,  y  un  ejército,  tenien- 
do por  protagonista  un  hombre  de  acero  —  duro  y 
flexible,  —  que  maneja  con  mano  firme  y  segura 
los  resortes  de  bronce  de  su  potente  máquina,  cuyos 
secretos  él  solo  conoce,  variando  sus  combinaciones, 
según  las  circunstancias.  Tiene  su  unidad,  se  des- 
envuelve obedeciendo  a  una  idea,  y  su  desenlace  se 
efectuará  en  medio  de  una  catástrofe  determinando 
un  nuevo  rumbo  en  la  historia,  y  una  de  las  más 
sorprendentes  transformaciones  de  la  lucha  de  la 
emancipación  sudamericana. 

El  general  de  los  Andes,  representando  un  doble 
papel,  tiene  un  pie  en  Chile  y  otro  en  las  Provincias 
Unidas:  tiene  dos  caras,  una  para  cada  gobierno: 
maniobra,  obrando  alternativa  o  simultáneamente 
sobre  la  política  de  ambos  países,  persiguiendo  un 
propósito,  obedeciendo  unas  veces  a  repulsiones 
sistemáticas  y  cediendo  otras  a  atracciones  patrió- 
ticas: envuelto  por  acaso  en  sus  propias  redes,  las 
desata  sin  romperlas,  y  cuando,  por  fin,  tiene  que 
optar  entre  dos  partidos  extremos,  las  rompe  y  se 
lanza  conscientemente  a  cumplir  su  destino,  y  sigue 
su  trayectoria  americana  movido  por  su  impulsión 
inicial,  como  la  bala  de  cañón  que  va  derecho  al 
blanco. 

La  narración  documentada  de  los  hechos  pondrá 
más  en  evidencia  el  carácter  de  este  complicado 
•drama. 


HISPANO-AR(iENTIXA  273 


YICENTE  FIDEL  LÓPEZ  (1815-1903 


Novelista  é  historiador,  rindió  fer- 
voroso culto  á  la  belleza  literaria, 
siendo  de  lamentar  que  la  parciali- 
dad amengüe  la  importancia  de  su 
labor  histórica. 


TRANSICIÓN   DE   LA   LEYENDA   A   LA   HISTORIA 


A  medida  que  las  tribus  de  la  raza  griega  se 
civilizaban,  entablaron  relaciones  marítimas  y 
comerciales  con  las  costas  asiáticas  que  tenían 
a  su  frente;  pues  de  ahí  habían  venido  en  la  noche 
de  los  tiempos  las  primeras  colonias  que  poblaron 
•esa  maravillosa  región  predestinada  a  civilizar  las 
costas  (Jel  Mediterráneo.  Allí  comenzó  aquel  asom- 
broso adelanto  que  debía  modernizar  el  espíritu  de 
las  primeras  edades,  inoculándoles  el  genio  y  el 
carácter  de  una  nueva  civilización,  que  ha  venido 
•enlazando  sus  beneficios  hasta  nuestra  historia  nacio- 
nal, por  una  serie  de  progresos  sin  solución  de 
■continuidad.  Ese  gran  paso  es  el  que  se  dio  con  la 
Escritura  Analítica  en  forma  de  letras  silábicas  que 
reproducen  los  sonidos  simples  de  la  boca  humana, 
enteramente  distinta  del  dibujo  simbólico  y  conven- 
cional de  los  objetos,  que  formaba  la  escritura  sacer- 
■dotal   de  los  viejos  imperios  del  Asia. 

Una  vez  conquistado  este  poderoso  instrumento  de 
difusión,  los  griegos  se  dieron  a  escribir  en  forma 
moderna,  diremos  así,  sus  tradiciones,  sus  hechos 
•contemporáneos,  y  las  noticias  que  sus  viajeros  explo- 
radores recogían  j^or  las  tierras  y  naciones  exóticas 
que    visitaban    con    ávida  curiosidad.    Constituyeron 


274  ANTOLOGÍA    ESCOLAR 

así  con  el  tiempo,  una  admirable  literatura  de  carácter 
épico  al  principio  histórico,  filosófico  y  social  después. 
De  ese  modo  se  transformó  la  historia  primitiva  en 
historia  positiva :  mediante  la  cual  se  ven  enlazados, 
los  sucesos  con  sus  fechas  relativas  ( cronológicicas ) 
con  los  lugares  en  que  ocurrieron  ( geografía )  y  con 
las  naciones  o  los  personajes  que  tomaron  parte  en 
ellos. 

Bien  se  comprende  que  las  tribus  bárbaras  no  han 
podido  hacer  de  un  salto  el  pasaje  de  la  historia 
legendaria  a  la  historia  expositiva.  Hay  entre  una. 
y  otra  un  intervalo  de  siglos  incalculable,  que  podría- 
mos comparar  con  el  claro-oscuro  del  crepúsculo 
matinal  al  pasar  de  la  noche  al  día,  en  que  los. 
conjuntos  y  los  objetos  se  presentan  como  si  fuesen 
formas  vagas  y  confusas  que  se  movieran  a  la  dis- 
tancia mudas  y  misteriosas.  Del  mismo  modo,  en 
la  tribu  bárbara  todo  se  vé  y  se  expresa  al  través, 
de  la  imaginación  inventiva,  visionaria  y  exaltada 
por  las  pasiones  impetuosas,  por  los  ensueños  gran- 
diosos, por  el  personalismo  heroico  y  por  las^  ráfagas, 
de  fuego  que  dan  vida,  acción  y  aliento  a  sus  tradi- 
ciones. Esos  siglíís  son,  pues,  el  seno  insondable  en 
que  la  oscuridad  crepuscular  de  la  Leyenda  se  ha 
transformado  a  la  claridad  diáfana  de  la  historia,, 
representando  los  afectos  de  la  niñez  histórica  trans- 
formada en  los  afectos  del  hombre  social  por  el 
influjo   de  la  lengua  materna. 


HISP  ANO-A  MEKICANA  275 


CARLOS  GUIDO  Y  SPANO  (1826-1918 


Poeta  sin  grandes  arrebatos  liricos, 
seduce  por  su  dulzura  y  sencillez; 
distinguiéndose  á  la  par  por  su  sen- 
timiento y  el  cuidado  con  que  cin- 
cela sus  versos. 


AL      PASAR 


Sola  en  el  campo,  en  la  arrimada  ermita, 
á  la  trémula  sombra  de  un  almez, 
hermosa  como  Ruth  la  moabita, 
recuerdo  que  la  vi  la  i'illima  ve/. 

Vestía  el  trajo  villanesco,  saya 
corta,  listada,  un  delantal 
festoneado  con  cintas,  de  anaíaya, 
y  una  toca  plegada,  de  percal. 

¡  lín  pocos  años  que  mudan/a  !  apenas 
si  pude  conocerla  ¡  cuan  gentil  ! 
más  fresca  (|ue  las  niveas  azucenas 
en  las  mañanas  límpidas  do  abril. 

Tenía  la  cintura  como  un  mimbre 
flexible  y  fina,  el  rostro  angelical ; 
su  voz,  su  dulce  voz  era  de  un  timbre 
más  suave  que  el  canto  del  turpial. 

¡  Y  sus  ojos  turquíes!  le  brillaban 
con  tan  profundo  y  blanco  resplandor, 
que  al  parecer  serenos  reflejaban 
del  cielo  azul  el  nítido  color. 


276  ANTOLOGÍA  KSCOI.AK 

¡  Cuántas  veces,  de  niña,  las  ramillas 
para  el  fuego  juntando  la  encontró, 
y  cuántas  en  las  míeses  amarillas 
sus  cabellos  de  oro  acaricié  ! 

Al  volverme  hacia  atrás  y  dar  conmigo 
no  atinó  á  recordarme,  se  turbó  ; 
mas  luego  que  la  hablé,  mi  acento  amigo 
sus  recuerdos  de  infancia  despertó. 

«  —  ¡  Cómo  !  Sois  vos  ?  —  me  dijo  conmovida, 
<(  ¡  Vos  aquí  en  la  comarca  !...  ¿  la  salud 
«  sentís  de  nuevo  acaso  enflaquecida, 
«  y  en  procura  volvéis  de  aire  y  quietud  ? 

«  — No,  Blanca,  á  otro  país  voy  de  camino, 
«  no  cual  en  otro  tiempo  vuelvo  aquí, 
((  enfermo  y  fatigado  peregrino 
«  en  busca  de  la  calma  que  perdí. 

«  Y  bien  lo  siento  á  fe...  ¡  ah,  quien  me  diera 
«  habitar  otra  vez  el  romeral, 
«  perderme  entre  la  viña  en  la  pradera, 
«  beber  el  agua  virgen  del  raudal !  * 

No  era  ese  el  deseo  caprichoso 
del  que  aspira  á  una  efímera  merced  ; 
de  olvido,  de  silencio,  de  reposo, 
sentía  el  alma  la  profunda  sed. 

Pregunté  luego  á  la  aldeana  bella 
por  su  i)adre,  que  un  dia  me  acogió 
bajo  su  techo  hospitalario,  y  ella 
contestó  suspirando  —  «  ¡  Ya  murió  !  » 

(c  —  ¡  Murió  !  ¿  Cuando  murió  ?  » —  «  Cumplirá  un  año 
lo  que  em|)iecen  las  uvas  á  pintar  ; 
Dios  alejó  al  pastor  de  su  rebaño, 
¡  Ah  !  si  vierais,  desierto  está  el  hogar  ¡  » 


IIISPANO-AlUiKNTlNA  It  í 

Vo  estiinal)a  ¡i  aquel  hombre  franco,  honrado, 
do  cora/.ón  iniíénuo.  sin  dobU^z, 
allá  en  su  juventud  bravo  soldado, 
vaquero  y  labrador  en  su  vejo// 

«  ¿,  De  qué  murió  ?  »  la  dije  —  »  listaba  fuerte 
«  como  ol  tronco  que  veis  de  ese  abenuz  ; 
«  un  día  entre  la  niiez  le  halló  la  muerte 
((  alli  donde  se  alza  aquella  cruz  !  » 

«  — ¿Y  os  dejó  alguna  hacienda  ?  —  «  Lo  bastante 
«  para  vivir,  la  casa,  y  más  aíjuel 
«  molino  que  se  vé  blanquear  distante, 
«  los  bueyes,  el  sembrado  y  ol  vergel.  » 

«  —  i  Pobre  !  ¿  y  tu  madre  ?  »  —  «  Llora  ol  dia  entero,. 
«  si  (¡uercis  verla  os  llevaré,  venid. 
«  está  allá  abajo  al  canto  del  otero 
«  á  la  sond)ra  tegieiulo  de  fa  vid.  » 

«  —  Ks  larde  ya  »  la  contesté,  «  y  aun  ()ucda 
H  lejos  la  aldea  á  donde  voy,  á  más 
«  temo  alligirla  ;  el  cielo  la  conceda 
«  el  consuelo  á  sus  penas,  la  dirás.  » 

«  —  Mas  al  menos  «  re|)uso.  los  colores 
«  animándola  el  rostro,  »  aceptareis 
«  del  jardin  de  mi  padre  algunas  llores 
«  plantadas  por  su  mano  ¿os  negareis? 

¡  V  cómo  resistir  su  voz  tan  pura, 
aquel  dulce  mirar,  tanto  candor, 
seguila.  pues,  dejando  mi  montura 
atada  al  tronco  de  un  almendro  on  flor,  etc. 


278  ANTOI>OGÍA  liSCOLAH 


RAFAEL  OBLIGADO  (1851-1920) 


(-orno  poeta  es  eminenleniente  des- 
criptivo, siendo  quizás  el  mas  origi- 
nal y  el  más  argentino  de  nuestro 
modesto  parnaso. 


SANTOS      VEGA 


P'lí  A  OMENTO 

Mudos  ante  él  se  volvieron, 
y,  ya  la  rienda  sujeta, 
en  derredor  del  poeta, 
un  vasto  círculo  hicieron. 
Todos  el  alma  pusieron 
en  los  atentos  oidos, 
porque  los  labios  queridos 
de  Santos  Vega  cantal>an 
y  en  su  guitarra  /und)aban, 
esos  vibrantes  sonidos  : 

«  Los  (|ue  tengan  corazón, 
los  que  el  alma  libre  tengan, 
los  valientes,  esos  vengan 
á  escuchar  esta  canción  : 
nuestro  dueño  es  la  nación 
que  en  el  mar  vence  la  ola, 
que  en  los  montes  reina  sola, 
que  en  los  campos  nos  domina, 
y  que  en  la  tierra  argentina 
clavó  la  enseña  española. 

«  Hoy  mi  guitarra,  en  los  llanos, 
cuerda  por  cuerda,  asi  vibre  : 


IIISPANO-AHGKNTIXA  279 

i  Hasta  el  cluinango  es  más  libre 
en  nuestra  tierra,  paisanos  ! 
Mujeres,  niños,  ancianos, 
el  ranciio  a(|uel  (|uc  primero 
llenó  con  solo  un  ¡  te  quiero! 
la  dulce  prenda  querida, 
i  Todo  !...  ¡  el  amor  y  la  vida 
es  de  un  monarca  extranjero! 

«  Ya  Buenos-Aires  ((ue  encierra 
como  las  nubes  el  rayo, 
el  veinte  y  cinco  de  Mayo 
clamó  de  súbito  :  ¡Guerra! 
¡  Hijos  del  llano  y  la  sierra 
pueblo  argentino  !  ¿qué  haremos? 
¿  Menos  valientes  seremos 
que  los  que  libres  se  aclaman  ? 
¡  De  Buenos- A  i  res  nos  llaman, 
A  Buenos-Aires  volemos! 

¡Ab!  Si  es  mi  voz  impotente 
[lara  arrojar,  con  vosotros, 
nuestra  lanza  y  nuestros  potros 
por  el  vasto  continente  ; 
si  jamás  independiente 
veo  el  suelo  en  (|ue  be  cantado, 
no  me  entierren  en  sagrado 
donde  una  cruz  me  recuerde  : 
entiérrenme  en  campo  verde 
donde  me  pise  el  ganado!  » 

Cuando  cesó  esta  armonía 
que  los  conmueve  y  asombra, 
era  ya  Vega  una  sombra 
que  allá  en  la  noche  se  hundía... 
j  Patria  !  á  sus  almas  decía 
el  cielo,  de  astros  cubierto, 
¡  Patria!  el  sonoro  concierto 


280  ANTOLOGÍA   ESCOLA K 

de  las  lagunas  de  plata 
¡  Patria  !  la  trémula  mata 
del  pajonal  del  desierto. 

Y  á  Buenos-Aires  volaron, 
y  el  himno  audaz  repitieron^ 
cuando  á  Belgrano  siguieron, 
cuando  con  Güemes  luciiaroii, 
cuando,  por  lin,  se  lanzaron 
tras  el  Andes  colosal, 
hasta  aquel  dia  inmortal 
en  que  un  grande  americano 
batió  al  sol  ecuatoriano 
nuestra  enseña  nacional. 


Advertencia 


Por  estar  intiecisa  la  paternidad  de  la  novela  El  lazarillo 
de  Tormes,  no  íigura  el  fragmento  (jue  de  ella  se  transcribe 
después  de  las  páginas  64  y  ().'),  sino  en  la  pág.  77  encabe- 
zando las  novelas  picarescas. 


IISriDIOE 


Página 

Alaucón,  Juan  Rliz  de 98 

Alarcóx,  Pedko  Antonio  de 198 

Alberdi,  Juan   Bautista 260 

Alemán  Mateo 80 

Alfonso  el  Sabio 8 

Alvarez  de  Villasandino,  Alfonso 17 

Aniaüis  de  Ganla o4 

Andkade,  Olegario  V 245 

Arcipreste  de  Talayera 32 

Argensola,  Bartolomé  Leonardo  de 75 

Argensola,  Luferck)  Leonardo  de 75 

Avellaneda,  Nicolás 203 

Balbuena,  Bernardo  de 53 

Bécquer.  Gustavo  Adolfo 193 

Berceo,  Gonzalo  de 7 

BoscÁN,  Juan 39 

Bretón  de  los  Herreros,  Manuel 179 

Caballero  Cifar  (El) 1<> 

Calderón  de  la  Barca,  Pedro 105 

Calderón,  Kstéranez 151 

Campo,  Estanislao  del 252 

Campoamor,  Ramón  de 222 

Cantar  de  Gesla  de  D.  Sancho  II 3 

Caro,  Hodrkío 69 

Castelar,  Emilio 227 

Castillejo,  Cristóbal  de 41 


284  ÍNDICE 

Página 

Cervantes 107 

C.RUZ,  Ramón  de  la 140 

Duque  de  Rivas 16H 

ECHEGARAY,   JoSÉ 218 

Echeverría,  Esteban 240 

Enzina,  Juan  del ;}3 

Ercilla.,  Alonso  de 49 

Espinel,  Vicente 82 

EspROXCEDA,  José 182 

EsQUiú,  Vn.  Mamerto 265 

Estrada,  José  Manuel 267 

Feijóo,  Fr,  Benito  Jerónimo 122 

Fernández  de  Añorada 71 

(üarcía  (iutierrez,  antonio 171 

(íarcilaso  de  la  Vega 40 

(iiL  Polo,  Gaspar 84 

(lÓNGORA    Y    ARGOTE,    LUIS 118 

(ioYENA,  Pedro 269 

(IrRACiÁN,  Baltasar 120 

Granada,  Fr.  Luis  de 57 

(JUEVARA,  Antonio  de 56 

Guido  y  Spano,  Garlos 275 

(Gutiérrez,  Juan  M.« 256 

Gutiérrez,  Ricardo 248 

IIartzenbusch,  Juan  Eugenio 175 

Hernández,  José 254 

Herrera,  Fernando  de 48 

Ho.iEDA,  Diego  de 51 

Hurtado  de  Mendoza,  Diego 64 

Imi'ERIAl,  Francisco 18 

Isla,  P.  José  Franc"  de 144 

Juana  Inés  de  la  Cruz,  Sor 6H 

Juan  de  la  Cruz,  (San) 62 

Juan  Manuel,  Infante 9 

JOVELLANOS,    GaSI'AR  MeLCHOR   DE 129 

Labardén,  Manuel  José  de 2lVi 


ÍNDICE  28Ó 

Página 

f^ARRA,  JosK  Mariano  de 107 

Iaizüi'ÍUo  de  Tormc.s 77 

León,  Fr.  Luis  de 42 

Libro  de  los  Reyes  de  Oriente O 

Lope  de  Rueda 38 

Lope  de  Vega 87 

López  de  Avala,  Adkuardo 210 

López  df  Avala,  Pero 14 

López,  Vicente  Fidel 273 

López  y  Planes,  Vicente 236 

LuzÁN,  Ignacio  de 124 

Manrique,  Jorge 26 

Mariana,  Juan  de 66 

MÁRMOL,  José 243 

Martínez  de  la  Hosa,  P'ranc." 160 

Melemdez  Valdés,  Juan 133 

Mena,  Juan  de 24 

Menendez  V  Pelayo 229 

Mesonero  Romanos,  Ramón  de 155 

Mío  Cid 1 

Mitre,  Bartolomé 271 

MoRATÍN,  Leandro  F.  de 136 

MoRATÍN,  Nicolás  F,  de 126 

MoRETO,  Agustín 102 

íserrija,  Antonio  de 29 

NuÑEZ  DE  Arce,  Gaspar 223 

Obligado,  Rafael 278 

Palacio  Valdés,  Armando 206 

Pereda,  José  M."  de 201 

Pérez  de  (íuzmán,  Fernán 23 

Pérez  de  Hita,  (íinés 72 

Pérez  Cíaldós,  Benito 21o 

Poema  de  Ále.vandre 4 

Pulgar,  Fernando  dei 30 

QuEVEDO,  Franc.°  Gómez  de 113 

Quintana,  Manuel  José 146 


286  ÍNDICE 

Página 

Reyes  Magos  (Los) 5 

h lüJA,  FUANCISCO  DE 67 

Rojas,  Fernando  de 35 

Rojas  Zokrilla  Fraxc." 100 

Romances 27 

Ruiz,  Juan,  Arcipreste  de  Hita 11 

Ruy  Paez  de  Ribera 19 

Sanches  Talayera,  Ferkant 20 

Santillaxa,  Marqués  de 21 

Sarmiento,  Domingo  F 258 

Sem  Tob,  Rabí  don 13 

Tamayo  y  Baus,  Manuel 212 

Teresa  de  Jesús  (Santa j 59 

Tirso  de  Molina 92 

Torres  Naharro,  Bartolomé  de 34 

Trueba,  Antonio 195 

Valera,  Juan 204 

Várela,  Juan  Cruz 238 

Vega,  Ventura  de  la 187 

Vida  de  Santa  María  Egipciaca 5 

Zorrilla,  José 189 


JUICIOS  CRÍTICOS 
Notas    al    Castellano    en    la  Argentina 

con  un  prólogo  del 

Dr.   Estanislao  5,  Zeballos  (C,  de  la  R,  A,  Española). 


«  El  Sr.  Monner  Sans  es  autoridad  en  asuntos  lexicográficos,  auto- 
ridad que  reposa  en  el  dato  positivo  de  varias  publicaciones  importantes 
como  las  tituladas  Desvesíirse,  Minucias  lexicográficas,  La  Religiófi  en 
el  idioma,  ctc.¡: 

La  España  Moderna. — Madrid,  i.°  de  noviembre  de  1903. 

«Su  nuevo  libro  Xotas  al  Castellano  en  la  Argentina,  enriquece  sus 
estudios  de  la  lengua  moderna  hablada  por  las  Repúblicas  hispanoame- 
ricanas,   ilustrada   con    un    prólogo    que    estima    con   justicia  su  valioso- 

trabajo.» 

B.  Mitre. — Buenos  Aires,  2  de  julio  de  1903. 

«Recibo  y  recorro  con  la  curiosidad  que  ese  genero  de  trabajos  me 
inspira,  y  el  placer  con  que  leo  lo  que  usted  publica  referente  a  cues- 
tiones de  idioma,  su  nuevo  libro  Notas  al  Castellano  en  la  Argentina 
Es  un  nuevo  aporte  a  la  ya  importante  bibliografía  del  punto,  y  por 
cierto  de  los  más  considerables.  Al  fin  tendrá  que  vencer  la  buena 
doctrina  c[ue  todos  defendemos  o  creemos  defender ;  porque  no  sé  si 
usted  ha  notado  que  cuantos  escriben  o  escribimos  sobre  la  materia,, 
creemos  combatir  por  la  buena  causa,  esto  es,  por  la  conservación  de 
nuestra  lengua  hermosa,  tan  respetada  en  la  historia,  tan  respetable  ante 
la  estética  misma,  etc." 

Miguel   Cañé. — Buenos  Aires,  3  de  julio  de  1903. 

«Es  un  libro  interesantísimo...  Su  trabajo  es  sugerente,  porque  más. 
de  una  de  sus  observaciones  provoca  otra  y  otras...» 

Ernesto    Qtcesada. — Buenos  Aires,  17  de  julio  de  1903. 


II 


«He  recorrido  su  libro  por  primera  vez,  y  mucho  de  él  lie  aprendido.» 
Satmiel  A.  Lafone  Qiicvedo. — líuenos  Aires,  i6  de  septiemlire  de  1903. 

«He  leído  la  obra  de  pe  a  pa,  y  me  encanta  por  la  gracia,  erudición 
y  claridad  con  que  se  halla  escrita,  y  no  me  dejarán  mentir  los  artículos 
Adjunta,  A  los  pies  de  usted,  Bajo,  Fúnebic,  Misión,  Ridículo,  Siem- 
pre, etc.,  que  a  mi  juicio  son  notabilísimos. 

«Iva  introducción  de  usted,  como  el  prólogo  de  Zeliallos,  son  dignos 
del    libro,  \ior  el  cual  le  envía  la  enhoraljuena...» 

J)r.    'J'liebussein. — JVledina-Sidonia,  9  de  agosto  de  1903. 

«Su  interesante  obra  le  acredita  una  vez  más  de  profundo  conocedor 
•de  la  bellísima  lengua    castellana. 

«Honor  a  usted,  que  ama  igualmente  a  la  lengua  de  Cervantes  y  a 
la  de  los  Verdaguer  y  Balaguer  y  de  Ausias  March.» 

JJr.  Juan  Fastcnratli. — ("olonia,   10  de  agusto  de   1903. 

«El  nombre  de  usted  me  era  antes  de  ahora  muy  conocido  y  simpá- 
tico, como  que  tengo  varios  trabajos  de  usted  muy  doctos  e  instructivos. 

«Su  nueva  obra  me  será  muy  útil  para  la  edición  completamente 
refundida,  (pie  hace  años  estoy  trabajando,  de  mi  libro  sobre  el  lenguaíe 
bogotano,  y  tendré  el  gusto  que  el  nombre  de  usted  autorice  mis 
borrones.» 

Rufino  y.   Cucn'o. — París,  septiembre  de   1903. 

«He  recibido  su  precioso  volumen  \otas  al  Castellano  en  la  Argen- 
tina, que  no  poseía  y  que  estoy  leyendo  con  grandísimo  interés.  La 
obra  es  importantísima,  no  solo  por  el  léxico,  sino  por  los  amenos, 
eruditos  y  discretísimos  comentarios  con  (juc  \'.  ha  sabido  adornar  la 
•ngrata  materia  filológica»  etc. 

A.    Bonilla  y  San  A/arí/n. — 23  de  mayo  de   1919. 

El  distinguido  escritor  y  filólogo  señor  Monner  Sans  ha  publicado 
un  volumen  interesante  y  útil.  Por  su  título  puede  colegirse  (jue  comen- 
ta, estudia  y  aclara  una  porción  de  voces  que  se  usan  en  la  Argentina 
y  que  en  la  mayoría  de  los  casos  no  están  en  el  diccionario  de  la  Aca- 
demia. El  señor  Monner  Sans  procede  con  el  criterio  más  prudente, 
pues  no  cae  en  excesos  de  purismo  ni  adoraciones  a  la  Academia,  pues 
siguiendo  la  ley  de  renovación  del  lenguaje,  pide  la  incorporación  al 
•diccionario    oficial    de  muchas  tie  estas  ¡)alal)ras.     Señala  sus  orígenes  y 


III 


algunos  sorprenden;  vemos  también  palabras  argentinas  llenas  de  vigor 
gráfico  que  no  suelen  ser  desdeñadas. 

No  es  tarea  ñoña  esta  de  fijar  el  exacto  sentido  de  las  palabras  ; 
contribuye  notablemente  a  que  las  ideas  sean  también  claras,  serenas, 
con  su  límite  propio  y  sin  confusiones. 

La  obra  del  señor  Monner  Sans  es  útil  para  todos,  destruye  errores, 
educa  y  por  su  tono  sencillo  y  amable  está  al  alcance  de  todos. 

1.EI  Diarioa. —  I."  de  mayo  de  191S. 

El  ilustre  profesor  don  Ricardo  Monner  Sans,  se  ha  visto  obligado 
por  el  éxito  que  ha  coronado  su  inteligente  estudio  a  hacer  nueva  edición 
de  su  interesantísima  obra,  analizando  los  modismos,  corrupciones,  erro- 
res de  interpretación,  construcción  y  sentido  y  todo  género  de  desvia. 
ciones  del  culto  y  vigoroso  casticismo  que  sufre  el  idioma  castellano  en 
el  uso  corriente  en  América. 

Es  un  trabajo  de  precisión,  saber  y  perspicacia  que  hace  honor  a 
su  autor  y  que  se  lee  con  extraordinario  gusto  por  la  perfección  con  que 
instruye  en  la  forma  más  sincera  y  amena,  auncjue  no  exenta  de  severidad 
tan  doctrinaria  como  justa. 

Todos  nuestros  compatriotas  deben  leer  esta  obra  para  perseverar 
en  la  pureza  del  idioma.  1 

El  Diario  Español. —  2  de  mayo. 

Es  un  libro  de  lectura  muy  instructiva  y  amena.  Participa  el  señor 
Monner  Sans  de  esa  indignación  que  sólo  se  concibe  en  los  filólogos 
cuando  leen  o  escuchan  una  palabra  que  ofenda  a  la  pureza  del  buen 
lenguaje.  En  ocasiones,  ante  la  fuerza  de  la  costumbre  o  la  lógica  for- 
mación del  término,  el  señor  Monner  Sans  se  muestra  más  indulgente. 
Por  ejemplo,  al  estudiar  la  palabra  «pichón»  (pág.  273),  dice:  «La 
incorrección  es  manifiesta  y  líbreme  el  Cielo  de  apadrinarla,  pero  no  es 
tan  bárliara  como  a  los  puristas  pueda  parecerles«. 

Digamos,  para  elogio  de  la  obra,  que  si  es  títil  para  desbrozar  el 
lenguaje  argentino  de  los  muchos  malos  términos  que  lo  empañan,  toda- 
vía lo  es  más  para  aprender,  en  buen  castellano,  el  significado  exacto 
■de  las  voces  estudiadas.  Por  lo  demás,  el  libro  confirma  bien  la  autoridad 
de  que  goza  el  señor  Monner  Sans  en  ese  linaje  de  labores,  tan  dificul- 
tosas  y  tan  poco  apreciadas,  de  ordinario,  jior  el  público  grueso. 

La  Época.— ¿^  de  mayo  de   1918. 

La  segunda  edición  de  esta  obra  prueba  el  éxito  alcanzado  por  el 
autor  con  la  primera ;  y  no  es  ello  en  verdad  de  pasar  por  alto,  si  es 
cierto    que  entre  nosotros  los  vicios  del  lenguaje  prosperan  más  rápida- 


IV 


mente  y  se  fijan  más  que  en  comarca  alguna  de  América.  A  desarraigarlos 
contribuye  eficazmente  el  señor  Monner  Sans,  con  una  ilustración,  pers- 
picacia y  tenacidad  dignas  del  mayor  encomio.  Sus  opiniones,  vertidas 
en  numerosos  trabajos,  le  señalan  como  uno  de  los  más  esforzados  cam- 
peones del  patrio  idioma  en  América,  y  su  voz  ha  sido  no  pocas  veces 
atendida  por  la  Real  Academia,  como  lo  demuestra  el  hecho  de  que  la 
última  edición  del  Diccionario  oficial,  pulqueada  en  1914,  incluye  en  sus 
columnas  no  pocas  de  las  voces  que  el  señor  Monner  Sans  consideró, 
en  la  i.a  edición  de  sus  Notas  (1903)  —  de  consuno  con  otros  autoriza- 
dos hablistas  —  dignas  de  figurar  en  aquél  por  derecho  propio.  Tales 
las  expresadas  a  continuación ;  altrta'smo,  azucarera,  boliche,  caudillaje' 
clavar  (-arse),  chafalonía,  chancho,  frangollón,  hispanoamericano,  manicu 
ro,  oz'ejero  (en  su  acepción  de  «perro  que  cuida  de  las  ovejas» ),/rt7'í7««/ 
pasas  (de  uva,  o  uvas  «^ns&s»),  pedicuro,  pitar  (ínmar),  pitillera,  reben- 
cazo, silueta  (voz  que  figuraba  en  la  11. a  edición  del  Diccionario  de  la. 
Academia;  suprimida  en  las  ediciones  12. :>  y  13.51,  fué  incorporada  en 
la  14.a),  tomar  (beber),  velorio. 

Revista  Argentina  de  Ciencias  Políticas.— xi  de  julio  de  1918. 

Alcánzase,  pues,  por  lo  expresado,  con  qué  criterio  ecuánime  encara 
y  resuelve  el  autor,  en  cada  caso,  esta  difícil  cuestión  del  lenguaje.  Con 
placer  lo  repetimos:  entre  las  escasas  personas  que  a  esta  materia  se 
dedican  en  nuestro  país,  el  Sr.  Monner  Sans  es  de  los  que  merecen  más 
franco  elogio  ;  su  obra  refleja  gran  estudio  e  intenso  amor ;  a  no  otra 
cosa  alude  el  verso  eterno. 

Revista   Argentina  de  Ciencias  Políticas. — A.  C. 

La  utilidad  y  transcendencia  del  tema,  como  la  autoridad  del  autor 
acreditan  la  importancia  de  esta  obra,  que  ha  sido  editada  por  la  casa. 
Sucesores  de  Hernando,  Madrid. 

El  Hogar. — 17  de  mayo  de  1918. 

Impresa    en    Madrid,  ha  aparecido  la  segunda  edición  de  esta  obra,. 

destinada    como    ya    el   nombre  de  su  autor  lo  hace  suponer,  a  corregir 

defectos    del  habla  vulgar  entre  nosotros.     Conocida  la  preparación  gra 

matical    del   autor,    ocioso    parece    decir  que  sus  enseñanzas  han  de  ser 

de  mucho  provecho  para  quienes,  aquí  y  en  España,  «padecen  en  dema 

sía  apreturas  de  hiedra  exótica  que  amenazan  interrumpir  la  circulación 

de    aquella    fecundante    savia    que    vida    diera  al  tronco,  no  por  secular 

amortecido,   del  habla  hispana». 

La  Xación. — 23  de  mayo  de   1918. 


Se  ha  pul)lica(lo  la  segunda  edición,  corregida  y  aumentada,  de  la 
oh)ra  del  señor  R.  Monner  Sans,  que  lleva  el  título  anterior.  Precedido 
de  un  prólogo  importante  del  doctor  Estanislao  S.  Zeballos,  que  da  una 
idea  clara  y  luminosa  de  la  materia  tratada  por  el  autor,  el  libro  reinipre. 
so  sirve  a  la  juventud  estudiosa  y  al  que  desea  profundizar  el  idioma 
castellano,  de  guía  segura,  sin  peligro  de  equivocarse.  Prueba  esta 
aserción  el  interés  (pie  ha  despertado  la  primera  edición  ya  agotada. 
Todos  los  errores  de  lenguaje,  muy  comunes  y  corrientes,  han  sido 
corregidos  con  maestría  y  con  un  análisis  poco  o  nada  común,  poniendo 
en  guardia  a  los  cultores  del  idioma  castellano  contra  los  deslices  gra- 
maticales y  lógicos.  La  obra  del  señor  Monner  Sans  merece  ser  leída 
y  estudiada  con  cuidado  y  perseverancia. 

La  Prensa. — 2  de  junio  de   1918. 

Recordemos,  (jue  se  trata  de  una  obra  caracterizada  por  méritos  de 
excepción.  Es  corriente  en  los  trabajos  sobre  lenguaje  que  la  erudición 
y  aún  el  afán  de  la  propiedad,  desdeñen  la  galanura  en  el  decir.  He 
aquí  que  el  señor  Monner  Sans  es  dueño  de  ima  prosa  límpida  y  amena 
que  enseña  al  par  con  el  saber  y  con  el  ejemplo...  Lejos  del  maestro 
de  viejo  tipo,  pesado  con  todo  el  peso  del  arduo  saber,  el  señor  Monner 
Sans  aborda  temas  tan  monótonos  de  suyo  como  éstos,  en  un  estilo 
jugoso  y  ameno,  que  lleva  al  lector  al  campo  de  los  estudios  ingratos 
en  el  encanto  de  un  vehículo  amable,  tras  de  cuyos  cristales  tórnase  en 
paisaje  grato  la  áspera  llanura... 

El  libro  del  señor  Monner  Sans  —  que  ama  su  idioma,  en  cuyos 
secretos  más  íntimos  penetra  —  enaltece  la  lengua  natal  y  enseña  la 
buena  doctrina  literaria.  A  él  han  de  recurrir  el  maestro  y  el  alumno. 
Y  por  ello  este  libro,  que  armoniza  la  erudición  y  el  donaire,  amabili- 
zando  la  ciencia,  ha  adquirido  tan  merecida  difusión.  La  segunda  edición 
que  hoy  anunciamos  está,  sin  duda,  destinada  a  obtener  el  mismo  éxito, 
que  redundará  por  igual  en  beneficio  del  idioma  a  cuya  depuración 
colabora  y  en  el  mayor  prestigio  del  sabio  profesor  que  lo  compuso. 

La   l'nión. — 31  de  mayo  de  1918. 

El  señor  Monner  Sans  es  un  casticista  riguroso.  No  admite  los  ele- 
mentos que  el  pueblo  acumula  en  la  práctica  de  la  lengua  y  ajusta  su 
empleo  a  lo  estrictamente  fijado  por  los  estatutos  gramaticales  y  por 
el  léxico  oficial  de  la  Academia.  Extrema  su  pureza  hasta  el  punto  de 
reprochar  a  la  docta  y  nada  revolucionaria  corporación  el  hecho  de 
haber  incluido  en  la  edición  última  vocablos  franceses  con  equivalencia 
castiza.    De   acuerdo   con   esta   tendencia,   hace   un    extenso    registro  de 


VI 


palabras  y  giros  que  acusan  la  influencia  del  medio  propio  y  que  cons- 
tituyen, en  el  fondo,  la  única  ley  evolutiva  de  los  idiomas. 

La  Razón. — 4  de  junio  de  1918. 

El  profesor  Ricardo  Monner  Sans  conocido  en  nuestro  mundo 
intelectual  como  filólogo  sabio  y  literato  de  fibra,  ha  publicado  bajo 
«1  título  que  encabeza  este  ligero  comentario,  una  obra  interesante  al 
par  que  útil.  Indispensable,  fuera  más  justo  decir,  por  cuanto  la  prolija 
lectura  del  libro  nos  ha  convencido  de  su  alto  valor  educativo,  no  sólo 
por  aquellos  que  se  preocupan  del  «buen  hablar»,  sino  también  para 
los  escritores  todos  —  especialmente  los  nuestros,  despreocupados  e  irre- 
verentes con  lo  que  alguna  relación  tenga  con  el  uso  correcto  del 
idioma. 

El  señor  Monner  Sans,  que  es  un  guardián  celoso  de  la  pureza 
idiomática,  ha  realizado  su  labor  depurante  con  criterio  de  verdadero 
maestro,  es  decir,  con  método  y  claridad.  De  suerte  que  la  eficacia 
rectificadora  de  « Notas  al  castellano  en  la  Argentina »  no  puede  ser 
mayor,  siempre  que   quien  la  lea  ponga  atención  y  deseos  de  aprender. 

Sigúele  a  cada  frase  o  palabra  incorrecta  un  comentario  crítico,  a 
veces  con  cierta  pizca  de  burla  que  acentúa  su  carácter  movido  y 
atrayente. 

Con  bien  fundado  entusiasmo  recomendamos  la  obra  del  profesor 
Monner  Sans,  cuya  persistente  y  seria  labor  en  beneficio  del  espléndido 
idioma  materno  —  maltratado  más  de  lo  tolerable  en  estas  tierras  de 
América  y  aún  en  la  misma  península  —  es  digna  de  todo  aplauso 
así  como  de  todo  respeto  intelectual. —  Tikónidos. 

Ideas. — 1).  A.  N  .  17 — mayo  de  1918. 

Más  que  discutir  la  legitimidad  de  cada  una  de  las  «Notas»,  del 
•distinguido  profesor,  don  Ricardo  Monner  Sans,  úrgeme  hoy  expresar 
mi  franco  deseo  de  que  los  literatos  argentinos,  — los  que  lo  hayan 
menester,  —  lean  el  libro,  cuya  segunda  edición  acaba  de  ser  lanzada  a 
la  publicidad. 

Entre  tanto  léanse  las  «Notas  al  castellano  en  la  Argentina»,  donde 
hay  mucho  qne  aprender,  aunque  de  tarde  en  tarde  los  temperamentos 
excitables  tengan  que  prescindir,  de  un  cierto  tono,  entre  suficiente  e 
irónico,  que  hace  más  antipática  la  corrección  del  dómine.  No  importa. 
Arrojemos  la  cascara  y  cómamenos  el  sabroso  fruto,  que,  después  de 
todo,  es  para  nuestro  bien.  —  J.   Torrendell. 

At!ántida.—  2^  de  julio  de  1918. 


De  gramática  y  de  lenguaje 

Extracto  de  algunos  juicios 

«  Por  su  contenido  y  por  el  acierto  de  sus  críticas,  el  libro  ha  de 
resultar  interesante  para  todos  los  que  se  preocupan  de  la  conservación 
y  depuración  del   idioma   patrio. 

«Los  artículos  El  lenguaje  nativo,  El  Idioma  y  la  Patria  y  Lengua 
y  Literatura  argentina  merecen  una  detenida  lectura  en  nuestros 
COLEGIOS  Y  ESCUELAS.    Otros  de  carácter   más   técnico  podrán  ser  con- 
sultados provechosamente  por  los  maestros  que  enseñan  castellano.» 
La  Prensa.  —  Buenos  Aires,  3  de  agosto  de  1915. 

« El  señor  Monner  Sans  escribe  con  elegante  amenidad,  buscando- 
siempre  hermanar  el  gracejo  con  la  doctrina;  de  ahí  que  esos  trabajos 
resulten,  a  la  vez  (jue  instructivos,   de  muy  agradable  lectura. 

« El  profesor  Monner  Sans  es  un  maestro  culto  y  benévolo  que  sabe 
enseñar  al  lector  una  excelente   doctrina  gramatical   sin  fruncir  el  ceño, 
antes  al  contrario,  sonriendo  simpáticamente. » 
Revista  Nosotros  (de  Roberto  F.  Giusti). — Buenos  Aires,  agosto  de  191 5. 

«  El  señor  Monner  Sans  nos  tiene  acostumbrados  a  encontrar  siempre 
juntos  en  sus  escritos  «el  gracejo  y  la  doctrina aj,  arte  especial  que  hace 
que  en  éste,  como  en  todos,  halle  el  lector,  a  la  vez,  ciencia,   erudición 
solaz  y  pasatiempo,   aunque   otra   cosa   diga  el   autor   en   la   advertencia 
(jue  prologa  la  obra.  » 

Revista  Ideas,  del  Ateneo   de    Estudiantes   Universitarios    (de   Carlos  M. 
Scotti).  —  Septiembre  de  191 5, 

El  solo  nombre  del  autor,  c|ue  en  la  mente  de  (juien  maneja  libros 
de  Literatura  va  estrechamente  asociado  a  la  severa  y  correcta  doctrina 
literaria,  es  la  mejor  presentación  que  puede  hacerse  de  una  obra   cuyo 


TIII 


principal  propósito  es  encarecer  la  gallardía  y  el  donaire  del  habla  cas- 
tellana, mostrándonos  varios  modelos  de  sus  gracias  y  bellezas  más 
.sobresalientes;  pero  lo  que  a  nadie  se  le  ocurre  por  la  sola  enunciación 
<lel  título  de  este  libro,  es  que  sea  posible  hallar  en  ¿I  tnateria  amena  y 
primoroso  estilo,  dos  cualidades  que  a  primera  vista  parecen  reñir  con  la 
austera  monotonía  propia  de  los  trabajos  gramaticales. 

« El  Sr.  Monner  Sans  es  un  enamorado  del  idioma  castellano :  lo 
quiere  y  lo  admira  como,  si  realmente  fuese  una  novia,  y  lo  alaba  y  re- 
quiebra con  tanto  entusiasmo,  que  nos  hace  parecer  pálidas  y  anémicas 
las  bellezas  de  los  otros  idiomas  romances. 

«  En  resumen :  esta  obra,  que  viene  a  aumentar  la  ya  crecida  colección 
<ie  libros  y  folletos  del  Sr.  Monner     Sans,  es  útil  para   quien   aspire    al 
conocimiento  de  las  escondidas  y  olvidadas  bellezas  de  nuestro  idioma. » 
Revista   Verbun,    del  Centro    de    Estudiantes    de    Filosofía    y    letras  (de 
Luis  Matharán).  —  Septiembre  de  1915. 

«  Su  firma  está  demasiado  cimentada  para  que  vaya  a  ganar  ni  un 
ápice  con  que  esta  Revista  pueda  encarecer  sus  méritos,  y  por  más  que 
el  autor,  en  su  modestia,  no  pretenda  otra  plaza,  entre  los  (jue  se  dedi- 
can a  estudios  de  lenguaje,  que  la  de  soldado  de  última  fila,  no  logrará 
desprenderse  de  los  galones  de  jefe  preclaro  que  con  toda  justicia,  desde 
hace  ya  mucho  tiempo,  Je  tiene  discernido  la  sana  critica. » 

Revista  Estudios,  de  la  Academia  Literaria  del  Plata. 


Ensayo    de 

ANTOLOGÍA  CERVANTINA 


Fragmentos  de  Juicios  de  la  Prensa 

No  podía  venir  este  libro  en  mejor  oiiortunidad.  Es  sin  duda  el 
liomenaje  que  el  docto  cervantista  Monner  Sans  ha  querido  rendir  al 
glorioso  autor  en  la  señalada  ocasión  de  cumplirse  el  tercer  centenario 
de  su  muerte.  Así  el  libro  es  una  recopilación  de  1  ¡ellas  poesías  en  loa 
a  Cervantes.  El  prólogo  es  un  concienzudo  estudio  (jue  revela,  con  la 
gran  erudición  del  señor  Monner  Sans,  su  entusiasmo  por  la  obra  cervan- 
tina. Es,  pues,  una  obra  que  a  la  rebusca  del  erudito,  une  los  entusiasmos 
•del  artista.  \'  digamos  de  paso  que  la  mayoría  de  las  poesías  que  com- 
prende son  de  autores  americanos,  con  lo  cual  se  asocia  nuestro  continente 
íil  homenaje  universal. 

El  Diarto. — 13  de  abril  de   1916. 

El  infatigable  escritor  español,  que  tan  alto  mantiene  acjuí  la  pureza 
•del  habla  castellana  y  (jue  ha  k)grado,  merced  a  su  e.xtraordinaria  ilus- 
tración y  a  su  innegable  competencia  en  la  materia,  ser  autoridad 
indiscutible  en  punto  a  cuanto  a  nuestro  hermosísimo  idioma  se  relaciona, 
no  podía  permanecer  indiferente  en  los  momentos  en  que  se  celebra  el 
centenario  del  inmortal  autor  del  Quijote. 

Ayer  hemos  recibido  el  trabajo  con  (]ue  contril>uye  a  la  empeñosa 
■empresa  de  glorificar  al  gran  Cervantes.  \'  por  cierto  que  ese  tral)ajo 
significa  por  su  misma  índole,  contribución  ilesinteresada  (jue  no  todos 
podrían  aportar.  Es,  como  modestamente  lo  titula,  el  «Ensayo  de  Anto- 
logía Cervantina-,  la  ol)ra  no  sólo  de  un  entusiasta  admirador  del  genio 
«spañol  que  más  ha  hecho  por  la  difusión  de  nuestra  lengua  y  portjue 
nos  conozcan  en  Europa,  si  no  la  de  un  pacientísimo  y  hábil  compilador 
de  cuanto  se  ha  escrito  sobre  Cervantes.  Rinde  con  ella  servicio  meri- 
torio   a    los    que    en    su    admiración    por    el  ingenioso  hidalgo  y  por  su 


autor,  han  de  desear  conocer  quiénes  y  cuándo  se  ocuparon  del  inmortal 
libro,    y    después    de    una    prolija    relación    de    autores  de  poesías,  a  él 
dedicadas,    inserta    muchas    que    andan  por  ahí  desperdigadas  en  libros 
revistas  y  diarios  y  que  no  merecen,  por  cierto,  yacer  en  el  sepulcro  del 
olvido. 

El  Diario  Español.— IT^  de  al)i-il  de  1916. 

El  conocido  escritor  R.  Monner  Sans  acaba  de  publicar  con  este 
título  un  curioso  e  interesante  volumen,  en  el  cual  colecciona  muchas 
de  las  poesías  que  se  han  escrito  en  honor  de  la  memoria  de  Cervantes, 
y  de  su  obra  inmortal.  En  un  «proemio  galeato*  explica  el  señor  Monner 
Sans  los  nobles  fines  de  su  compilación  poética,  que  acusa  vasta  cultura 
y  buen  gusto  para  elegir  las  apologías  que  del  Quijote  y  de  su  autor 
han  hecho  los  poetas.  La  compilación,  como  el  prólogo  que  la  precede,, 
constituyen  un  libro  de  amena  lectura. 

La  Prensa. — 14  de' abril  de    1916. 

El  _catedrático  de  literatura  castellana,  don  R.  Monner  Sans,  acaba. 
de  dar  a  publicidad  este  volumen,  que  contiene,  además  de  un  intere_ 
sante  prólogo,  una  colección  de  bellas  poesías  dedicadas  a  la  memoria, 
del  inmortal  Cervantes,  honra  de  la  literatura  castellana. 

Las  innumerables  dificultades  con  que  se  ha  tenido  que  tropezar 
para  reunir  en  un  tomo  como  el  que  nos  ocupa  tanto  material  escogido^ 
comporta  un  plausible  y  laudable  esfuerzo,  que  merecerá  la  atención  de 
parte  de  los  hombres  de  letras. 

La  Kazón. — 14  de  abril  de  1916. 

El  reputado  educador  y  publicista  español,  señor  Monner  Sans,  cuya 
meritísima  y  laboriosa  actuación  literaria  en  la  Argentina  es  bien  noto- 
ria, ha  querido  contribuir  a  la  glorificación  del  inmortal  Manco  de 
Lepanto  con  la  ofrenda  de  una  obra,  modestamente  titulada  «Ensaycv 
de  antología  cervantina»,  con  la  que  se  ha  acreditado  una  vez  más  su. 
indiscutible  fama  de  escritor  purista  y  cervantófilo  bien  documentado. 

En  dicho  «Ensayo»  se  destaca  una  nutrida  relación  de  autores  de 
poesías  cervantinas,  muchas  de  ellas  diseminadas  en  publicaciones,  lo- 
que hace  admirar  en  el  autor  una  paciente  y  prolija  rebusca  digna  de 
todo  encomio. 

Entre  las  múltiples  producciones  salidas  a  la  luz  pública  con  motivo- 
de  la  próxima  rememoración  cervantina,  la  del  señor  Monner  Sans  ocu- 
pará  un  señalado  lugar. 

Zrt   Gaceta  de  Jíspaíia.—  li)  de  abril  de    1916. 


XI 


Así,  modestamente  «ensayo»,  llama  el  autor  R.  Monner  Sans,  a  su 
reciente  trabajo  de  paladín  de  la  buena  y  castiza  habla  castellana,  en 
estas  tierras,  que  por  suerte  no  pequeña,  la  tienen  como  suya,  si  bien 
más  o  menos  maltrecha  por  la  babilónica  confusión  de  lenguas  que  aquí 
sufrimos,  en  este  gran  hervidero  donde  poco  a  poco  vase  formando  el 
definitivo  tipo  del  argentino,  amalgamado  con  cuanto  lleno  de  «buena 
voluntad»  aquí  acude  proveniente  de  todos  los  continentes, 

El  laborioso  compilador,  reúne  en  un  volumen  lo  mejor  de  lo  mucho 
que  en  su  rica  bibliotecas  y  en  otras  no  menos  bien  provistas,  ha  hallado, 
referente  a  Cervantes,  contado  por  quienes  tuvieron  la  dicha  de  pene- 
trarlo por  completo,  si  bien  en  esa  recopilación  no  entran  todas  ks 
composiciones  que  por  su  belleza  tienen  derecho  a  figurar  en  la  maravillo- 
sa colección ;  ¡  para  ello  fuera  necesaria  una  vida  entera ! 

Y  ahi  está  el  mérito  del  señor  Monner  Sans:  el  tacto,  el  tino,  y 
más  que  lo  uno  y  lo  otro,  el  sano  criterio  con  que  ha  sabido  elegir  de 
entre  tanto  y  tanto  bueno,  lo  mejor. 

Bellas  las  páginas  del  libro,  llenas  de  interés;  cada  una,  joya  de 
nuestro  idioma  parecería  que  el  proemio  con  que  el  esclarecido  cervan. 
tista  abre  el  libro,  algo  podría  sufrir  con  la  comparación.  Y  no  obstante, 
no  es  así.  Monner  Sans  nos  tiene  acostumbrados  ya  a  gallardías  de  su 
ingenio  y  a  la  pureza  suma  de  su  estild,  que  bien  podrían  ser  tenidas 
como  difíciles  de  superar.  Ello  no  resulta  así :  en  ese  proemio  resulta 
superado  en  la  más  honrosa  de  las  formas  :  por  sí  mismo. 

La   l'nióit. — 17  de  abril  de  1916. 

El  distinguido  escritor  español  señor  Ricardo  Monner  Sans,  que 
goza  de  bien  ganados  prestigios  en  nuestros  círculos  intelectuales,  ha 
querido  asociar  su  nombre  a  los  homenajes  que  se  han  tributado  a  la 
memoria  del  autor  del  «Quijote»,  publicando  este  «ensayo  de  antología 
cervantina»,  en  cuyas  páginas  hallarán  los  lectores  las  más  hermosas 
composiciones  poéticas  que  se  hayan  dedicado  al  ilustre  manco. 

Trabajo  hecho  con  gran  conocimiento  de  la  materia,  el  del  señor 
Monner  Sans,  ha  de  ser  acogido  con  la  simpatía  que  se  merece,  tanto 
por  el  propósito  que  lo  inspira  como  por  la  utilidad  que  su  lectura 
reporta  a  los  estudiosos. 

La  Época. — 24  de  aljril  de  igi6. 

El  conocido  escritor  I).  Ricardo  Monner  Sans,  que  desde  las  colum- 
nas de  «La  Nación»  ha  evidenciado  en  más  de  una  oportunidad  su  dominio 
acerca  de  diversos  problemas  cervantinos  y  su  seria  y  sólida  preparación 
en    las    disciplinas    literarias,    acaba    de    publicar  un  volumen  que  titula 


vil 


-«Ensayo  de  antología  cervantina».  En  él  cabe  admirar  la  vastísima 
erudición  de  autor  y  el  certero  tino  para  elegir  las  numerosas  composi- 
ciones que  encierra  el  libro.  Las  precede  un  prólogo,  de  castizo  estilo, 
como  todo  lo  de  su  pluma,  en  que  el  autor  expone  las  normas  a  que 
se   sujetó  al  seleccionar  el  variado  material  poético. 

El  laborioso  profesor  ha  compilado  hábilmente,  a  pesar  de  las  difi- 
cultades bibliográficas  que  ofrece  esta  tarea  en  nuestro  país.  El  tomo 
adquiere    así,  y  por  razón  de  su  mismo  destino,  una  utilidad  innegable. 

En  esta  ocasión  el  homenaje  (jue  tributa  el  señor  Monner  Sans  al 
autor  de  «l'ersiles  y  Sigismunda* ,  con  la  publicación  de  la  presente 
obra,  será  apreciado,  sin  duda,  en  su  legítimo  valor  por  los  estudiosos, 
a  quienes  presta  un  insubstituible  servicio,  y  da,  en  su  proemio,  de 
inconfundible  lenguaje,  una  guía  segura  y  una  útilísima  enumeración  de 
poesías. 

La  A'ación. — 29  de  abril  de  1916. 

Don  Ricardo  Monner  Sans,  distinguido  profesor  y  hombre  de  letras 
reputado,  es  un  erudito  de  la  literatura  del  siglo  de  oro.  Sus  artículos 
y  conferencias  lo  han  demostrado  de  sobra.  V  hubiera  sido  de  extrañar 
en  el,  cervantista  apasionado  si  los  hay,  que  en  este  tercer  centenario 
del  glorioso  manco  se  hubiese  concretado  a  los  artículos  que  a  propósito 
de  la  celebración  de  esa  fecha  escribiera.  Como  era  lógico  esperarlo, 
hizo  más  ;  dio  a  luz  una  idea  con  su  correspondiente  primera  semilla  : 
la   idea  de  una  antología  cervantina. 

El  tomo  de  trabajos  que  el  señor  Monner  Sans  ha  compilado  es 
selectísimo  y  digno  de  ser  el  primer  manojo  de  producciones  para  la 
ideada  antología,  sobre  todo  si  no  se  echan  de  menos  los  acertados 
pareceres  y  los  útiles  indicios  que  su  autor  ofrece  en  el  prólogo  de 
la  obra. 

J.íi  Xota. — 6  de  mayo  de  1916. 


Las  anteriores  obras  se  hallan  en  venta  en  las  librerías  del  Colegio, 
de  Roldan,  Peuser,  Martín  (rarcía,  etc.,  etc. 


OBRAS  DEL  AUTOR 

V  E  l{  S  o 

Fe  y  Amor.  Colección  de   poesías,  con  un  prólogo  de   don   José    Selgas 

(agotada). 
Las  Justicias  del  Rey  Santo.  Tradición  toledana  (agotada). 
£1  yuratnento  de  Theolongo.  Romance  (agotada). 
La  Huérfana.  Comedia  infantil  (2.n  edición). 
Oraciones,  rimas  y  cantares  (agotada). 
A/ás  rimas.  Colección  de  poesias. 

A  histórico  pasado,  risueilo  porvenir.  Poema  argentino. 
Dos  Madres.  Ajiropósito  lírico-dramático. 
Desde  la  Falda.  Colección  de  poesías. 
j\lis  dos  banderas.  Poema. 

PROSA 

Cuentos  incoloros  (agotada). 

Cuatro  palabras  sobre  la  cuesfiíin  naTiera  (agotada). 

El  reino  de  Uawaii.  Estudio  histórico  y  geográfico  (agotada). 

lAberia.  Estudio  histórico  y  geográfico  (agotada). 

La  República  de  Orange.  Estudio  histórico  y  geográfico  (agotada). 

Discurso  sobre  la  importancia  de  la  Geografía  (agotada). 

Crespo.  Apuntes  biográficos  (agotada). 

La  Baronesa  de   IVilson.  Estudio  biográfico  y  literario  (agotada). 

Breves  noticias  sobre  la  no7-ela  española   (agotada). 

Almanaque  histórico  argentino.  Años  1891  y  1892  (agotada). 

Ciencia  española.  Notas  (agotada). 

Doctor  Andrés  Lamas.  Estudio  crítico-literario  (agotada). 

El  lector  argentino.  Primero  y  segundo  libro  de  lectura  para  las  escuelas: 

dos  tomos  (agotada). 
Pinceladas  históricas.  Misiones  guaraníticas,  16071800  (agotada.) 
Los  Dominicos  y  Colón.  Estudio  histórico  (agotada). 
Gramática  de  la  Lengua   Castellana  (11."  edición). 


Los  catalanes  en  la  defensa  y  reconquista  de  Buenos  Aires,  1806-1807.  Fo- 
lleto histórico  (agotada). 
Efemérides  argentinas.  Notas  históricas,  1810-92. 
La  España  de  hoy.  Recuerdos  y  estadísticas   (agotada). 
De  algunos  catalanes  ilustres  en  el  Río  de  la  Plata  (agotada). 
Desvestirse.  Pasatiempo  lexicográfico. 

Lecciones  de  Geografía  física  y  política  de  la  Repdblica  Argentina. 
Minucias  lexicográficas.   Tata,   Tambo,  Poncho,  Chiripá,  etc.  (agotada). 
El  Neologismo.  —  Estudio  gramatical, 
Cánoz'as  juzgado  por  los  argentinos. 

Gramática  ele/nenta  I  para,  uso  délas  escuelas  comunes;  tres  tomos  (agotada) 
Apuntes  e  ideas  sobre  educación.  Un  tomo. 
Cuentos.  Un  tomo. 

España  y  Norte  América.  Antecedentes  y  consideraciones. — Un  tomo). 
Zí7  Religión  en  el  idionm.  Ensayo  paremiológico.  —  Un  tomo. 
La  dama  en  el  siglo  XXVLL.  Discurso  (agotado). 
La  Argentina  y  Cataluña.   Discurso. 
Cristóbal  Colón.  Rectificaciones  e  hipótesis  (agotada). 
Notas  al  Castellano  en  la  Argentina  (2."  edición). 
Ruidos,  gritos  y  voces  especiales  de  algunos  animales  (agotada). 
Hilemos.  Disquisición  paremiológica. 

Teatro  Infantil.  Monólogos,  diálogos  y  comedias  (2."  edición). 
Cómo  deben  escribirse  las  cartas.  —  Estudio  gramatical. 
De  sastres.  Entretenimiento   paremiológico. 
Amor.  Monólogos  y  diálogos  para  jóvenes. — Un  tomo. 
(Petrarca  plagiario) — Estudio  crítico. 
Ensayos  dramáticos.  —  Un  tomo. 

Conversaciones  sobre  Literatura  Perceptiva  (3.11  edición). 
Importancia  y  necesidad  de  los  estudios  literarios. 
Cn  novelista  español:  Pío  Baraja. 

Un  crítico  español  en  Aleiiuinia :  Doctor  Pedro  de  Mugica. 
Enseñanza  del  Castellano. 

El  amor  de  los  extranjeros  a  la  patria  argentina. 

Don  Guillen  de  Castro:  el  hombre,  el  poeta,  el  dramaturgo.  —  Un  tomo. 
Labor  de   Confraternidad. —  l^iscurso. 
N^ieves.  Novelita  y  cuento.  —  Un  tomo. 
Impresiones  de  viaje.  —  Discurso. 
De  Gramática  y  de  Lenguaje.  —  Un    tomo. 
Don  yuan  Ruiz  de  Alar  con.  Estudio  crítico.  ^  Un  tomo. 
El  siglo  XVIII.  Estudio  crítico. 
Las  muja-es  de  Alarcón. 
Antología   Cervantina.  —  Un  tomo. 


Valor  docente  del  «  Quijote » . 

Don  José  Selgas.  —  Estudio  crítico. 

Consejos.  —  Discurso. 

Hometiaje  de  intelectuales  españoles. 

El  Castellano  en  la  Argentina. — Discurso. 

Doña  Blanca  de  los  J^fos  de  Lampérez. — Estudio  crítico. 

La   Vita  é  un  sogno.  Crítica. 

La  jiesta  hispatto  americana. — Discurso. 

El  Doctor  Thebussen. — Estudio  crítico. 

Un  poeta  poco  conocido:  Evaristo  Silio. 

El  movimiento  de  Mayo :  Recuerdos  históricos. 

Ñervo :  poeta  místico. 


ACAIJOSE 
DE   IMPRIMIU    ESTA    AnUAüijíü 

Iliapano  -  An/eiitiiui 

KN   LOS   TALLERES   DE  LOS 

SEÑORES  Ángel  Estrada   y  Cía. 
EL  9  DE  sei>ti!;mrre 

DE   MCMXX 


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